¿Quién
no se ha preguntado alguna vez hacia dónde nos lleva la evolución, que nos
depara ese lejano futuro de millones de años en que muchos de las especies que
comparten con nosotros el mundo actual habrán dejado de existir para siempre, y
otras nuevas se habrán hecho un espacio en este duro y brutal edificio que es
la subsistencia en el planeta Tierra?. He visto dibujos de seres futuros, por
supuesto mera especulación, algunos con cierta base científica, los más,
simples disparates de imaginación visionaria; he visto libros completos
dedicados al tema, interesantes y divertidos, no cabe duda, pero al fin y al
cabo sin más credibilidad que la predicción del tiempo en un día concreto
dentro de diez mil años; he visto documentales, hasta de cadenas tan serias
como la BBC, donde se han utilizado las más modernas técnicas de animación para
dar vida a esos seres nacidos de nuestros deseos de predecir un futuro que no
entendemos ni controlamos, dentro de millones de años, cuando en realidad ni
tan siquiera somos capaces de predecir los avatares de la economía mundial (que
se supone debería ser mucho mas predecible y controlable ya que la mueve
únicamente el propio ser humano) para dentro de los próximos pocos meses.
Yo mismo
también he especulado sobre el tema, varias veces, y es indudablemente un
ejercicio intelectual lúdico y gratificante. Pero en la vida se me ocurriría
siquiera pintarlo con una pátina científica, o pretender que lo que hago es
algo más que un crucigrama interesante y divertido. En realidad, cualquier
especulación lo es. Al final, puede que esa especulación sea la luz que marca
un sendero que al final llega a una verdad científica (es decir, probada), pero
mientras eso no ocurra, el juego especulativo no deja de ser simplemente un pasatiempo
ingenioso.
En otro
momento tal vez me detenga con ése tipo de entretenimiento, pero mi intención
ahora no es inventar nuevos dragones de tierra o peces rapaces que caen desde
las nubes abatiendo su presa, sino concentrarme en algo más abstracto, y por lo
tanto, hablando de adivinanzas (que es de lo que hablamos), mucho más creíble.
Porque además, si nos mantenemos en el terreno de las tendencias y no de las
formas, hay dos principios fundamentales que soportan esta línea de
especulación: el mantenimiento de las tendencias basadas en hechos pasados, y
la construcción caótica del orden en un experimento infinito. Pero antes de
presentar los argumentos, analicemos los hechos.
La vida
celular apareció en la tierra hace 4.000 millones de años. Por supuesto, se
trataba de seres unicelulares que se reprodujeron y se diversificaron en un
número incalculable (y en este caso nunca mejor dicho) de formas de vida que
nunca dejan de sorprenderme. Los primeros seres pluricelulares aparecieron hace
unos 1.000 millones de años (o probablemente algo más tarde). Eso quiere decir
que durante mas de 3.000 millones de años, es decir, mas de las tres cuartas
partes de la historia de la vida en la tierra, sólo hubo seres unicelulares. Es
curioso que cuando hablamos de los seres vivos pensamos tan sólo en animales y
plantas (bueno, también en los hongos, ya que si tu interés por la biología es
tanto que hasta estás leyendo esto, espero que tengas claro que los hongos y
setas no son ni animales ni vegetales), pero nunca nos paramos a pensar en la inmensa
masa biológica que suponen los seres unicelulares. Si han estado evolucionando
y compitiendo por el planeta durante 4.000 millones de años, 3.000 de los
cuales sólo existían ellos, cualquier mente medianamente lúcida sospecharía que
su número y diversidad es varios grados superior a la de los seres
unicelulares. Y así es. Durante todo este tiempo estos pequeños seres
invisibles no han perdido el tiempo, y han explotado todas las formas de vida
imaginables, y muchas inimaginables. Los seres pluricelulares dependemos
exclusivamente de la fotosíntesis clorofílica (y por lo tanto de la luz solar)
para sobrevivir. Es cierto que la mayoría de los seres unicelulares también,
pero no sólo. Existen bacterias que son capaces de extraer su energía de los
vapores sulfurosos que manan de la tierra, las hay que…, incluso las hay que
son capaces de vivir y alimentarse de los óxidos metálicos. Incluso las que
dependen de la luz del sol han sabido diversificarse y el laboratorio
clorofílico no es la única opción para fabricar materia orgánica a raíz de la
luz solar.
