Ubiquémonos en los inicios del Siglo XX, cuando los
medios de comunicación no tenían el desarrollo que ahora poseen.
Para señalar con mayor claridad, realmente no existían. La tradición
oral era eb algunos casos no sólo la más popular, sino la única
forma para expresar algún acontecimiento.
Batallas, levantamientos, asesinatos, hazañas
heroicas, y todo tipo de acontecimientos era común que aparecieran
reseñados, en algunas ocasiones exagerando su dimensión, en
todo tipo de pequeñas impresiones que iban circulando de mano en mano
y en ocasiones, debido al alto número de personas que no sabían
ni leer ni escribir, en esas hojitas sólo aparecían dibujos
por medio de los cuales se daba a conocer algún importante acontecimiento.
En su libro “Historia de la Música Popular Mexicana”,
la investigadora Yolanda Moreno Rivas explica que fueron Venegas Arroyo y
Eduardo Guerrero quienes con un grabado explicativo y memorable que realizaba
José Guadalupe Posada, daban por enterados a los habitantes de aquél
México ávido de saber qué ocurría en su entorno.
Por un mínimo precio se podía disfrutar de una sátira
política, una critica de costumbres o un simple punto de vista sobre
hechos históricos.
Pero, ¿qué ocurre cuándo —como decíamos líneas
arriba—, la gente no sabía ni leer ni escribir, o simplemente no podía
comprar aquellas hojitas impresas? Antes de la Revolución Mexicana
aparece el corrido. En su archinombrado y fusilado (aquí nos incluimos)
libro “El Corrido Mexicano”, Don Vicente T. Mendoza, afirma que este género
es “no sólo un descendiente directo del romance español sino
aquél mismo romance trasplantado y florecido en nuestro suelo”. Aunque
Ignacio Manuel Altamirano, autor de “El Romancero Nacional”, afirma que el
corrido ya se cantaba antes de 1810.
El corrido revolucionario fue un extraordinario medio
para dar a conocer ideales y contó con la colaboración de un
ejército de poetas anónimos.
Los diversos expertos e investigadores ubican al corrido
en tres principales periodos históricos: El primero abarca desde la
independencia hasta el ascenso de Porfirio Díaz; el segundo, desde
principios de la dictadura hasta 1910 y el tercero desde inicios del movimiento
armado hasta nuestros días. Sin embargo hay quien en la actualidad
afirma que bien puede agregarse un cuarto periodo, dominado hoy en día
por creaciones de corridos dedicados a personajes del presente, aunque mayormente
dominados por narcotraficantes, capos y otros mafiosos.
Sea como sea, el corrido nos ha ayudado a entender y a complementar
la idea o conocimiento que de algún hecho tenemos. Pero el corrido
antiguo no sólo cuenta hazañas de revolucionarios, también
fueron dedicados a momentos de la historia a quien faltaba a las leyes. De
esta forma, conocemos la historia de Joaquín Murrieta “El Patrio” en
la frontera de México con Estados Unidos; de esa misma región
resaltaban las andanzas de Gregorio Cortez quien al igual que Murrieta hizo
frente a la justicia “americana” convirtiéndose en héroe fronterizo.
Otros personajes fronterizos fueron Jesús Cadena, los hermanos Federico
y Manuel Hernández quienes murieron, según el corrido, sentenciados
a la pena capital.
Cantantes fronterizos de inicios de 1900 llevaron al disco verdaderas tragedias
como la historia de la niña June Robles, quien había sido plagiada
en Tucson, Arizona; sin olvidar la triste vida de Bonifacio Torres quien en
Jarales, Nuevo México y en 1930 “por no verse esclavo prefirió
morir”, según cuentan los hermanos Banuelos en un corrido grabado precisamente
ese año de 1930 en un disco de 78 r.p.m.; otra historia de drama es
el corrido de Juan Reyna quien perseguido por la justicia gringa se suicidó
en la prisión de San Quintín. Los cantantes Nacho y Justino
lo dan a conocer en el corrido “Suicidio de Juan Reyna” grabado en Los Ángeles
en 1931.
A los corridos revolucionarios hay que agregar, entonces,
los corridos regionales, que como los fronterizos, tienen una particularidad
que contarnos. Figuras tan seguidamente señaladas como los malos de
la película, en los corridos, se reivindican, como el propio Porfirio
Díaz, a quien los trovadores Dueto Acosta (José Moriche y Víctor
Rosales) elevan a la categoría de haber sido el más grande presidente
del gobierno mexicano. En un corrido grabado en Nueva York en 1924 cantan
que Díaz luchó por la libertad y en treinta años de
gobierno fue su honradez sin mancilla, y México fue de Maravilla.
Al general Obregón, el Trio Luna le cantaba en 1924
un corrido en el que calificaban al manco como un patriota, pero por otra
parte, en 1929 los Trovadores Tapatíos en un corrido llamado “Corrido
de Toral” alaban al asesino del general Álvaro Obregón al llamarlo
un mártir de su religión; mientras tanto, en el corrido “El
Radiograma”, cantado por Guadalupe Guzmán y J. Rosales, grabado en
El Paso en 1931, en un apartado se apunta:
—¿Qué haremos con este
manco
desleal, infame y
traidor?
Y les dijo Lucio Blanco,
Mándenlo al
Diablo Mayor...
Así pues, el corrido también tiene una
fuerte dosis de parcialidad y amarillismo según quien lo cuente. Lo
importante es comprender el momento histórico que se vivía al
momento de ser compuesto, porque no es lo mismo vivir el acontecimiento que
verlo desde años después.
|