Domingo 5 de marzo del 2006.

EJE CENTRAL

Cristina Pacheco

El porvenir de las tienditas

En Filomeno Mata 18 se encuentra Regalos y Tabacos. El establecimiento, que abri� sus puertas en 1947, mide cinco metros de frente y 10 de profundidad. La penumbra y las gradas de una escalera que ya no conduce a parte alguna contribuyen a darle el aspecto de un escenario donde s�lo quedan restos de utiler�a: un mostrador, anaqueles con pastelitos y frituras, vitrinas con cajas de puros y, en el aparador, una pipa que se calienta al sol.

En este teatro del M�xico de 2006 hay un solo personaje: Angelina Garc�a. Peque�ita, serena, inteligente, habla en tono firme. Su mon�logo es interrumpido con frecuencia por los compradores de todo y de nada. Sus voces juntas entonan el coro de la prisa y la necesidad de enga�ar el hambre antes de volver al trabajo.

Llega al establecimiento un se�or con sombrero y portafolios. Da un vistazo a los anaqueles y sonriendo pide un "s�ndwich de tres pasos". Angelina se disculpa por no vender ese producto y m�s por no conocerlo. El hombre r�e con expresi�n infantil: "�Tampoco ha probado esos s�ndwiches? �Qu� bueno! �Sabe por qu� se llaman as�? Porque despu�s de darles la primera mordida uno apenas da tres pasos y cae muerto". Entusiasmado por la reacci�n que nos caus� su broma, elige un cuernito con jam�n, paga y sale.

Angelina observa a su cliente mientras se aleja de Regalos y Tabacos balanceando el portafolios con aire desenfadado: "L�stima que los peque�os comercios se est�n acabando. Tienen muchas ventajas, entre otras permiten la convivencia. Es muy agradable entablar una conversaci�n, hacer bromas. Esos momentos son gratificantes y m�s en estos tiempos, cuando todo el mundo anda temeroso por la inseguridad y angustiado por la situaci�n econ�mica".

Ayer y hoy

El 19 de noviembre de 1981 Angelina Garc�a comenz� a trabajar en Regalos y Tabacos: "Ese d�a cay� en s�bado. La tienda era preciosa. La vitrina del lado derecho estaba llena de juguetes y mu�ecos de todos los materiales: desde porcelana hasta peluche. En la vitrina del lado izquierdo exhib�amos cigarros, pipas, latas de tabaco, cajas de puros cubanos finos -Partagaz y Montecristo- y tambi�n mexicanos, porque los de Veracruz son muy buenos. Adem�s, ten�amos un amplio surtido de pastillas y caramelos: el fumador siempre los compra para refrescarse el aliento".

En su primer d�a de trabajo atendi� a muchos clientes y uno solo de ellos hizo un consumo de 49 pesos: "En estos tiempos nadie me hace una compra por esa cantidad. Para alcanzar esa cifra tengo que vender muchas paletas, refrescos, agua y lo dem�s que tenemos aqu�. Aquel 19 de noviembre me sent� feliz, como si hubiera alcanzado un logro muy importante. En realidad as� fue, porque no conoc�a este ramo del comercio".

Originaria de Guadalajara, Angelina trabaj� en una l�nea de transportes hasta 1959: "Entonces me cas� y me dediqu� a mi familia. Todo iba bien, pero por desgracia mi esposo muri� de un infarto en el 81. Qued� viuda con cuatro hijos y una pensi�n de 2 mil 500 pesos que apenas me alcanzaba para la renta.

"Ten�a que buscar la forma de cubrir los otros gastos: comida, transporte, agua, luz, gas, ropa, medicinas. Me pasaba las horas pensando en qu� har�a para sacar adelante a mis hijos. La soluci�n me lleg� por donde menos lo esperaba. Una vecina se enter� de la muerte de mi esposo y a la hora en que coincidimos en el supermercado me pregunt� qu� proyectos ten�a. Trabajar en lo que pueda, porque no es momento de quedarme con los brazos cruzados, respond�. Me dijo que su sobrino Fernando trabajaba con la due�a de una tabaquer�a y que como era propietaria de muchos otros negocios siempre estaba necesitando personal.

"No pens� que la intervenci�n de mi amiga fuera a tener buenos resultados. Me equivoqu�; Fernando, sin conocerme, me recomend� con la due�a de Regalos y Tabacos. Ella enseguida me contrat� como ayudante de la cajera. Acept� encantada y a la ma�ana siguiente me present� aqu�.

"Mi compa�era me dijo que, mientras aprend�a, me dedicara a envolver los regalos. No tuve un minutos de descanso porque llegaban clientes a toda hora, en especial al mediod�a, y por eso ni tiempo tuvimos para comer. El hecho de estar siempre tan ocupada no se me hac�a gravoso; por el contrario, me gustaba estar en una calle animad�sima con un comercio muy variado: en la esquina con 5 de Mayo estaba la joyer�a Romay, despu�s el restaurante La Antequera, enfrente uno vegetariano, cerca El Pavito, donde preparaban unas tortas muy buenas, luego la papeler�a y nosotros."

En el recuerdo de Angelina, la calle de Filomeno Mata semejaba una colmena: "La actividad no se ve�a nada m�s en los comercios que dan a la calle. En los edificios de enfrente los segundos pisos estaban ocupados por toda clase de talleres. Hab�a muchos trabajadores que eran clientes. Entre ellos y la gente que pasaba todos ten�amos buenas ventas. L�stima que ya no sea as�".

Los que pagan el progreso

A lo largo de 25 a�os Angelina Garc�a ha seguido el proceso de una destrucci�n que afecta sobre todo a los peque�os comerciantes y da�a la convivencia en la ciudad: "De los antiguos comercios de Filomeno Mata s�lo quedan la papeler�a y nosotros; los dem�s desaparecieron o cambiaron de giro. Los nuevos comerciantes que se establecieron aqu� tambi�n fracasaron. Los talleres cerraron y los segundos pisos llevan meses vac�os. Esta calle, tan animada en otro tiempo, se ha ido aquietando. Con todo y que ahora est� muy bonita, hay veces en que no pasa nadie".

Angelina explica con toda claridad las causas de esta crisis al parecer sin salida: "En primer lugar, el aumento arbitrario y desmedido de las rentas. Por este localito estamos pagando 15 mil 272 pesos mensuales, m�s los gastos de mantenimiento, porque los due�os -una instituci�n de beneficencia propietaria de toda la cuadra- no quieren invertir ni un solo centavo. A los comerciantes que est�n en Madero les va peor: por un localito les piden hasta 58 mil pesos mensuales. Con las ventas tan bajas, �qui�n puede pagar esos alquileres?

"Si nuestras ventas son raqu�ticas se debe a que las personas ya no vienen de compras al centro. Temen la inseguridad -toco madera de que a nosotros no nos haya afectado-, las marchas y los plantones. Otra cosa que nos afecta terriblemente es el comercio ambulante. Comprendo que la situaci�n econ�mica lleve a las personas que no encuentran empleo a vender en la calle, pero eso no justifica el desorden y la competencia desleal. No estoy pidiendo que los quiten, s�lo que los convenzan de vender productos distintos a los que tenemos en los comercios establecidos. Ese principio se respetaba en lo que llam�bamos la manzana de oro: del Eje Centro al Z�calo y de Donceles a Uruguay."

Los seven eleven del apocalipsis

La dificultad de los peque�os comercios para sobrevivir se ha vuelto intolerable desde que aparecieron las llamadas en spanglish "tiendas de conveniencia".

"Los Oxo y los Seven Eleven est�n por todas partes: Madero, Isabel La Cat�lica, Bol�var, 16 de Septiembre, 5 de Mayo. Trabajan las 24 horas. Venden cigarros, refrescos y aguas, lo mismo que nosotros, pero adem�s tienen otra mercanc�a. Como las adquieren en grandes vol�menes los proveedores les dan buenos descuentos y plazos para pagarles de 30, 60 y 90 d�as.

"Nosotros no tenemos esas facilidades. Como les compramos poco, los proveedores no nos dan plazos: tenemos que pagarles al recibir el pedido. Antes ten�amos la ventaja de no pagar el IVA sobre la venta de cigarros y refrescos, pero a partir de 1992 nosotros tenemos que cubrir ese impuesto como si fu�ramos comerciantes en grande."

Ante esta ofensiva de tantos ej�rcitos enemigos, los peque�os comercios no tardar�n en desaparecer: "Y lo lamentar� much�simo, porque todos saldremos perdiendo: el gobierno, al que le pagamos buenos impuestos, dejar� de percibirlos; el Centro Hist�rico, al que le damos un toque muy especial, muy mexicano, perder� un atractivo. Desde luego tambi�n saldr�n afectados los consumidores, que ya no tendr�n estos remansos, estos peque�os espacios de convivencia.

"Los empleados que, como yo, hemos pasado buena parte de nuestra vida atendiendo los peque�os comercios, acabaremos por sumarnos a la enorme lista de desempleados. Ya no soy joven. A mi edad qui�n va a darme trabajo. Nadie. Entonces a lo mejor no tengo m�s remedio que convertirme en otra comerciante en v�a p�blica."

El remate

Poco despu�s de entrevistar a Angelina Garc�a le llam� para saber c�mo le hab�a ido: "Mal: nos asaltaron. La madrugada del d�a primero entraron unos ladrones y se lo llevaron todo, inclusive el dinero de la renta. Fuimos a levantar un acta. Vino el Ministerio P�blico y nos permiti� abrir la tienda. Despu�s llegaron polic�as a tomar fotos. Nos dijeron que no toc�ramos el taladro, las pinzas y el desarmador con que los asaltantes abrieron la puerta, porque iban a estudiar las huellas. Hoy es 4 de marzo y las autoridades no han regresado".



 

 

Domingo 26 de febrero del 2006

EJE CENTRAL

Cristina Pacheco

Los poderes de la Luna

 

Tras 500 a�os en el subsuelo Coyolxauhqui volvi� a la luz el 28 de febrero de 1978. Con su nueva presencia, la Diosa de la Luna -hija de Coatlicue, hermana de Huitzilopochtli y las estrellas- nos devolvi� otra parte de nuestro pasado ind�gena y modific� el rumbo de los estudios arqueol�gicos.

El arque�logo Ra�l Arana, quien tuvo el privilegio de identificar el hallazgo m�s importante del siglo XX en el Valle de M�xico, considera que todo lo que rodea a Coyolxauhqui es m�gico: "Ella decidi� el momento de reaparecer y creo que tambi�n eligi� a la persona que deb�a identificarla. Pudieron ser muchas otras, pero una serie de circunstancias desembocaron en nuestro encuentro. A partir del 21 de febrero el ingeniero Orlando Guti�rrez trat� de informar a las autoridades del Instituto Nacional de Antropolog�a e Historia (INAH) acerca del hallazgo hecho por los trabajadores de la Compa��a de Luz y Fuerza del Centro en el cruce de las calles Guatemala y Argentina.

"En el INAH choc� varias veces con la burocracia -'no hay quien lo atienda en este momento', '�sta no es la oficina adecuada', 'vuelva otro d�a'- y no obtuvo respuesta. Por fin alguien le sugiri� que se presentara en las oficinas de Salvamento Arqueol�gico, donde yo estaba coordinando la segunda etapa de las excavaciones en el Metro.