Si
hemos sido tan generosos asignando reinos a los seres que vemos, basándonos en
diferencias aparentemente tremendas (como por ejemplo entre una jirafa y un
abedul), cuando en realidad sus formas de vida están basadas en principios muy
similares, ¿qué hacer cuando nos encontramos ante esta variedad tan asombrosa
que en muchos casos ni siquiera sus principios vitales se asemejan?. Está claro
que la clasificación de los seres vivos en tres reinos (animal, vegetal y
hongos) que aprendimos en la escuela se ha quedado extremadamente corta. Hoy en
día se reconocen al menos xx reinos, algunos de ellos tan diferentes entre sí
que hay que clasificarlos a su vez en varios “mega-reinos” o dominios. Hoy en
día se reconocen tres dominios de seres (uni o pluri) celulares: Las Bacterias,
Las Arqueas y las Eucariotas. Al dominio Bacteria se le reconoce hoy en día xx
reinos, todos de seres unicelulares. Las Arqueas tienen xx reinos reconocidos,
también todos unicelulares. Las Eucariotas comprenden xx reinos, yy de seres
unicelulares, y los restantes xx comprenden tanto seres unicelulares como
pluricelulares.
Si me
detengo en todo esto es para poner en perspectiva la aparición de seres
pluricelulares. En primer lugar, es importante tener claro que éstos representan
tan sólo una pequeñísima porción de todos los seres vivos. En segundo lugar,
aparecieron muy, muy tarde (en términos geológicos), comparados con el momento
de aparición de la vida, y por lo tanto la mayoría del tiempo los seres
unicelulares han sido los únicos habitantes de este excepcional planeta capaz
de albergar la vida.
Si ya
ha quedado mas o menos claro el cuánto y el cuándo, un punto no menos
importante es el cómo. Durante 3.000 millones de años, los seres unicelulares
prosperaron en la Tierra, reproduciéndose de varias maneras, casi
universalmente por bipartición. Cuando un ser se dividía en dos, los nuevos dos
seres eran genéticamente idénticos a su progenitor, y por lo tanto entre sí, o
sea, cada uno era un clon del otro. Estos dos hermanos clónicos podían
separarse e irse cada uno por su lado, o habitar en la cercanía del otro. En
este segundo caso, y tras varias biparticiones, un número mas o menos grande de
individuos quedarían viviendo juntos formando una colonia. Las colonias se
formaban porque de alguna manera esta forma de vida cooperativa (o al menos compartitiva)
tendría ciertas ventajas, bajo ciertas circunstancias, sobre la vida en solitario.
La colonia crecería hasta que el número de individuos es tan grande que las
desventajas empiezan a superar a las ventajas. Al fin y al cabo, así es como
funciona la evolución: si te decantas por las desventajas a la hora de
competir, desapareces borrado del planeta Tierra.
Seguro
que estos comportamientos (solitario y colonial o gregario) ocurrirían casi
desde el principio de la vida, pero hicieron falta X.000 millones de años para
que se produjera el primer salto cualitativo. Ése primer salto fue cuando las
células coloniales, al bipartirse, decidieron que ya que iban a vivir junto a
sus hermanas clónicas el resto de su vida, no merecía la pena separarse físicamente
por completo, de forma que la colonia quedó formando una especia de mora (en
términos científicos se la llama mórula) de células clónicas e idénticas (es
decir, indiferenciadas). Desde un punto de vista conceptual, acababan de nacer
los primeros seres pluricelulares (ya que consistían en varias células), pero
puesto que todas las células eran idénticas, no puede aún hablarse de tales
desde un punto de vista organizativo, ya que ninguna célula podía ofrecerle a
otra algo que ésta no fuera capaz de hacer por sí misma. Sin embargo, a pesar
de no ser seres pluricelulares desde el punto de vista organizativo, ya se
había formado el embrión del cambio.
