¿Cuántas veces no hemos escuchado que tal o
cual idea se expresa en aras de la libertad de expresión, de pensamiento,
de prensa?
Claro está que no siempre reparamos que este
tipo de actos se encuentra previsto en artículos de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, sí, ese libro que
todo mundo se rehúsa a leer, incluyendo los servidores públicos
de altísimo nivel, quienes sólo la mencionan de oídas,
pero que siempre está en boca de todos porque, pues es la Constitución
y ya no.
Para todos está garantizado el expresarse y,
por ende, informar y ser informado, en ambos casos estamos ante una situación
de cultura y de madurez.
En la primera situación, de no estar culturizados no escribimos y
no leemos, y no escuchamos lo necesario para comprender y, consecuentemente,
no estamos madurando junto con el emisor de la idea, incluso no le dejamos
madurar porque cae en la misma provocación cuando le corresponde recibir
la información, lo que conlleva a que no formamos parte de la opinión
pública.
Sin embargo, la cultura no implica madurez ni ésta
que se sea culto, ¿cuántas personas cultas no dejan hablar a otra
más de 5 palabras al hilo? muy pocas.
Ahora bien, la información es esencial en el
pueblo que pretende crear conciencia en sí y para sí para evolucionar
históricamente de manera digna ante la comunidad internacional.
Pero, como siempre hay un pelo en la lengua, la información
en México sirve para desinformar; así las cosas se va formando
un estilo que cada día tiene mayor permanencia en los tirajes
de los periódicos y en los raitings televisivos y radiofónicos.
Hace algunos años, más de 30, Alarma y
Alerta eran comprados por medio México, por sus artículos fotográficos,
donde lo más sano era ver la cara del asesino o del violador,
ya que la víctima no daba lástima, sino asco por la forma cruda
pero sensacional en que se presentaba, creando un mundo onírico tan
asqueroso que las náuseas duraban desde el momento en que se veía
hasta ya muy entrada la tarde.
Sin embargo, al paso de los años tenemos que continuamos con publicaciones
del mismo tipo por una razón sencilla: Al público le gusta meterse
en lo que no le importa, incluso en la tripas de su prójimo, pero ¿Con
qué fin lo hace? ... simple diversión, así es,
la gente lee para divertirse a costa del dolor o errores de los demás.
Así
todo el mundo prefiere ver las fotos de los cuerpos semi-despedazados de los
hijos de Sadam Hussein por parte de los invasores gringos defensores
de su imperio destruido el 11 de septiembre, o al homosexual madreado por
policías cuya foto lo muestra con los calzones en la mano y el miembro
de su amante en la boca o a una Lucero (dizque cantante y actriz mexicana
que ya tiene un chorro de tiempo en el medio pero pos la neta no me late en
nada) que se encabrona al defender a un güey que no sabe para qué
es la pistola, bueno el arma de fuego, para aclarar las cosas.
Y todo es lógico, el sensacionalismo es hijo
de la libertad y así muera ésta, aquél continuará
disfrutando al entrar en nuestros cerebros, ya que tratar de acabar con él
simplemente es cometer un suicidio o un libercidio (palabra muy mía
que quiere decir lo que significa y que no está en el diccionario de
la Real Academia).
El aburrimiento y el cansancio nos llevan a buscar diversión
y que mejor que hacerlo a costa de los tontos que se dejaron matar o se dejaron
ver desnudos en su yate o en un colegio de padres salesianos ante los alumnos
del mismo.
En sí el sensacionalismo o amarillismo es hijo
del ser humano como lo es la libertad y no podemos darle en la madre a un
hijo, o quizá si pero con mucho arrepentimiento.
Sensacional, ya terminé no dejen de escuchar
buena música en Divagaciones, o de ir por su BERRiNcHe a Arquero 703
B, ahí donde está Alexandría donde se venden tarjetas
de Yu Gi Oh y el Mage Knight y se hacen juegos de rol, allá por Vistas
del Sol.
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