SNTE

Sección XVIII

Michoacán

 

PROSPECTIVAS Y PERSPECTIVAS DE LAS MUJERES

 TRABAJADORAS DE LA EDUCACIÓN.

 

 

 

De orden distributivo, repartiendo

a las cosas visibles sus colores

iba, y restituyendo

entera a los sentidos exteriores

su operación, quedando a luz más cierta

el Mundo iluminado, y yo despierta.

 

Sor Juana Inés de la Cruz, 1691.

 

 


Introducción

 

Se antoja escribir poesía cuando se trata de hablar de nuestro género, pero más se antoja hacer la realidad, poesía, cuando nos convocamos a hablar sobre nuestra participación en la lucha por una Patria Nueva.

Comenzaremos preguntándonos, ¿existen prospectos para las mujeres, o de las mujeres? ¿Cuál es la perspectiva hacia las mujeres o de las mujeres? y como vemos que la primera parte, no es nuestra, es decir, el para y el hacia, no han sido procesos de nosotras, será interesante que hoy analicemos juntas los prospectos que el sistema tiene preparados para nosotras y la perspectiva que sobre ellos tenemos, las trabajadoras asalariadas de la educación.

El presente trabajo no pretende agotar el tema, más bien se presenta como una invitación a la reflexión conjunta, Nereida y Chela, autoras de esta pequeña invitación a pensar juntas, la exponemos como pretexto para las primeras pinceladas de nuestra perspectiva.

 

 

Pequeña reseña histórica del capital y sus políticas específicas para las mujeres.

 

 

Ya es un lugar común decir que con la división del trabajo las mujeres adquirimos un papel sedentario y dependiente respecto al que jugaron los hombres: mientras ellos iban de caza, cultivo, comercio, o guerra, la mujer resguardaba la propiedad, preparaba los alimentos y se dedicaba a la crianza de la prole, y si bien, desde la época feudal, cientos de mujeres se incorporaban a la labor del campo, su papel en la crianza y resguardo familiar seguían ocupando preponderancia en sus actividades.

Este proceso fue acompañado por una basta producción ideológica que nos hacía creer, con relatos mágicos, religiosos, de la razón filosófica y del “buen juicio”, el destino inquebrantable de ser mujer: sexo débil, costilla del varón, seres inferiores, primeras pecadoras, propiedad privada del cónyuge, elementos reproductores de la especie, seres subordinados, no pensantes, etc., etc. Marco ideológico que nos envolvió sin lograr doblegar la estructura sólida de nuestra humanidad.[1]

La revolución industrial violó silenciosamente ese marco ideológico para introducir, poco a poco, la mano de obra femenina e infantil a un nuevo ámbito de vida, el del trabajo asalariado, donde las mujeres, al igual que los hombres fuimos aprendimos a enfrentar la contradicción capital-trabajo con combatividad y dignidad. Las mártires de Nueva York nos recuerdan esta heroica voluntad de las mujeres trabajadoras enfrentando al patrón. El capitalismo nos convirtió en fuerza de trabajo, pero no a todas, escogió selectivamente a las mujeres pobres. Y no es, sino hasta estas últimas fechas que vuelve a poner el ojo en nosotras,( como lo veremos posteriormente).

El capitalismo valoró entre incorporar a las mujeres al trabajo femenino o mantenerlas como reproductoras de la fuerza de trabajo, creando y criando a la futura fuerza de trabajo, y cuidando y acicalando, con las labores domésticas gratuitas, a los obreros de la producción. Las mujeres en la casa resultaron un medio para abaratar el salario de la fuerza de trabajo masculina. Un ejemplo fehaciente de esta situación, sucedió con la creación del complejo SICARTSA en L. C., Michoacán, mientras los obreros traídos de diversas partes del país tenían que “pagar” porque les lavaran la ropa, les hicieran la comida y otros favores, el salario no era suficiente y exigían más y más salario, entonces los patrones vieron la conveniencia de invertir en casas y trasladar a “las esposas” al puerto para abaratar costos y garantizar “el buen estado físico y mental de los obreros ”.

Además, en los hogares urbanos, también es la mujer la encargada de reproducir ideológicamente el sistema dominante, es la encargada de conducir las conductas de consumo, subordinación a la autoridad y la reproductora de los valores sociales y religiosos.