Si, el
embrión del cambio estaba ahí, pero aún hicieron falta x.000 millones de años
para el salto definitivo. Hoy en día existen unos pocos seres morulares, pero
en aquellos tiempos es de suponer que se reprodujeron y se evolucionaron en
miles de especies. No es de extrañar que en un momento dado, las células
clónicas, sin dejar de ser clónicas (es decir, todas genéticamente iguales), se
diversificaron para hacer trabajos distintos dentro de la colonia. Las que
estaban mas hacia el exterior, probablemente se recubrieron de membranas mas
resistentes a los agentes medioambientales. Las mas internas, se especializaron
en funciones digestivas para extraer alimento de las partículas que entraban en
el interior de la “colonia”, y pasaban parte de este alimento a las externas,
dedicadas completamente a funciones defensivas. Lo mas curioso es que todas
seguían siendo copias clónicas, es decir, idénticas genéticamente, lo cual
quería decir que cualquier célula podía desarrollarse como “defensora” o
“digestiva”, y su especialización sólo dependía del sitio que le tocaba dentro
de la colonia. Bastaba con cambiarla de sitio para que desarrollara la otra
especialización. ¿Por qué sabemos esto?. Por la sencilla razón de que sigue
siendo así hoy en día para todos los seres pluricelulares, incluídos los seres
humanos (al menos si se cambian de sitio en los primeros días del desarrollo
fetal, cuando el feto es aún una mórula de células que no han empezado a
diferenciarse aún).
El caso
es que el experimento de las “mórulas con células especializadas” debió de ser
un éxito, porque de repente la especialización se disparó a un grado de
complejidad inexistente hasta entonces, multiplicándose en miles de soluciones
distintas que a su vez produjeron otras miles de soluciones derivadas, y así, y
así, y así tantas veces hasta dar con la inmensa variedad de seres pluricelulares
que existen y han existido desde entonces. Es cierto que tan sólo son una
pequeña fracción de los unicelulares, pero una vez la naturaleza “exploró la
solución pluricelular” y “comprobó que funcionaba”, descubrió una nueva
dimensión para la evolución, un nuevo plano vacío hasta entonces que podía
también llenar de seres vivos. Ya sólo quedaba explotarla, como así lo hizo.
Me
gustaría recapitular en este momento y resaltar las tres lecciones
fundamentales obtenidas durante estos 4.000 millones de años:
Bien,
pues basándonos en los tres puntos comentados, podemos preguntarnos si un nivel
organizativo de un orden superior al de los seres pluricelulares es o no
posible. En otras palabras:
Si la
respuesta a ambas preguntas es afirmativa, podríamos llamar a estos
organismos
complejos "supra-organismos biológicos individuados" (SOBIs). La palabra
individuado la acabo de inventar, para recalcar la idea que una
comunidad se ha convertido en un individuo. Así como las
unidades de los seres pluricelulares son las células, las de los SOBIs
son
seres pluricelulares a los que llamaré “pluriceluloides”.
Retornando
el hilo de la discusión a las dos preguntas anteriores, su respuesta es
que es muy posible, puesto que de hechocomunidades muy parecidas a los SOBIs existen ya en la actualidad. Pero
antes de cometer equivocaciones obvias basadas en simplificaciones excesivas o
en paralelismos superficiales, quisiera discutir los organismos que no pueden
considerarse SOBIs ni de lejos, aunque mentes poco despiertas pudieran en una primera
instancia considerarlos como tales.
Una de
las respuestas “obviamente errónea”, y sin embargo muy frecuente, es
que
cualquier comunidad de seres pluricelulares podría considerarse como
tal, por
ejemplo, la sociedad humana (un club, una empresa, un partido
político, una nación). Efectivamente,
reúne las condiciones de que agrupa a un alto número de individuos (a
veces
varios millones), que cooperan entre sí de una forma organizada (y por
lo tanto
es un organismo), con una clara especialización de los individuos. Sin
embargo,
estas sociedades carecen de una condición fundamental para poder
considerarse
un SOBI: que cada individuo es genéticamente distinto de los demás. Eso
hace
que cada individuo actúe en general en su propio beneficio, y su fin
último,
salvo excepciones que confirman la regla general, no sea el bien de la
comunidad. Si, es verdad la mayoría de los individuos quiere el bien de
su
comunidad, pero no por encima del nuestro propio. O, visto de otra
forma, cada
individuo quiere el bien de su comunidad porque ése bien le aportará a
él un
beneficio, pero desde el momento que el interés individual entra en
conflicto
con el de la comunidad, el individuo optará, en líneas generales, por
el
primero. Seguro que puedes ponerme ejemplos excepcionales que
contradicen lo que acabo de decir, pero esos no valen como ejemplos por
eso mismo, por ser excepcionales.
