- �Nombre? -
- Rob - contesté, con un tono indiferente.
- �Rob... qué m�s? - mostrando arrogancia en cada palabra que pronunciaba.
- Rob Vardamir Rowan.
- �Nacionalidad? - preguntó
- Soy de Italia...
- �Edad?
- Doscientos treinta y cinco...
De repente la policía que estaba tomando nota de cada una de las palabras que salían de mi boca, apoyó el lápiz sobre la mesa de manera violenta.
- Quieres contestar de una vez y dejar tus estúpidas bromas - con fuerza.
- 20 años... - ...Comparado con vuestro tiempo y espacio - contesté aparte, murmurando.
- �Tienes padres, estás casado...?
- Può il vaffunculo di I?
- �Perdona? - respondió confusa.
- Desidero vederlo succhiare mio...
- �No entiendo! �Hable Japonés! -
Pude apreciar en ese momento la imagen de la policía confusa, entonces, mostré mi aspecto y me levanté de la silla arrojándola al otro lado de la habitación. Ella asustada, cogió lo antes posible el teléfono para llamar a alguien, me dirigí hacía ella, y partí la línea de teléfono con mis propias manos. Apagué la luz y me oculté en las sombras durante unos segundos. Me gusta apreciar la cara que ponen mis víctimas antes de que sepan que va ha ser su final, pensaba fríamente.
No espero relatar todo lo que sucedió a continuación. M�s que nada para que las personas que encuentren estos documentos no tengan que vivir con el trauma de haber leído estas palabras. No me apetece manchar mi imagen, ni la de mi familia. Los vampiros tenemos fama de ser amantes de la lujuria. Que cada lector, interprete esta escena como a él le parezca.
A continuación, escapé por la ventana lo antes posible. Por hoy ya había satisfecho mi sed y no tenía ganas de continuar la fiesta por hoy. La noche era larga y como no, un vampiro de tan s�lo doscientos años es joven y puede permitirse el lujo de andarse por la ciudad pasando desapercibido y cuando lo necesite ir rápido a por la siguiente víctima, como un Leopardo se dirige silencioso y rápidamente hacía su presa.
Por otro lado, no es que fuese vanidoso, pero dudo que alguna jovencita pueda resistirse a mi físico, cosa mortal que atrae exageradamente a los vampiros y para los vampiros es un punto m�s a su favor a la hora de ir de �caza�.
Metro noventa, pelo casta�o claro y largo, ojos claros como el hielo, nariz viril y una boca fina y elegante acompa�ada de una barbilla redonda con una sutil barba de un d�a y medio, que me daba un aspecto m�s maduro y no tan angelical y ni�o pasando su etapa adolescente. Espalda ancha torso bien formado y unos brazos bien fuertes que cualquier gimnasta envidiar�a.
La ciudad de Tokio, he de confesar, que aquella noche lucía espectacular. La iluminación de la ciudad, como de costumbre era exagerada, parecía que estuviese en una discoteca al aire libre, con sus letreros resplandecientes con letras gigantes y muchas sonrisas o iconos felices, como tan utilizados son hoy, llenaban las calles tiñóndolas de color y alegría. Los coches circulando sin cesar por las carreteras y los semáforos, sin descansar, indicaban continuamente si el peatón podía cruzar la carretera o no. Lástima que no dejaba apreciar demasiado bien la luz de la luna llena, por no hablar de las estrellas que apenas brillaban, aunque ellas daban lo mejor de s� para iluminar la oscuridad como acostumbraban hacer en antaño.
Camin� y camin� durante dos horas por las c�lidas calles de lo que una vez fue un imperio, mientras el aburrimiento llamaba a mi puerta, no pod�a dejar de pensar en la historia de mis antepasados, vampiros, ya que ellos jam�s hab�an pisado este pa�s. Curioso. Mi padrino, naci� en la vieja Italia y mi madrina nacida en los suburbios de Estados Unidos. Por no hablar de que mis tatarabuelos llevan conquistando media Europa desde el siglo XV.
Todavía me es imposible borrar los recuerdos de mis �familiares� cercanos muertos. Aún puedo recordar los neo caza vampiros que decapitaron a mi hermana hace ciento cincuenta años. Si no hubiese ido en busca de presas aquella noche, a lo mejor podría haber evitado el asalto al castillo, recuerdo que cuando regresé, vi a mi hermanastra en su cama con la cabeza separada de su cuerpo, los ojos vacíos, pero abiertos, y su difunta belleza destrozada por las manchas de sangre que rodeaban la zona. En aquel mismo momento, la familia, con mí mismo apellido, Vardimir, pero del otro bando, vino con antorchas y herramientas dispuestos ha hacer alguna liturgia que seguramente empleaban los druidas en sus rituales ancestrales. Entonces escapé. Sin embargo, no pude sentir la curiosidad por mirar el entierro anónimo de lo que entonces me quedaba de familia.
