Monstruo

Argumento: Todos auguraban que Jack era un monstruo dormido, él no lo creía, pero acabará descubriendo que estaba equivocado.

Jack era un chico joven de 18 años, alto, de pelo negro como el betún y ojos más oscuros que la brea. Pero había algo más. Desde que era pequeño siempre le habían aborrecido todos los adultos por haber nacido en el día equivocado, el día en que según una antigua profecía nacería el hijo del diablo. Él estaba seguro de que era un chico completamente normal, pero los monjes que le habían apartado de sus padres los envenenaron con sus argumentos basados en que los antiguos poderes de los que surgió el mal, podrían en cualquier momento hacer presencia en aquel chico.

Desde entonces vivía confinado en una pequeña habitación con tan solo una pequeña ventanilla alta y con barrotes. Las paredes originalmente blancas, pero ahora grisáceas por la suciedad, lucían una gran colección de crucifijos de madera de todos los tamaños que teóricamente lo mantenían impotente para usar sus terribles poderes. Le hubiese gustado ser tan solo un chico normal como los que veía de vez en cuando por su pequeña ventana en lugar de haber crecido en aquella celda. Esbozó una sonrisa. Se había pasado allí toda su vida sin otra cosa que hacer que aprender a leer y devorar los pocos libros viejos que de vez en cuando le llevaba algún viejo cura, pero esa noche sería su noche.

Esa noche, cuando fuesen a llevarle la cena, escaparía de allí y se daría una vuelta por la ciudad. No se dedicaría a asustar a la gente que le había metido allí, a diferencia de lo que todos pensaban esas cosas ni se le pasaban por la cabeza, simplemente trataría de pasar desapercibido y de ver qué cosas había fuera. Se pasearía por el lejano parque que apenas divisaba desde allí, echaría un ojo a los escaparates de las tiendas, descubriría por fin qué hay al cruzar la esquina de la calle…

El cerrojo de la puerta se descorrió de pronto. Jack recordaba que cuando era pequeño no se atrevían entrar en la misma sala que él. Abrían tan solo una ventana corrediza situada en la puerta y le pasaban un plato de comida, pero el viejo cura Lucas había convencido a sus compañeros de que Jack no era un chico peligroso, y de que él mismo le llevaría la cena y charlaría con él todas las noches. Gracias al padre Lucas aprendió a leer, tuvo alguien con quien hablar y los más parecido a un amigo que había conocido. Y esa noche debería enfrentarse a su único amigo en el mundo.

El padre Lucas entró sonriente en la habitación con la misma bandeja de madera vieja de todas las noches, caminaba lentamente llevando un plato de sopa, un trozo de pan y un vaso bien grande de agua.

- ¿Qué tal estás hijo mío? _ los pequeños ojos que tenía bajo las pobladas cejas vieron a Jack sentarse en la cama.
- Bien padre _ Jack le dedicó una de sus mejores sonrisas y automáticamente dejó de sonreír por miedo a que fuese demasiado exagerada.

Mientras el sacerdote dejaba la bandeja con mucho cuidado para no verter la humeante sopa, Jack deslizó su mano suavemente sobre la colcha para agarrar una biblia. Cada vez que pensaba lo que estaba apunto de hacer le sudaban las manos y se preguntaba a sí mismo si valía la pena tomarla con el pobre padre para satisfacer sus caprichos. Pero después pensaba en el parque, pensaba en las estrellas y la brisa del exterior, y volvía a sonreír y a apretar la biblia con fuerza. Se levantó de la cama y comenzó a caminar lentamente. El padre Lucas estaba sacándose una cuchara de uno de sus bolsillos y la dejaba con delicadeza sobre la mesa mientras trataba de entablar conversación.

- Y bien, ¿Qué libro estás leyendo ahora?
- Una novela histórica_ el sacerdote dio un respingo por la cercanía inesperada de la voz. Por un momento la sonrisa se borró de sus labios pero al girar la cabeza y ver que todo estaba en orden volvió a dibujarla_ sobre la revolución francesa.

Cuando se dio cuenta fue demasiado tarde, y la biblia que sostenía la temblorosa mano del joven se descargó con fuerza sobre la pelada cabeza del monje. Su cuerpo se desplomó de inmediato y mientras caía su brazo golpeó la bandeja e hizo saltar el plato de sopa por los aires, cuyo líquido abrasante se derramó por toda la mesa llegando al borde y goteando al suelo.

Soltó la biblia sabiendo que acababa de hacer algo horrible, y se llevó las manos a la cara. La única persona que en su vida le había defendido estaba ahora inconsciente en el suelo con un hilillo escarlata chorreando por su cara.