Qué mejor instrumento del sistema que estereotipar a las mujeres como objeto de placer y consumo y eliminar así la posibilidad de que las mujeres nos convirtiéramos en sujetas. Las buenas costumbres mandaban, que las mujeres no nos cuestionáramos cómo ser madres, cómo ser esposas, cómo ser hijas, cómo ser novias... cómo ser, ni siquiera podíamos pensar, qué queríamos ser. Esa pregunta estaba resuelta por el sistema, el rol femenino estaba predeterminado, “tú te vas a casar y a ser mamá y punto”, tanto fue este destino predeterminado que las mujeres mexicanas logramos la condición de ciudadanas 132 años después que los varones, en 1821, los hombres alcanzaron la independencia política, pero las mexicanas no podíamos votar, no fue sino hasta 1953 cuando se reconoce la ciudadanía plena de las mexicanas y pudimos votar.[2]

 

 

Las mujeres aprendiendo de nuestras desventajas a ser mujeres.

 

 

El capitalismo nos ha negado, por igual a hombres y mujeres, desposeídos de medios de producción, el derecho a ser sujetos sociales, es cierto que hombres y mujeres sufrimos explotación y expoliación, pero cada cual habla según le va en la feria y la negación hacia las mujeres ha adquirido condiciones desventajosas, que sufrimos de manera específica.

Ya todas sabemos que las “labores domésticas”, actividad fundamental de la población económicamente inactiva, es realizada por mujeres en edad productiva y que no sólo no es reconocida como un trabajo, sino que socialmente es una actividad despreciada, no valorada y que requiere de más fuerza física que de actividad pensante para su realización. Es una labor sin paga, sin derechos laborales, sin jubilación y sin reconocimiento, que falsamente se nos endilga como actividad “natural” de las mujeres, ¿alguién ha visto nacer una mujer con una escoba pegada en las manos? Afortunadamente muchas y muchos estudiosos han demostrado que esta actividad no es “natural” de las mujeres, sino culturalmente aprendida y económicamente predeterminada.

Las trabajadoras domésticas asalariadas, aún cuando gozan de un capítulo especial en la Ley Federal del Trabajo, en los hechos no gozan de sus derechos laborales, fundamentalmente por ignorancia e injusticia cultural y social.

Además sabemos que el trabajo de las mujeres por lo general es considerado como “una ayuda” para el sostenimiento de la casa, y no como el pago justo por un trabajo realizado, y generalmente se privilegian los “buenos trabajos y puestos” para los hombres, jefes de familia, y para las mujeres trabajos marginales y secundarios.

Esta situación se agrava en tanto en México, no contamos con una historia de calificación de la fuerza de trabajo femenina, nuestra incorporación al mercado laboral se ha dado en condiciones de mayor desventaja, pues somos más analfabetas mujeres que hombres, tenemos menos años de escolaridad, nuestra condición de madres nos limita las posibilidades de estudio, capacitación y actualización, ya que las “horas libres” se nos reducen por las dobles jornadas, además los requisitos de no gravidez para el trabajo, de “buena presentación”, años de experiencia, y de subordinación incondicional a la patronal, requisitos que nos pintan un panorama específico desventajoso que poco a poco hemos ido revirtiendo, con la identificación de género y la solidaridad entre trabajadoras..[3]

Es cierto, estas situaciones y tendencias desventajosas, han ido teniendo procesos de contra parte así lo enuncia la historia. En 1866 se tituló la primera dentista, en 1877 la primera médica cirujana, en 1910-1915 ocho estudiantes de la Escuela de Derecho de Mérida, Yucatán presentaron sus tesis sobre el divorcio y los derechos de las mujeres, en 1907 las mujeres se organizaron en el Partido Liberal Mexicano en un círculo denominado LAS HIJAS DE ANÁHUAC con un importante programa de reivindicaciones para las mujeres, y en el primer Congreso Feminista en México de 1916, no sólo se cuestionaban la manera de quitar el yugo sobre las mujeres, sino el papel de la escuela primaria y del Estado para incorporar a las mujeres al “progreso”.[4]

Aprender a ser mujeres, a identificarnos con nuestro género, a ser solidarias entre nosotras, a querernos como mujeres, a sabernos personas con especificidades, a asumirnos con dignidad y a aprender a luchar y hacer uso de la política para revertir las desventajas, es una de las mejores decisiones y actitudes que podemos asumir para aportar dignidad y sentido a la humanidad.

La historia de lucha de las mujeres trabajadoras ha recorrido el siglo XX, ahora comenzará el siglo XXI, y la unidad y la organización de las trabajadoras es capaz de lograr conquistas como las trabajadoras del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma de México, SITUAM, quienes ya lograron incorporar en su Contrato Colectivo de Trabajo, entre otras cosas: el derecho a usar un tiempo de su jornada de trabajo para estudios específicos de la mujer en un horario reconocido por el CCT denominado “el espacio de la mujer”, el derecho a permiso de cuidados maternales, para la madre y paternales para el padre cuando tienen hijos recién nacidos y/o enfermos, hasta por 6 meses y a sancionar el hostigamiento y el acoso sexual.[5]

En la lucha histórica de las mujeres nos hemos dado cuenta, no sólo de que no nos interesa pelearnos en contra de los hombres, nos peleamos en contra de las injusticias, y que más que querer un igualitarismo a ultranza, queremos igualdad de derechos, en donde hay igualdad de condiciones y desigualdad de derechos, pero además exigimos tener derechos en todos los aspectos que lo requieren por ser mujeres, en los aspectos específicos que nos afectan a nosotras y a nadie más. Por eso no queremos que continúe el requisito de no gravidez para incorporarnos al mercado laboral.

 

 

Los prospectos diseñados por el neoliberalismo

 

 

El neoliberalismo ha fomentado la idea que los asuntos de las mujeres son privados y no tienen nada que ver con los asuntos públicos, y de echo, asumen que las decisiones de las personas son individuales y bajo mecanismos racionalizados, de ahí que los tecnócratas neoliberales definen que está desempleado quien ha decidido no emplearse; o se emplea en la maquila quien racionalmente ha decidido y valorado que es mejor, a los 14 años ganar $600.00 pesos a la semana, que seguir estudiando y preparándose para otro tipo de profesiones.

Ana Alicia Solis de Alba investigadora y trabajadora de la Universidad Autónoma de México, Iztapalapa señala en un estudio: “Para el paradigma neoliberal la condición de las mujeres en la sociedad; en la familia, en el trabajo y en la política, nada tiene que ver con la determinación de las políticas públicas, ya que se trata de un asunto privado, resultado de elecciones racionales individuales orientadas a la satisfacción de intereses personales, tomadas sobre la base del aprovechamiento de las ventajas comparativas que ofrecen las diferencias biológicas entre los sexos.”[6]

Bajo estos supuestos los modelos laborales del neoliberalismo han encontrado un terreno altamente propicio para la multiplicación de las ganancias en la fuerza de trabajo femenina, pues asumen que es una decisión de las jovencitas de 14 años en adelante, Incorporarse al trabajo de la maquila, ya sea en fábrica o en su casa, y que son ellas las que deciden trabajar, sin prestaciones, ni seguridad social, con determinados patrones, y bajo las condiciones que sus patrones establezcan. Bajo esta concepción, en primer lugar se anula cualquier responsabilidad pública sobre la suerte que corran los cientos de miles de mujeres que se encuentran laborando a temprana edad y con pésimas condiciones de trabajo, en el país y en el mundo y; en segundo lugar, hacen aparecer ante los ojos de la sociedad, como innecesarias las leyes de protección laboral, en tanto las mismas mujeres “deciden” incorporarse a esas condiciones de trabajo.

La condición de pobreza ha alcanzado mayormente a las mujeres, diversos estudios en el mundo, reconocen que las mujeres son más pobres que los hombres, por lo tanto esta primera condición, no deja que las mujeres “decidan”, sino que las obliga a emplearse bajo las circunstancias que el neoliberalismo ha diseñado para todos y todas, pero, obviamente el camino recorrido por la fuerza de trabajo masculina, le ha otorgado mejores condiciones laborales, a diferencia de las condiciones desventajosas de la fuerza de trabajo femenina.

La política cultural del neoliberalismo se ha encargado, a través de los medios de comunicación y las religiones, de exaltar el papel de la madre como eje de la familia y reproductora de valores tales como: orden”, honradez, sensatez, sumisión, lealtad y subordinación a la autoridad, así como valores de consumo para la excelencia y la competitividad, que ponen en el centro de la concepción la formación individualista, personalizada y privada, en detrimento de los valores solidarios, colectivos, creativos, de desarrollo pleno e integral de los seres humanos.

Esta política ideológica y cultural ha sido benéfica en dos sentidos: en tanto prepara a las familias para asumir como consecuencia lógica la mercantilización de todos los bienes públicos y colectivos, es decir, su privatización; así como prepara el terreno para la incorporación de las mujeres al trabajo parcial, a comisión, a destajo y/o “a domicilio”.

Podemos ver así datos reportados por “Mariola Pomar Ferro (1991), sobre la House of Fuller, compañía tan fuerte como Avon, Stanhome, Tupperware y Amway, (empresas todas ellas, que recurren al empleo de mujeres en las ventas ambulantes, con pagos por comisión de venta), no deja de ser revelador. La Fuller ocupa, nos dice Mariola Pomar Ferro: la fuerza de 120,000 comisionistas independientes, así como, 1,400 coordinadoras de zona, repartidas en todo el territorio nacional. Estas comisionistas pueden ser amas de casa, maestras o secretarias: mujeres que tienen necesidad de un ingreso extra sin afectar sus actividades principales”.[7]

Además de estas líneas diseñadas por el neoliberalismo, la sobreexplotación de todas y todos por la vía de la competitividad productivista estableció como norma de trabajo: a) La contratación temporal, b) mayor contratación de confianza sobre la contratación de base, c) la polivalencia en las funciones, d) la adecuación de la Jornada Laboral (recorte o aumento) según las necesidades de la empresa, y d) la flexibilidad salarial.

Todo esto ha traído como consecuencia: a) la reducción y/o anulación de prestaciones, días y horas de descanso, b) la individualización de las relaciones colectivas de trabajo, por encima de las relaciones colectivas, (en nuestro caso, la Carrera Magisterial y la federalización, han sido las vías de romper nuestra contratación colectiva, masiva y nacional), c) La inestabilidad de los salarios y el empleo, con la consecuente subordinación y lealtad a la patronal, d) la atomización de las y los trabajadores, e) el deterioro de las relaciones interpersonales por la exacerbada competencia, f) el debilitamiento de las organizaciones sindicales, g) la caída en la calidad de vida por el mayor desgaste físico y psicológico, y por último h) la profundización de la brecha salarial entre trabajadoras y trabajadores.

Las políticas públicas han alentado este modelo laboral sexista neoconservador, que tenderá a agudizarse con el sexenio foxista, donde no sólo se ha desatado la acción y la reacción en contra de las mujeres, sino que se anuncia ya reformar a la Ley Federal del Trabajo para legitimar la flexibilidad productivista y polivalente en las relaciones laborales.

El último Programa para la Mujer, diseñado en el gobierno zedillista, si bien elaboró un diagnóstico que mostraba la desigualdad social de las mujeres, las políticas diseñadas en contra de las desventajas mostradas, se quedaron en el terreno de las buenas intenciones y de una concepción patriarcal para la solución, las 9 líneas programáticas: 1) Educación, 2) Cuidado de la salud, 3) Atención a la pobreza, 4) Mujer trabajadora, 5) Fomento productivo, 6) Mujer y familia, 7) Derechos de la mujer y participación en la toma de decisiones, 8) Combate a la violencia, 9) Imagen de la mujer, eran todas ellas, concebidas como dádivas hacia las mujeres, o concesiones estatales, sin ningún compromiso estructural, de fondo que instrumentara en los hechos las líneas arriba planteadas.[8]

Es decir que el andamiaje oficial que se entrega, ni siquiera cuenta con ventajas estructurales de las que podamos partir para exigir mejores condiciones de vida y de trabajo. Es en el terreno de la lucha sindical, alternativa y global desde donde contamos con plataformas mínimas de lucha y acción, para enfrentar estos prospectos del neoliberalismo hacia las mujeres.

Las respuestas de las mujeres al modelo neoliberal

En México y en el mundo han ido creciendo las respuestas que se han planteado luchar en contra de todos los sistemas de opresión: económicos, políticos, sociales y culturales. Se han convocado miles de mujeres en el mundo a poner los ojos en nosotras mismas y en los problemas estructurales de toda índole que nos explotan, limitan, y nos manipulan, se ha desatado una fuerza hilvanada con finos hilos de oropel y banalidad, para mostrar la esencia y capacidad de la otra mitad de la humanidad, engañada y arrinconada por siglos, la fuerza de las mujeres.

Fuerza que emerge desde nosotras y va convocando maravillosamente a la reflexión colectiva de hombres y mujeres para reinventar el mundo para pintar el mundo también con nuestros colores, y a enriquecer así la vida con nuestro cielo.

