
Goya, La familia de Carlos IV
Texto 1:
Título: Carlos
IV de España con su familia (1800).
Autor: Francisco José de Goya y Lucientes.
Museo: Museo del Prado.
Características: Óleo sobre lienzo 280 x 336
cm.
La Familia de Carlos IV supone la culminación de todos los retratos pintados por Goya en esta época. Gracias a las cartas de la reina María Luisa de Parma a Godoy conocemos paso a paso la concepción del cuadro. La obra fue realizada en [el palacio de] Aranjuez desde abril [o mayo] de 1800 y durante ese verano. En ella aparecen retratados, de izquierda a derecha, los siguientes personajes: Carlos María Isidro [2], hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma; el futuro Fernando VII [3], hijo primogénito de la real pareja; Goya pintando [1], como había hecho Velázquez en Las Meninas; Doña María Josefa [4], hermana de Carlos IV; un personaje desconocido que podría ser destinado a colocar el rostro de la futura esposa de Fernando cuando éste contrajera matrimonio, por lo que aparece con la cabeza vuelta [5]; María Isabel [6], hija menor de los reyes; la reina María Luisa de Parma [7] en el centro de la escena, como señal de poder ya que era ella la que llevaba las riendas del Estado a través de Godoy; Francisco de Paula [8] de la mano de su madre, de él se decía que tenía un indecente parecido con Godoy; el rey Carlos IV [9], en posición avanzada respecto al grupo; tras el monarca vemos a su hermano, Don Antonio Pascual [10]; Carlota Joaquina [11], la hija mayor de los reyes, sólo muestra la cabeza; cierra el grupo D. Luis de Parma [12]; su esposa, María Luisa Josefina [13], hija también de Carlos IV; y el hijito de ambos, Carlos Luis, en brazos de su madre. Todos los hombres retratados portan la Orden de Carlos III y algunos también el Toisón de Oro, mientras que las damas visten a la moda Imperio y ostentan la banda de la Orden de María Luisa. Carlos IV también luce la insignia de las Ordenes Militares y de la Orden de Cristo de Portugal. Alrededor de esta obra existe mucha literatura ya que siempre se considera que Goya ha ridiculizado a los personajes regios. Resulta extraño pensar que nuestro pintor tuviera intención de poner en ridículo a la familia del monarca; incluso existen documentos en los que la reina comenta que están quedando todos muy propios y que ella estaba muy satisfecha. Más lógico resulta pensar que la familia real era así porque, de lo contrario, el cuadro hubiese sido destruido y Goya hubiese caído en desgracia, lo que no ocurrió. El artista recoge a los personajes como si de un friso se tratara, en tres grupos para dar mayor movimiento a la obra; así, en el centro se sitúan los monarcas con sus dos hijos menores; en la derecha, el grupo presidido por el príncipe heredero realizado en una gama fría, mientras que en la izquierda los Príncipes de Parma, en una gama caliente. Todas las figuras están envueltas en una especie de niebla dorada que pone en relación la obra con Las Meninas. Lo que más interesa al pintor es captar la personalidad de los retratados, fundamentalmente de la reina, verdadera protagonista de la composición, y la del rey, con su carácter abúlico y ausente. La obra es un documento humano sin parangón. Estilísticamente destaca la pincelada tan suelta empleada por Goya; desde una distancia prudencial parece que ha detallado todas y cada una de las condecoraciones, pero al acercarse se aprecian claramente las manchas. Goya, a diferencia de Velázquez en Las Meninas, ha renunciado a los juegos de perspectiva pero gracias a la luz y al color consigue dar variedad a los volúmenes y ayuda a diferenciar los distintos planos en profundidad. Fue la primera obra de Goya que entró en el Museo del Prado, siendo valorada en 1834 en 80.000 reales.
Texto 2:
Los miembros adultos de la familia tienen una expresión menos alegre [que el infante Francisco de Paula, entonces de seis años de edad], ya que están caracterizados en toda su fealdad. Goya los mostró tal y como eran, como simples mortales, ni más hermosos, ni más melancólicos, ni más importantes que el resto. Carecen de la digna y majestuosa autoridad que suele emanar de los retratos de gobernantes. El pintor resalta intencionadamente el brillo de las condecoraciones y la suntuosidad de las joyas y los trajes.
Texto 3:
Otro tópico predilecto es el de la actitud crítica, la mordaz ironía y desprecio que se trasluce en la estructuración espacial de La Familia de Carlos IV, en que los personajes aparecen «fijados con indecible crueldad», marcando el pintor el matriarcado de la reina [María Luisa de Parma] con su colocación en el centro y relego del rey [Carlos IV] a lugar secundario. Por supuesto, Goya es de los pintores que «opinan» en sus cuadros. Esto lo han hecho siempre todos los grandes maestros, y sin un modo interesante de opinar (aunque sea desagradable y no se esté de acuerdo) nunca un cuadro resulta fuente de atracción duradera.
Hemos de hacer, sin embargo, una consideración psicol6gica que ha pasado inadvertida a los comentaristas de este cuadro y otros similares: las familias «se colocan» por sí mismas. Independientemente de como el artista las reparta, las familias, por su propia estructura psicobiológica, tienen una tendencia espontánea a distribuirse en el espacio, que se manifiesta de modo especial al ir a retratarse, tanto en un cuadro, como fotográficamente. El fotógrafo o el pintor suelen redistribuir la espontánea jerarquización, pero cuanto más sensible es el artista, más dispuesto está a captar y respetar esa coherencia psicológica que va a dar rotundidad a la plasmación gráfica.
Uno de los tests psicológicos más utilizados para estudiar el mundo emocional del niño es el del «dibujo de una familia». Se le propone simplemente eso: que dibuje una familia. Sin excepción representa simbólicamente la suya, y las tensiones psicológicas dentro de ella, siendo de la mayor importancia la «colocaci6n» de los personajes. Por el tamaño y lugar central sabemos, sin preguntárselo, quién es en su opinión el que manda, el padre o la madre, y por la representación de su propia persona junto a uno u otro de ellos, de quién se siente más próximo, etc. Se ha hecho el experimento de comprobar cómo esas familias se «colocan» para hacerse una foto, y sorprende la concordancia con el esquema ya impreso en la mente del niño, pues éste corresponde a una realidad. ¿Por qué vamos a empeñarnos en que Goya quiso poner en evidencia, ridiculizando su escala interna de valores, a la familia real? ¿Para qué y para quién este peligroso juego? Es más lógico suponer que este genial captador de esencias representase complacido la que afloraba espontáneamente a su vista.
Personajes retratados en del cuadro: