GACETA DEL CHARRO

Gritos y susurros

Germán Dehesa

17 Sep. 07

Para cerrar floridamente una semana llena de explosiones, actos terroristas, inundaciones, sabrosos pugilatos entre los jilgueros de lujo al servicio de los medios electrónicos y los senadores, más el gasolinazo y las reformas; con todo y esto, el calendario patriótico y la agenda oficial todavía nos tenían preparada la ceremonia del Grito que, como ya es costumbre, también se volvió motivo de jaloneos, negociaciones, alardes de poder y retobos de todo tipo. Todo mundo sabíamos que iba a haber Grito, pero no sabíamos cuántos, ni en dónde. La siempre fértil imaginación nacional aprovechó las múltiples declaraciones sesgadas del Gobierno y de la Oposición y se puso a fantasear con la posibilidad de que el Zócalo se cubriera de gritos ininterrumpidos. Ante este panorama, su Charro Negro decidió hacer lo que lleva muchos años haciendo: pasar el Grito en medio de una fiesta y en compañía de los amigos.

La noche que va del 15 al 16 de septiembre, la pasé en "La Planta de Luz" acompañado por gente amabilísima. Se trataba del estreno mundial de "Felipeus", un pequeño juego satírico que, en esta ocasión del estreno, llevó como contrapunto la música y la privilegiada voz de una chica dulce e inteligente llamada Iraida Noriega. Muchos amigos me habían pronosticado que ni aquí, ni al Zócalo iba a ir nadie. Había mucho miedo acumulado y había lluvia y todo parecía estar dado para que la gente permaneciera en sus hogares y, si acaso, siguiera por la televisión lo que ocurriría en nuestra Plaza Mayor. Como suele suceder, los que tienen alma de buitre no conocen, no miden la capacidad pachanguera del mexicano medio. El Zócalo se llenó de manera espectacular y algo semejante sucedió con La Planta de Luz. Así las cosas, tuve que vivir durante algunas horas con la atención repartida para muchos lados. Había que estrenar la obra, había que darle pie a la cantante, había que estar muy atento para detenerlo todo antes de las once de modo que pudiera bajar una pantalla y todos pudiéramos dar el Grito. Todo eso hicimos y lo hicimos exitosamente. La gente, supongo, estuvo muy contenta y los de arriba del escenario terminamos como quelite hervido con la friega que nos pusimos.

Hoy domingo comienzo a recuperar fuerzas. El triunfo de los Pumas me ha ayudado bastante. Por lo demás, leo en el periódico la noticia de que todo transcurrió en paz y que sólo hubo tres gritos: uno en Oaxaca, otro en el sub-zócalo y otro en el balcón del Palacio Presidencial.

En Oaxaca, el Grito se lo aventó AMLO y fue algo muy similar a la marcha de México a través de los siglos. Un megarrollo. AMLO le echó vivas a todos y a todo lo que le cae bien. Por ahí, como no queriendo, pidió un viva para el Gral. Lázaro Cárdenas del Río, como para que se sintiera que AMLO sigue muy vinculado con esa familia a la que todo indica que traicionó.

Doña Rosario pasó de noche y su grito tuvo mucho menos fuerza que las miles de pancartas a favor de AMLO que circulaban por el Zócalo.

El balcón de Palacio estaba mal iluminado. Demasiada penumbra. En cambio, Felipe estuvo impecable. No se metió en líos y pronunció las fórmulas rituales con voz clara y firme. Creo que ha sido el momento de más intensa cercanía entre este Presidente y los ciudadanos. Todo mundo se mantuvo firme y al interior del balcón yo no percibí ningún desfiguro de los que tanto disfrutaba la siempre mal recordada doña Marta.

Allá y acá cantamos todos el Himno y todos, yo espero, nos volvíamos a enamorar de la suave patria. Que así sea.

¿Qué tal durmió? MCXXXI (1131)

Jimmy Peña Neutrón Nieto dice que él ni loco se metería a una conspiración, máxime ahora que sabe del rendido amor de la Chapoy.