Imaginemos
por contraposición un organismo pluricelular, formado por tanto por millones de
células especializadas, por ejemplo el cuerpo humano. Diariamente miles de sus
células mueren simplemente para hacer que el cuerpo entero funcione. Una célula
en sí no busca su propia supervivencia, porque al ser el resto de sus células
clones de ella misma, la supervivencia de las otras células es tan importante
como la suya propia. En términos de fines y objetivos, los individuos han
dejado de serlo, y el organismo se convierte en un fin en sí mismo por encima
de la supervivencia celular. Y ahí está la clave, en la naturaleza clónica de
todos los componentes de la comunidad.
Precisamente
por ese motivo cualquiera de las sociedades comentadas anres, o una
bandada de pájaros, o un banco de sardinas, no puede considerarse un
SOBI, por
la sencilla razón de que al no ser los
individuos clones unos de otros, la comunidad nunca será un fin en sí mismo,
sino un simple medio para optimizar los beneficios individuales. Y ahí es
también donde fallan las teorías comunistas y fascistas ultrapatrióticas, en
que en una comunidad humana de esa naturaleza lo “natural” es que cada individuo busque el bien de
la comunidad, pero no lo anteponga al de sí mismo, ya que los ciudadanos no
somos clones, ni el partido ni la patria son SOBIs.
Fijémonos
sin embargo cuán distintas son las comunidades de abejas, hormigas o
termitas.
En ellas un solo individuo, la reina, es quien genera a todos los
individuos de la sociedad. Es cierto que no todos los individuos
proceden necesariamente del mismo macho, pero al menos si tienen
todos la misma madre, o sea, todos los individuos son hermanos o
hermanastros. No son exactamente clones, genéticamente idénticos
entre sí, pero si algo relativamente cercano a ello. No son por lo
tanto aún SOBIs, pero si algo parecido. Lamémosles OBC's (Organismos
biológicos comunitarios). Es importante entender que genéticamente casi
idénticos no quiere decir
morfológicamente casi idénticos, igual que en nuestro cuerpo una célula
hepática no
es igual a una célula ocular. Genéticamente casi idénticos quiere decir
que todos
tienen casi los mismos genes, por lo que cualquiera de los individuos
podría haber tomado cualquiera de las formas (obrera, soldado, …), y el
haber
tomado una forma u otra depende de factores externos. En las células de
un
organismo era la posición en la mórula primaria, en un OBC pueden ser
causas muy variadas, como la alimentación que se le
proporciona, o la proporción de una determinada hormona que se
distribuye por
la comunidad. Algunas veces he leído que a la reina de tales
comunidades no
habría que llamarla tal, ya que se convierte en una esclava, inmóvil y
dependiente de los demás seres de la comunidad para sobrevivir, sin
poder hacer
otra cosa que poner huevos sin parar durante toda su vida. Otros
autores
insisten en llamarla reina, ya que al fin y al cabo no realiza ninguna
de las
pesadas tareas cotidianas, y siempre tiene una corte de súbditos
alrededor de
ella que son los que sufren la realidad cotidiana para facilitarle la
vida.
Siento disentir de ambos planteamientos por considerar que enfocan el
problema
desde una óptica equivocada. Siguen pensando en los “pluriceluloides”
como
individuos en sí mismos, cuando en realidad los OBC's parecen
haber emprendio ya el largo camino evolutivo para convertirse en
SOBI's, y por lo tanto sus pluriceluloides no son sino unidades de un
individuo superior, el SOBI mismo. La reina es su órgano repoductor, la
comunidad de
soldados el órgano defensivo, la comunidad de obreras el órgano
recolector. El SOBI
es un fin en sí mismo, y los pluriceluloides han asumido ése fin. El
hormiguero, el termitero o la colmena llevan camino de convertirse
en individuos en sí mismos.
Hormigas
y abejas están íntimamente relacionadas, y no sería de extrañar que tuvieran
antepasados comunes que ya constituían OBCs. Las termitas, sin embargo,
representan un caso mas curioso, ya que no tienen nada que ver con los dos
grupos anteriores. Eso quiere decir que han evolucionado en la misma dirección,
o sea, adquiriendo un nuevo nivel de complejidad orgánica, de forma paralela e
independiente de los grupos anteriores. Teniendo en cuenta que los tres grupos
aparecieron hace xxx millones de años, y durante este tiempo han prosperado y
se han diversificado en miles de especies, es de suponer que esta nueva
solución, la “solución SOBI” a la que parecen dirigirse, es altamente eficaz, al menos en las
circunstancias en que estos seres se prodigan.
