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¿Qué es la filosofía y para qué sirve?

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Usualmente, se cree que es una ocupación de personas ociosas y que sólo es posible dedicarse a ella cuando se dispone de gran cantidad de tiempo libre. Desdichadamente, los filósofos griegos, contribuyeron notablemente a crear esta imagen, argumentando que él filosofa debe buscar el saber solamente por el saber, sin pretender ningún provecho en esta ocupación. Comparaban al filosofo con un espectador del quehacer humano que disfrutaba con esta contemplación, con el placer que le producía. Es así como muchas veces se compara a la filosofía con las Bellas Artes, ya que escuchamos música, contemplamos obras de artes o asistimos a una representación de ballet por el goce que de estos derivamos y no por otras razones. Se sostiene que las artes y la filosofía poseen gran mérito porque no se extrae utilidad de ellas y pueden amarse y gozare por sí mismas.

Según estas descripciones, pareciera en realidad un pasatiempo de ociosos, o de personas que desearan satisfacer su curiosidad sobre diversos asuntos por medio de interminables elucraciones intelectuales.

Desconocemos como se verifico el escamoteo de los auténticos valores de la filosofía, ya que, en realidad, su genuino propósito es de índole practica y de tal trascendencia como para encabezar en orden de importancia el listado de las actividades humanas. Todo lo que se conoce vulgarmente de filosofía se refiere a una ideología "muerta", es decir, a conceptos literalmente expuestos por lo general por hombres difuntos desde tiempos lejanos. Tampoco sabemos lo que realmente querían decir, ya que es imposible que el mensaje que deseaban transmitir necesitara ser decodificado para entregar su verdadera esencia. Puede ser que aquellos conceptos que conocemos encubrieran un ser más profundo, reservando únicamente a los iniciados en un sistema críptico, que permitiera llegar hasta las profundidades del lenguaje filosófico.

Creemos responsablemente que es una aberración y una ofensa para la "auténtica filosofía" el proclamar que se carece de utilidad practica, ya que es "un individuo". Esto se refiere lógicamente a las ideologías genuinas y no a esos sistemas espurios que sólo conduce a presunciones o extravíos.

Lo primero que queremos establecer es él echo de la posibilidad de rechazar la filosofía, ya que hay personas, calvez una gran mayoría, que sostienen que jamás perderían su tiempo filosofando en un mundo tan practico como éste en que vivimos.

Los que dicen esto no han pensado lo suficiente en el problema, ya que todos los seres humanos filosofan de manera inconsciente; en realidad, no existe nadie que no lo haga. En el efecto, todas las expresiones del individuo, aun las más vulgares, egoístas o cínicas, involucran una presunción acerca del ser humano, la vida, la naturaleza, el universo o la divinidad. Si un sujeto dice que no cree en nada; por ejemplo, ésta es su propia filosofía; si otro manifiesta no creer en la filosofía, esto mismo, constituye lo que él niega.

La elección que se plantea al ser humano no es la de aceptarla o rechazarla, ya que todos somos filósofos obligados desde el momento que tenemos una inteligencia racional. El dilema real consiste en reflexionar mediocre o pobremente, como un aficionado, o hacerlo como un "profesional".

Para aclarar esta alternativa, es preciso conocer el verdadero propósito del hermetismo, y que es, en este caso, el llevar la inteligencia humana al más alto desarrollo posible, pero no dentro de los cánones habituales, sino que abarcando también en esta evolución a la conciencia y el espíritu del individuo. Se pretende que éste se convierta en una identidad que, mediante una mutación, llegue al pináculo de las posibilidades evolutivas de la especie, transformándose en un sujeto poseedor de una inteligencia vigilica y consciente, dueño de un altísimo nivel de conciencia, lo que involucra espiritualidad, hominalidad superior y verdadera sabiduría.

El sujeto de inteligencia común es solamente "intelectual" y como tal, programado. El mutante llega a desarrollar una inteligencia desprogramada e integral.

Ahora bien, ¿para qué sirve entonces la filosofía hermética? Para llevar al hombre al mas alto desarrollo posible de su inteligencia, espiritualidad y conciencia.

Desde el momento en que comprendemos que nuestra inteligencia es el timón absoluto de nuestras vidas (o debiera serlo), se hace evidente la inmensa importancia de ser un experimentado piloto de la nave de la propia vida. ¿Acaso puede haber algo más valioso y práctico que esto? ¿Existe otra actividad que pueda tener prioridad sobre esta? Debemos convenir obligatoriamente en que no, ya que cualquiera cosa que deseamos obtener de la vida debemos lograrla dirigiendo nuestra existencia en la dirección apropiada. Esta facultad es la que depende del "timón", es decir, nuestra inteligencia superior, que defiere considerablemente de la vulgar. Es preciso señalar que no pretendemos desarrollar la inteligencia del genio, ya que, según nuestro concepto, éste no rebasa él limite común; solamente es un intelecto muy desarrollado. La inteligencia superior no se basa en un extraordinario desarrollo del intelecto, sino en la obtención de una conciencia vigilica intensificada, requisito previo para llegar a formar la inteligencia integral y alcanzar la sabiduría.

