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¿Castellano o Español? Esta lengua también se llama castellano, por ser el nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación del idioma; el término español es relativamente reciente y no es admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio de sus comunidades autónomas respectivas; son esos hablantes bilingües quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la lengua, castellano entendido como 'lengua de Castilla'. En los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los términos castellano y español. En los primeros documentos tras la fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por acuerdo la denominación de lengua española. Quien mejor ha estudiado esta espinosa cuestión ha sido Amado Alonso en un libro titulado Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres (1943). Volver a llamar a este idioma castellano representa una vuelta a los orígenes y quién sabe si no sería dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto esfuerzo y estudio le dedicaron, como Andrés Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel Manacorda de Rossetti. Renunciar al término español plantearía la dificultad de reconocer el carácter oficial de una lengua que tan abierta ha sido para acoger en su seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición. Por otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de calificarla como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar algunos ejemplos. Lo cual podría significar el primer paso para la fragmentación de un idioma, que por número de hablantes ocupa el tercer lugar entre las lenguas del mundo. En España se hablan además el catalán y el gallego, idiomas de tronco románico, y el vasco, de origen controvertido. Sergio Zamora B. Guadalajara, Jalisco, México 1999 El español ayer y hoy En la formación del español cabe distinguir tres grandes períodos: el medieval, también denominado del castellano antiguo, fechado entre los siglos X al XV; el español moderno, que evolucionó desde el sigloXVI a finales del XVII, y el contemporáneo, desde la fundación de la Real Academia Española hasta nuestros días.
El castellano medieval
El nombre de la lengua procede de la tierra de castillos
que la configuró, Castilla, y antes del siglo X no puede hablarse de ella.
Por entonces existían cuatro grandes dominios lingüísticos en la Península
que pueden fijarse por el comportamiento de la vocal breve y tónica latina
o en sílaba interior de palabra como la o de portam que diptongó en ué en
el castellano, puerta, y vaciló entre ue, uo y ua en el leonés y aragonés
(puorta) y mozárabe (puarta). En términos generales, se mantuvo la o del
latín (porta) en la lengua del extremo occidental, el galaico-portugués
-del que surgiría el gallego y el portugués-, y en el catalán del extremo
oriental, que ejercería su influencia posterior por las tierras
mediterráneas, fruto de la expansión política.
Una hoja de las Glosas Emilianenses
Distinguía entre una -s- sonora intervocálica, que en la
escritura se representaba por s, como en casa, y una s sorda, que podía
estar en posición inicial de palabra como silla, o en posición interna en
el grupo -ns-, como en pensar o en posición intervocálica que se escribía
-ss- como en viniesse. El origen, en otras palabras Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar, propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las lenguas ibéricas" y al vasco, caso de no ser una de ellas. De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos autónomos conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca > braga, camisia > camisa, lancea > lanza. Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de entonar y emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el origen de una serie de cambios en las fronteras silábicas y en la evolución peculiar del sistema consonántico. Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en diferentes momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano, escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del moderno golpear), púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia, Calpe. A partir del Renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos nuevos en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente creación, o helicóptero. Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo hizo a través del latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy romanizados entre los siglos III y V. Forman parte de este cuerpo léxico guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba 'castillo' y después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en los topónimos europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente. Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira, Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en -a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso sacristán. Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al respecto. Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en la conformación del castellano por dos motivos: el condado de Castilla se fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte de León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano. La introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro, cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r). La otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración, representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina en rumano; en vasco es irin. La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de España, y el español es una de ellas, pues en la península se asienta durante ocho siglos la dominación de este pueblo. Durante tan larga estancia hubo muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los cristianos comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo eran superiores desde el punto de vista militar, sino también en cultura y refinamiento. De su organización social y política se aceptaron la función y la denominación de atalayas, alcaldes, robdas o rondas, alguaciles, almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates, quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones. Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en jabón del latín 'saponem'. Añadieron el sufijo -í en la formación de los adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de "Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". No podría entenderse correctamente la evolución de la lengua y la cultura de la península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le corresponde. Español: más de un milenio De los lejanos días de la escuela me quedó el atavismo de la celebración del día del idioma español el 23 de abril. En ese día siempre hacíamos algo por inculcar el amor a este código lingüistico, medio de comunicación hoy para más de 400 millones de habitantes del incierto planeta tierra. Ya salidos de la escuela y metidos en Internet, encuentro lugares y campañas para que el español se consolide como uno de los idiomas principales de la red. Pues bien, para seguir con la costumbre, en los alrededores de este 23 de abril de 1998, mi inquietud es: ¿Dónde y cuándo encontramos los primeros vestigios del español? Nos tenemos que referir a los testimonios escritos, sin poder determinar cuántos años o generaciones se necesitaron para que de la oralidad se trasladara al papel la primera oración que se pueda catalogar como propiamente española. Y sin posibilidad de conocer los ritmos de producción de la cultura de hace mil años, sí podemos afirmar que éste era lento, por lo que entre la escritura y la expresión popular pudieron transcurrir generaciones. Además, sólo retrospectivamente lo podemos percibir, porque no me imagino a ningún villano diciendo: hoy pronuncié mi primera frase en español. Pero me fui por las ramas. Al primer interrogante la respuesta tiene consenso: San Millán de la Cogolla, norte de España, región de La Rioja. Monasterio Benedictino. El cuándo es más problemático, si se quiere fechar. Pequeño pueblo apacible, monasterio alejado del trasegar turístico, pero mina invaluable para los arqueólogos del idioma. En 1923 se estudiaron los primeros códices, con los cuales se afirma que el idioma tuvo su primera expresión escrita conocida a finales del siglo X o principios del XI. Dice Martín Alonso (Evolución sintáctica del Español. Madrid: Aguilar, 1962): "Tanto en las anotaciones emilianenses (Glosas monacales de San Millán de la Cogolla conocidas como Glosas emilianenses ) como en las silenses (Glosas de Silos en Burgos) la huella del español se reduce a palabras sueltas o breves frases. Sólo una vez, en una de las glosas de San Millán hay un párrafo del que podemos decir que tiene ya morfología española y estructura sintáctica." En un sermón de San Agustín (folio 70 r) un monje intercala al texto latino palabras arcáicas españolas tales como ... De repente aprienta la devoción dentro del pecho y, entusiasmado con la última frase latina, la amplifica hasta doce lineas cortas añadiendo a la traducción lo que le sale del alma. El primer vagido de nuestra lengua española que habla en frase seguida es una plegaria temblorosa y humilde". Ramón Menéndez Pidal nos transcribe esas lineas (Orígenes del Español. Madrid: Espasa-Calpe, 1956):
"Karissimi quotiens cumque ad eclesiam uel ad La emoción de estar ante el primer escrito en Español se ha trastornado gracias a investigaciones posteriores en los códices, pero esa parte de la historia la dejamos para más adelante... El castellano moderno
La publicación de la primera gramática castellana de Elio
Antonio de Nebrija en 1492, fecha del descubrimiento de América y de la
toma de Granada por los Reyes Católicos, establece la fecha inicial de la
segunda gran etapa de conformación y consolidación del idioma.
A esta época pertenecen el cambio de las consonantes que altera y
consolida definitivamente el sistema fonológico del español. El español contemporáneo
En el año 1713 se fundó la Real Academia Española. Su
primera tarea fue la de fijar el idioma y sancionar los cambios que de su
idioma habían hecho los hablantes a lo largo de los siglos, siguiendo unos
criterios de autoridad. En esta época se había terminado el cambio
fonético y morfológico y el sistema verbal de tiempos simples y compuestos
era el mismo que ha estado vigente hasta la primera mitad del siglo XX.
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