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Nos anhelamos con la más profunda ansiedad, tal como lo requiere Nuestro apostolado, que la Fe Católica crezca y florezca por doquier, en especial en este Nuestro día, y que toda depravación herética sea alejada de los límites y las fronteras de los fieles. Por cierto que en los últimos tiempos llegó a Nuestros oídos, no sin afligirnos con la más amarga pena, la noticia de que en algunas partes de Alemania septentrional muchas personas de uno y otro sexo, despreocupadas de su salvación y apartadas de la Fe Católica, se abandonaron a demonios, íncubos y súcubos, y con sus encantamientos, hechizos, conjuraciones y otros execrables embrujos y artificios, enormidades y horrendas ofensas, han matado niños que estaban aún en el útero materno, lo cual también hicieron con las crías de los ganados; que arruinaron los productos de la tierra, las uvas de la vid, los frutos de los árboles. Y penosas enfermedades, tanto internas como exteriores; impiden a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres concebir, por lo cual los esposos no pueden conocer a sus mujeres, ni éstas recibir a aquéllos; por añadidura, en forma blasfema, renuncian a la Fe que les pertenece por el sacramento del Bautismo, y a instigación del Enemigo de la Humanidad no se resguardan de cometer y perpetrar las más espantosas abominaciones y los más asquerosos excesos, con peligro moral para su alma, con lo cual ultrajan a la Divina Majestad y son causa de escándalo y de peligro para muchos. Y aunque Nuestros amados hijos Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger, profesores de teología de la orden de los Frailes Predicadores, han sido nombrados, por medio de Cartas Apostólicas, Inquisidores de estas depravaciones heréticas, no pocos clérigos y laicos de dichos países tratan de enterarse de más cosas de las que les conciernen, y como en las ya aludidas cartas delegatorias no hay mención expresa y específica del nombre de estas regiones, y dado que los dos delegados y las abominaciones |
que deberán enfrentar no se designan en
forma detallada y especial, esas personas no se avergüenzan de aseverar,
con la más absoluta desfachatez, que dichas enormidades no se practican
en aquellas provincias, y que los mencionados Inquisidores no tienen el
derecho legal de ejercer sus poderes inquisitoriales en los territorios
antes referidos. Nos sentimos profundamente deseosos de eliminar todos
los impedimentos y obstáculos que pudieren retardar y dificultar
la buena obra, así como de aplicar potentes remedios para impedir
que la enfermedad de la herejía y otras infamia dan su ponzoña
hace destrucción de muchas almas inocentes, y como Nuestro celo
por la Fe nos incita a ello en especial, y para que estas provincias de
Alemania, que ya hemos especificado, y en virtud de Nuestra. autoridad
Apostólica, decretamos y mandamos que los mencionados Inquisidores
tengan poderes para proceder a la corrección, encarcelamiento y
castigo justos de cualesquiera personas, sin impedimento ni obstáculo
algunos, en todas las maneras. Más aun, decimos, y para mayor seguridad
extendemos estas cartas, de delegación de esta autoridad, de modo
que alcancen a las aludidas provincias, personas y delitos ahora referidos,
y otorgamos permiso a los antedichos Inquisidores para proceder, en consonancia
con las reglas de la Inquisición, contra cualesquiera personas,
sin distinción de rango ni estado patrimonial, y para corregir,
multar, encarcelar y castigar según lo merezcan sus delitos, a
quienes hubieren sido hallados culpables, adaptándose la pena al
grado del delito. Por Nuestra suprema Autoridad, les garantizamos nuevamente
facultades plenas y totales. También se procurará que en
obediencia a Nuestro mandato no se los moleste ni obstaculice por autoridad
ninguna, sino que amenazará a todos los que intenten molestar o
atemorizar a los Inquisidores, a todos los que se les opongan, a esos
los rebeldes, con la excomunión, la suspensión, la interdicción
y penalidades, censuras y castigos aun más terribles, como a él
le pluguiere, y sin derecho alguno a apelación, y que según
su deseo puede por Nuestra autoridad acentuar y renovar estas penalidades
, y llamar en su ayuda, si así lo deseare, al brazo Secular.
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