Cargada De teoras cinematográficas, hasta hace un
par de años conocí una de las propuestas más reflexivas
e interesantes de los últimos tiempos: el DOGMA ’95.
Influenciada enormemente
por el cinema verité y la nouvelle vague, esta corriente revolucionaria
fue controversial desde el principio no solo por su carácter contestatario
(con todo lo que esto implica), sino también porque el Séptimo
Arte estaba (aún lo está) encaminado en ciertos clichés:
espectacular-vendible-reciclable.
Conocido también como el cine revelación, el dogma es ante
todo, dentro de su densa configuración, una serie de lecturas antiestéticas
que muchos expertos comparan con los textos de: Baudelaire, Rimbau, e incluso
el propio Guy De Maupassant (?)*. Todos son campos abiertos a la experimentación,
rompen con los estereotipos marcados por el cine mega-industrial (aunque suene
redundante).
La primer película concebida por esta corriente
fue FESTEN (LA CELEBRACIÓN, como fue conocida en México) La
cual, por supuesto, levantó polémica en la sociedad danesa:
¡¿Cómo alguien pudo hablar de incesto y racismo?!, Eso
no era digno de las buenas costumbres!. Thomas Vitenberg (dogmático
por convicción y autor de las inolvidables Last round y De Storste
Helte) era el responsable de una de las hoy, por mucho, obras maestras del
cine europeo contemporáneo.
A la celebración primera de un nuevo cine siguieron
otros filmes como MiFUne Viva El Rey ,Los IDIotas, Rompiendo Las Alas e incluso
DanCer In The DaRK (con la cantante Björk). Todas fueron realizadas dentro
de los parámetros de: llevar cámara en mano evitando en todo
lo posible el uso de tripies; los actores se arreglan solos y utilizan su
propia vestimenta; no usan luz artificial; el sonido y/o la música
solo serán registrados si son generados en el lugar de filmación;
no utilizarán sets prefabricados y si necesitan un objeto en especifico,
entonces deberán buscar la locación en donde ya exista el objeto;
no hay dobles para los actores...
Estos dogmas creados por Lars Von Trier, Soren Krag,
el ya mencionado Vitenberg y otros más que por el momento no recuerdo
—y que recién se han sumado al movimiento—; también plantean
reglas muy especificas para los directores guiados por esta fe. Hablo del
Manifiesto Dogma en su condición de VOTO DE CASTIDAD.
Esta
promesa o voto no es otra cosa mas que el mantenerse célibe ante las
orgías técnico-financieras que corrompen al cine convencional,
y dos de sus principales apostolados son: primero el asumir que no existe
el llamado género cinematográfico y el segundo término
es que el director no debe ejercer ningún tipo de gusto personal al
momento de filmar (de hecho, renuncia a llevar la titularidad de la cinta)
pues el arte le pertenece a quien lo ve y no a quién lo hace.
Y aunque lo último no ha sido respetado del todo
ya que algunas películas dogma sí han llevado los créditos
del director (rompiendo con ello sus propias reglas), lo cierto es que DOGMA
’95 es la reinvención teórica pero también económica
que muchas otras cinematografías han tratado de copiar por el bajo
costo que implica una producción de esta naturaleza.
Ahora solo nos queda seguirle los pasos a los también
llamados “NEW’DD”(nuevos dadaístas) y esperar más producciones
de esta corriente revolucionaria que varios críticos de cine han señalado
como “...historias que tras la proyección, dejan mudos al espectador
que en la superficie encuentra el lado obsceno de la realidad”.
*Amén de que los primeros cortometrajes
realizados en Dogma se inspiran en poemas y relatos breves de estos autores.
|