JALADAS Y ESPECULACIONES                                                                              JUAN CARLOS CASTORENA



    Hay quienes se atormentan día y noche porque están enamorados de una persona a la que no se atreven a declarársele, o que no les hace caso, ya sea porque está comprometida con alguien más, porque se siente mucha o poca cosa para el o la susodicha, porque es bastante distraído y ni cuenta se da cuando le avientan los chones, perdón, los perros; en fin, pueden ser muy variadas las razones para que un amor sea imposible. Pero no se desesperen, si alguno de los que están leyendo esto se sienten en tal situación, sufren porque quieren. Pues hay muchas recetas para que alguien se enamore de uno (todas ellas probadas por un servidor en más de una ocasión y con víctimas diferentes —admito que ninguna ha funcionado, pero es porque me da güeva terminar el “tratamiento“—).

    Primero hay que hablar del toloache. Su uso es bastante delicado, hay que saber que cantidad usar, pues si se nos pasa la mano, la víctima puede llegar a chupar faros y ustedes saben que fumar produce cáncer. Esta yerba es muy recurrente para las “malas artes”, pero ¿realmente hace que alguien se enamore? Pues la respuesta es NO, el toloache (o estramonio) no hace otra cosa que apendejar a la gente, así que si quieren tener a alguien por toda la vida pero como un bulto en un rincón, es una buena opción. No en balde se dice de esta yerba:

El toloache o estramonio
es una planta muy fuerte
que te lleva al matrimonio
o te lleva hacia la muerte...

    En vista de que el toloache no sirve para los propósitos que nos interesan, la haremos a un lado. Ahora pasemos a otros terrenos, hay muchas formas de dizque hacer que alguien se enamore de uno, no vamos a tomar en cuenta los talismanes: colibríes disecados (que culpa tienen los pobres animales), piedritas de colores y otras jaladas que no funcionan. Una receta que me llamó la atención la encontré en el mentado Libro Negro del tal Dr. Hacks, donde viene la siguiente receta dizque para hacernos amar locamente de una persona y conservar su afecto indefinidamente. La receta es así:

    En un cuarto, no muy grande, en el que no debe penetrar nadie más que tú, levantarás un pequeño altar sobre una mesa de madera (de ser posible, de pino). Sobre ésta extenderás una tela blanca y limpia, que la cubra por completo, hasta casi tocar el suelo. En el centro del altar colocarás una imagen de San Miguel Arcángel, tallada en madera. Tres lamparillas de aceite, colocadas en forma de triángulo y enfrente de la imagen, deben ser las únicas luces que han de iluminar la estancia. Las paredes de la habitación deben estar pintadas de blanco o de un azul muy claro. En un ángulo de la misma colocarás un pequeño hornillo, para quemar en él los perfumes mágicos correspondientes al día. (Nosotros te vendemos el libro que te indica como preparar los perfumes y cual usar según el día, etc)

    Una vez dispuesto lo anterior, podrás celebrar en él la ceremonia del amor, que se realiza de la manera que sigue:

    Todas las noches al irte a acostar, penetrarás en la estancia dicha, procurando que nadie se dé cuenta de ello. Luego encenderás las lamparillas, diciendo al encender la primera: “Por Adonay, el Inefable“; al encender la segunda: “Por Saday el Infalible“, y al encender la tercera: “Por Jehová, el Todopoderoso“. Luego encenderás la estufilla de los perfumes.

    Después, arrodillado ante la imagen del Ángel, recitarás la oración mágica, correspondiente al día que celebres la ceremonia. (Nosotros también te vendemos el libro de las oraciones).

    A continuación harás la invocación siguiente:

    “¡Oh, arcángel San Miguel, príncipe celeste, mi ángel tutelar! Yo te pido humildemente que escuches mi voz y pongas en mi corazón la dulce paz que ansío. Yo no puedo vivir con tranquilidad y mi alma está llena de inquietud. Solamente puedo curar mis males y alejar mis penas consiguiendo el amor de Fulana de Tal” (pero cambien el nombre, porque esa pinche vieja a nadie le hace caso).

    “¡Oh, arcángel San Miguel, príncipe celestial, mi ángel tutelar, escucha mi voz! En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”

    Por último recitarás con toda la fé de alcanzar tus deseos, la siguiente oración (Nosotros también vendemos el libro para que puedas traducirla y sepas qué demonios estás recitando):

    “In laudem et Dei ac proximi utilitátem: Dóminum hon invocáverunt illie trepidáverum timore, ubi non érat timor. Amen.”

    “¡Oh, excelsa y divina trinidad del Padre Creador, del Hijo Redentor y del Espíritu Santo Glorificador! ¡Alfa y Omega! ¡Oh poderoso Adonay! A tu bondad infinita acude y se postra humildemente esta criatura (nombre y apellido), y de todo corazón te pide que Fulana de Tal me ame siempre y se halle feliz a mi lado.”

    “Jahel, Ismael, Rosael, ¡Oh, poderosos ángeles del amor!, velad por mi amada y haced que su alma sea generosa conmigo y que su corazón lata de amor solamente para mí. Jahel, Ismael, Rosael, escuchadme y ayudadme. Así sea.”

    Esta ceremonia debes celebrarla durante nueve noches, sin interrupción. Luego descansarás tres días y volverás a celebrar otras nueve veces más, continuando de esta forma hasta haber cumplido las tres novenas que requiere esta operación. No olvides seguir todo el proceso según lo indicado, para que no te falte nada, cómpranos los demás libros.

    Si el asunto anterior les pareció de güeva y no quieren batallar tanto, pueden optar por la vieja receta de poner a San Antonio de cabeza (incluso pueden usar la imagen que viene en esta página —no intenten bendecirla, o todo el ejemplar se desintegrará, pues dicen que este pasquín es cosa del chamuco—), si le van a prender una veladora no la arrimen mucho o se chamuscará, si le van a rezar sus rosarios procuren estar despejados en ese momento o sino se quedarán dormidos en el transcurso y no va a funcionar. Cuando ya se les haga con el o la susodicha, favor de enderezar a San Antonio (antes de que sea demasiado tarde, pues puede írsele la sangre a la cabeza y producirle un derrame cerebral. Se supo de un caso en el que un San Antonio lloraba lágrimas de sangre por los oídos y los muy idiotas que lo habían volteado creían que era un milagro y hasta una capilla le pusieron, pero en realidad, el pobre San Toño había fallecido de un derrame por tanto tiempo que lo tuvieron de cabeza).

    Hay muchas recetas, como la de la lagartija que se guarda en un frasco debajo de la cama (pero no me acuerdo si de la de uno o de la víctima), otras que emplean pertenencias de la persona amada (aunque eso suena más a fetichismo). El escritor francés Jules Barbey d’ Aurebilly en su novela La hechizada (L’ensorcelée -1854), menciona que podemos hacer que la persona amada se enamore locamente de uno si logramos hacer que se ponga una camisa empapada en nuestro sudor (con razón últimamente he notado a algunos futbolistas medio sospechosos).

    Sin embargo, todas las recetas que mencionemos siempre serán poco efectivas al lado de las carteras abultadas y los autos deportivos. Si alguno de ustedes sufre por un amor imposible y se las ve negras para sacarse la lotería, y no quiere dedicarse a una de esas profesiones que dejan mucho dinero pero que no son legales. Pues entonces comiencen por cambiar en ustedes únicamente tres cosas (¡sí, sólo tres!): el cuerpo, la cara y la forma de ser, ya verán ustedes como cambian las cosas y se acaban los amores imposibles...



 
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