Rápidamente recogió a su viejo amigo del suelo y lo tumbó sobre la cama, cogió lo que quedaba de agua en el vaso y se mojó la punta de su camisa para limpiar la sangre. El sudor resbalaba por su frente ante el miedo que sentía por ver aparecer a alguien por la puerta. Siempre podía decir que se había desmayado y golpeado la cabeza con la mesa. ¡Pero eso era mentir! Y ¿Acaso no le habían dicho toda su vida que mentir era algo horrible?

Desvió la mirada hacia la puerta instintivamente y vio que seguía abierta. ¿Cómo había podido olvidarlo? Siempre había soñado con salir de allí y ahora podía hacerlo, no podía importar tanto que un cura hubiese perdido la conciencia quizás solo por unas horas. Dejó el vaso en el suelo y se asomó por la puerta. Todo parecía tranquilo y despejado por lo que, sin pensarlo más, salió con paso decidido por el pasillo, subió las escaleras y apareció antes una gran sala con una larga mesa de madera en la que un novicio colocaba delicadamente cientos de cubiertos.

Jack dio un paso atrás y miró de un lado a otro por miedo a que apareciese alguien más por allí, pero estaban solos los dos. Se le ocurrió una idea. Bajó corriendo las escaleras y volvió a entrar en su pequeño cuarto, todo seguía tal y como lo había dejado, se santiguó y comenzó a desnudar a Lucas pidiendo perdón una y otra vez.

En cuando se puso los hábitos encima de sus ropas subió de nuevo al comedor, bajó la cabeza y fingió que rezaba. Pese a hacerse pasar por uno de ellos, caminaba por las sombras de la habitación. El novicio levantó la mirada y enarcó una ceja curioso mientras seguía colocando cubiertos. Afortunadamente para Jack, aquel chico solo llevaba allí unas semanas y eran demasiados los monjes que había como para acordarse de todos. Volvió a bajar la mirada y concentrarse en su tarea.

Al llegar a la puerta comenzó a sentirse más tranquilo y el sudor acumulado bajo las ropas que llevaba comenzó a disiparse. Abrió la puerta con tranquilidad y chocó contra alguien que entraba cargado de platos. Algunos volaron por los aires hasta estrellarse contra el suelo de forma estruendosa.

- ¡Perdón padre!_ dijo una voz tras la pila de platos que sujetaba otro novicio.

No pudo ni responder porque quedó mudo de miedo a ser descubierto. Echó a andar a paso ligero por el pasillo en dirección a lo que parecía ser el vestíbulo mientras algunas cabezas se asomaban por detrás de algunas puertas para saber lo que había ocurrido.

Lo consiguió. De pronto se encontraba fuera y notó la brisa nocturna chocar contra su cara. Sonrió durante unos segundos y salió corriendo de allí antes de que comenzasen a buscarlo.

Unas calles más allá comenzó a detener la marcha mientras llenaba sus pulmones de aire por la tensión que había vivido y por la carrera para alejarse de su celda, cuando se dio cuenta de que una pareja de jóvenes cogidos de la mano le miraba con curiosidad sin dejar de caminar. Jack les dedicó una de sus mejores sonrisas, pero ellos solo comenzaron a susurrar entre ellos y continuaron su marcha sin interesarse más.

Entonces lo comprendió. Seguía vestido de monje y rara vez salían a la calle más que para hacer los recados necesarios. Desde luego por la noche no se dedicaban a correr por las calles sin rumbo fijo. Se quitó la ropa rápidamente y se agachó para esconderla debajo de un coche.

Ahora sí podía disfrutar de su libertad, y empezaría por pasear por el parque a la luz de la luna, algo que siempre había añorado hacer desde la primera vez que se fijase en aquel lejano parque que se veía por su ventana. En apenas unos minutos se encontró en la entrada de piedra. El camino de tierra rodeado de árboles que se adentraba en el parque se veía de forma diferente desde allí. Estaba muy poco iluminado, apenas había una farola cada veinte metros, y la luz de la luna no iluminaba mucho más.

Notó una fría y ruidosa brisa salir del parque con fuerza como si huyese de la oscuridad aterradora. Durante unos minutos pensó que había sido un error salir de su cómoda habitación donde gruesos muros lo protegían de la noche y lo que la noche pudiese contener. Sus pies querían correr hacia casa pero su curiosidad obligó a sus piernas a comenzar a caminar hacia el interior. A cada paso que daba se sentía más seguro de que se había equivocado yendo allí, cada vez que escuchaba algún ruidito se paraba en seco y escuchaba con atención a su alrededor, pero al cabo de un rato empezó a sentirse algo más cómodo y a caminar sin tanto miedo.