Mismo apellido, pero al mismo tiempo tan diferentes y todo por culpa de aquel bastardo. En ese caso qué debería hacer. Pagar la venganza con mi propia vida y acabar con la dinastía Vardimir o sembrar el desorden y continuar
lo que hubiesen deseado mi familia no muerta.
Aprovechando el monólogo, llegué a las dos de la madrugada a lo alto de una azotea, donde podía divisar medio Tokio, y la luna la sentía más cerca como si quisiera abrazarme. También pude apreciar un pequeño local, un burdel, que empezaba a cerrar las puertas por hoy. En un abrir y cerrar de ojos me presenté detrás de una chica de buen físico. Rubia, buenas caderas y formas y una altura considerable para ser mujer.
Lo siento, tendrá que volver mañana - contestó.
Me gustaría �pillar� hoy - respondí
Entonces la infartante mujer giró su mirada, pero para entonces ya me había escondido detrás de las sombras, desde donde su ojo no apreciaba verme. Se notaba nerviosa, insegura y podía o�r como su corazón latía cada vez más deprisa, como un tren de vapor a toda velocidad, queriendo llegar lo antes posible a su destino, en este caso la muerte.
- Ya le dije... - paró con un miedo o inseguridad notable.
En aquel momento, aunque noté un aura extraña, mi deseo de sangre aumentaba por momentos, sin pensarlo, salté de las sombras sin ruido alguno con mi aspecto transformado completamente. Aquella mujer gritó y mi placer y diversi�n subían a cada segundo, mi adrenalina explotaba como volcán en llamas y mientras la presa estaba cada vez más y más cerca.
En aquel momento, algo me detuvo, no pod�a moverme y un circulo de luz se ilumin� d�bilmente alrededor m�o.
Entonces pude ver como la mujer del burdel, salió corriendo y cuatro personas cuyo aspecto desconocía se acercaban más a m� recitando la misma frase. Una frase en latín, que traducida a nuestro idioma actual podría traducirse más o menos como: "Dios, concede de alma al vampiro".
Mi cerebro empezaba a marearse, mi coraz�n hasta ahora a falta de latidos y sentimientos empez� a latir cada vez m�s y m�s fuerte, empec� a notar una cosa extra�a corriendo por dentro de m�, que antes no se movía, y al mismo tiempo mi cuerpo empezó a sentir pequeños espasmos. Por último presencié durante un minuto mi vida entera, comenzando por mi niñez, mi adolescencia, mi vida... y por lo que podía deducir mi muerte.
Poco recuerdo de lo que pasó aquella horrible noche, donde el cazador se convirtió por una noche, en la presa. Sólo llegaron a mi memoria los recuerdos de Japón amaneciendo y yo tirado en aquel callej�n sin salida, sin nadie a m� alrededor y con fr�o. Entonces, empec� a recordar todas las atrocidades que hab�a hecho como vampiro, lo diferente es que ahora la culpa y el remordimiento de haber matado personas, separado familias y haber expandido el miedo por mi culpa azotaban cada una de las c�lulas muertas de mi ser.
As� que con los recuerdos indeseables y el sol tras de mí, intenté refugiarme en la guarida, donde esperaría a la noche siguiente para volver al castillo como pudiese, de donde una vez creci� mi alma como vampiro para abandonar el lugar que me dio alma, como humano.
As� acaban las memorias de como en una noche recuperé el alma que una vez me fue arrebatada, tan injustamente.
Ahora, dos años después, vuelvo a estar en Italia, en el castillo donde mi familia habitó por siglos de los siglos. En el torreón más alto, me hallo. La luz de la luna ilumina débilmente la habitación, pero, por si acaso ocho velas est�n esperando a ser encendidas, en caso que las necesite.
Espero, que, las próximas generaciones de caza vampiros lean estas memorias como fin informativo, y no como historia, ya que simplemente no me apetecía narrar todo lo sucedido en latín, como mis antepasados hablaban o con simples complicadas palabrazas como estamos acostumbrados a leer en el barroco.
Espero que haya sido interesante y no le haya hecho perder el tiempo, querido lector.
Rob Vardamir Rowan
Este relato esta escrito por RUBMAX
Gracias por colaborar
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