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Pensamiento estratégico

Para entender el pensamiento estratégico hay que atender el quehacer del pensador estratégico. Debemos dar respuesta a la pregunta preliminar: ¿para qué es necesaria la estrategia y qué significado guarda con la táctica?

La estrategia permite definir el dominio de la empresa. La estrategia en la organización tiene por fin alcanzar una ventaja competitiva sostenible una vez identificadas factores externos: oportunidades y amenazas y factores internos: fortalezas y debilidades. Esto permite seguir con la definición de tareas directivas y perspectivas funcionales a fin de unificar de una manera coherente un modelo integrador de decisiones y así realizar la inversión en recursos que desarrollen las capacidades que aseguren la ventaja competitiva. El objetivo único de la estrategia es permitir que la organización obtenga, con la mayor eficacia posible, una ventaja sostenible sobre sus competidores.

La estrategia trata con lo que se desea hacer y hacia dónde se desea que esté la organización. Una actividad que siempre va de la mano con la de formular estrategias es la táctica, que es el arte que enseña a poner en orden las cosas. La táctica es la habilidad para llevar a cabo acciones que tiene como fin directo alterar la fortaleza de la compañía en relación con la de los competidores. Un buen estratega, es antes un buen jugador táctico(1).

Ahora podemos entender mejor el pensamiento estratégico: es un estado mental que hace manifiesta la actividad de personas diestras en aspectos tácticos y estratégicos. Pensadores estratégicos son personas que se han capacitado y están motivadas para formular preguntas correctas y que no presentan propuestas vagas en la búsqueda de mejoras. Sus propuestas son ideas concretas y prácticas. Un pensador estatégico le permite saber a su organización en todo momento en dónde se está y hacia dónde se va. Tienen un apego natural a no quedarse con tareas rutinarias. Dejan de hacer las cosas en la forma en que siempre se han hecho y buscan ser creativos e innovadores. Son buenos calculadores y autodidactas por naturaleza. Poseen un pensamiento divergente: hacen cosas diferentes en formas distintas. Reconocen lo que los clientes valoran y hacen que el cliente participe para personalizar y adaptar los productos. Buscan salir de la norma y transmitir los beneficios posibles es su consigna. Dirigir al cliente a realizar descubrimientos y probar cosas nuevas es su meta. Son personas que aprovechan el conflicto, participan activamente y encuentran el tiempo necesario para compartir información, se comunican de manera diferente al pasado, fomentan la discusión experta y escuchan nuevas voces: a los elementos jóvenes de la organización, a los clientes y proveedores potenciales. Se ocupan más de crear problemas y establecer retos. Buscan que la organización emprenda algo distinto.

Lo ideal es tener más de un pensador estratégico, o colega de ingenio para confrontar sus ideas y analizarlas en conjunto. Fomentar la práctica del ajedrez es un mecanismo para entrenar a estos buscadores de retos y emprendedores de cosas distintas.

Nuestra propuesta es fomentar la convivencia entre sus ejecutivos como colegas de ingenio a través de un programa de instrucción que busca fortalecer sus procesos mentales, un régimen para el desarrollo de la habilidad cerebral personal y, siendo que el ajedrez actual necesita del trabajo en equipo, fortalecer una cultura de trabajo en equipo en toda su organización.

(1) La mente del estratega, Kenichi Ohmae

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