Y bien,
¿cuál parece entonces ser la tendencia actual?. ¿Serán los SOBIs organismos
excepcionales, experimentos de escaso éxito donde sólo unas pocas especies
consiguen malvivir como desterrados en un plano nuevo pero inhóspito donde no
se aventurarán nuevos colonos, o por el contrario son pioneros en un nuevo
nivel vital que espera casi virgen a ser explorado y explotado por mas y mas
colonizadores?. Pues bien aquí es donde empieza la especulación.
Mi
apuesta es claramente por esta segunda alternativa. Los OBCs han
emprendido el camino el camino evolutivo para convertirse en SOBIs,
igual que las mórulas establecieron el inicio de lo que fueron los
seres pluricelulares. Mi línea especulativa es que cada vez mas y mas
seres
explotarán la solución SOBI y, si esperamos los suficientes millones de
años,
veremos un mundo donde los SOBIs constituirán poblaciones interactuando
entre
sí, como si de individuos fueran (porque en realidad, a su nivel
superior, lo
son), desarrollando relaciones ecológicas entre ellos, interactuando y
evolucionando
en nuevos tipos de SOBIs (donde una nueva taxonomía podría definirse),
tal vez
adquiriendo conciencia de sí mismos, incluso asociándose entre sí para
constituir a su vez comunidades de SOBIs que, quién sabe, tal vez un
día den el
siguiente salto cualitativo para constituir meta-organismos cuyos
individuos
sean a su vez SOBIs (a los que podríamos llamar MOBIs, meta-organismos
biológicos individuados).
¿Puedo
demostrar esta afirmación?. Por supuesto que no; si pudiera, no sería
especulación sino ciencia entera y verdadera. ¿Puedo al menos argumentarla?.
Bien, eso si que puedo. Y los argumentos son los que he esgrimido en la
introducción:
a. Que una vez un elemento (una
bola) haya conseguido su “estado ordenado” (ser colada en un agujero), quede
para siempre en ese estado.
b. Que el experimento se repita
hasta el infinito, o sea, que el pateador siga pateando ciegamente bolas
durante toda la eternidad, hasta que todas las bolas hayan caído por un
agujero.
Vaya
gracia, puedes decirme, para ese viaje
no necesito alforjas. O dicho de otra forma, tal como está planteado
(pasará algo, si esperamos hasta el infinito hasta que pase?), es obvio
que sí. Pero es que precisamente ése es el planteamiento que existe en
la
naturaleza. Una vez un grado de orden ha sido alcanzado, una vez una
pequeña
mutación permite un pequeño salto organizativo, ahí se queda para
siempre, es
decir, se transmite de generación en generación esperando a la próxima
mutación, al próximo salto, a que caiga la siguiente bola. Y además el
experimento es eterno, infinito, por los siglos de los siglos y durante
millones y millones de años. No es de locos pensar que, si se cumple la
condición a) algún día ocurrirá.
La
conclusión de esta línea especulativa es, cuando menos, inquietante: ni
el
hombre es la cúspide de la evolución, ni lo serán sus sucesores. Los
seres
humanos somos seres pluricelulares, y entre éstos podríamos
considerarnos entre
los de organización mas compleja. Si, pero si los seres unicelulares
son el
primer piso de la complejidad biológica, y los seres pluricelulares el
segundo,
los SOBIs constituyen el tercer piso. Hasta ahora, pocos han sido los
que han emprendido el camino hacia este piso, y los hombres no nos
encontramos entre ellos. Nos hemos
quedado, desde el punto de vista de evolución organizativa, estancados
en la
segunda planta. Dentro de miles de millones de años, cuando los SOBIs
pavimenten el mundo, nos verán como vemos nosotros a los microbios,
organismos
sencillos incapaces de asociarse para subir al siguiente nivel
organizativo.
Simples bacterias. Pero eso será dentro de miles de millones de años.
Mientras
tanto, gocemos de la ilusión de nuestra superioridad.
A pesar
de lo larga que ha sido esta exposición, se me quedan en el tintero varias
ideas que aún no he explotado y sobre las que, si lees esto, te invito a
especular bajo tu cuenta y riesgo: