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La b�squeda de la Atl�ntida ha sido siempre un enorme desaf�o. Los supervivientes de este m�tico continente han dejado huellas por todo el planeta.
Cuando Plat�n describi� la existencia de la Atl�ntida en sus di�logos Timeo y Critias, algunos autores cl�sicos, comenzaron a interesarse por el m�tico continente. Plutarco, Estrab�n, Plinio el Viejo y Diodoro de Sicilia, entre otros, tratanon este asunto.
Desde entonces, se han planteado infinidad de hip�tesis para demostrar la existencia de un continente, que con el paso del tiempo, ha llegado a convertirse en estereotipo de una civilizaci�n ideal.
A diferencia de otras civilizaciones extinguidas bien documentadas, como la Maya, la Mic�nica o la Babil�nica, sobre las que se ha podido reconstruir un lenguaje com�n, precisar lugares geogr�ficos y trazar contactos espec�ficos con culturas contempor�neas, en el caso de la Atl�ntida esto no ha sido posible.
�Qu� pensar, por ejemplo, de los mitos universales que preservaron el remoto conocimiento de la precesi�n de los equinoccios, un fen�meno astron�mico supuestamente descubierto por Hiparco en el 127 a.C.?.
El hecho de que este ciclo se complete cada 26.000 a�os sugiere que los humanos habr�an estado observando el cielo sistem�ticamente durante milenios, seg�n expusieron con todo detalle Giorgio de Santillana y Hertha Von Dechend. Los mapas preservados por marinos como Piri Reis, con la Ant�rtica cartografiada sin hielo hace miles de a�os, confirman tambi�n que un conocimiento semejante s�lo pod�a haber sido acumulado por una civilizaci�n mar�tima anterior a los cambios de nivel sufridos por el mar a finales de la �ltima edad glaciar, hace unos 11.500 a�os.
Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) sobre el mundo Atlante, supuestamente obtenidos a partir del estudio de las tradiciones ocultistas orientales y mediante comunicaciones con otros planos, influyeron poderosamente a toda la corte de videntes posteriores. Algunas de sus propuestas resultaban absurdas y descabelladas en su �poca, pero un siglo despu�s han recobrado vigor. Por ejemplo, la de que seres inteligentes anteriores al hombre coexistieron con los dinosaurios parece cada vez m�s plausible a la vista de los inexplicables hallazgos de huellas y fosiles humanoides, correspondientes a aquella �poca, en diversas zonas del planeta. Por ejemplo, el doctor C. N. Dougherty descubri� en 1971 en el Valle de los Gigantes (Texas) numerosas huellas de Saurios de diversas especies, junto a otras de pies humanos de gran tama�o, en el mismo estrato geol�gico. �ste y otros descubrimientos semejantes parecer�an dar la raz�n a Blavatsky, a los Vedas.
El mapa de la antig�edad de la Tierra y el esquema de la evoluci�n humana mediante diversas Razas Ra�z, divididas en Subrazas, trazados por esta ocultista, resultan m�s que discutibles. Pero, a medida que van aflorando f�siles humanos, cada vez de mayor antig�edad, parecen ir confirm�ndose algunos de sus datos. Es preciso se�alar, no obstante, que las Razas Ra�ces de Blavatsky, no se corresponden con nuestro concepto habitual de raza, ni siquiera con el de humanidad.
� La primera s�lo habr�a existido en el plano astral.
� La segunda o hiperb�rea, se acercaba m�s a los hombres actuales, pero estaba muy vinculada con el plano et�reo; y habitaba el norte de Asia y parte del �rtico.
� En tercer lugar estaban los habitantes de Lemuria, desaparecida en el Pac�fico.
� La cuarta corresponder�a a los Atlantes: eran bastante altos, estaban divididos en dos sexos y su avanzada civilizaci�n habr�a dado origen a las conocidas por nosotros. Sin embargo, al igual que Lemuria, su sociedad fue destruida por diversos cataclismos.
� La humanidad actual ser�a la quinta raza,
� Seg�n los te�sofos, las razas sexta y s�ptima que nos seguir�n ser�n de nuevo m�s et�reas.
Segun Blavatsky obtuvo esta informaci�n accediendo a los registros Ak�sicos,entras entraba en trance y consultaba antiguos manuscritos tibetanos, o bien recib�a los dictados de sus gu�as espirituales, los Mahatmas.En su obra fundamental, "La Doctrina Secreta", recog�a extractos de uno de esos manuscritos, Las Estancias de Dzyan (Ed. Sirio), que Blavatsky afirmaba haber visto en un monasterio de los Himalayas. Un disc�pulo suyo, W. Scott Elliot, tambi�n recopil� mucha informaci�n por esa v�a. En su libro, "Historia de la Atl�ntida" (1896), ofrec�a fechas concretas de los diversos cataclismos que la destruyeron y aseguraba que hab�a ocupado la mayor parte del actual oc�ano Atl�ntico. Su cronolog�a geol�gica resultaba ser absolutamente inviable, pero algunas de sus propuestas merecen consideraci�n.
