ALGUNOS APUNTES SOBRE EL ANARQUISMO (Primera
Parte)
Por Holivieira
Pocos pensamientos políticos han sido tan
vilipendiados como el anarquismo. Desde la derecha se escuchan
voces contra el terrorismo ácrata, desde la izquierda, por el
contrario, nos tildan de revolucionarios de escritorio, cuando
no, la piedra en el zapato, los que hemos dañado (según ellos)
varios procesos revolucionarios. Otros, en el colmo de la
ignorancia, asocian la anarquía con su acepción más simple, la
de los diccionarios de bolsillo, es decir: caos, desorden, lo
último que le podría pasar a una sociedad. Tienen en común
estas interpretaciones del anarquismo o del pensamiento
libertario, la ignorancia. Llama la atención, al tratar
de leer algo sobre los libertarios desde la izquierda -casi
siempre críticas- el desconocimiento de grandes personalidades
que han ejercido una poderosa influencia en la estructuración
del pensamiento ácrata, de una teoría del sin poder, siempre
nos encontramos con que se remiten a Stirner (el único y su
propiedad), Proudhon (filosofía de la miseria) y Bakunin
(artículos en general), sin desconocer su importancia, no son
el todo del pensamiento ácrata y además, en estas
críticas, siempre se remiten a párrafos de las obras ya
mencionadas que no dan claridad a lo que verdaderamente apuntaban
sus autores, olvidan sistemáticamente su obra completa y los
demás autores, desconociendo más de cien años de lucha
libertaria, olvidando que los mártires de Chicago, por ejemplo,
eran anarquistas, o que, para hacernos un poco más cercanos, la
influencia que tubo el anarcosindicalismo a principios del Siglo
XX en Colombia, su combatividad en los conocidos hechos de los
bananeras de 1928, fue tan importante como la de los marxistas
socialistas. En fin, la negación y continua invisibilización
del movimiento libertario a nivel mundial, ha sido una constante
para los historiadores de uno y otro lado.
Paralelamente, hay quienes nos tildan de ingenuos
soñadores, nos dicen con suma paciencia: oye, tus ideas
son muy bonitas para un poema, pero es imposible, las masas
(dicen masas como si de verdad supieran de lo que hablan)
necesitan de un proceso de educación, solos no pueden, y
muchas otras cosas de este talante, justificando la teoría de la
necesidad de servidumbre y de aquel Contrato Social Rousseauniano
que ha sido tan bien acogido por nuestras democracias formales.
Si bien, para contestar a los unos, el anarquismo
de finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, se
caracterizó por el atentado individual contra los tiranos de la
época, la propaganda por el hecho (cuyo ejemplo más
conocido fue el asesinato del archiduque austriaco Francisco
Fernando, que fue la justificación para la primera Gran Guerra),
pronto se pasó a otras formas de lucha al margen de la violencia
a ultranza (aclarando que tampoco debemos ser pacifistas), como
el apoyo a los sindicatos, obreros, constitución de la
Asociación Internacional del Trabajo (AIT), en América Latina
ya desde 1886 existían sindicatos inspirados en el pensamiento
de Bakunin y en Colombia existía la Federación Obrera del
Litoral Atlántico (FOLA). En Europa, sobretodo en España,
tuvieron especial acogida las ideas ácratas y reunidas la
Confederación Nacional del Trabajo (CNT), las Juventudes
Libertarias y la Federación Anarquista Ibérica (FAI),
estructuran el movimiento libertario es ese país.
La historia es rica en sucesos y testimonios que
persisten aun a despecho de quienes quieren ocultar la
trayectoria del pensamiento y acción libertarios en todos los
puntos del orbe.
Sobre el calificativo de soñadores cabe apuntar
que la historia no ha hecho más que demostrar la imposibilidad
desde el poder, para cambiar las condiciones de la sociedad en
general, ya que el poder tiende a sostenerse, jamás ha pasado ni
pasará que solito se vaya haciendo nulo, mientras que el Estado
no hace más que legitimar el dominio de unos sobre otros, sea
democrático o Estado proletario, manteniendo la
pirámide con los que detentan el poder y/o el mercado en la
cúspide y los desheredados del sistema, en la base. Siempre bajo
el cientifismo, apoyados por grandes economistas y sesudos
políticos incapaces de ver más allá de sus narices.
Ante esto:
¿Es utópico pensar y desear combatir el poder,
no para instaurar otro sino para enterrarlo y velar porque no
resucite,, establecer una sociedad de abajo hacia arriba en
igualdad de condiciones y oportunidades para todos, actuando de
la manera más lógica y natural?. ¿Es tan terrible la necesidad
de mantener las jerarquías y las estructuras de poder para no
entender este razonamiento tan simple?.
Claro, estamos seguros que no es fácil y que no
todos los problemas han sido planteados. No contamos con el
antídoto inmediato para una sociedad cada vez más enferma por
el consumo, cada vez más insolidaria. Pero al mismo
tiempo, es gratificante ver cómo desde Pekín hasta Quebec,
desde Génova hasta Argentina, desde México hasta Colombia se
escuchan voces, voces negras, blancas, indígenas y mestizas de
hombres y mujeres, que han empezado a gritar YA BASTA, y no
necesariamente con la etiqueta del anarquista de carnét o
dibujando la A dentro del círculo, pero sí con
convicción liberadora, derribando ídolos, sabiendo que no son
necesarias las vanguardias de iluminados para, poco a poco,, ir
cambiando el mundo.
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