FRIDA, La Mujer en Lienzo. Flor Karnívora
Mujer irrepetible, reencarnada en lienzos, artista inconfundible que pasa a la posteridad por los siglos de los siglos. Siempre como tema e inspiración de las diversas representaciones, incluyendo la cinematográfica.
Por eso creo que una de las mejores maneras de acercarse al arte es mediante el mismo, pues como alguna vez lo dijo Tina Modotti, el arte sólo existe en donde hay vida.
En el caso del cine las biografías son una especie de usufructo moderado que un Director ofrece, respecto a su visión de la existencia de otro ser.
De la vida de Magdalena Carmen Frida Khalo y Calderón, se han hecho tres películas: la primera es un documental encorto de Marcela F. Violante; la otra es “Frida, Naturaleza Viva”, es obra de Paul Leduc; y la última es la recientemente protagonizada por Salma Hayek y dirigida por Julye Taymor.
La de Leduc es la que mejor retoma ala vida de la pintora, en ella acudimos al desdoblamiento vertiginoso de la mujer, el argumento parece estar narrado por las mismas imágenes inverosímiles —pero ciertas—, que dotaron a Frida de unas manos talentosas (siempre bendecidas por los dioses surrealistas).
“...Naturaleza Viva” es un inmenso cuadro en movimiento, nos despierta los sentidos —incluyendo el sexto— en la confesión perpetua de la pictórica trágica. Es el autorretatro que observa, la musa atrapada en tela; de esa que de poder hacerlo gritaría lo ya cifrado por Pita Amor: “Si vosotros sabeis lo que es la noche, os ruego que entendais mi oscuridad”.
La grandiosidad de este filme radica en que a pesar de que solo de centra en lo que la artista experimenta desde su cama (lecho que consuela sus tormentos), sabemos que antes de ese momento hubo un alguien y un algo.
Por intuición o espíritu perpetuo entendemos que. “Magdalena por nacimiento, reconoció el mundo al mismo tiempo que surgía la revolución. Impulsiva y a veces soberbia, jamás se conformó a vivir en el recato o en una vida sin distintas experiencias sexuales, siempre renunció al anonimato.
Amante de la naturaleza, casi desde el principio se sintió arrebatada de ella, la polio la condenó a ser —durante su niñez— en ‘Frida Khalo, pata de palo’, expiación que la ayudó a comprender la cojera intelectual de los demás.
Mujer de dos mundos (el real y el onírico) dibujaba mentalmente sus primeros exvotos, ofrenda bonancible sin sospechar el clavario que la esperaba.
‘El pasamanos me atravesó como la espada a un toro’. Estocada del destino, plenitud y gracia plena del arte. Retórica confusa, poesía agónica de una columna rota sosteniendo su menuda figura.
Frágil pero poderosa, el tema es ella misma por ser el motivo que mejor conoce.
Jamás se autocompadece, el dolor la resucita. Tierna y dura expresión en la locución constante e intransferible, se apodera del pincel y la intensidad es inevitable.
Siempre ante un caballete, revive la silueta y se convierte en algo más que el espeso dolor del corsé de acero.
Forzosamente estéril, protagoniza el paisaje en el que pretende dar a luz, termina concibiendo cuadros.
Anhelante por dotar de vida la ofrece toda a su amado Diego, a su infiel esposo (ella es la niña de sus ojos). Veintidós años mayor, Rivera es la estrella poderosa que inspira por eso lo lleva como a un tercer ojo, muy cerca de su particular ceja.
El mapamundi que perdió la hace permanecer en el crisol de los padecimientos. ‘Unos Cuantos Piquetitos’ (pintura inspirada en una nota del periódico y tal vez su obra más sangrienta) chapean con sangre el marco de su historia”.
Esta inmortalidad fecunda propuesta por Leduc, tiene matices concretos que no dejan de admirarnos.
Además están las actuaciones de : Ofelia Medina, Claudio Brook, Cecilia Toussaint así como de los hermanos Bichir (Bruno y Damián). Ellos equilibran y complementan el conflicto, le dan el punto de fuga.