|| GABRIEL ||

AUTORA = Haruka (invitada)
MAIL DE CONTACTO = [email protected]
GENERO = Drama
PERSONAJES =
Alex, una chica joven e imaginativa que se siente ignorada por sus padres. Gabriel, un ser extra�o que aparentemente carece de sexo y esta envuelto en misterio.
ARGUMENTO DE LA HISTORIA = Una noche de tormenta Alex se enxuentra con Gabriel, tratando de ayudarlo pensando que es un pobre ni�o perdido, acabara descubriendo que es en realidad.

I
S�bado noche

Clic, clic, clic. El constante repiqueteo de las gotas de lluvia sobre el cristal de mi ventana no hac�a m�s que ponerme nerviosa. La televisi�n de mi cuarto estaba encendida, pero las interferencias de la tormenta que hab�a fuera no sacaban de ella m�s que sonidos estridentes y repetitivos. Pero nada de eso me importaba, yo estaba tumbada en la cama pl�cidamente arropada con una suave y c�lida s�bana.

El s�bado era mi d�a preferido, no s�lo por no tener que ir a clase, sino porque era el d�a en que pasaba casi todo el tiempo, sola en casa. Mis padres eran bastante festivos y el s�bado lo pasaban casi entero comiendo y cenando fuera con sus amigos. Por mi parte, a mi solo me gustaba salir alg�n s�bado de vez en cuando. No se porque, pero mis amigos siempre hac�an lo mismo todos los fines de semana. A decir verdad siempre hac�an lo mismo a lo largo de toda la semana, nada en especial.

Cuando �ramos peque�os siempre encontr�bamos cosas que hacer, y nos mont�bamos nuestras propias aventuras a partir de la nada, un d�a est�bamos en el parque jugando, y al d�a siguiente est�bamos entrando en la casa abandonada del pueblo, como si de una gran aventura se tratase, pero ahora solo consist�a en salir, hablar y�nada m�s, se acabaron las aventuras.

Justamente una de las veces que entramos en esa casa abandonada, nos dedicamos a examinar la antigua biblioteca, en la que solo quedaban algunos libros polvorientos. Yo me los llev� a casa, y descubr� que la lectura pod�a ser m�s divertida de lo que hab�a pensado. Desde entonces dediqu� los s�bados en los que estaba sola, a leer todo tipo de libros, libros de aventuras, de poes�a, de ciencia�

- �Puedes o�rme?

De pronto, mis recuerdos de aquel s�bado se desvanecieron por completo, y ante m� apareci� una habitaci�n completamente blanca. Una luz me apuntaba directamente a mis ojos, pero cuando trat� de mover mis manos para tapar esa molesta luz, me di cuenta de que no pod�a y tampoco pod�a mover los brazos. La luz se apart� de m�, y descubr� entonces que hab�a sido la luz de un m�dico que estaba observando mis pupilas. El doctor que se encontraba ante m�, parec�a sorprendido de que intentase liberar mis brazos, pero poco despu�s comprob� que era in�til, los ten�a sujetos con una camisa de fuerza.

- �Qu� haces? Sabes bien que no puedes liberarte. Es por tu propio bien_ se levant� del suelo, donde yo me encontraba y dej� la peque�a linterna que hab�a utilizado conmigo en el bolsillo de su bata de m�dico_ pensaba que est�bamos haciendo progresos contigo, pero no es as�.

�A que se refer�a? Ni tan siquiera me sonaba su cara. �Insin�a que hab�a estado trabajando conmigo? Trat� de replicarle, pero not� que no pod�a articular ni una palabra, de mi garganta tan solo sali� un leve sonido similar a una queja.

- �Sabes lo que has intentado hacer? En una de nuestras sesiones, comenzaste a golpearte la cabeza contra las paredes, corriendo de un lado para otro. As� que tuvimos que meterte aqu�.