"En Salvamento Arqueol�gico todo el personal se retiraba a las tres de la tarde, pero el d�a 23 me qued� a terminar un trabajo. A las cinco de la tarde se present� el ingeniero Guti�rrez. No hab�a nadie m�s que yo para atenderlo. Me explic� el motivo de su visita: los trabajadores de la Compa��a de Luz hab�an encontrado algo y necesitaba que un especialista lo viera y determinara su valor. El asunto me interes� y promet� acudir al sitio del hallazgo. El ingeniero Guti�rrez me aclar� que �l y su equipo trabajaban de las 11 de la noche a las 4 de la ma�ana, porque s�lo en ese horario pod�an levantar los tablones por donde circulaban los coches y autobuses durante el d�a."

II

Sin imaginar de qu� podr�a tratarse, Ra�l Arana acudi� al lugar de la cita a las 11 y media de la noche del 23 de febrero: "Por m�s que me esfuerce, nunca lograr� precisar todo lo que sucedi� en unos cuantos minutos a partir del momento en que, con la librer�a Robredo a mi espalda, me inclin� sobre la excavaci�n. Se ve�a s�lo un trozo de la parte derecha del monolito decorado con relieves de siete y ocho cent�metros que sobresal�an del fango entre restos de pintura roja, azul y blanca.

"Aun cuando ese fragmento del hallazgo todav�a no me revelaba nada, al verlo sent� que me alejaba en el tiempo y me perd�a de m� mismo. Permanec� callado durante algunos minutos que me parecieron una eternidad. El ingeniero Guti�rrez pregunt� mi opini�n sobre el descubrimiento. Le dije la verdad:

"Imposible afirmar nada, pero ya que nos encontr�bamos en la parte principal del Templo Mayor, era probable que el hallazgo tuviera un significado especial. De ser as� influir�a, entre otras cosas, en la declaratoria del Centro Hist�rico, que ya estaba en estudio."

Entre el d�a del descubrimiento y la fecha en que se hizo su declaratoria oficial, el 28 de febrero, flotaron las especulaciones y despu�s los rumores: "Como al principio �nicamente se ve�an en el monolito una mano, un hombro y parte de un penacho, todo el mundo pens� que �bamos a encontrar una deidad masculina. Nadie siquiera imagin� que pudiera tratarse de una mujer guerrera, de una hermos�sima deidad femenina. Despu�s de que la identificamos no falt� quien pensara que aquella aparici�n presagiaba males y peligros. En eso tambi�n nos equivocamos: Coyolxauhqui nos entreg� los dones de su belleza y un mensaje escrito en ellos por los antiguos mexicanos."

III

Adem�s de las eventualidades que lo acercaron a Coyolxauhqui, Arana considera que existen otras pruebas de que la diosa dise�� todas las circunstancias y puso en pr�ctica su naturaleza y sus dones:

"Desde la magia que envolvi� el primer encuentro hasta la hora de la exploraci�n total, cada parte del proceso tuvo que ver con la deidad que Coyolxauhqui representa: la Luna. Ella quiso que as� fuera, aunque tambi�n coadyuvaron las circunstancias del momento.

"La expectaci�n que provoc� fue extraordinaria. A toda hora llegaban al Templo Mayor periodistas, fot�grafos, multitudes de curiosos, intelectuales, actores, actrices, pol�ticos. En esas condiciones era dif�cil trabajar, as� que decidimos seguir las investigaciones de las 11 de la noche a las cinco de la ma�ana.

"Abrigados por la oscuridad y ante la vigilancia de sus hermanas las estrellas, Coyolxauhqui fue revel�ndonos, durante los tres meses de exploraci�n, su tr�gica belleza y entreg�ndonos un mensaje a trav�s de sus tesoros. Sacamos las ofrendas asociadas a la escultura: cuatro grandes cistas o cofres de piedra, cada uno correspondiente a un punto cardinal, con gran diversidad de objetos bell�simos de piedra, concha, cer�mica y metal. Tambi�n tropezamos con objetos de uso ornamental y, lo m�s importante, cr�neos decapitados: ofrendas a la diosa de la Luna quien, a su vez, hab�a sido decapitada por su hermano Huitzilopochtli, el dios solar y guerrero m�s importante para los mexicas."

La noche del 28 de febrero, cuando el grupo de arque�logos encabezado por Arana logr� la identificaci�n plena de la diosa, Coyolxauhqui dibuj� en el cielo otra se�al de sus poderes: "Era una noche fresca, preciosa, oscura. Catorce compa�eros, entre maestros y alumnos, contempl�bamos a la diosa, esperando no sab�amos qu�. De pronto Carmen, mi mujer, nos pidi� que levant�ramos los ojos al cielo: en el centro brillaba la Luna llena que se convirti� en el espejo de Coyolxauhqui. Bajo el brillo lunar, de tan hermoso casi irreal, la deidad fue haci�ndose m�s visible, m�s verdadera hasta mostrarnos sus esplendorosos atributos de mujer.

"Unidos por la misma emoci�n, nos quedamos toda la noche contemplando c�mo iban apareciendo rasgos, detalles que nos acercaban al misterio de la diosa. La revelaci�n se prolong� hasta que surgieron los primeros rayos de sol. Entonces, seg�n aclaraba el amanecer, la Coyolxauhqui fue borr�ndose, retray�ndose en s� misma, desvaneci�ndose lentamente hasta que se esfum� y todo pareci� un sue�o."

IV

La magia y el misterio hab�an desaparecido bajo el peso de la realidad que se expresaba con cl�xones, motores, pasos, gritos. El grupo de estudiosos tuvo una breve sensaci�n de p�rdida, enseguida compensada por una certeza: Coyolxauhqui hab�a regresado a sus dominios; estaba all�, al alcance de la mano, esperando la noche para reaparecer: "A partir del momento en que vimos a detalle las caracter�sticas del monolito ya no tuvimos duda de que nos encontr�bamos ante la diosa que nadie hab�a vuelto a ver desde 1480. La �nica referencia que ten�amos de ella como pieza arqueol�gica era la cabeza de diorita, encontrada en 1880 en la esquina de Carmen y Guatemala, que est� frente al Calendario Azteca en el Museo Nacional de Antropolog�a.

"Apoyados en esa escultura y en los datos que aportaron algunos cronistas, entre ellos fray Bernardino de Sahag�n, pudimos identificar plenamente a Coyolxahuqui, la de los cascabeles en el rostro, que mostraba su nariguera de rayos solares, dos orejeras, una banda celeste en la frente, el pelo decorado con plumones preciosos de aves m�ticas; pero tambi�n las se�ales m�s importantes: la huella de la decapitaci�n y el cuerpo dividido en seis partes: cabeza, tronco y extremidades."

Coyolxauhqui reapareci� con otra herida causada por el peso de la historia y de la ciudad misma: la rajadura que tiene sobre su parte central y atraviesa todo su cuerpo: "Esa cicatriz, que por cierto agrega un toque dram�tico a la belleza de la diosa, es una herida insignificante si pensamos que el monopolio fue encontrado a una profundidad de apenas dos metros 10 cent�metros del nivel de la calle. La integridad de la escultura es otra evidencia de su fuerza, porque sobrevivi� durante siglos pr�cticamente indefensa.

"Cuando los aztecas la sepultaron en la parte central inferior de la escalinata que conduc�a al templo de Huitzilopochtli, la sellaron con un piso de estuco, de modo que �nicamente sobresaliera la superficie, y la protegieron con una capa de 15 cent�metros de arcilla muy fina. Desde aquel momento, en 1480, nadie jam�s hab�a vuelto a ver a Coyolxauhqui. Los espa�oles jam�s la encontraron y ella permaneci� intacta, como una ofrenda al dios solar, esperando el momento de reaparecer.

"Al hacerlo ejercici� su influencia sobre el pasado y el futuro: cambi� mitos, historias, concepciones, cosmogon�as; nos dio nuevos datos acerca de la organizaci�n social de los aztecas. Gracias a ella se ampliaron los trabajos en el Templo Mayor, descubierto a principios del siglo XX por el arquitecto Ignacio Marquina. Ese hecho, que modific� el ritmo y la fisonom�a del Centro Hist�rico, permite el di�logo entre el pasado ind�gena y todas las etapas posteriores de nuestra historia.

"Nos falta por rescatar y leer muchas de sus p�ginas: est�n bajo nuestros pies. Tenemos 16 metros de profundidad llenos de vestigios. All� hay referencias que datan de 1321, pero tambi�n pruebas de asentamientos anteriores, vestigios de 500 a�os antes de la fundaci�n de Tenochitl�n."

Todo eso se concentra en un punto que es el coraz�n de la capital y el pa�s entero. Si perdemos la memoria nos quedaremos tambi�n sin porvenir.

Domingo 19 de febrero del 2006

EJE CENTRAL

Cristina Pacheco

El �ltimo telegrama

La carta y el telegrama comparten por lo menos un sin�nimo: misiva. Dentro de la literatura existe un g�nero epistolar, pero no hay ninguno consagrado al medio de comunicaci�n m�s ce�ido y exigente. La principal caracter�stica de un telegrama es la brevedad. No deja espacio para las reflexiones o el estilo; sin embargo, con un m�nimo de recursos, puede aludir a todos los aspectos de la vida personal, familiar y social, adem�s de asuntos financieros, comerciales y propagand�sticos.

Sea cual fuere el asunto que aborde el telegrama, el remitente debe refrenar sus emociones y poner en pr�ctica su capacidad de concisi�n. En el mensaje telegr�fico cada palabra cuenta y cuenta en t�rmino de pesos y centavos. As� como el pintor impresionista se vale de algunas pinceladas para darnos la visi�n de un paisaje, la persona que escribe un telegrama sugiere toda una realidad con el m�nimo de recursos.

El destinatario de un telegrama es quiz� el m�s c�mplice de los lectores: conforme avanza en la lectura va buscando en su memoria situaciones y referencias que le permitan completar el mensaje, dar congruencia a su estilo entrecortado y ca�tico, poner las palabras que faltan para que la frase cobre sentido:

"Querida Leonor. Mam� grave. Urge presencia. Clara". "Avi�n demorado. Llegu� bien. Va carta. Saludos. Teresa". "Domingo tarde naci� beb�. Sara magn�fica salud. Avisaremos fecha bautizo. Ricardo". "Agradezco env�o. Artemio" "Felicidades onom�stico. Familia Olvera". "Motivos salud imposibilitan presencia boda. Marta". "Favor presentarse departamento legal asunto adeudo".

La forma descarnada en que se redacta un telegrama podr�a explicar que entre nosotros se le llamara "esqueleto" al machote sobre el que se escrib�an los mensajes brev�simos y eficaces. A pesar de los m�ltiples sistemas de comunicaci�n instant�nea el telegrama sobrevive. El hecho de recibirlo sigue provoc�ndonos una amplia gama de sentimientos: desde sorpresa, esperanza y alegr�a, hasta sobresalto, desilusi�n e incomodidad. No conozco a nadie que permanezca indiferente al llamado de un telegrama o postergue su lectura: nos urge leerlo, aun cuando podamos adivinar su contenido.

II

En mayo de 1844 Samuel Morse, el inventor del tel�grafo electromagn�tico y del alfabeto para la comunicaci�n telegr�fica, envi� de Washington a Baltimore el primer telegrama: "�Qu� nos ha deparado Dios?" Siete a�os m�s tarde un grupo de empresarios estadunidenses cre� la empresa The New York and Mississippi Valley Printing Telegraph Company, que en 1856 se convirti� en The Western Union Telegraph Company.

Asfixiada por la neomodernidad, la empresa que durante 150 a�os articul� la vida estadunidense anunci� el fin de sus servicios con un mensaje enviado por Internet: "Efectivo: el 27 de enero, Western Union cesar� todo servicio de telegramas y mensajes comerciales".

A partir de febrero de este a�o en Estados Unidos los telegramas son papeles que documenten el pasado, se suman a los muchos objetos que permitieron la comunicaci�n humana y, al ser eliminados por sucesivos avances tecnol�gicos, ingresan a los terrenos del coleccionismo.

Ser�a espl�ndido que Western Union enviara un correo electr�nico a los beneficiarios de sus servicios invit�ndolos a que donen alguno de los telegramas que conservan y autoricen su exhibici�n en el primer Museo del Telegrama.

A trav�s de cada mensaje expuesto el visitante com�n tendr�a oportunidad de leer fragmentos de siglo y medio de vida estadunidense; los impresores encontrar�an calidades de papel, estilos, formatos, colores de tintas; los ling�istas, expresiones coloquiales de ayer, palabras en desuso; los m�dicos, nombres de sustancias, remedios, enfermedades erradicadas; los estudiosos de la vida cotidiana, alusiones que les permitir�an reconstruir el tejido familiar y social.

La visita al primer Museo del Telegrama podr�a resultar aleccionadora y estimulante para quienes aspiren a convertirse en escritores. La simple lectura de los mensajes ser�a una breve c�tedra de rigor y concisi�n; nombres, fechas, lugares de procedencia y destino final podr�an ser est�mulos para que inventaran historias -cuentos o novelas- con qu� envolver los "esqueletos".

Si llega a existir, visitar� el Museo del Telegrama y pondr� en pr�ctica el ejercicio literario; pero antes, si alguna vez remprendo el viaje por el Mar de Historias, tal vez recurra al est�mulo de imaginarios mensajes telegr�ficos.

III

Desde 1940, el 14 de febrero se celebra en M�xico el D�a del Telegrafista. El sistema cuenta con mil 533 oficinas en toda la Rep�blica. Los servicios que brinda abarcan desde las simples felicitaciones hasta transferencia de dinero en minutos, programas oficiales de apoyo como Procampo y Oportunidades, promociones, informes de actividades, cobro de bancos y cuestiones legales. "Por ejemplo, los amparos -me dice H�ctor Reboreda, coordinador de fonotelegramas en la torre de Telecomunicaciones-. Para nosotros es fundamental que este tipo de mensajes lleguen a tiempo a manos del destinatario. Si no es as�, la persona, al no ser informada oportunamente, puede caer en la c�rcel. En ese caso se le impone una multa muy fuerte al tel�grafo."

Los dos hermanos del tel�grafo son el ferrocarril y el correo. El primero pr�cticamente ha desaparecido como transporte de pasajeros y hay indicios de que el segundo est� en v�as de extinci�n. �Qu� mantiene vivo al tel�grafo? Expresa Reboreda, quien acaba de cumplir 30 a�os de servicio: "Los alcances y la accesibilidad del servicio. El mensaje de una a 30 palabras cuesta 31 pesos y abarcamos toda la Rep�blica Mexicana: ciudades, pueblos, poblados y rancher�as. Eso explica que antes tuvi�ramos una partida especial para la manutenci�n de los animales: mediante el uso de bestias se distribu�a la correspondencia. A�n existen muchos sitios donde, por el escaso n�mero de pobladores, no tenemos presencia; sin embargo, para no dejarlos incomunicados, establecimos un sistema especial: recibimos el mensaje en la oficina m�s pr�xima a ese punto y desde all� sale un propio para llevarlo personalmente hasta su destinatario".

Por la telegraf�a mexicana ha fluido nuestra historia y tambi�n las peque�as historias en cuyo desenlace ha sido fundamental un telegrama. Reboreda recuerda el caso de un enamorado que durante varias semanas ininterrumpidas env�o el mismo mensaje de siete palabras a la mujer con quien pretend�a casarse, hasta que finalmente lo acept�.

M�s conmovedora a�n, tiene presente la historia de una ni�a que salv� la vida gracias a un telegrama: "Hace alg�n tiempo recibimos el mensaje de un hospital inform�ndonos de que ya ten�an el coraz�n para trasplant�rselo. Necesitaban que ayud�ramos a que sus padres recibieran el mensaje urgente. Ellos se encontraban en un poblado de Oaxaca para donde no hab�a comunicaciones. Localizamos nuestra oficina m�s cercana a ese sitio, le enviamos el telegrama al administrador y �l fue personalmente a entregarlo. Con frecuencia damos ese tipo de servicio al que, por razones obvias, llamamos 'oportuno'".

Para los empleados de Tel�grafos esta historia es entra�able: "Nos lleva a comprender hasta qu� punto es valioso nuestro servicio, especialmente en situaciones de emergencia. En los terremotos de 1985 trabajamos d�a y noche. El tel�fono qued� suspendido en muchas partes de la ciudad y las personas que viv�an aqu� deseaban comunicarse a toda costa con sus familiares en los estados de la Rep�blica o que se encontraban en Estados Unidos.

"Como ese poblado oaxaque�o -contin�a Reboreda-, hay muchos otros en el pa�s. Las condiciones econ�micas de sus moradores son muy precarias: carecen de todos los servicios, a veces s�lo disponen de la telefon�a rural y l�gicamente no pueden recurrir al fax o a Internet. En esos lugares no hay servicios bancarios y para las familias que en gran medida dependen de las remesas de Estados Unidos, el giro telegr�fico es vital."

La desaparici�n de Western Union no afecta nuestro servicio internacional. Reboreda explica las razones: "Durante mucho tiempo Western Union control� ese servicio y nosotros recurr�amos a su base de datos. Ahora disponemos de dos l�neas: la de Roma, de la que dependen todas las comunicaciones a Europa, y la de Nueva York, que cubre el continente americano".

