Vampire's History

Género: Terror / Gore
Argumento: Johann siempre ha querido conocer a más gente como él
pese a que su maestro y amante nunca ha estado de acuerdo
Esta vez le dará permiso para hacerlo.

Capitulo 1



Esa noche el cielo estaba precioso. Desde el balcón de mi humilde ático se veía la luna llena y estrellas brillantes por todas partes. Claro que unos ojos mortales no lo habrían apreciado puesto que también había una gran contaminación lumínica empañando el bello cuadro celeste, pero mis ojos inmortales llegaban más allá y contemplaban la belleza perdida de la ciudad de Nueva York. Por favor no me toméis por uno de esos yanquis tan adictos a las prisas que es incapaz de ver nada que se salga fuera de su apretado horario, no. Cuando yo era mortal no se sabía de la existencia de la actual América, el centro de mi mundo y de muchos otros residía en Al-Ándalus. Aunque hoy en día no podrías creerlo, puesto que aunque aún conservo los ojos almendrados de color miel propia de mi pueblo, pero mi tez oscura ha sido sustituida por una blanca faz de mármol: dura y fría.

Cuantísimos años he disfrutado yo de una existencia de placeres, de amasar fortunas y atender negocios, de recorrer las oscuras calles nocturnas de miles de ciudades nuevas y viejas intimidando a los que después se convertirían en mis presas, bebiendo sangre de ricos y pobres… Mi existencia parecía estar completa simplemente con el hecho de poder tener una vida eterna sin preocupaciones, disfrutando de la muerte ajena tanto como lo hacía. Pero cuando tienes siglos de antigüedad acabas deseando una compañía, en mi caso eso ocurrió hace tan solo un par de años.

Fue entonces cuando encontré a Johann, al que ahora mismo puedo ver a través de los cristales. Él solo era un chico Alemán con una vida normal, lástima que a él nunca le hayan gustado las cosas normales y la monotonía de su vida le había llevado varias veces a la depresión y al intento de suicidio. Llevaba ya algún tiempo siguiéndolo,-casi desde el momento en que pisé suelo alemán- atraído por sus pensamientos, que podía leer como un libro abierto, pero no me presenté ante él hasta una noche que deambulaba por un parque cercano a su casa. En ningún momento se asustó de mi aparición repentina y de mi aspecto monstruoso, casi me recibió con los brazos abiertos cuando le pregunté si deseaba ser como yo.

Creo que deseaba un compañero mucho más que yo, y desde el principio permaneció fiel a mi lado ansiando el conocimiento que yo podía darle de la nueva forma de ver el mundo. A veces pensaba que quizás me había equivocado con él cuando sus sentimientos humanos reaparecían y le hacían llevar a cabo obras de caridad con los mortales como ir a primera hora de la noche a leerles cuentos a los niños del orfanato. Luego me daba cuenta de que era el compañero perfecto cuando se alimentaba de los niños dormidos, uno a uno, tapándoles la boca con su fuerza sobrehumana para evitar que chillasen. Era un perfecto asesino sin remordimientos, disfrutaba con la muerte y con la sangre fresca tanto como yo. Por desgracia era algo impulsivo y le gustaba cazar de la manera más sádica posible, después me tocaba cubrirle las espaldas, borrar mentes a los testigos, sobornar a los periódicos o la policía, y echarle una buena reprimenda al llegar a casa.

Pero nunca podía enfadarme realmente con él, con sus penetrantes ojos azules y su pelo rubio blanquecino. Era mi niño consentido, incluso con sus instintos asesinos y su locura juvenil –tan solo contaba con 17 años cuando le hice uno de los míos-, siempre tenía todo lo que quería y yo podía darle. Mostraba tanta sed de conocimientos como de sangre, y yo tenía unas ganas locas de enseñar todo lo que sabía, todos los idiomas que conocía, mis experiencias, y mis consejos de padre. Su último capricho había sido una cría de cuervo, a la que alimentaba ahora sentado en el parqué. Una noche mientras estábamos de caza, la escuchó a kilómetros de distancia con sus oídos vampíricos anormalmente agudizados, y corrió allí para encontrarse con unos gatos jugueteando con la cría moribunda. En apenas un suspiro los gatos yacían muertos mientras Johann acunaba en sus brazos a la pequeña cría. Al principio me negué a meter a ese bicho en una de mis casas, no tenía ganas de ver excrementos de pájaro por todas partes, pero un par de frases de su melodiosa voz bastaron para consentirle una vez más. Desde entonces cada noche durante nuestra cacería arrancaba trozos de carne de sus víctimas y las llevaba a casa para alimentar al animal como una cuidadosa madre. Al principio le forzaba a comer por su extremo estado de debilidad, pero ahora al oírnos entrar correteaba hacia la puerta batiendo las alas y graznando en busca de su trozo de carne.