�Hab�a hecho eso en serio? No pude cre�rmelo, pero la cabeza empez� a dolerme, y note que ten�a una parte endurecida, como si tuviese sangre seca por encima de mi frente. Pero no recordaba� si, ahora lo recordaba, est�bamos en una habitaci�n iluminada por la luz de una ventana, sentados el doctor y yo en dos sillas de madera, uno a cada lado de una mesa tambi�n de madera, hab�amos estado hablando de mis padres, pero no recuerdo nada m�s.

- �C�mo te encuentras?, creo que deber�amos dejar la sesi�n para otro d�a, lo siento pero hoy tienes que dormir aqu�, no podemos entrar ning�n mueble ni objeto por si te vuelves a herir, pero no te preocupes, volver� a verte ma�ana a primera hora.

El doctor cogi� su malet�n, que hab�a permanecido apoyado todo el rato contra una de las paredes de la sala, y sali�, cerrando la puerta tras de s�. Unos minutos despu�s de su salida, las luces de apagaron, y me qued� de nuevo sola. No me importaba, de nuevo volv�a a tener tranquilidad. Cerr� los ojos dispuesta a dormir, pero not� una presencia cercana., y al abrir los ojos la vi por completo. Una figura, que parec�a ser una persona joven, estaba apoyada contra una de sus paredes, mir�ndome con unos ojos de tonos morados.

Sin saber porqu�, su presencia me tranquiliz�, y la sonrisa que me mostraba me hac�a sentirme de nuevo en casa. Le respond� con la misma sonrisa y la figura se acerc� a m�, acarici�ndome suavemente la cara con una de sus manos.

Cerr� los ojos y volv� a acordarme de aquel s�bado en el que estaba tumbada en mi cama, la lluvia segu�a cayendo, y el sonido de la tele segu�a hormigueando en mis o�dos. Ese d�a estaba algo aburrida, ya que la tele no funcionaba por culpa de la tormenta y como siempre, volv� a recurrir a los libros apagando la tele y cogiendo uno de la estanter�a. Lo hab�a le�do mil veces, pero no ten�a nada mejor que hacer. Me sent� tranquilamente en la cama para leerlo, pero de pronto un fuert�simo sonido cort� mis pensamientos y me hizo correr a la ventana. Lo que pensaba, ese sonido hab�a sido el sonido de un rayo, y hab�a ca�do cerca.

R�pidamente cog� un abrigo y un paraguas, y sin pensarlo dos veces corr� hacia la puerta de la casa para salir a la calle. Corr� bajo la lluvia en direcci�n al humo que se sobrepon�a al agua del cielo, sujetando como pod�a el paraguas para que fuese lo menos molesto posible. Pero tanta carrera no sirvi� de nada, al llegar al lugar no encontr� a nadie, parece ser que a nadie le importaba si hab�a alg�n herido, as� era la gente de por all�. El rayo hab�a alcanzado la casa abandonada y me sent�a como una idiota por haber pensado que pudiese haber heridos. Si me hubiese parado a pensar d�nde hab�a ca�do, me habr�a ahorrado una carrera est�pida.

Me di la vuelta enfadada conmigo misma y dispuesta para ir a casa, pero por mi mente pas� una extra�a imagen, una sala oscura iluminada tan solo por un par de velas, y un hombre que apenas pod�a ver con claridad que esbozaba una amplia sonrisa.

Pronto volv� a la realidad. Pero not� algo diferente en m�, una especie de curiosidad por la casa que antes no hab�a sentido. Gir� nuevamente sobre mis pasos y me adentre en la casa humeante, oscura y tenebrosa para alguien que no la conociese bien, pero no era mi caso, pues hab�a entrado miles de veces en ella con mis amigos. La luz de la luna se adentraba por el gran agujero que el rayo hab�a creado, resaltando m�s a�n el humo que hab�a en la sala, que no dejaba de disiparse y volver a reaparecer. Fue en uno de esos momentos, cuando not� que el rayo hab�a abierto un agujero tambi�n en el suelo, dejando al descubierto un s�tano que romp�a todos mis esquemas sobre aquella casa. Aquella parte era completamente nueva para m�, y sent� algo de temor de lo que pudiera salir de ah� abajo.