En la actualidad, Telecom est� dividido en una direcci�n general y ocho adicionales. Nueve mil empleados -"con la camiseta muy bien puesta"- mantienen vivo un servicio que comenz� en 1853, en Nopalucan, Puebla, desde donde se envi� el primer mensaje en clave Morse hasta el Palacio Nacional. Mientras persista la miseria no morir� el tel�grafo.

 

Domingo 12 de febrero del 2006.

EJE CENTRAL

Cristina Pacheco

Soriano y el mar interminable

Me resulta dif�cil reconocer que de ahora en adelante s�lo podr� hablar de Juan Soriano y ya no con Juan Soriano. Evocar� su acento en vez de escucharlo y s�lo me acercar� a la distancia que su muerte nos ha puesto de por medio. Juan Soriano ya no est� con nosotros, pero eso no significa que haya dejado de existir: qued� en nuestra memoria y all� permanecer� rodeado por la melancol�a que lo embargaba antes de encontrar la forma o la idea vagas que despu�s, con la audacia del mago y la tenacidad del artesano, convert�a en una creaci�n �nica alimentada por el placer, el dolor, la experiencia diaria.

Al ver un cuadro o una escultura terminadas -me dijo Soriano- recuperaba una certeza fundamental: "Soy un artista, y siempre lo ser�, aun cuando jam�s llegue a producir una obra de arte. No s� de qu� depende y nunca lo sabr�. Es in�til tratar de entender los procesos de la creaci�n: son irrepetibles y misteriosos. En eso radica su fascinaci�n".

II

El amanecer de este viernes fue esplendoroso. Privilegio cada vez m�s raro, se ve�an el Ajusco y los volcanes, ligeras nubes tachonaban el cielo: la ciudad volv�a a flotar en la regi�n m�s transparente del aire. El espect�culo me record� un �leo de Soriano: sobre un fondo azul llueven flores blancas que sugieren serenidad, quietud y silencio: sentimientos que a �l le produc�a todo contacto con el arte.

Fue como si el valle de M�xico quisiera disimular la ausencia del artista o correr un tel�n de cielo y volcanes sobre su muerte ah�ta de vida. Juan la consumi� con libertad, impulsado por su infatigable deseo de mirar. Sentir, apasionarse, desgastarse.

Durante toda la ma�ana estuve recordando nuestra �ltima conversaci�n para la radio. Habl� de la muerte, del tiempo, de la belleza: "No soy de las personas que se levantan esperando ver una ma�ana hermosa. La vivir�, y cuando pase no me quedar� lament�ndolo. Esperar� que llegue otra ma�ana". El viernes 10 de febrero mir� la �ltima.

III

Veinticuatro horas despu�s acud� a Bellas Artes para sumarme al �ltimo de los muchos homenajes que recibi� Juan Soriano. Distribuidas en la explanada, varias de sus esculturas multiplicaban su belleza por efecto de los rayos del sol. De un cilindro sal�an las notas de fascinaci�n mientras que en el palacio resonaban la voz del cello.

Dos enormes ramos de gladiolas y alcatraces se desparramaban frente a la cabecera del ata�d. Quieto, atrapado en su �ltimo destino, Juan Soriano conservaba su fisonom�a de p�jaro y algo de la sonrisa encantadora y temible que acompa�aba sus reflexiones llenas de imaginaci�n y de un sentido com�n que era, sobre todo, un ejercicio de cr�tica y autocr�tica sin concesiones.

El silencio de Juan me record� su voz. La escuch� por primera vez hace 20 a�os, en 1986, cuando fui al hotel Mar�a Cristina para entrevistarlo. Regresaba de una de sus prolongadas estancias en Europa. Aquella ma�ana, gracias a Mar�a Estela Duarte, me hab�a enterado de que el muralista mexicano M�ximo Pacheco hab�a terminado como pepenador en la colonia de los Doctores.

La noticia me impresion� y se la transmit� a Juan Soriano. Al cabo de unos minutos record� de qui�n se trataba y dijo algo que puede aplicarse a todas las personas y al momento actual de M�xico: "Lo que le ha sucedido a M�ximo es su responsabilidad. Lo es porque en su momento perdi� la fuerza, se decepcion�, dej� de emitir se�ales a trav�s del arte, ya no quiso comunicarse con los dem�s. Dej� de luchar y se hundi�. Cuando un hombre o un pa�s pierden la fe en s� mismos, en su inteligencia, entonces est�n perdidos".

IV

Despu�s de aquella primera conversaci�n tuve muchas otras, p�blicas y privadas, con Juan Soriano. Una ma�ana fui a verlo al taller donde estaba trabajando la escultura de una paloma inmensa. Subido en el andamio, con sombrero de palma y el overol cubierto de polvo parec�a un alba�il. Se le notaba contento, orgulloso de enfrentar los retos de una pieza monumental que pon�an a prueba su capacidad de conservar la perspectiva y la proporci�n: "Mientras esculpo estoy cerca de la obra. En mi cabeza veo con mucha precisi�n la manera en que la figura va tomando forma; sin embargo, para comprobar que no estoy equivocado, hay momentos en que me alejo lo m�s posible para mirar a distancia".

Juan aplicaba ese mecanismo a la literatura: "Cuando un escritor quiere contar una historia en torno a un hecho real tiene que alejarse, poner de por medio un cierto lapso de tiempo para que en la an�cdota se diluya y reaparezca en otra forma".

Aquella vez, cuando al fin baj� a saludarme, dijo: "Desde que empec� a trabajar en esta obra han venido a verme muchas personas, sobre todo mujeres: parece que est�n muy interesadas en ver mi palomita". Estall� en una carcajada maliciosa, infantil, que me hizo imaginarlo ni�o, cuando dibujaba oculto debajo de su cama, en su casa de Guadalajara.