El genio es un seminario, ya que solo conoce sobre su especialidad y temas afines, pero ignora todo lo relacionado con la existencia de una ciencia estelar; Desconoce el contexto general, cósmico y terrestre en el que esta inserto su saber.

El hermetismo no busca conocimientos fragmentarios o superficiales, sino que pretende alcanzar una enseñanza universalmente valida que mantenga su vigencia en cualquier espacio y tiempo. Esta sabiduría no puede ser "aprendida", tal como se hace con el saber común, sino que es preciso destilarla del crisol de la experiencia material. El hermetismo no puede ser un sabio de "escritorio"; Tiene que vivir prácticamente todo aquello que conoce.

 

Se hace necesario advertir que es preciso separar cuidadosamente la experiencia filosófica de la revelación religiosa, ya que estas ultimas creencias se basan únicamente en la supuesta veracidad de un mensaje divino, mientras que el hermetismo tiene base científica y racional, aun cuando no sea posible llegar a su conocimiento en los estados habituales de conciencia. No existe nada dentro del panorama hermético que pueda entrar en conflicto con la razón; por el contrario, sin ella nada puede lograr. No obstante, la búsqueda de Dios es el objetivo primordial de la practica hermética, ya que, al pretender encontrarse a sí mismo, sólo se desea llegar a la fuente que nos ha emanado. Sin embargo, este viaje hacia la divinidad debemos, hacerlo en brazos de la inteligencia superior y no de la fe o del dogmatismo. Al buscar al creador solamente manifestamos nuestra secreta e incontenible ansia por conocer a nuestro padre. Somos hijos de padre desconocido, y mientras no lleguemos a la fuente de nuestro origen desconoceremos nuestro real linaje y condición. Este progenitor está en nuestro mundo bajo la forma de aquella emanación llamada "chispa divina". No se piense que nuestro mundo interior está limitado al pequeño espacio de lo que abarca nuestra existencia psíquica, ya que, según dice la sabiduría hermética, el microcosmos (el hombre) es similar al macrocosmos (el universo). De este modo, el espacio interno de una persona puede ser tan vasto como la inmensidad del universo. En un lugar del microcosmos mora él creador, emanado en nuestra propia chispa divina, y si actuamos consiénteme podremos llegar a unirnos a él. Sin embargo, la mayoría de los seres humanos no parecen estar interesados en encontrarse a sí mismos y conocer si origen, sino que dirigen su mayor esfuerzo hacia la conquista del placer y la comodidad, lo ignorando que esto sacrifican la dicha eterna por el placer fugaz. Se cree, erróneamente, que el ser humano existe para ser feliz, disfruta del placer y hacer lo que se le antoje, sin obligaciones espirituales de ninguna especie. Se considera, en otras palabras, que la vida es un don divino que no requiere compensación de ninguna clase. Es así como cada uno trata de obtener un gran trozo de "la torta de la vida", sin importarle lo que pueda acontecer después. La creencia popular sostiene que "hay que disfrutar mientras se pueda", y en este alegre despilfarro el individuo desperdicia los mejores años de su vida, encontrándose posteriormente con la horrenda convicción de no haber realizado nada importante o trascendental. El jolgorio ha terminado y solo cabe esperar la misericordia de la muerte, creyendo quizá que representa la solución final.

Los sabios hermetistas afirman que la vida tiene un propósito trascendental que rebasa la simple evolución ciega de la materia y, que éste consiste en poder aprovechar las experiencias cotidianas extrayendo de ellas una lección y enseñanza que incremente la propia conciencia y permita evolucionar espiritualmente. El mundo es un colegio y no una casa de placer; la existencia terrenal sólo es la preparación para el examen ulterior a la muerte. Las materias que se estudian en la escuela de la vida son las mismas para todos los seres humanos, pero los resultados son muy pobres y desiguales. Se estudia el arte de vivir con todo lo que esto implica: deberes para consigo mismo, la gente, el mundo, la familia, el país de origen; las obligaciones con la divinidad y la naturaleza; conocimiento del bien y el mal; aprender a amar, a responsabilizarse de los propios actos, a ver más allá de las apariencias, a hacer algo por el mundo, a respetar y amar a la naturaleza y a toda criatura viviente, a dominarse a sí mismo y, finalmente, a comprender que se esta en un colegio con profesores invisibles y que el real propósito de la vida es el de perfeccionarse espiritualmente.

Los que yerran el camino y convierten el "aula magna" de la vida en un campo de batallas, diversiones o en un simple mercado de ilusiones, deben repetir curso indefinidamente, recibiendo sanciones progresivamente más duras por su irresponsabilidad.

Los "recreos" o intervalos de descanso están determinados por la muerte, y la "reencarnación" es el mecanismo de premio o castigo, a la vez que el medio de continuar ascendiendo (o retrocediendo). Todos somos alumnos de la escuela de la vida, y éste es el propósito que motivó al Creador en su emanación vital: la evolución del universo a través del progreso del ser humano. Somos los obreros de Dios y no los invitados a un festín versallesco, como muchos parecen creer.