Se han creado organismos solidarios, organismos no gubernamentales, y otros que han sido cooptados por el gobierno para darles un carácter oficial, pero sobre todo las trabajadoras a partir de los años 80’s en México y el mundo, nos lanzamos a la lucha sindical, con mayor noción de organización y, junto con las mujeres de las colonias populares y del campo, hemos venido articulando una fuerza solidaria, a veces casi invisible, pero que ha sido decisiva en muchos momento de la lucha popular del país.

Las respuestas al neoliberalismo nos han llevado a plantear, de nueva cuenta, la necesidad de luchar en contra de todos los sistemas de dominación, hemos visto la necesidad de cambiar todas las relaciones de explotación y de anulación de los seres humanos, en este sentido no queremos mujeres dominando a los hombres, no queremos hombres dominando a las mujeres, no queremos a las niñas y los niños dominados y anulados por los adultos, no queremos niñas y niños anulando a otros niños y niñas, no queremos hombres dominando a otros hombres, ni mujeres dominando a otras mujeres, queremos relaciones humanas basadas en la igualdad de oportunidades, sin explotación del hombre a la humanidad y a la naturaleza, relaciones basadas en el respeto absoluto a la vida, generando las condiciones necesarias para que todas y todos podamos vivir dignamente.

En México a partir de 1982, las trabajadoras comenzamos a responder organizadamente en contra de la política neoliberal, así lo demuestra nuestra participación en los movimientos: magisterial, universitario, telefonista, electricista, de seguridad social, (IMSS, ISSSTE, SSA, SARH) de transportistas (METRO) y otros.

En la conformación de diversas organizaciones independientes sindicales y de masas, en los últimos 20 años, en la generación y encabezamiento de movimientos sindicales de sectores no organizados, como las maquiladoras y las costureras, y de categorías ocupacionales específicas como las enfermeras, operadoras, sobrecargos, secretarias, cajeras, maestras, jubiladas y pensionadas, o como esposas de obreros.

También hemos ensayado y transitado, variadas formas de organización autónoma, y ejercido diversas protestas cívicas y políticas , que han transitado desde la desobediencia civil hasta el voto en contra del régimen.

Pero sin duda alguna que de los más significativo que hemos logrado realizar, aunque en ocasiones de manera embrionaria, han sido los Foros, Congresos y Encuentros, de las mujeres trabajadoras, dentro de los sindicatos, como entre diversos sindicatos, con los que hemos asumido la discusión de nuestros problemas específicos y de la política laboral como asuntos de nuestra incumbencia.

En 1995 se llevó a cabo el II Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras, donde se resolvió respecto a la política laboral, sindical, política y económicas del neoliberalismo, rechazando el modelo, y manifestando la decisión de luchar en contra de ello..[9]

 

 

Por una perspectiva de género antineoliberal.

 

 

Una vez que hemos entendido, que el capitalismo, bajo su modelo neoliberal, sí tiene políticas para explotar aún más a las mujeres, y que en contra parte, nosotras hemos ido resistiendo, confrontando y creando de diversas formas una respuesta ante esto, creemos que nuestra perspectiva de género nos hace entender:

1° Que en esta lucha no podemos lograrlo solas, necesitamos cambiar nuestra ideología más allá de lo que nos imaginamos, todas y todos, tenemos que entender que necesitamos reinventar al mundo, y abrir nuestra mente y deseos a lo alternativo, por eso consideramos que la lucha revolucionaria, la lucha por terminar con la explotación, no es un problema en contra de los hombres, y que nuestra especificidad no nos fracciona ni nos separa, al contrario nos nutre.

Nosotras vamos caminando junto con los hombres que luchan por la transformación del sistema, y además vamos invitando a los que no luchan para que se sumen a este proceso, poniendo especial énfasis en la invitación a las mujeres, de ahí que al reconocer nuestros problemas, tenemos mejores condiciones para identificarnos y saber invitarnos, para tendernos lazos solidarios que nos permitan a más mujeres incorporarnos a la lucha, y además, contribuir a que más hombres y mujeres se despojen de sus concepciones atrasadas, adquieran las ideas fundamentales de un trato equitativo entre los géneros, y no pocas y pocos compañeros, desarrollen aún más sus concepciones y convicciones revolucionarias.