 

GACETA DEL CHARRO
¡Ahí viene el lobo!
Germán Dehesa
12 Sep. 07

Este rumor, esta ansiedad, este calambre manifestaba la buena sociedad capitalina el pasado lunes 10 de septiembre. Se referían, claro está, a la visita relámpago que AMLO haría a San Lázaro este martes muy tempranito. He de confesar que aquí comienzan las insalvables diferencias que tengo con el mesías tabasqueño. A la hora en la que él está electrizando a las masas y convirtiendo a todos en piguas, mi organismo apenas está comenzando los preparativos para despertar.

Según he investigado con posterioridad, todas las cosas terribles que pronosticaron las buenas conciencias no ocurrieron. San Lázaro está en pie, no digo que trabajando porque no es lo suyo, pero sí en sus normales grillas. Los diputados y senadores, tan lindos ellos, que acaban de pedir un sustancial aumento, resultaron los más afectados por la visita del lobo feroz. Andrés Manuel, ya se sabe, tiene muy puesto el discurso del fraude, del Presidente espurio y de los llamados a la resistencia civil pacífica. Estos son sus platos fuertes y con paleros como González Garza (el Miss Clairol) tienen siempre mucho éxito.

En su visita de hoy martes, AMLITO se animó a probar otros temas y se arrancó contra la posible alza de la gasolina. Vociferaba como loco (¿pues cómo iba a vociferar?) y decía que esa medida iba a servir para un puritito demonio y que era una manera más de golpear al pueblo (siempre está cuidando y salvando al pueblo). Según AMLO, el dinero que se obtendría con este aumento, se conseguiría de modo más fácil e incruento mediante el sencillísimo expediente de reducir a la mitad los salarios y prestaciones de los legisladores. ¿Se imaginan los gemidos que se oyeron en San Lázaro? Hubo varios intentos de suicidio y un panista quería ametrallar al prócer sureño por andar proponiendo medidas tan lesivas.

Creo, como diría algún cronista de futbol de esos muy cursis, que AMLITO no estuvo fino con esta jugada de guillotinarles media cabeza a nuestros legisladores. Estoy seguro de que en corto cada legislador le va a decir al invitado: oyes, con la comida no se juega. No me imagino a ninguno, ni aunque sea de su partido, diciéndole: oyes, aquí te traigo un cheque por la mitad del primer semestre de este año, en cuanto pueda, me pongo al día. Como se verá, los legisladores fueron los únicos damnificados de esta jornada. Luego AMLO se fue, no dijo si regresaría, tampoco dijo a qué iba, ni nada. De este modo tan anticlimático concluyó el que muchos sacatones imaginaron que sería un espantoso acontecimiento.

Hacia la una de la tarde, su Charro Negro ya se había impuesto de toda esta información y respiró tranquilo, aunque bien está decir que nunca pensó que ocurriría lo que tantos profetizaban.

Ahora estoy trepado en un avión que me llevará, eso espero, a La Paz, Baja California. Me dicen los meteorólogos que allá en La Paz, la temperatura oscila entre 35 y 40 grados.
El síndrome del hornazo mexicaleño se cierne sobre mí. Con todo y todo, prefiero eso a las húmedas frialdades que hoy reinan en la Capital. Otro problema: hace muchos, muchos años, mi papá, antes de ocupar tan alta magistratura, vivió un buen tiempo en La Paz. Mi infancia me trae recuerdos de que, según mi mamá, mi papá pecó arduamente en estas latitudes y con exactitud nadie sabe si hubo frutos del pecado. Vengo preparado para todo. Si me aparece un fruto, le voy a pedir que me ayude a pagar el cuentón de Ángeles del Pedregal. A ver si deveras es mi hermano. Ya les contaré y les platicaré cómo se ve México desde este rinconcito paceño.

DEDICATORIA

A la salud de una compañera de viaje recién conocida, Ramona Aguiar, estos renglones están dedicados a San José de Comondú, pueblito prócer que tengo el gusto de conocer.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MCXXVIII (1128)
ARTURO MONTIEL ROJAS.

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