RICARDO RANGEL


 
    El inicio de la actuación de Vicente Fox en la Presidencia de la República nos está permitiendo ver, como parte de la construcción de un nuevo estado de cosas, el uso intensivo y exahustivo de los medios de comunicación, siguiendo varias de las líneas practicadas durante su campaña por la Presidencia de la República.

    Sin duda, lo que llama la atención en los primeros meses de Vicente Fox al frente del gobierno federal, es su constante presencia ante los medios de comunicación en plan en plan protagónico que si bien corresponde a su investidura, se sale de la costumbre y del esquema que históricamente habían tenido los Presidentes surgidos del Partido Revolucionario Institucional.

    En sexenios anteriores, el periodo por el cual estamos atravesando se utilizaba para empezar la construcción de una aura en la que se entronizaba la figura presidencial con base en una nube de formalidad y de respeto, como premisas básicas de los mensajes emitidos así como por el tratamiento de su imagen.

    Los distintos medios de comunicación y los reporteros asignados a la fuente presidencial se encargaban de sellar el círculo en la construcción de la imagen oficial, lo que contribuía también a la definición del “estilo personal de gobernar” del presidente en turno, según definición acuñada por el emérito maestro don Daniel Cosío Villegas.

    Les propongo poner atención en el inicio de lo que se presenta como una nueva forma de “estar” en los medios de comunicación por parte de la figura presidencial.

    Recordemos algo de lo que sucedió durante la precampaña y la campaña por la Presidencia de la República en terrenos de Vicente Fox.

    Sin lugar a dudas, el lanzamiento anticipado de Fox en la disputa por la Primera Magistratura, pareció algo fuera de toda lógica siendo aún gobernador del estado de Guanajuato. Sin embargo, lo que se hizo en esos años fue posicionar su nombre y su figura ocupando un nicho en la vida política del país.

    En términos mercadotécnicos, dentro de los gustos y preferencias de los distintos segmentos de consumidores, la planeación de un nuevo producto tiene que hacer tantos estudios de mercado como sean necesarios para asegurar el éxito de la introducción de ese nuevo producto.

    Esos estudios son recurrentes en un campo que se ha dado en llamar desde la década de los años ochenta como el mercado político. Y en este mercado, si bien ya existen productos con una tradición reconocida, como es el caso de un partido político o de un candidato, también existen nichos que se van detectando dirigidos a explotar las nuevas necesidades de los consumidores políticos.

    Y dentro de esas nuevas necesidades estaba, entre otros, el nicho de un cambio político para dirigir los asuntos de nuestro país. Este nicho empezó a formarse, como se recuerda, desde aquellas manifestaciones de los estudiantes en 1968.

    Las nuevas generaciones de jóvenes solicitaron canales de participación y de desarrollo de renovadas ofertas políticas para las demandas que representaban. Demandas a las que el Partido Revolucionario Institucional le dio varios sexenios la vuelta.

    Así es que en el mercado político esa necesario atender las nuevas necesidades y para buscar su satisfacción se construyó un nuevo producto que fue posicionado en ese nicho, fuera de las esferas del poder político oficial. Su nombre: Vicente Fox, candidato a la Presidencia de la República.

    El producto se puso al alcance de todos los consumidores mexicanos mediante una estrategia que fue planeada prospectivamente en cada una de las etapas de la campaña política por la Presidencia de la República. El producto gustó y convenció, y a través del voto ciudadano fue el que más preferencias registró.

    Una vez que este producto objetivado en la persona del nuevo Presidente tiene que desarrollar sus acciones al frente del país, es aquí donde el don de la ubicuidad refuerza en los medios de comunicación la presencia del primer mandatario en ámbitos tan diversos como la solución del conflicto en Chiapas, la visita del presidente norteamericano George W. Bush, las diferencias con el jefe de gobierno del Distrito Federal sobre el horario de verano, la problemática en Yucatán, y un largo etcétera.

    Cabe preguntar, entonces. ¿Es necesario que Vicente Fox aparezca en ámbitos tan diversos, en problemáticas tan disimbolas, o en situaciones tan aparentemente ligeras como es la entrevista que le hizo al comediante Andrés Bustamante, y que esto propicie casi a diario innumerables aclaraciones por parte de su vocera o de su secretario de Gobernación?

    Es decir, se requiere que el producto político que a los mexicanos les gustó el 2 de julio se le siga presentando como un bien imprescindible o es tiempo de que se administre su presencia en los distintos medios de comunicación para que tanto la imagen novedosa como el contenido de sus declaraciones espontáneas sigan satisfaciendo las expectativas de los consumidores políticos.

    El público consumidor tiene la palabra. Porque este producto llamado Vicente Fox está próximo a cumplir su primeros 100 días al frente del gobierno del cambio en México y, por lo que se ve, es firme su intención de ir construyendo su imagen y su estilo de gobernar mediante el montaje de una república mediática, es decir, gobernar para, con y a través de los medios de comunicación.


eL BERRiNcHe Seis                                                                                 INICIO
Hosted by www.Geocities.ws

1