2° Que queremos continuar con El camino de las mujeres que va recogiendo nuestras necesidades e inquietudes, al ritmo que lo podemos ir caminando, de tal suerte que nos sumemos más y más mujeres hasta ensancharlo a tal magnitud, que junto con otros caminos, conformemos el océano de la participación multitudinaria en contra del neoliberalismo y toda explotación.

3° Que la pasividad sindical, la indiferencia ante los problemas laborales, de género, sociales y políticos, enunciados como “virtudes femeninas”, no son más que un medio para fomentar relaciones de explotación y engrandecer, con esto, las líneas neoliberales de relaciones sociales, por lo que nuestra participación específica y consciente es indispensable.

4° Que la falta de democracia sindical en nuestro Sindicato, así como de una cultura de género y de participación política, ahondan las limitaciones del SNTE, que no le han permitido ser un instrumento al servicio de los intereses de las y los trabajadores de la educación, ni un defensor irrestricto de la educación pública, laica y gratuita en el país, por lo que la lucha por su democratización se torna también en una lucha de las mujeres trabajadoras de la educación.

5° Que la magnitud de la confrontación entre el capital y las y los trabajadores tiende a incrementarse en México y en el mundo, por lo que será indispensable entender nuestro papel como promotoras de ideas revolucionarias, en el interior de nuestra familia, la escuela, la comunidad, la delegación, la sección, el sindicato y todas las organizaciones sociales y políticas donde podamos incitar a la transformación, política, social, y económica de nuestro país.

6° Que este es un comienzo entre las trabajadoras de la educación, y que en el marco del desmembramiento de la educación pública y nuestras condiciones laborales, deberá convocarnos de nueva cuenta tantas veces como lo consideremos necesario, a reunirnos, estudiar, reflexionar y actuar, para elevar nuestro papel, como trabajadoras asalariadas, sindicalistas, como profesionistas y sobre todo, como mujeres con capacidad de decidir y actuar para cambiar las relaciones sociales de explotación.

 

Graciela Andrade García Peláez

Nereida Campos Velásquez

 

 

FRATERNALMENTE

 

“POR LA UNIDAD Y ORGANIZACIÓN DE LAS MUEJRES”

“POR LA EDUCACIÓN AL SERVICIO DEL PUEBLO

 

SECCIÓN XVIII DEL SNTE.

 

 

 

 

 

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[1] Loyden Sosa, Humbelina, Sexualidad e identidad femenina, en “Las mujeres en el movimiento social”, Ed. ITACA, Escuela Sindical de Base SITUAM, 1997, pp.26-33.

[2] Gargallo, Francesca, Mujeres y derechos humanos, en “Las mujeres en el movimiento social”, op. cit. pp.12-13.

[3] Para ampliar esta información ver: Andrade Graciela, El trabajo femenino, fuente de valor predilecto del neoliberalismo y las trabajadoras de Michoacán, ponencia presentada de la Sección XVIII del SNTE el 8 de marzo de 1999, en la Casa Hotel del Maestro, Morelia, Mich..

[4] Gargallo, Francesca, Mujeres y Derechos Humanos, en “Las mujeres en el movimiento social”, op. cit. p.12, y Rocha, Martha Eva, La organización obrera HIJAS DE ANÁHUAC, en Trabajo y Democracia hoy, op. cit. p.11.

[5] Torres, Nina, Las sindicalistas del SITUAM contra el hostigamiento sexual, en Trabajo y Democracia hoy, No. 41 especial, Año 7, México, D.F. nov.-dic. 1997. p.133. Vale la pena señalar parte de la cláusula quincuagésima quinta de su CCT referente al hostigamiento sexual: “El sindicato y la Universidad acuerdan generar, promover e implementar un programa de educación sexual para los trabajadores, orientando a prevenir el acoso y hostigamiento sexual, fomentar el respeto a la persona en el lugar de trabajo y promover las relaciones afectivas plenas....”

[6] Solis de Alba, Ana Alicia, “Contenidos materiales y éticos de la política laboral sexista”, en Mujeres, Género y Desarrollo, UMSNH, EMAS, CEMIF, AUCH, CIDEM, Michoacán, México, 1998.pp133-151.

[7] Solis de Alba, opo, cit. p.143.

[8] EZPL, “Decreto por el que se aprueba el Programa Nacional de la Mujer 1995-2000”, en Diario Oficial de la Federación, México, 21 de agosto de 1996, pp, 34-48.

[9] Solis de Alba, Ana Alicia, op. cit. pp. 36-38.

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