¿De donde surgen las dichosas etiquetas de
advertencia que vienen en muchos discos? Este, sin duda es un caso de censura
extrema a las artes que tiene sus orígenes. Todo empezó a mediados
de la década de los ochenta con un especie de cruzada puritana en Estados
Unidos que encabezó una organización de ultraderecha denominada
Eagle Forum, organización nacionalista y altamente racista apegada
al protestantismo ramplón. De esta organización surgió
un proyecto llamado Missouri Project Rock que dirigieron Shiley Marvin y Jean
Dixon un par de mitoteras con el aspecto de directoras cotorras de alguna
escuela primaria; este singular par convenció para unirse a su causa
a la poco astuta Tipper Gore, esposa ni más ni menos que de Albert
Gore, en ese momento Senador Demócrata por Tennesee. Al Gore se convirtió
en 1992 vice-presidente de Estados Unidos durante el mandato del “chupaletas”
Bill Clinton. Más recientemente es de muchos sabido que Al Gore contendió
por la presidencia de Estados Unidos en las últimas y chocolatosas
elecciones, mismas que ganó el estimadísimo George W. Bush.
Comentamos todo lo anterior sólo para hacer notar por donde pasaron
las cosas. Además, en su momento se sumaron a la causa gente como Susan
Baker, esposa de! entonces Secretario de Estado. También destacó
por su furibunda participación el Reverendo Shane Westhoeler, dizque
investigador musical del calibre de pendejadas tipo “Amigos de la Sinfónica”
y mamadas por el estilo. Jean Dixon creció en Springfield, Missouri
y era toda una fanática de la música cristiana que en su tiempo
libre repartía panfletos, cintas y videos sobre el ocultismo en la
música rock, asustando a cuanta madre de familia se encontraba apoyándose
en las “doctas” teorías del reverendo Westhoeler quien por ejemplo
sostenía que el alfabeto Hebreo era usado por muchos músicos
como simbolismo satánico, sin embargo se notaba su racismo cuando se
refería a Martín “Lucifer” King. Además Westhoeler se
dedicaba según él a descifrar mensajes ocultos. Por ejemplo,
decía que la famosa canción de Bruce Springsteen “Dancing in
the Dark” al revés decía “Señor Satan” y que la famosísima
“Heartbreaker Hotel” de Elvis Presley al revés decía “He decidido
servirle al Chamuco”.
No es una novedad la fuerte oposición de muchos
grupos conservadores en contra de la música pop, pero a finales de
la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado
las cosas llegaron a la exageración, principalmente porque a diferencia
de lo que se pudiera pensar, es decir, atacar la música y/o grupos
de rock blanco como los infames W.A.S.P., que musicalmente eran una mierda,
o entablar un juicio en contra del grupo Judas Priest por ser los causantes
del suicidio de unos mozalbetes orates por las letras de sus canciones, en
realidad la censura apuntaba hacia la otra y “contaminante” música,
o sea el hip-hop.
Cuando la industria discográfica en los Estados
Unidos acepto —a la de a güevo— el (PMRC ) Centro de investigación
musical parental a través de una legislación que obligaba a
etiquetar los discos que la comisión considerara ofensivos, para ser
exactos, en 1990 luego de muchos gritos y sombrerazos al peor estilo Macartista,
hubo algunos episodios bochornosos cuyo trasfondo era dejar claro que la cosa
era en serio. La idea era no vender estos discos a menores de edad y si querían
adquirir el disco mostrasen una identificación en las tiendas a la
hora de pagar. No fue casual que los primeros discos etiquetados fueran de
grupos como MC Lyte, Beastie Boys, 2 Live Crew, Eazy N.W.A. ,Ice-T. Sliok
Rick y otros más, todos exponentes del más candente y libertario
hip-hop que comercialmente era oro molido.
Textualmente la propuesta legal que se resolvió
en el Congreso se redacto en síntesis de la siguiente forma: “Puesto
que hay letras explícitas se debe mostrar una etiqueta de advertencia
en estos LP’s, Casettes y CD’s. El comprador deberá tener dieciocho
años cumplidos al adquirir el producto.”
De inmediato más de mil tiendas, para no ser
multados, retiraron discos de artistas como Public Enemy —uno de los más
peligrosos—. En Alabama un propietario negro fue arrestado al comprobarle
que vendió un disco del controversial grupo de hip-hop 2Live Crew.
En Tennessee un Fiscal del Condado de distrito arremetió contra 2Live
Crew y N.W.E, argumentando que el contenido de sus obras violaba las leyes
de obscenidad de ese estado y amenazando con el arresto a los propios integrantes
de los grupos si estos se atrevían a pisar Tennesse, lugar racista
por antonomasia.
No obstante pocos se callaron y mostraron su desacuerdo,
gente como Michael Hudson vocero en ese momento del organismo liberal Gente
por América, que califico de nazis a los del PMCR, estos por su lado
intentaron defenderse haciendo una apología de su propuesta basada
en su seria preocupación por las violentas letras y demás, pero
aplicando moderación y no extremismo.
Obviamente la prensa seria abordó el tema, con
mesura, pero lo abordó; editoriales en el Washington Post y el New
York Times, sobre todo con las consabidas preguntas a Senadores que en realidad
nunca aprobaron la propuesta pero tampoco se molestaron en repudiar la medida.
El músico Frank Zappa fue de los más activos pero nunca atinó
a destornillar el mecanismo en curso y entorno al asunto, cosa que más
delante terminaremos explicando.
1990 fue un año candente y la conclusión
a este tema fue el absurdo temor y prejuicio a algo tan inofensivo como la
música, porque obsceno es para muchos sectores que algo obsceno venda
millones y pase por encima de muchos. Si hablamos de un lenguaje explícito
usado en una simple canción tiene su chiste si se hace como una extensión
de la tradición cómica de cualquier pueblo. Cuando Luther Campbell
el lider de 2Live Crew le pidió a Brece Springsteen usar el sampler
de la canción “Born in The USA”, pero cambiando el titulo a “Banned
in the USA” (Censurado en Estados Unidos), fue un gesto amable de un cantante
serio para ayudar a ridiculizar el sistema, puesto que 2Live Crew fueron los
mártires de una injusticia, glorificados por la publicidad. El montón
de opiniones sale sobrando; en retrospectiva las dichosas etiquetas no perjudicaron
a los artistas sino que los beneficiaron, es una excelente forma de vender
algo que de por sí es prohibitivo para las santas orejotas, la etiqueta
vende y la libertad de expresión existe a pesar de todo, diluyendo
los miedos de los más reaccionarios que siempre tendrán el
derecho de existir para ser derrotados por sus propias ideas... que no venden.
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