Esa noche estaba feliz. Era una noche de verano tranquila como cualquier otra, acabábamos de volver de alimentarnos y no había ninguna otra preocupación en nuestras vidas más que disfrutar, si acaso atender de vez en cuando algún que otro negocio.

Una mano acarició mi cuello suavemente mientras divagaba. Mi pequeño me besó en los labios en señal de despedida.

- No quedan mas que un par de horas para el amanecer_ se dirigió a mí en inglés, como yo le había ordenado para que lo aprendiese correctamente, pero no podía evitar sonreír al escuchar su acento marcadamente alemán_ creo que estudiaré un poco antes de acostarme_ en esos momentos estaba estudiando francés, le había prometido que en cuanto lo dominase lo suficiente nos mudaríamos a París.
- Estaba pensando… _dije repentinamente deteniendo su paso hacia la puerta y haciendo que me mirase de nuevo_… en el momento en que te conocí.

Se hizo el silencio en el balcón excepto por dos pequeñas patitas correteando de un lado a otro, pude notar la sensación de que Johann estaba confuso, no sabía a donde quería llegar.

- Me preguntaste _proseguí_ que dónde estaban los demás, era como si esperases que los monstruos nos moviésemos en grupos _esperé pero no dijo nada_ Ayer a última hora de la tarde mientras tú aún dormías fui a reunirme con un cliente. Enseguida percibí el olor en su sangre, era de los nuestros_ noté su alegría.
- ¿Entonces es cierto? ¿Aún existen más como nosotros?
- Nunca dije que no existiesen_ durante unos instantes acudieron a mi mente amigos abrasados por las llamas o desaparecidos en el tiempo_ ¿Sigues interesado en conocer a otros como nosotros? ¿Saber como viven?
- Nunca dejé de quererlo.
- Nos ha invitado a su casa a cenar, junto con su familia.
- ¿Tiene familia? _ sus ojos parecían brillar con la ilusión que mostraba su cara_ ¿Cenar en su casa? ¿Te refieres a dentro de su casa?
- Ándate con ojo, desconocidos como ellos con nuestros mismos poderes, y quién sabe si no más, pueden ser peligrosos.
- Preferirías huir que averiguarlo ¿no? _noté un tono de reproche en su voz.
- Yo puedo ir donde me plazca sin peligro, pero tu eres demasiado joven para crearte enemigos que puedan destruirte en apenas unos segundos _sin quererlo, le había levantado la voz ligeramente enfurecido por su respuesta_ pero se que deseas esto tanto como yo te deseo a ti. Lo intentaremos.
- Gracias _sus brazos rodearon mi cuello y me cubrió la cara con sus besos. Yo le aparté de mí para mirarlo a los ojos.
- Pero debes prometerme que si detecto algo de peligro me obedecerás y te vendrás conmigo pase lo que pase.
- ¡Sin duda! Te seguiré hasta el final_ me dedicó una de sus mejores sonrisas.

Un montoncito de plumas negras comenzó a picotear mi pantalón reclamando atención, pero antes de que pudiese quejarme Johann lo recogió del suelo y se lo llevó a meterlo en su enorme jaula dorada. Me lanzó una última sonrisa de agradecimiento y se esfumó a su habitación.

Aún no estaba seguro de que fuese lo mejor, pero al fin y al cabo al chico no le gustaba la rutina, y no quería que se alejase de mi lado a causa del aburrimiento.

Continué observando el cielo hasta que se tornó de un tono rosado que hería mis ojos. Cogí unas gafas de sol de encima de la mesita de exterior y me las puse para contemplar como despertaba la ciudad, pese a que en realidad el tráfico no paraba en ningún momento de la noche. Cuando la luz y el calor empezaron a hacerse insoportables unos minutos más tarde, me dirigí a mi cuarto, me aseguré de bajar bien las persianas, correr las cortinas y me metí en la cama tan pronto como me desnudé por completo.

Sin embargo permanecí tendido mirando el techo, no es porque no pudiese dormirme, sino porque le esperaba a él. Como todas las noches la puerta de mi dormitorio se abrió dejando ver que fuera la luz ya era insoportable, una figura perfilada por el sol aparecía y cerraba la puerta tan pronto como entraba. Se tumbaba despacio en mi cama pese a que sabía que yo seguía despierto y mi ángel oscuro de ojos azules me daba las buenas noches con un dulce beso para quedarse dormido poco después abrazado a mí.

Capitulo 2

Historias de Alicia

Pagina Principal

Hosted by www.Geocities.ws

1