En cuanto le hice la �ltima pregunta me tendi� la mano: "Debo seguir trabajando", dijo, y sin m�s regres� al andamio a seguir aplicando su m�todo de artesano: "Raspo, quito, pongo, borro y, si lo creo necesario, vuelvo a empezar".

El apresuramiento con que regres� al andamio me record� lo que me hab�a comentado en una conversaci�n previa: "El espacio que rodea al pintor es el vac�o; el suyo es un momento sin tiempo o hecho de un tiempo que no es posible medir en el reloj".

En su opini�n el arte reconcilia todas las formas. Es inteligencia que expresa la pasi�n, la imaginaci�n y la cultura del artista. En �l la poes�a y la novela ocupaban un sitio importante. Entre sus relecturas predilectas estaban La Iliada, algunos pasajes de El Quijote, el Orlando de Ariosto y los poemas de sus amigos Xavier Villaurrutia y Octavio Paz.

Adem�s de atento, Juan era un lector malicioso: desechaba toda obra que le produjera una reacci�n abrupta, violenta, incontrolable, porque consideraba que en los mecanismos de que el escritor se hab�a valido para provocarle tal respuesta hab�a algo falso, tramposo, y por lo mismo ajeno al arte. M�s all� de la literatura, el idioma le interesaba como algo vivo y cambiante: "Imag�natelo como un �rbol. Las ra�ces y el tronco permanecen casi inmutables, pero el follaje tiene que desprenderse para luego renacer fresco, el mismo pero distinto".

V

Avido de esa constante renovaci�n, Juan utiliz� todos los materiales y se someti� a todos los formatos con tal de expresar su mundo interior, inabarcable y complejo. Cre�a en el arte como en un acto de libertad; y la libertad como un terreno donde caben el criminal y el santo, el ignorante y el sabio.

Ante la presencia de la muerte todo resulta demasiado tarde. En el caso de mi amistad con Juan Soriano ya nunca podr� ahondar en ciertos temas, formularle nuevas preguntas. Pedirle que me hable de sus amistades literarias o de sus preferencias musicales. Pero a�n hay tiempo para decirle que entre todas sus obras hay una que me fascina: su vida. La concibo iluminada de azul -su color predilecto- y girando siempre entre el riesgo y la certeza, entre la imaginaci�n y el sue�o.

Una parte de Juan descansa en paz. La otra sigue alerta, viva, al acecho del momento en que, seg�n dec�a �l, "como que oyes, como que sientes, como que se te viene encima un eco, y entonces te llega la idea de un espacio que a lo mejor es azul, te viene una l�nea que quiz�s es una flor"; o bien busc�ndole respuestas a preguntas que lo intrigaban: "�C�mo explicar el cosmos? �D�nde termina el mar, d�nde acaba la tristeza, d�nde empieza el amor y d�nde principia el olvido?"

5 de febrero del 2006

La casa de mis sue�os

Cr�ditos inmobiliarios: los sue�os que se topan con una realidad de pesadilla

El 30 de agosto de 2003 Alma Ibet, su esposo Ignacio Padilla y sus dos hijos llegaron al edificio 16 A, del fraccionamiento Tulipanes, en Tultitl�n, para ocupar el departamento 203, pagadero a treinta a�os:

 

"Lo recibimos todo pintado de blanco. Tiene tres rec�maras, sala-comedor, ba�o, cocina y azotehuela. Aunque la cocina estaba equipada s�lo con una tarja para lavar los platos y el ba�o carec�a de accesorios, nos pareci� el sitio ideal para vivir, sobre todo porque cada uno de mis hijos tendr�a su rec�mara."

 

Para Alma Ibet esa ventaja significaba la estabilidad familiar que durante sus anteriores ocho a�os de matrimonio no hab�a conocido:

 

"Antes de llegar aqu� mi familia y yo and�bamos de un lado para otro. Un tiempo vivimos en Naucalpan. Nos resultaba muy pesado pagar ochocientos o mil pesos de renta. Por eso nos fuimos a Ecatepec, a vivir con mi mam�. Nos prest� una parte de su terreno y all�, con muchos sacrificios, logramos fincar dos cuartos. En uno ten�a la estufa y mi comedorcito, en el otro una cama matrimonial y otra individual. Dormir juntos resultaba muy inc�modo tanto para los ni�os como para mi esposo y para m�.

 

"Cuando mis hijos empezaron a crecer le dije a Ignacio que ten�amos que mudarnos a otra parte donde tuvi�ramos m�s espacio y fu�ramos independientes. El cambio no iba a ser f�cil porque, aunque mi esposo y yo trabaj�bamos, entre los dos no reun�amos suficiente dinero."

 

II

 

En esa �poca Ignacio estaba empleado en una oficina donde se dibujaban planos y su sueldo era de 3 mil pesos mensuales. Alma Ibet era mesera en Vip's. Ganaba mil 600 pesos a la quincena, pero obten�a buenas propinas, en ocasiones hasta de 200 pesos diarios:

 

"Trabajar de mesera es duro. Hay que hacerlo todo r�pido y con buenas maneras, porque la pol�tica de la empresa es que se le d� al cliente el mejor trato. Mi jornada era de ocho horas. Llegaba a Vip's a las tres de la tarde y sal�a a las once o doce de la noche. Y es que despu�s de que se va el �ltimo comensal, el mesero debe preparar las comandas para el otro d�a y entregar cuentas. Si hay alguna diferencia entre lo que se cobr� en caja y el monto de las notas, el empleado paga el faltante."

 

Ignacio Padilla abandon� la oficina de planos y entr� a trabajar en una f�brica. Alma Ibet renunci� a su empleo de mesera: "Lo hice porque comenc� a tener dificultades con mi esposo, como que se sent�a inc�modo porque yo ganaba un poquito m�s que �l. Es lo mismo que les sucede a muchas mujeres: el marido, en cuanto las ve progresar, les pone obst�culos y las frena, aunque a la larga ellos tambi�n salgan perjudicados".

