THE DIVISION BELL
“ Now we can hear ourselves again...”

Cluster One (Wright/Gilmour) 05:58
What Do You Want from Me
(Gilmour/Wright/Samson) 04:22
Poles Apart
(Gilmour/Samson/Laird-Clowes) 07:04
Marooned (Wright/Gilmour) 05:29
A Great Day for Freedom
(Gilmour/Samson) 04:18
Wearing the Inside Out
(Wright/Moore) 06:49
Take It Back
(Gilmour/Ezrin/Samson/Laird-Clowes) 06:13
Coming Back to Life
(Gilmour) 06:19
Keep
Talking (Gilmour/Wright/Samson) 06:11
Lost for Words
(Gilmour/Samson) 05:15
High
Hopes (Gilmour/Samson) 08:33
Ya había perdido casi todas las esperanzas, el A Momentary Lapse of Reason y el Delicate Sound of Thunder eran hasta ese entonces una especie de bálsamo, un placebo que me permitía sobrevivir. Y ya eran muchos años.
Repentinamente, una tarde que ya no es cualquiera, estoy dando vueltas frenéticamente al dial, todo, todo me suena igual, y de repente... "Jeans XX presentan, La Nueva en Doble Nueve..”. Oigo. - No lo creo. - Eran ellos. Era Keep Talking. Dejo de hacer todo lo que estoy haciendo, me pego a las bocinas.... meto una cinta, cualquiera, no me importa si esta grabada con otra cosa, para tenerla grabada, así nomás, no me importa si desde la mitad y con interferencias.... ya no me importa nada.... Busco mis apuntes... ¿dónde está?, el número de la radio ¿aló? Hermano... ¿cómo se llama esa canción? ¿y el disco? ¿cuándo salió? ¿quiénes están en el grupo...?...listo. The Division Bell. 11 canciones. Gilmour, Wright y Mason. Lo obvio. Ahora a conseguirlo. Como sea.
Lo tengo en las manos. Lo primero, al no ser un ducho angloparlante, es la música. Impecable, una máquina perfectamente calibrada como en los viejos tiempos, como siempre. Y de la diestra mano de David Gilmour con una más que interesante dosis de Rick Wright, el resultado es ampliamente satisfactorio, casi ideal. Los sonidos, cayendo uno a uno, amalgamándose y separándose imperceptiblemente han sido desde mucho atrás el dictum floydiano y en esta ocasión son aplicados discípulos de ellos mismos, pintándome colores en la mente, tomando control de la gravedad y construyendo, como en los viejos tiempos, como siempre, la atmósfera enrarecida, el marco envolvente que me atrapa, me sacude, me sorprende más y más.
Inclusive en las canciones menos “elaboradas” como Poles Apart y Lost for Words, y también en las más AOR, la máquina suena como los dioses, en el resto, la historia es conocida, el tratamiento de múltiples y simultáneos planos de sonidos y “ambientes” que salen a flote y desaparecen en el impredecible y ordenadísimo fluir de David, Rick, Nick y compañía. En las de peso pesado, el resultado es aplastante. Wearing the Inside Out vale en sus seis minutos y pico por algún par de viejos discos mediocres, en ella la dupla Wright/Moore se anota un brillante punto previo al Broken China de Rick Wright; junto a High Hopes aportan la nota introspectiva y disociada de la realidad en el disco. Marooned y Cluster One son totalmente atemporales, extraídas de algún viejo baúl bajo la cama, contribuyendo a la creación de la atmósfera adecuada. Keep Talking y What do you want from me? muestran además de un remozado perfil técnico (aunque vale la pena recordar que estamos hablando de Gilmour/Wright y no de Trent Reznor u otro de los nuevos exploradores sónicos) los infaltables coros femeninos que interrogan y responden al protagonista desde fuera y desde adentro del mismo anunciando la eterna postura del grupo.
Y es allí donde queremos llegar. Todos.
¿El The Division Bell es, en rigor, un disco de Pink Floyd?
La respuesta es una sola. SI.
¿ Pudieron sobrevivir a las críticas, los ataques y los propios temores?
La respuesta es una sola. SI.
Liberados ya de los fantasmas, en el The Division Bell Pink Floyd se encuentra, no sin cierta autocomplacencia, consigo mismo. I knew the moment had arrived/For killing the past and coming back to life. Vida que cualquier fanatico del grupo, nuevo o antiguo, encuentra en cada segundo del disco, en cada destello, en cada ambiente creado por ellos. Como antes, como siempre.
El The Division Bell no es en esencia un disco conceptual ni mucho menos. Los temas se van hilando uno a otro sobre las interrogantes de la incomunicación, la ruptura de los nexos, los vanos intentos de recuperación y el enfrentamiento inevitable; la dualidad que se evidencia desde las 2 estatuas enfrentadas en la portada del disco, silentes e imperturbables, lleva a plantear más de una lectura. Más allá de la temática relatada en los textos, es inevitable, y en cierto modo perverso, encontrar directas y veladas alusiones a la situación de los ex – compañeros. Así , muchas líneas tienen una doble lectura, lecturas que el mismo David Gilmour ha desmentido (aunque supongo con una cierta sonrisita socarrona). La esencia de Pink Floyd es esa, el manejo de las sensaciones y la excitación de la imaginación desde sus textos, sus inflexiones musicales y la impenetrable imagen del grupo. En unas palabras menos rebuscadas : ¿ A qué se están refiriendo?. Si, a eso, a lo que crees, pero también a aquello y a lo otro, a lo que pasa por mi mente, y por la tuya, a lo que quiero decir pero no puedo, a ubicarse en un punto inexistente del universo y desde allí pintarlo nuevamente. En fin, si pudiera explicarlo....
En todo caso, es ésta la riqueza del disco, sus múltiples lecturas, su excepcional calidad musical, las sensaciones encontradas que provoca entre los fanáticos, el inmenso disfrute sensorial que produce y sobre todo la importante presencia de Pink Floyd en la década de los 90s. El gigantesco y espectacular tour que acompañó al lanzamiento es otra historia, sólo un valor agregado al espíritu del disco.
... Y además, nos la debían. Como nos la deben ahora. Sólo queda esperar. Ya mi P.U.L.S.E pide clemencia...
Lima, 1999 Marco Silva Navarrete
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