Miró hacia el cielo y vio un gran número de estrellas que lo contemplaban desde hace horas. Jack había optado por sentarse en un banco cercano a una fuente, pues el ruido del agua lo tranquilizaba y por allí no parecía haber nadie. Era muy agradable estar sumido en aquel silencio solo roto por el chapoteo del agua mientras observaba con detenimiento las estrellas. De pronto escuchó unas risas y volvió a sentir un escalofrío por todo su cuerpo.

Un grupo de jóvenes se acercaban a él desde lejos. No sabía si lo habían visto o no con aquella oscuridad, pero se sentía paralizado y no pudo moverse hasta que acabaron por descubrirle al acercarse demasiado.

Eran cuatro, y se sentaron junto a él en el banco sin esperar a ser invitados. Comenzaron a hacerle preguntas de forma amigable.

- Esto es un pueblo pequeño y nunca te he visto por aquí. ¿Eres forastero?
- Sí, ¿dónde te han tenido encerrado todos estos años?_ Jack se sintió tentado a responder, pues se sentía acosado y no quería enfurecerlos, pero otro de los chicos, que al oír su voz resultó ser una chica, le interrumpió antes de que pudiese hacerlo.
- Vamos no seas antipático con nuestro amigo forastero_ nunca le habían llamado amigo, y eso le hizo sentirse algo mejor. Al parecer aquellos chicos no querían hacerle nada, y puede que su forma de preguntar las cosas y elevar el tono de voz se debiese al olor a alcohol que desprendían sus alientos.
- ¡Eh colega!, ¿Quieres un trago?
- ¡Sí, únete a la fiesta! _ el chico que dijo eso se levantó del banco y comenzó a bailar música imaginaria, alentado por las risas de sus compañeros.

La chica le pasó una botella casi vacía que a Jack le pareció que apestaba. Sin embargo nunca se había sentido tan integrado y nunca había probado el alcohol, quizás nunca se volviese a sentir así de nuevo, por lo que decidió aprovechar la ocasión.

- Gracias_ la cogió decidido y le pegó un largo trago bajo la mirada intrigada del resto de chicos.

Las horas pasaron como minutos, la vista se le nublaba y sentía la cabeza turbia, pero se sentía como nunca. Hacía rato que habían dejado el banco y la fuente atrás, caminando por el enorme parque haciendo eses habían reído y reído de cada cosa absurda que les pasaba, cantaban, gritaban, y volvían a reír de nuevo.

Uno de los chicos, al que ya conocía por el nombre de Tom, se fue de bruces contra el suelo. Todos se rieron de él mientras se acercaban para ayudarlo a levantarse. Puede que si no hubiesen estado tan bebidos se hubiesen percatado de que su compañero no se había levantado ya por sí mismo porque una gruesa bota apoyada en su espalda lo mantenía contra el suelo. Lo descubrieron cuando estaban demasiado cerca para no ser vistos.

Dos chicos, que más bien parecían adultos, mostraban unas feas sonrisas amarillentas mientras retenían a Tom contra el suelo y lo amenazaban con una gruesa rama de árbol apoyada en su cabeza.

- Bueno chicos, ya nos estáis dando todo lo que llevéis encima o vuestro amiguito perderá la cabeza esta misma noche_ el otro sonrió bobaliconamente a su lado.
- Pe…pero no tenemos nada_ argumentó la chica.

Nadie dijo nada durante unos minutos, y nadie se esperaba que la gruesa rama se descargase una y otra vez sobre la cabeza del pobre retenido. Hicieron ademán de ir a defenderlo, pero entonces los golpes se detuvieron y la rama se dispuso a amenazarlos a ellos mismos.

Jack se sentía fatal, no solo no debería haber bebido tanto para sentirse fuera de sí, sino que ni siquiera tendría que haber escapado. Ahora si estaba realmente seguro de ello, pero era demasiado tarde, sus ojos pasaban rápidamente de la sangre que brotaba de la cabeza de uno de sus nuevos amigos a la rama que lo había provocado, de allí a la cara de cada uno de sus compañeros para ver sus reacciones, a los cuerpos de sus enemigos, nuevamente a la cabeza de Tom… Se sentía cada vez más mareado. Tan solo con mover los ojos notaba que todo a su alrededor se movía demasiado, su cuerpo temblaría con crudeza si no se sintiese paralizado por el miedo, pero estaba tan aletargado por el alcohol que casi se estaba quedando dormido sin escuchar lo que las personas de su alrededor comentaban. Sin saber porque, nuevamente comenzaron a agredir al rehén y esta vez todos fueron a defenderle, se inició una batalla encarnizada a su alrededor y él apenas podía darse cuenta mientras sus pensamientos se volvían más desordenados: ganas de huir a toda velocidad, ganas de tumbarse allí mismo y dormir, ganas de pasear despreocupadamente por un parque soleado, ganas de beber más, ganas de no hacerlo… Y encontró un nuevo sentimiento entre todos esos, algo que nunca había sentido dentro de él incluso cuando todos le habían tratado de monstruo. Encontró la Ira.