Seg�n �l, la Atl�ntida se extend�a desde la actual Groenlandia hasta la mitad de la actual Sudam�rica y durante su larga existencia estuvo habitada por Subrazas (As� llamadas para distinguirlas de las siete razas ra�ces, a su vez divididas en siete). Los Lemurianos habr�an medido m�s de 3,5 metros de estatura y algunos de sus descendientes pervivir�an en algunas zonas del planeta, como Africa y Australia. Seg�n esta fuente, los Atlantes evolucionaron a partir de los Lemurianos. Entre sus Subrazas se contaban los primeros Sernitas y mongoles, pero la principal Subraza regente de la Atl�ntida habr�a sido la Tolteca, que conquist� el continente. Antes de la destrucci�n final, un grupo de iniciados Toltecas emigr� a Am�rica y Egipto.
John A. West demostr� que la erosi�n sufrida por la Esfinge de Giza, no se deb�a al viento del desierto, sino a la acci�n de la lluvia. Tal hallazgo supon�a datar la Esfinge en al menos 9.500 de antig�edad, en vez de 4.500 como se cre�a. Una obra de tal magnitud s�lo pudo haberse construido con unos conocimientos arquitect�nicos, astron�micos y matem�ticos de una cultura muy anterior a la Egipcia. Algo semejante podr�a decirse de la arquitectura de Tiahuanaco, construida supuestamente por los toltecas que emigraron a Am�rica. Pero la cuesti�n de las razas Atlantes, propuestas por los Te�sofos no termina aqu�.
La canalizadora Ingrid Bennett. Gracias a la ayuda de sus gu�as y ayudantes espirituales, entre ellos Nube Blanca y �guila Blanca, esta Sanadora y M�dium Holandesa, afincada en Nueva Zelanda, desde ni�a ha canalizado much�sima informaci�n sobre su pasada vida en la Atl�ntida como Guardiana del Cristal. En sus informes ofrece datos sobre la vida �ntima de los Atlantes: Las relaciones sexuales eran muy activas y los manten�an sanos. El sexo era tan importante, como el comer y el dormir. Algunos ten�an relaciones con animales o con seres mitad humanos mitad animales, como los centauros.
La perversi�n de las costumbres en la �ltima etapa Atlante, no se limit� s�lo a la pr�ctica del bestialismo, sino tambi�n a la de la magia. �sta termin� por minar su sociedad, seg�n asegura, entre otros muchos, Daphine Vigers en "Atlantis Rising" (1952): hace unos 10.000 a�os, los ego�stas dirigentes de la Atl�ntida perdieron inter�s en el progreso cient�fico y su respeto por el antiguo conocimiento desapareci�. A medida que �stos dedicaban sus energ�as a peligrosas pr�cticas ocultas, la magia negra reemplaz� gradualmente a la Religi�n.
Diversos autores han afirmado que la causa del desastre final, se debi� precisamente a la pr�ctica de la magia, pero otros lo han atribuido a su avanzada tecnolog�a, la cual les habr�a permitido manejar poderosas energ�as cosmotel�ricas, que acabaron escapando a su control y provocaron un gran desequilibrio en la Naturaleza.
Seg�n Scott Elliot, la tercera raza Atlante, los Toltecas, eran gigantes. Med�an 2,5 metros y viv�an en la fabulosa Ciudad de las Puertas Doradas, una gran urbe circular con canales, la misma que el sacerdote Egipcio Sol�n, describi� a Plat�n. Era muy similar a la Khorsabad amurallada del Rey Sarg�n II, en Sumeria, que estaba enterrada bajo las arenas en tiempos del fil�sofo griego. Tambi�n se parec�a a la capital de los Aztecas en M�xico y a la de los Incas en Per�, que Plat�n desconoc�a. Era, seg�n la descripci�n de este �ltimo, una ciudad circular con palacios, puertos y d�rsenas.
Los recintos de tierra estaban amurallados y recubiertos de metales: el primero de bronce a modo de barniz, el segundo de esta�o y la acr�polis de Oricalco, un metal hoy desconocido que relumbraba como el fuego.
Esta ciudad ten�a tambi�n numerosos templos dedicados a diversas deidades, muchos jardines, piscinas al aire libre, gimnasios, cuarteles y un hip�dromo gigantesco cuyo circuito, de un estadio de largo, discurr�a en c�rculos conc�ntricos. La parte de la Atl�ntida que daba al mar se describe como llena de acantilados, pero en la ciudad central hab�a una campi�a rodeada de monta�as.
Este edificio ha sido descrito con bastante detalle por el visionario F. S. Oliver, en su obra "Caminante entre dos mundos" (1952): ten�a forma piramidal y en su interior hab�a grandes cristales colgando del techo que creaban un efecto de luz especial. Una plataforma elevada de granito rojo ocupaba el centro del templo y pose�a un gran bloque de cuarzo cuyos destellos no da�aban la vista, pero produc�an un fuego �til para las cremaciones y sacrificios.
