¿Existe el chamuco en la música?; para algunos despistados,
su posible respuesta
afirmativa los plantará en el rock de mediados, finales y post
a los años ochenta, mientras que otros afirmarán totalmente
seguros que a partir de los 90 es cuando el Enano Patas de Bolillo hace acto
de presencia en el rock bluedemónico mundial. Otros especialistas en
la materia rebatirán a aquellos eruditos argumentando que los Rockin’
Devils ( Los Débiles del Rock les llamaría Manuel “el Loco”
Valdés en su dadaísta programa de televisión de los años
60, Operación Já-Já) fueron los primerititos en
asumirse como delegados musicales del gran pingo en la tierra. Más
atrás, a finales de los años 50, se convirtió en hit
la canción Little Devil, por lo que la tesis de los años 90
también se viene abajo. En los nacientes años 70, en los que
se empezaba a crucificar la filosofía de Paz y Amor, que permeaba al
mundo desde una colina de Nosedónde y en la que se tomaba Coca-cola
bien fría, algunos grupos de rock meshica como El Ritual y Peace and
Love (ya ven lo que les dije) grabaron Satanás y Against the Devil
respectivamente; por su parte, los Dug Dug's (de Durango, Durango), grabaron
Al diablo... Más pa'cá, Sergio Arau y los Mismísimos
Ángeles crearon en 1992 el CD La Venganza de Moctezuma, y en él,
la canción Cuídense de mí esta noche, que empieza:
"Si la
pasión es perversa
Si el placer es inmoral
Si odiar y amar intensamente
está prohibido...
Yo soy el Diablo..."
Anteriormente, en 1984 Botellita de Jerez perpetró San Jorge y el Dragón
(o simpatía por el débil), que no tiene más asociación
con el Jefe Máximo de todas las policías que el juego de palabras
inglespañol con la canción de los Rolling Stones Sympathy for
the Devil, que erróneamente tradujeron en México las estaciones
(con todo y locutores) de radio como “simpatía” lo que más
bien era “compasión”.Y hay quien asegura que ese bobísimo error
bastó para que se desatara en Guadalupetepec la euforia idolátrica
por el partido opositor al MásBuenodeTodos, y hasta por los Diablos
Rojos de Toluca.
¿Y actualmente? Nomás para no hacerla tan cachetona con un diluvio
de nombres ad hoc, extraemos del libro Catálogo Subjetivo y Segregacionista
del ROCK MEXICANO, de la autoría y envidiable recopilación de
Antonio Malacara Palacios, algunos nombres de grupos que dan respuesta a
la pregunta inicial de estas notas:
Armagedón.- En 1984 realizan la grabación Demonios (más
o menos por aquel año -1985-, Jaime López grabó su Blue
Demon Blues).
Luzbel.- Su primera grabación data de 1985, mientras que su decimatercera
producción discográfica se ubica en el año 1999.
Pactum.- Compiten duramente por el premio al humorismo involuntario en los
títulos de sus letras: Sometiendo a tu creador, Copulando con Cristo,
Escupiendo la Biblia, y un largo etcétera, que nos ayuda a recuperar
el aire por la risa provocada ante el despliegue de un ingenio digno de un
sacristán que se quedó sin empleo por andarse pellizcando las
limosnas.
Transmetal.- Estos son los rivales más cercanos de Pactum, nomás
que ante el hecho de tener 17 discos en su haber (contra 5 de sus diabólicos
competidores), se han hecho acreedores al premio El Tridente Garapiñado,
que la Asociación de Críticos de la Verno emite y otorga año
con año a lo más destacado en el Kitsch subsatánico.
Y para que esta lectura no sea en balde, vale mencionar que Franz Liszt (1811-1886)
compuso el Premiére Mephisto Valse; Camille Saint-Saens (1835-1921)
se despachó con la Danza Macabra op.40; Gounod compuso la ópera
Fausto; Boîto también hizo de las suyas con la ópera Mefistófeles
y, finalmente, la gran soprano mexicana Leda Moreno conquistó al grueso
del público nacional allá por los nacientes años 60
con su delicada pieza de corte popular cuya letra traducida directamente del
latín decía más o menos:
“En una
noche de luna debajo de la cama,
salió un diablito
loco tocando la guitarra;
y bailaba y cantaba y se
rascaba y gritaba
y decía donde diablos
la guitarra se quedó...”
Una vez concluida mi exposición lo único que esperaría
es que no me haya quedado de los mil demonios y que nadie me mande al mismísimo
diablo.