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Ya estoy llegando, baja ya.
Al abrir las puertas del autob�s, desde el que vine de un sitio algo lejano, pude apreciar el fr�o que hac�a en aquel lugar, nuevo para m�, que pudo congelar hasta mi alma en cuesti�n de segundos.
Baj�, poco a poco, las escaleras del veh�culo y fui con toda la gente, como un reba�o de ovejas, a recoger mi maleta que se encontraba en el maletero, en uno de los laterales del autob�s.
Al sacar mi maleta, me puse la chaqueta para calmar un poco mi cuerpo y me dirig� hac�a la salida de la estaci�n de autobuses para encontrarme con mi pareja que me ten�a que estar esperando.
Sin embargo, al salir, recib� un mensaje de texto en el m�vil que dec�a lo siguiente:
Lo siento :( No puedo ir. No terminamos las clases. Luego nos vemos, vale? Tqm.
Me decepcion� un poco, pero como hac�a mucho fr�o me aventurar a buscar, yo mismo, el hotel en el cual ten�a que hospedarme. Me cost� un poco encontrar aquel lugar, pero gracias a las indicaciones de los habitantes de all�, pude encontrar el sitio al que ten�a que ir en cuesti�n de minutos.
Era un edificio alto, con un aspecto exterior bastante atractivo que llamaba la atenci�n del viandante y que daba al edificio la sensaci�n de ser un lugar acogible. La puerta principal era grande, de cristal que permit�a ver el interior de este dando a descubrir el hall de la recepci�n.
Las luces estaban apagadas, que raro � pens�. Esper� unos segundos de pie y enseguida me atendi� una muchacha alta, delgada, rubia, con una mirada c�lida y encantadora.
Me dio las llaves de mi habitaci�n avis�ndome de que m�s tarde, cuando establecieran la luz, har�a todo el �papeleo�. Adem�s, amablemente, me ofreci� una linterna peque�a que no iluminaba mucho, s�lo lo suficiente para poderla seguir hasta mi habitaci�n.
Caminamos por un largo pasillo, mientras me hac�a preguntas privadas. De repente, mientras habl�bamos en la oscuridad, fij� mi mirada en los laterales del pasillo, s�lo para chafardear un poco el lugar. �113�, �114�, �Enfermer�a�� En cuya habitaci�n pude apreciar a una ni�a abrazada a una mu�eca de un aspecto horripilante, con una sospechosa sonrisa maliciosa, parec�a que su inocencia fue robada por algo o alguien.
En ese momento, la amable recepcionista se par� y me pidi� amablemente que esperara. Hab�a un peque�o almac�n a mi otro lado, me sorprend� al observar ajos, crucifijos, mu�ecos� y otros objetos de brujer�a y esoterismo. Mi coraz�n empez� a acelerarse. No nos gustan los visitantes chafarderos � o� tras de mi. Me gir� asustado, de tal manera que la transformaci�n de la muchacha en un monstruo, con los ojos al rev�s, salidos de sus �rbitas, con las venas marcadas y el n�mero 666 inscrito, como si de fuego se tratase, en su frente, me dio el arranque que necesitaba para salir huyendo mientras o�a Una vez que entras, no puedes salir.
Mi coraz�n se sobrecogi� al ver como ambas salidas, por las que pod�a huir, eran tapadas por personas sin alma, que se mov�an comandadas por el mismo Sat�n, tap�ndome por �ltima la luz del sol.
Este relato esta escrito por RUBMAX
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