Educación
La educación es el reino de la autoridad, de toda autoridad, de las jerarquías, de todas las jerarquías. Lo niños reciben una serie de instrucciones tendientes a “socializarlo” pero lo único que se hace es desterrar de él toda capacidad imaginativa y toda su espontaneidad creadora. Tanto a ellos como a los adolescentes se les “embrutece” (que paradoja la de la escuela) con tareas y trabajos dignos de Sísifo. Tareas repetidoras, extensivas, y excesivamente académicas que pretenden hacer e simples jóvenes los mejores eruditos. Estudiantes que al graduarse tendrán una letra lindísima por la práctica pero la mente con muy poco uso. (Colombia, país de forma y de tan poco contenido). Así mismo el salón de clase se ha convertido en la mejor “jaula” donde se requiere primero que todo una disciplina militar a priori para poder iniciar cualquier actividad. La relación maestro-alumno no es natural porque simplemente no hay comunicación natural y fluida. El profesor no llega a halarle a seres que son sus iguales sino a individuos que hay que adoctrinar con determinados contenidos ideados por “otros” pero que no consultan la realidad del estudiante. El profesor es el encargado de atiborrar la mente del estudiante con contenidos que son “obligatorios”. Todo esto da como resultado que supuestamente clases que deberían ser amenas y lúdicas (por ejemplo los idiomas) terminan por ser un mero trabajo académico visto desde su lado más horrible y monótono.
mejor “jaula” donde se requiere primero que todo una disciplina militar a priori para poder iniciar cualquier actividad. La relación maestro-alumno no es natural porque simplemente no hay comunicación natural y fluida. El profesor no llega a halarle a seres que son sus iguales sino a individuos que hay que adoctrinar con determinados contenidos ideados por “otros” pero que no consultan la realidad del estudiante. El profesor es el encargado de atiborrar la mente del estudiante con contenidos que son “obligatorios”. Todo esto da como resultado que supuestamente clases que deberían ser amenas y lúdicas (por ejemplo los idiomas) terminan por ser un mero trabajo académico visto desde su lado más horrible y monótono.
Para mantener todo este imperio de la ineptitud y de la ignorancia se requiere de una serie de medidas que garanticen la obediencia de todos. Así es como la escuela cuenta con un estructura jerárquica vertical bien definida. Los de arriba, las directivas son los que diseñan todas las pautas y todos los mecanismos para que todo funcione como una máquina bien aceitada. Máquina que debe rendir sus ganancias y que por eso debe ganar buena fama para acrecentar el negocio. Ninguna mejora se hace en un colegio para mejorar la educación, se hace por los alumnos sino por los beneficios económicos que eso puede reportar. Siguen los profesores que en lugar de ser orientadores que también están en un proceso de aprendizaje empiezan por participar en el juego de los dominadores. Su función de promover un conocimiento liberador, crítico y revolucionario simplemente no se cumple. Todos participan del engranaje ideado por el grupo en el poder. Pero como todos necesitan vigilancia para que “todo vaya bien”, se han ideado otros mecanismos para que las mismas victimas del poder se vuelvan a su vez dominadoras. Entonces entre los profesores existen coordinadores de disciplina que evalúan el comportamiento de sus mismos compañeros y de los estudiantes. Y peor aún entre los mismos estudiantes se crean títulos como el de monitores (qué monitorean?) que reemplazan al profesor en ciertas ocasiones en su labor burocrática y represiva.
Un estudiante se me acerca y me dice en voz baja: “Profesor, X está haciendo un trabajo de otra materia” ¿Qué ha hecho de esta estudiante un soplón? El mismo sistema en el que ha estado aprisionado desde prekinder. Y he ahí la mejor forma de vigilancia que todos ejercen sobre todos. Las directivas vigilan al coordinador académico y a los profesores, el coordinador a su vez la delatora tarea de vigilar a sus compañeros y a los estudiantes, los profesores deben desplegar toda su labor de policías y reprimir la más mínima expresión de espontaneidad, de hacer cumplir lo que él diga como él diga. Para tratar de que nada se le escape acude entonces al mismo estudiante para que le ayude en su tarea de incompleta vigilancia.
La directora me lleva a una ventana y me dice: “desde esta ventana se puede tener la vista de todo el colegio y se puede ‘vigilar’ mejor.” La ventana está alta, por encima de todo, por encima de todos, ejerciendo una autoridad vertical, de monitoreo, de vigilancia. Los que vigilan son como científicos que miran desde una tarima el comportamiento de sus animales o como de guardias de una cárcel que ven los movimientos cuidadosos y rápidos de los presos.
Los estudiantes debe asistir a una hora determinada, ni un minuto más, ni un minuto después; es que llegue tarde es devuelto a su casa, debe traer excusa de su padre o acudiente, mostrársela al portero vigilante, este quita el candado y le indica al estudiante que debe ir donde el coordinador académico, él firma una orden que el estudiante coge entre sus dedos y la lleva al salón como un preso que lleva su boleta de salida o en ese caso peor, de entrada. Se la presenta al profesor, ésta le dice que no le borra la falta y le dice que se siente por favor. Todos los estudiantes deben llegar a tiempo. El profesor llama a lista y el estudiante debe decir “presente”. El que ajuste cierta cantidad de faltas se verá en problemas porque cancelará su materia.
El profesor tiene una lista donde están todos sus alumnos y donde él puede evaluar la asistencia, colocar las faltas, seguir y apuntar todas las notas que definen al estudiante. Se le evalúan sus tareas, exámenes, participación, rendimiento, disponibilidad, etc. Lo más aberrante, se le evalúa su disciplina y su conducta se le evalúa si cuestiona, si alega, si lleva la camisa por fuera ( y que debe ser por dentro), si lleva zapatos de otro color, si grita, llora, silba, canta, se tropieza y se cae.
Todos terminamos convertidos entonces en sapos que apoyamos un orden de cosas y que ayudamos a mantener. Porque no es descubrir nada nuevo decir que el orden del mundo existe porque participamos en él. Al igual que de las guerras. Estas existen porque hay hombres que se prestan para ellas. Bien lo dijo Fridtoj Nansen: “Las guerras dejarán de existir cuando los hombres se rehusen pelear.
El Corresponsal Misterioso
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