La escuela de la vida puede capacitarnos también para tener acceso a otros niveles de participación más elevados en el desarrollo del plan evolutivo universal, y éstos se refieren a la posibilidad de alcanzar la categoría de lideres, como premio a nuestro progreso. Esta forma de colaboración no se efectúa en el ámbito de la dirección de las multitudes, sino que dentro de la actividad evolutiva espiritual del Creador; es decir, el alumno puede llegar a ser ayudante o profesor, pero siempre será pupilo de otros más avanzados. Es así como funciona esta escuela de la vida, cuyas reglas son obligatorias y no opcionales. Del propio individuo depende él comportares como un estudiante irresponsable e inconsciente o convertirse deliberadamente en un pupilo plenamente consciente y colaborador.

Este colegio nos ofrece múltiples posibilidades para acrecentar nuestra conciencia superior; infinita variedad de lecciones se imparten a través de igual cantidad de ejemplos prácticos, ya que ninguna situación puede faltar del plan de enseñanza.

Algunas culturas, que han tenido grandes conocimientos esotéricos, han poseído la convicción de que la vida es una escuela, y ese motivo por el que han concedido tanta importancia a la muerte. Los egipcios veían en ella el momento del exclamen final, después de haber estudiado arduamente durante el transcurso de la vida. De este modo, las acciones y conocimientos obtenidos por el sujeto en la vida determinan su existencia futura al decidir que cursos o materias deberá experimentar próximamente.

Cuando hablamos de "conocimiento obtenido" no nos referimos, por cierto, al saber científico, ya que éste no posee mérito espiritual alguno, a no ser que vaya acompañado de real sabiduría, la que debe versar siempre sobre el arte de vivir, ya que somos gigantes intelectuales, pero bebés en el mundo de la conciencia.

El más elemental sentido común nos muestra, al reflexionar en este asunto, que se ha trastocado por completo el plan evolutivo del "homo sapiens", ya que el aprendizaje del arte de vivir, absolutamente ignorado, debe ser previo al saber científico y técnico. Los grandes problemas del ser humano se originan en su absoluto desconocimiento del arte de vivir. La situación del hombre es similar a lo que sucedería en un jardín infantil donde se dejaran tiradas armas de fuego, explosivos, frascos con veneno, aparatos peligrosos o susceptibles de provocar daño o perturbación al ser inconscientemente manejados. De manera equivalente, el ser humano se siente muy orgulloso de su arsenal de juguetes, tales como la energía nuclear, los mísiles, el rayo láser, los satélites artificiales y otros artilugios, pero al divertirse con ellos arriesga la destrucción del planeta.

El hombre ha equivocado por completo su camino, y si no lo rectifica prontamente recibirá la más fuerte reacción punitiva por parte de la naturaleza. Antes esta alternativa sólo cabria corregir el rumbo de la especie, en orden a que la gente dirigiera sus vidas conscientemente y no por arbitro de sus pasiones inferiores. Este es el motivo por el que la puerta de entrada al camino hermético permanece abierta con el fin de que puedan traspasaras los que, habiendo adquirido ya cierto grado de conciencia, experimenten el deseo de superación espiritual para llegar a salvarse a sí mismos y convertiste también en "faros" de la humanidad; señalizares del camino correcto. Al final los espera la inmortalidad espiritual, no bajo la forma de una abstracción mística o religiosa, sino como un hecho científico y natural, anterior y posterior a la muerte corporal.

La finalidad que guía a la filosofía hermética es la de otorgar al individuo la oportunidad de que ingrese a los estudios superiores de la vida, universidad donde puede realizar una practica acelerada que le permita obtener prontamente la sabiduría que los que se encuentran a si mismos.

Pierden el tiempo, lamentablemente, los que dedican su completo esfuerzo a la búsqueda del placer sensual y material, ya que deberán repetir de curso incontables veces, privándose de conocer una realidad infinitamente superior a aquellas en la que viven en este instante.

El placer y la comodidad carecen de permanencia y valor trascendental, motivo por el que aportan al sujeto nada mas que un elemento de estimulación de las zonas cerebrales correspondientes, sin que este consiga lograr nada que pueda enriquecer su inteligencia, conciencia o calidad humana. Invertir el producto del trabajo cotidiano en comprar placer es muy mal negocio, ya que equivale a pagar por nada, adquiriendo solamente ilusiones. No es posible apoderarse del goce para acrecentar un fondo que represente un producto valioso, susceptible de ser aprovechado para algún logro valioso, susceptible de ser aprovechado para algún logro importante. El placer es solo alimento, pero no algo que pueda capitalizarse; ayuda a subsistir pero no a crecer. Esta es la real situación de los adoradores del placer, subsisten pero no se desarrollan ni consiguen metas superiores; solamente pagan por estimulación de los centros cerebrales del placer.

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