Edgar Cayce no s�lo propuso una interesante cronolog�a en relaci�n con los cataclismos Atlantes, mucho m�s cercana a la posible realidad que la de Scott Elbot, sino que inform� ampliamente sobre el avance t�cnico de nuestros ancestros. Nos habl�, por ejemplo, del poder de los cristales y de rayos super c�smicos. �Tecnolog�a avanzada como la nuestra?
Si las cat�strofes geol�gicas a las que se refer�a Cayce, ya supon�an un gran desaf�o para las nociones cient�ficas de su �poca, mucho m�s lo era describir las fuentes energ�ticas que activaban los barcos, submarinos y aviones de la civilizaci�n Atlante. Sin embargo, no pareci� equivocarse demasiado. Los hombres con caracter�sticas anat�micas modernas ya estaban dispersos por el planeta hace unos 50.000 a�os, fecha pr�xima a la que indic� Cayce para la primera destrucci�n de la Atl�ntida.
Las dem�s, en las que Cayce sit�a los cataclismos posteriores, concuerdan con las de los ge�logos sobre las inversiones de los polos magn�ticos, cambios clim�ticos, terremotos, per�odos de actividad volc�nica y extinciones, de forma que sus visiones que anticiparon muchos de �stos y de otros descubrimientos cient�ficos, no parecen puramente imaginarias.
Sus relatos sobre la utilizaci�n de alta tecnolog�a, especialmente referida a cristales, resultaban hace tiempo m�s dif�ciles de aceptar, sobre todo cuando se refiere a ellos como acumuladores de informaci�n y energ�a para su uso posterior, pero hoy ya no resultan tan absurdos.
En la misma l�nea de Cayce, el ps�quico Dale Walker, ha indicado que los cristales se utilizaban para convertir la energ�a solar en electricidad... Su incre�ble poder y esplendor fue posible gracias a la ciencia de los cristales. El descubrimiento del uso de los cristales para controlar la incre�ble reacci�n energ�tica entre materia y antimateria, dio lugar a los vuelos espaciales.
M�s detallado a�n es el relato ofrecido por el ps�quico Michael Gary Smith, seg�n el cual �stos dispon�an de pantallas m�gicas, en las que pod�an ver cuanto suced�a en cualquier punto de la Tierra. Asimismo pose�an bolas de luz que se encend�an y apagaban con un simple movimiento de la mano. Otro de los maravillosos inventos de esta civilizaci�n era un carro sin caballos que lanzaba un rayo de fuego, blanco por delante y rojo por detr�s. Esta civilizaci�n creci� hasta tal punto que dispon�an de barcos para llegar a casi cualquier punto de la tierra. Tampoco hay que olvidar los m�gicos p�jaros de plata donde la gente viajaba a trav�s del cielo, a velocidades alt�simas. Y m�s a�n, existen indicios de que en la Atl�ntida hab�a naves espaciales capaces de abandonar la atm�sfera terrestre y llegar a la Luna y a otros planetas. Otro campo de la ciencia de la antigua Atl�ntida, era la posibilidad de crear seres humanos iguales a nosotros y el uso de m�quinas mentales subat�micas.
Una tecnolog�a tan puntera ten�a que ir inevitablemente acompa�ada de una medicina muy avanzada. Seg�n �l, ten�an un peque�o instrumento que cab�a en la palma de la mano del paciente y consist�a en un cristal con una capucha de cobre en cada extremo: El m�dico pod�a leer el color del aura o del campo biomagn�tico del paciente mediante este cristal y diagnosticar la dolencia, explica Smith.
En este sentido, los informes de J. Z. Knight, convertida en canal del esp�ritu Atlante Ramtha, son muy elocuentes:
Los Atlantes sab�an como transformar la luz en energ�a pura mediante l�ser. Incluso ten�an naves espaciales que funcionaban con luz, una ciencia que obtuvieron gracias a la intercomunicaci�n con entidades de otros sistemas estelares... En sus experimentos con la luz, perforaron la capa de nubes que entonces rodeaba a vuestro planeta, como la que hoy circunda a Venus. Al perforarla, se produjeron grandes diluvios, quedando Lemuria y el norte de la Atl�ntida bajo un gran oc�ano de hielo.
Nuestros cient�ficos trabajan hoy con energ�a nuclear, con part�culas subat�micas y rayos l�ser. Hemos desarrollado m�quinas a imagen de nuestro cerebro, desvelado los secretos de la gen�tica y viajado a otros planetas... pero estamos destruyendo nuestro h�bitat natural. Quiz� la intenci�n, inconsciente o no, de quienes nos hablan sobre la Atl�ntida y las causas que provocaron su destrucci�n, sea la de avisarnos del peligro de que a nuestra civilizaci�n le suceda lo mismo, por efecto del uso de la Ciencia sin el sentimiento del AMOR.
Escrito por Dark_Babe
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