MUJER Y AMARILLISMO              Mónica Edith Quiroz

vicky form     “Ludwika Paleta tuvo que besar a otro hombre, y nos confesó lo que le dijo a su marido...”

     “Niurka a dos meses de tener a su bebito, ya perdió 25 kilos. Te damos su dieta...”

     “Araceli Arámbula: qué bikinis y qué cuerpazo...”

     “Tatiana a punto de enloquecer: sigo recibiendo amenazas de muerte...”

    Estos son titulares de una de las revistas más patéticas existentes en el mercado, por supuesto perteneciente a la empresa Televisa. ¿Ya notaron que tienen en común? Efectivamente: los cuatro encabezados están relacionados con sexo y violencia.

     ¿Quieren más?

     Joven adolescente muere después de practicarse un aborto...

     Ama de casa muerta a golpes por esposo alcoholizado...

     Meretriz es asaltada por uno de sus clientes...

     Drogadicto casi mata a su madre a palazos porque no le daba dinero para comprar más droga...

     Tubería de baños de mujeres en Universidad LaSalle hecha trizas por abrasivas sustancia. Investigadores concuerdan que se trata de ácidos estomacales, provenientes de vómitos de jóvenes bulímicas...

     Estas notas son ejemplos de la violencia retratada en periódicos de nuestra ciudad en el último mes. Y hay más, pero ya me dolió el estómago.

     Pareciera ser que en la actualidad, el papel que juega la mujer en los medios de comunicación es el de un objeto sexuado y violentado continuamente. Y no me digan qué es lógico que yo piense así porque pertenezco a dicho género. Si yo dejo a un lado cuestiones feministas, ustedes abandonen por un momento cualquier ideología misógina... Acerquémonos al complejo mundo del amarillismo en los medios de comunicación visto desde el ojo femenino porque una servidora, disculpen ustedes, no puede evitar ser mujer y sentirse orgullosa de su género.

     Es innegable que los medios retratan estereotipos. Y en ellos se encuentran inmersos, por supuesto, los de género. Pero, ¿qué es un estereotipo de género? Es el conjunto de creencias acerca de lo que significa ser hombre o mujer. Hago énfasis: creencias, lo que se cree, no lo que es.

     A mi entender, las creencias de mayor peso son: apariencia física, ocupación y forma de pensar y sentir. La mujer no debe tener ni una gota de grasa en su cuerpo, bueno, sólo la acumulada en los senos y si es rubia, aunque sea de farmacia, mejor. Además, debe calzar chiquito, tener labios sensuales aunque el colágeno le provoque alergias, debe ser tierna, dulce, honesta, insegura, dependiente, pasiva, abnegada, comprensiva, coqueta, tolerante, inestable emocionalmente, infantil, indecisa y con una constante necesidad de ayuda y aprobación; mientras tanto, el hombre debe responder a estas características siendo musculoso, lleno de vello, agresivo, violento, dominante, fuerte, firme, controlador, egoísta, ambicioso, impetuoso, equilibrado, independiente, activo, poderoso. Como ven, la percepción social de género nos da muy poco margen de libertad.

     Bueno, ¿y que tiene que ver todo esto con el amarillismo? Si consideramos el amarillismo como la táctica de resaltar lo escandaloso en un mensaje para despertar el morbo de la gente y de esta manera tener más raiting, entonces ya sabemos cuales son las notas que tendrán peso en cualquier medio, siempre y cuando sean tratadas con amarillismo:
- Las que hablen de mujeres con fuertes rasgos sexuales que despiertan el deseo de cualquier hombre y/o mujer.

- De mujeres que fueron ultrajadas en su sexualidad.

- De las que sufrieron humillaciones y vejaciones por defender el bienestar del lugar en que deben estar (su casa).

- De las mujeres abnegadas que sufren acoso y violencia física, moral y psicológica a cambio de la tranquilidad de sus hijos.

- De las que ponen en peligro su vida porque un hombre malvado las engañó y las dejó asustadas, sin gota de autoestima y por supuesto, embarazadas; entre otros temas.

     No podemos cerrar los ojos a la realidad, los medios consideran a la mujer objeto sexual y consumidora en potencia y están dispuestos a resaltan sus estereotipos siempre que se pueda, ¿cómo? Por supuesto, de manera amarillista. Quiero comentar un caso que realmente me han hecho reflexionar por el carácter con que fue tratado.

 
     La marca de lencería Vicky Form sacó al mercado hace algunos años, una campaña donde despertaban el morbo del público con la imagen de una mujer casi esquelética y con grandes senos vestida sólo con ropa interior, una imagen altamente sensual donde la dama en cuestión emite una mirada dispuesta a despertar el deseo. “Como te ven te tratan”, “Más vale que sobre y no que falte” y “El fin justifica los medios”, fueron frases publicitarias que explotaban el doble sentido basado, por supuesto, en el deseo sexual. Digan si no está más que claro que el sexo es uno de los argumentos que de manera más fácil despiertan el interés del público, digan si no fue una campaña amarillista dispuesta a llamar la atención despertando un morbo público de una manera más que obvia. El resultado: protestas de grupos encarnizados de feministas y ligas de buenas costumbres que pedían retirar los espectaculares de las calles del Distrito Federal. Cierto, los anuncios fueron retirados, pero no antes de que Vicky From hubiere cumplido su cometido. El mensaje quedó en el subconsciente de más de dos incautas y más de cinco pervertidos se regodearon con aquella sugestiva imagen. ¿Aumentaron sus ventas? La empresa dice que si, que su objetivo fue alcanzado, así que el amarillismo se anota otro punto a su favor. Y mi pregunta ¿dónde carajos queda la palabra dignidad? Créanme, en mi sostén de seda, con varillas y relleno, por supuesto marca Vicky From, no la van a encontrar.

     Para reflexionar: en una tarde aburrida, piensen en la manera en que ustedes harían una campaña —en el medio de su preferencia—, para divulgar el artículo 1 de la Convención de Belem do Para que cito a continuación: “...debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. A mi se me ocurre presentar a una mujer voluptuosa con escasa ropa (y cerebro) caminando por una gran avenida mientras un pequeño número de hombres con lenguaje florido la persiguen para cometer atentados al pudor sobre su carnal persona. ¿Y el artículo 1 de la Convenc...? Qué importa, si la información no es amarillista, jamás va a vender.


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