El gran ojo me domina con su luz.

Por Arturo Peniche

 

El gran ojo me domina con su luz. Se mete en mi mente, vence mi resistencia y sucumbo. Una mano invisible, como la del mercado, mueve mis pasiones, mis instintos, me reclama, me indigna, me entristece y me enfurece con una habilidad maestra, como un Ner�n que ta�e la melanc�lica canci�n de su propia destrucci�n.

 

Una avalancha de terrorismo, capturas, incautaciones, muertos, colecciones de ropa interior, goles, toneladas, esc�ndalos, dirigentes deportivos, operativos, artistas, masacres, entretenimiento, declaraciones, �ltimos modelos, personajes an�nimos y decisiones ajenas me envuelven en un torbellino de luz de penetrantes colores, radiaciones, sonidos sint�ticos y movimiento; a tal velocidad que incluso el est�mago revuelto no da tiempo de experimentar n�useas, cuando ya te ves compelido a consumir, de nuevo, por en�sima vez, aquello que seguro no necesitas, pero inevitablemente vas a comprar.

 

De pronto, de la nada, como un rayo que se come la penumbra de la tormenta, experimento algo. Un clic activa algo en mi que me perturba, Menos de un nanosegundo es suficiente. Por arte de magia, de un modo inesperado, hago lo impensable. Levanto mi brazo y venzo al hipnotista.

 

Aunque es s�lo el movimiento de un dedo, luchar contra sus tent�culos en mi mente, es una labor tit�nica. El bot�n es pulsado y una l�nguida pantalla que se fallece con un �ltimo rayo de luz como suspiro, da cuanta de una peque�a pero tenaz victoria.

 

Con dificultad me levanto, vencido incluso mi cuerpo tomo aliento y camino fuera de la habitaci�n. Decido tomar un vaso de agua. Abro la llave y su sonido cayendo, es m�sica que entre m�s real, m�s propia, se hace m�s bella.

 

Tengo frente a mi una ventana. All� est� la realidad. La fresca brisa que se cuela entre las cortinas me insin�a un sensaci�n ya perdida de saber que tras ese vidrio, tras esa pantalla, est� el mundo. Me acerco t�midamente y busco entre la penumbra de ofuscamiento residual de mi esclavitud anterior, la suave sensaci�n de vivir y estar all�. Al pasar al balc�n dejo tras de mi la ventana. Miro a mi alrededor satisfecho. Esto que est� all� es m�o y yo soy parte de todo esto. El cielo es azul.

 

Se que, si me estuviera viendo a mi mismo pasando a trav�s de la ventana, pensar�a que la sensaci�n de libertad que da el enfrentarse a la realidad, ser�a suficiente pulsi�n para atreverse a cambiar esa realidad, y no ser un estrella fugaz en mi propia vida. Ser� un protagonista, no me rendir�. Ser� el sobreviviente de una de las historias m�s interesantes de todo el mundo: mi vida.


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