La
globalización de la Mentira
Por Holiveira
Si compartimos
con Sócrates que las palabras solo el reflejo de las cosas y no
poseen leyes propias, es decir, que como palabra en sí escrita o
hablada no tiene validez alguna, a menos que sea desde un punto
de vista puramente estético, que no nos concierne para el
objetivo de este artículo, y que empiezan a tomar validez en la
medida en que son interpretadas, en que son etiquetas de otras
cosas y acciones y, su fin tiende hacia la verdad.
Tendríamos que
de una vez tirar la toalla, declararnos vencidos en un mundo
donde poco importa la verdad, donde vale más una labia afilada
al mejor estilo de los pseudonoticieros, que la explicación
clara y simple de los hechos. Y en el peor de los casos la
desvirtuación gracias a estos medios de las palabras que eran
muy nuestras, palabras queridas que salían a la vida despeinadas
y libres y que cuando se empezaban a volver peligrosas, cuando
empezaban a formar parte del imaginario colectivo las toman estos
proxenetas del verbo y ahora da un poco de vergüenza hablar por
ejemplo de resistencia civil ya que cuenta con el apoyo del
estado y los gendarmes de la seguridad o declararse ecologista
por que la convirtieron en no tires basura a la calle y no cortes
arbolitos, antes bien, siembra uno y solo uses reciclables
mientras que la crítica al consumo es casi nula y no se atacan
los reales problemas del ecosistema, empezando por la
explotación inmisericorde de los recursos naturales, la
explotación del petróleo sin mirar otras alternativas
energéticas más baratas y menos contaminantes y un larguísimo
etcétera para hacer una lucha coherente en este rubro.
Las palabras,
si nos vamos con los retóricos sofistas, son un arma a la que
poco le importa la verdad, vale el maquillaje, podés mostrar
algo falso como cierto y al vesre, y cuando hablo de Verdad, no
pienso en una verdad absoluta, no se trata de una verdad
filosófica, es un hecho meramente
narrativo-expositivo-descriptivo de un acontecimiento o una idea.
Lo que importa
es convencer o conmover. Un infante muerto es mucho más
conmovedor que un adulto en la misma situación, apelan a
nuestros sentimientos más profundos y juegan con ellos a su
majestad. El Rating manda. Pesa más el derrumbamiento de dos
torres en la entrañas del monstruo que la masacre de todo un
pueblo afgano y encima nos hacen creer que les hicieron un favor.
Nos manipulan desde lo trivial, lo pequeño, así nos preparan
para las grandes mentiras y asistimos alegres y con traje de
fiesta a una guerra que debería ser y que nos obligan a
compartir.
En vista de esto,
por un lado el planteamiento socrático que no trata de persuadir
con el manejo de la oratoria y no da valor al maquillaje, y por
el otro, el manejo de la retórica de los sofistas donde lo justo
y verdadero pierde valor ante el convencimiento de los receptores
y por otro lado la práctica de hacer suyas frases y
palabras(Práctica que han llevado a cabo con éxito) hacer suyos
movimientos populares y palabras que llevan piedras en la mano.
Por un lado el amor a la verdad aunque sea a costa propia y por
el otro lado la manipulación para convencer, conmover, debemos
participar un poco de las dos propuestas: En pro de la verda
manipular con elocuencia y fascinar para convencer, el quid del
asunto es hacerlo de una forma ética, aunque suene
contradictorio. En resumen interpretar los hechos y proponer
alternativas, reinventar un poco el narrar y ampliar horizontes
en la comunicación, intentar maneras de decir sugestivas y
tratar de desprostituir las palabras, demostrar que no tienen
dueño por que no son de nadie y volver a acariciar con cariño
ala desobediencia, la resistencia, la ecología y por supuesto la
anarquía.
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