Eduardo Ver�stegui, devoto de la informalidad
Odia mirarse al espejo: s�lo lo hace cuando se peina. No cambia los jeans y las botas vaqueras por nada, no le da pena decir que compra zapatos de segunda, y en cuesti�n de mujeres dice que ya le pas� el tiempo en que le gustaban las chicas de mostrar.

Ser caribonito no basta para que le abran de par en par todas las puertas. Al menos a Eduardo Ver�stegui, el hijo mayor de una familia de agricultores de un ingenio azucarero en Xicot�ncatl, M�xico, no le funcion�. No fueron pocas las veces que en M�xico le lanzaron la puerta en la cara y no le dieron ni idea de los demos que dejaba en las casas disqueras. A duras penas la imponente presencia de este ojiazul le alcanzaba para pasar el casting en una que otra agencia de modelaje o hacer de mesero, oficios con los que se cuadraba para el arriendo y la comida del mes.
Cansado de eso viaj� a Miami, la capital del exilio, y la situaci�n no fue muy diferente. "No nos digamos mentiras: las disqueras, con la crisis actual y el descenso en las ventas de discos en el mundo, lo piensan mil veces antes de firmar con un cantante principiante". Y eso que Eduardo ya ten�a un camino recorrido, pues a�os atr�s se hab�a estrenado con la agrupaci�n Cairo.

Una �poca imborrable, pues fue la primera oportunidad de probarle a su familia que ten�a madera de artista. "Recuerdo que cuando mi padre se dio cuenta de que perd� el segundo semestre de Derecho por inasistencia �ten�a 17 a�os�, aprovech� su enojo para empacar maletas y partir rumbo a M�xico". Al poco tiempo estaba en Egipto grabando sus primeros videos musicales con la agrupaci�n.

Pero a Pepe, como lo llaman en la casa, la suerte no le sonri� mucho tiempo despu�s cuando decidi� instalarse en Miami. Ese paso le signific� bajarse de la cima de la fama que hab�a alcanzado tras su participaci�n en El Cairo y la serie de telenovelas mexicanas de las que hizo parte. Las sopas baratas y enlatadas, el at�n y las largas caminatas hacia la lavander�a p�blica de 'La capital del sol' se convirtieron en el pan de cada d�a. Hasta que conoci� a los colombianos Est�fano, Fern�n Mart�nez y el cubano Donato. La diosa fortuna se le apareci�. El resultado despu�s de ocho meses de trabajo: Eduardo Ver�stegui, su primer disco como solista. Un �lbum cargado de baladas y boleros muy rom�nticos .

Muy al estilo de este tauriano, terco y sensitivo que a sus 27 a�os lleva la cuenta exacta del batall�n de novias que ha tenido. �Quince! �La �ltima, la actriz Araceli Ar�mbula�. Por fortuna, dice, gracias a la madurez que dan los a�os ya no es tan fr�volo. Ya no le llaman la atenci�n las 'g�eritas chulas' y vac�as. "Eso fue en la adolescencia, cuando buscaba una mujer para mostrar. Yo me dec�a: 'Si no habla, mucho mejor'. Y conoc� mujeres guapas pero muy brutas". Ahora, aun cuando est� solo, su esp�ritu sigue siendo igual de noviero; claro que despu�s de ese primer flechazo exige, y por eso aspira a descubrir en su pareja a una mujer inteligente, divertida, con ambiciones y claros deseos de superaci�n.
Con los mismos o m�s deseos de superaci�n que �l; con la misma terquedad para ir tras de lo que quiere, as� le toque luchar a rega�adientes contra lo que m�s lo asusta: los aviones. "Es a lo que m�s le temo en la vida y por lo que m�s sustos he tenido, pero aguanto todo con tal de ser cantante", dice.

En la lucha con ese monstruoso miedo mucho le ha ayudado su fe en Dios. S�, Eduardo, como pocos, confiesa que es camandulero, de esos que van a misa todos los domingos, leen la Biblia todos los d�as y rezan el rosario. Es m�s, en su visita rel�mpago a Colombia aprovech� antes de salir hacia el aeropuerto para visitar el Santuario de Monserrate, que no conoc�a. Y es que seg�n �l, su ascenso en el canto es un testimonio de que la fe mueve monta�as, como las que se movieron cuando �l luego de hacer una promesa logr� firmar contrato con Universal.

Y como hombre de palabra que se respete, cumpli� su promesa de ir al Vaticano y pasar debajo de la Puerta Santa con su contrato firmado en mano y las maquetas de las canciones listas. De su verdadero gusto por la moda, su fobia al espejo y lo que le apasiona de las mujeres, Eduardo nos habl� m�s:
�Esclavo o enemigo de la moda?
Ni lo uno ni lo otro. Me gusta vestirme bien cuando me toca, de lo contrario permanezco en jeans, camiseta y botas vaqueras. No soy un hombre de marcas y grandes almacenes porque me parece muy pretensioso y yo soy m�s introvertido. Es m�s, si consigo ropa sin marca, mucho mejor, as� no tendr�a que ir 'rotulado' a toda parte.


�Qu� tan vanidoso es?
Nada vanidoso. Soy un ser extra�o porque no me gusta verme al espejo y al gimnasio voy para mantener los m�sculos, pues soy de constituci�n bastante delgada.


�Tres prendas b�sicas en su ropero?
En realidad tengo cuatro: boxers, jeans, camisetas y, por supuesto, ahora estoy superengomado con las botas.


�Un accesorio infaltable?
El rosario, que para m� es m�s que un accesorio. Me lo regal� mi madre hace poco cuando perd� el que me dio mi abuela. Mi madre me lo colg� al cuello y desde entonces no me lo quito. Ella lo hizo para que no tuviera excusas para no rezar.


�Cu�l es la prenda que lo hace ver m�s sexy?
Los jeans ajustados, pero no demasiado porque se ven muy mal.


�Y en una mujer?
Sin duda los jeans bien apretados, y si son descaderados, mejor. Me gusta que se les vea todo muy ajustado.
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