Con tan solo dos pasos decididos cubrió la distancia que le separaba de la batalla, alargó el brazo hacia uno de sus enemigos y lo asió del cuello con fuerza. Notaba como si sus dedos fuesen a romperse de lo débiles que se sentían pero la ira crecía dentro de su cuerpo como el fuego entre la hojarasca, y podía notar como ese fuego recorría todo su brazo y daba fuerzas renovadas a sus dedos. La vista dejaba de estar nublada y pese a la oscuridad comenzó a verlo todo con detalle, a oír hasta el ruido de las lombrices de tierra a metros de distancia bajo sus pies, sentía cada poro de la piel del cuello de aquél que había osado enfrentarse a sus nuevos amigos en sus dedos, y podía sentir el miedo que emanaba mientras los dedos se iban aferrando cada vez con más fuerza.

Casi le daban ganas de reírse de sí mismo cuando al entrar al parque había sentido pánico de todo cuanto le rodeaba frente a la excitación que estaba experimentando en aquel momento mediante el sufrimiento ajeno. Su brazo libre se levantó y la mano se aferró a la cabeza sudorosa de su presa, sentía el doble de placer notar como sus inhumanamente fuertes manos se cerraban sobre su cráneo notando ligeramente como éste cedía. Sus ojos negros se clavaron como puñales en los ojos castaños de su víctima y esbozó una amplia sonrisa en su boca cuando comenzó a ver la sangre resbalar hasta los ojos. Sonó un gran crujido.

Las manos de Jack se abrieron y un cadáver cayó con ruido sordo. El placer lo había transportado durante unos momentos hasta las nubes, había sentido que volaba sobre todos y tenía poder sobre ellos, su cabeza se había despejado y soltó una ruidosa carcajada que asustó a todos. Todos quedaron mudos mirándole como a un monstruo.

- Despierta hijo mío, ha llegado la hora. Siente el placer de la muerte y disfruta con ello pues esa será la misión que te encomiendo sobre la tierra. Mata, viola, arranca las entrañas de tus víctimas si lo deseas, obtén placer de ellas como más lo desees, mátalas con rapidez o juega con ellas hasta que decidas la hora de su muerte pues eres mi ángel vengador y solo te sentirás realmente vivo matando. Ahora ve, y extiende mi reino del mal.

Jack observó a su alrededor intentando averiguar quién había dicho esas palabras que habían calado tanto en su ser, pero solo pudo ver que todos seguían mirándole atemorizados y nadie había abierto la boca. La voz estaba en su cabeza… y le decía que matara despiadadamente… solo de pensar en ello volvió a sentirse excitado como si su viaje de placer empezase de nuevo, y agarró a su siguiente víctima con rapidez. A ésta decidió matarla rápido con un sencillo crujir de cuello. La siguiente la mató solo después de arrancarle los ojos con sus propios dedos. Desgarró el cuello con sus dientes a Tom, y reventó la cabeza de alguien que intentaba huir a sus espaldas lanzando la rama tirada en el suelo con una velocidad y fuerza sobrehumanas. Mataba a amigos y enemigos por igual y cada vez que lo hacía se sentía más vivo. Solo quedaba ella. Aquella chica que horas antes la había tratado como uno de los suyos y le había ofrecido un trago. Por su amabilidad, para ella tenía reservado algo especial. La chica había comenzado a huir hacía apenas unos minutos pero sin saber como, Jack sabía donde se encontraba y con unos leves movimientos le dio alcance y se situó justo delante de ella, que paró en seco.

- ¡¿Qué quieres de mí?!
- Placer _ y sus ojos se volvieron más malévolos mientras la agarraba con fuerza por el brazo y le arrancaba la ropa.

Apoyándola contra el árbol y reteniendo sus intentos de agredirle con un solo brazo, la penetró una y otra vez durante gran parte de la noche. Cuando comenzaba a amanecer ella ya no oponía resistencia pues casi había perdido el conocimiento, Jack clavó con fuerza sus largos dedos en el pecho de su presa, y mientras seguía penetrándola por última vez, arrancó parte de sus entrañas y comenzó a lamerlas y mordisquearlas brutalmente mientras notaba como la respiración de su única amiga se debilitaba cada vez más.

Finalmente murió, y la dejó caer al suelo como un trozo de carne. Aquel chico tímido y asustadizo al que habían criado los sacerdotes de forma discriminatoria, aquél que se había sentado sobre las rodillas del padre Lucas para escuchar atentamente sus lecciones, aquél que una vez se había sentido seguro dentro del vientre de su madre… comenzó a caminar en busca de nuevas víctimas, pues el hijo del diablo nunca necesitaría descanso, solo placer.

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Historias de Alicia

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