No obstante, la curiosidad siempre gana todas mis batallas, y baj� por el agujero lentamente. Al llegar abajo comprob� que esa parte de la casa hab�a sido una especie de despensa, y adem�s ol�a algo mal que supuse eran restos de comida podridos, fritos ahora por el rayo que hab�a ca�do. Pese al hedor y el humo, no sent� ganas de salir corriendo de all� y me acerqu� hacia una de las paredes llena de papeles clavados en una especie de gancho sobresaliente. Toqu� los papeles con las yemas de mis dedos y not� su aspereza conseguida con el paso del tiempo y la humedad. En la hoja que estaba sobre las dem�s pude leer algunas palabras sueltas como prisi�n o energ�a, pero no parec�an tener ning�n sentido.

Continu� inspeccionando y encontr� muchos m�s papeles con f�rmulas y s�mbolos que no comprend�a, as� como muchos otros documentos cient�ficos sobre anatom�a. Tambi�n los restos de piedras preciosas llamaron mi atenci�n, las hab�a de varios colores, pero eran trozos muy peque�os para tener valor. Como ya he comentado, mi gran pasi�n es la lectura, as� que no pude retenerme a la hora de enrollar todos los papeles que pude y meterlos por todos los bolsillos de mi ropa. Mi objetivo esa noche era correr a mi casa y leerlos todos con detalle, seguramente ser�an simples papeles cient�ficos, pero parec�an muy antiguos, y me gustar�a saber que sab�an exactamente de la ciencia en aquella �poca.

Antes de salir, me fije por �ltimo en una especie de escultura muy bien realizada, estaba sobre un banco de madera, y simulaba la posici�n de un humano puesto de cuclillas en un equilibrio perfecto, pero el viento comenz� a entrar en el s�tano, habiendo despejado ya casi todo el humo, y comenc� a sentir fr�o all� abajo, as� que me content� con todos los escritos que hab�a conseguido.

A penas llegu� a mi cuarto, me quit� con rapidez la ropa mojada y me tir� sobre la cama, no sin antes coger todos los papeles que hab�a encontrado all� abajo. No sab�a por donde empezar, estaba emocionada con tantos apuntes rodeados de misterio pero pronto mi emoci�n se reducir�a al comprobar que m�s de la mitad de los textos eran ilegibles, la humedad, la temperatura y el paso del tiempo hab�an dado buena cuenta de ellos. Tan solo algunos apuntes sin mucho detalle sobre el cuerpo humano, y algunas cartas que un padre escribi� a su hijo en alg�n momento, en las que pon�a cosas de lo m�s normales, �rdenes que el ni�o deb�a seguir en ausencia del padre y cosas similares.

�� Y no te olvides de podar las flores como te ense��, hijo m�o, no le arranques demasiadas hojas y ramas o te volver� a pasar como con aquel rosal. Pero no te preocupes si te vuelve a pasar, sabes que no podr�a enfadarme contigo, y por aqu� hay muchas tiendas de flores, comprar� algunas semillas y podr�s volver a plantar el rosal, ser� para ti solo��.

�� Le he hablado de ti a mucha gente, y muchos quieren conocerte, en mi pr�ximo viaje �qu� te parecer�a acompa�arme y poder conocerlos a todos? Nadie cree que seas tan guapo, tan obediente, ni que aprendas las cosas tan r�pido como les digo, pero pronto ver�n que est�n todos equivocados��

��Hijo m�o siento dec�rtelo, pero me retrasar� algunas semanas m�s de lo esperado, al parecen me acusan de haber cometido unos cr�menes que no he cometido, me estar�n confundiendo con otra persona, pero en cuanto todo se arregle estar� ah� de nuevo junto a ti mi vida, no te preocupes por los comentarios que escuchaste el otro d�a, los vecinos tienen envidia de un hijo tan perfecto como t�, tu madre estar�a orgullosa, y��.

Los fragmentos legibles eran muy escasos, pero mi imaginaci�n hizo el resto. Me imagin� como deb�a de ser la casa abandonada en aquella �poca. En mi ment� la casa se reconstruy� y pint� con una facilidad incre�ble, me imagin� los edificios de alrededor como casas del mismo estilo, y todas con una peque�a zona de tierra cultivable en la parte de atr�s, como hab�a le�do en tantos libros sobre edades antiguas. Seguramente la parcela estar�a cubierta con flores, al parecer al hijo le gustaban las flores, aunque por lo visto no se le daba bien cuidarlas. �Tendr�an tambi�n algunos animales en la casa? Seguro que s�. Tambi�n hab�a le�do libros en los que las familias se alimentaban solo con aquello que cultivaban o los animales que criaban. �Se le dar�a bien al hijo cuidar de los animales? Por lo visto el padre viajaba a menudo, �Por qu� sino iba a escribir a su hijo tantas cartas? Me alegro de que el padre estuviese tan contento con su hijo. Supongo que en aquella �poca la familia era mucho m�s importante que ahora, eran tiempos m�s dif�ciles y deb�an cuidarse unos a los otros.

Que pena que en las cartas no describiese al chico. Nunca sabr� si se trataba de un ni�o peque�o, de un joven, o de ya casi un adulto, pues tampoco sab�a la edad del padre, y no pod�a hacer c�lculos.

En ese momento mis padres entraron por la puerta, mir� el reloj casi de forma autom�tica y eran ya las 3 de la madrugada. Hab�a pasado tanto tiempo imaginando que el tiempo se me hab�a ido escapando poco a poco. Mi padre pas� por delante de la puerta y dio un golpe en ella.

- Ya estamos en casa.

Esa era toda su conversaci�n cuando llegaban de salir con sus amigos, avisarme que hab�an llegado. No me preguntaban nunca que hab�a hecho o que hab�a cenado, y nunca me hab�a importado, pero ese d�a ten�a mucho que contar. Me hubiese gustado contarle todo lo que vi en aquel s�tano, pero lo �nico que conseguir�a yendo a su cuarto a cont�rselo, ser�a un: �Ahora estoy muy cansada, cu�ntamelo ma�ana� .

Por un momento me puse a pensar en la casa de nuevo. Me imagin� a mi padre ense��ndome a podar las flores o cuidar de los animales que tuvi�semos. Me imaginaba a mi misma montando a caballo por calles antiguas acompa�ada de mis padres, mientras �stos saludaban a los vecinos y me mostraban orgullosos ante sus amigos.

Pero eso nunca ocurrir�a, en casa ni tan solo ten�amos una miserable planta o animal. Todo lo que requer�a un esfuerzo en aquella casa era desechado por completo, que l�stima para los padres no poder deshacerse tambi�n de sus hijos. Aunque a�n estaba a tiempo de cambiar eso, ma�ana por la ma�ana comprar�a un peque�o macetero con un rosal, lo pondr�a en el alf�izar de mi ventana, y lo cuidar�a tan bien como supiese pensando en� �C�mo se llamar�a? Incluso puede que as� mi padre se ofreciese a ense�arme cosas sobre bot�nica, seg�n tengo entendido, cuando era joven le gustaba mucho.

Y aquella fue una pl�cida noche, so�ando conmigo misma en aquella casa, vistiendo ropas de la �poca, podando flores en mi propio jard�n, y saludando a mi vecino que podaba flores bajo la vigilancia de su padre. En mis sue�os aquel chico aparec�a como un chico de mi edad, de cabellos claros y ojos color miel que emanaban alegr�a�

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