 

A pesar de ese cambio, Alma Ibet y su esposo no renunciaron al proyecto de adquirir una vivienda propia que con el tiempo se convirtiera en el patrimonio de sus dos hijos: "Como empleado de la f�brica, mi esposo solicit� un cr�dito al Infonavit. Nos dijeron que debido al cambio de trabajo �l no alcanzaba suficientes puntos, as� que nosotros tendr�amos que pagar el enganche del departamento. Los tr�mites fueron mucho m�s sencillos de lo que hab�amos imaginado. En las oficinas del instituto nos dieron un librito, al estilo del peri�dico Segunda Mano, en el que aparecen casas de departamentos en venta. Seg�n lo que uno elija, es el monto del pr�stamo".

 

III

 

Alma Ibet y su marido tardaron en escoger su vivienda. Quer�an algo entre Naucalpan y Ecatepec que les evitara transitar por la v�a L�pez Portillo, donde los congestionamientos representan una enorme p�rdida de tiempo:

 

"Pensamos que lo ideal para nosotros era el fraccionamiento Tulipanes, en Tultitl�n. Cuando fuimos a verlo todo parec�a muy ordenado y hasta con �rea verde. Nunca antes hab�amos comprado una casa y no pensamos en preguntarle a la inmobiliaria Altec, la empresa constructora, sobre qu� terreno estaban fincados los edificios.

 

"Elegimos el departamento que nos pareci� de buen tama�o para nosotros y adem�s de precio accesible: 236 mil pesos. En el Infonavit nos dijeron que s�lo pod�an prestarnos 190 mil pesos, siempre y cuando di�ramos el enganche: 50 mil pesos. Ten�amos ahorrados 20 mil, as� que le pedimos 30 mil a un prestamista. Nos los dio con r�dito de 3 por ciento mensual. Lo aceptamos con tal de que nuestra ilusi�n se realizara."

 

Alcanzar su sue�o, reconoce Alma Ibet, signific� una enorme carga para su esposo: "Como yo ya no trabajaba Ignacio tuvo que cubrir con su sueldo todos los gastos de la casa, pagar los 30 mil pesos m�s los r�ditos y las letras mensuales por el departamento que entonces eran de mil 600 pesos. Su sueldo no le alcanzaba para todo y los fines de semana se fue a trabajar en el taller de su hermano. Me sent�a muy angustiada de no poder ayudarlo con tantos compromisos, porque no me dejaba volver a trabajar".

 

La dicha de saber que al cabo de 30 a�os ser�an due�os de su departamento se esfum� muy pronto: "Cuando nos lleg� el primer aviso de pago me puse a hacer n�meros. Entonces me di cuenta de que hab�amos comprado un departamento car�simo, porque su precio original aumentaba mucho a causa de los intereses: 70 por ciento de cada letra est� destinado a pagarlos; 20 por ciento al pago del capital; 5 por ciento a un seguro y el otro 5 a tr�mites. Al cabo de 30 a�os acabaremos pagando m�s de 700 mil pesos por un departamento que vale 236 mil".

 

IV

 

Para Alma Ibet y su marido el compromiso de cubrir una cantidad descomunal es s�lo parte de la pesadilla en que se convirti� su sue�o: "Al poco tiempo de que ocupamos el departamento empezamos a notar que los pisos, las paredes y los techos se agrietaban; las puertas y las ventanas se colgaban. La �nica explicaci�n del deterioro es que el departamento est� sobre un terreno inseguro: tepetate y arcilla. Fue lo que dijeron los peritos que vinieron a revisar el fraccionamiento. �Qui�n dio el permiso de construcci�n? Nadie sabe y todos se pasan la bolita: el municipio dice que las autorizaciones las otorga el estado de M�xico y all�, por supuesto, lo niegan".

 

En defensa de su seguridad y su patrimonio, Alma Ibet y su esposo acudieron al Infonavit: "No era justo que estuvi�ramos pagando por un departamento que, nuevecito, ya estaba deterior�ndose. En el Infonavit nos dijeron que ellos s�lo tienen que ver con los cr�ditos, la responsabilidad de las construcciones corresponde a las inmobiliarias. Nos presentamos en la que tuvo a su cargo Tulipanes: Inmobiliaria Altec, SA de CV, y pedimos soluci�n al problema. Dijeron que todo estaba bien y que iban a mandar un perito. Han venido varios, pero no han hecho nada. Pasan los d�as, el departamento sigue deterior�ndose y nosotros seguimos pagando como si nuestra vivienda fuera de primera".

 

Atrapados entre los implacables mecanismos financieros y la indiferencia de la inmobiliaria, Alma Ibet vislumbra el futuro: "Me deprime pensar que si nuestro departamento sigue fractur�ndose, cuando terminemos de pagarlo tal vez no valga nada. Entonces todos nuestros sacrificios habr�n sido in�tiles, estar� a punto de cumplir 60 a�os y ya habr�n pasado las mejores etapas de mi vida".

 

En la actualidad las mensualidades para el Infonavit son de 2 mil 200 pesos: "Las pagamos con muchas dificultades y as� tendremos que vivir los pr�ximos 28 a�os. A lo largo de ese tiempo pueden ocurrir muchas cosas: desde que Ignacio ya no tenga trabajo hasta que, Dios no lo quiera, nos suceda algo peor a los dos. En este caso mis hijos cargar�an con la deuda, porque as� son los mecanismos de cr�dito en el Infonavit. Por eso le he dicho a mi esposo que hagamos un esfuerzo a ver si podemos salir del compromiso en menos tiempo, cinco o seis a�os".

 

V

 

Alma Ibet reconoce que no ser� f�cil: "La situaci�n econ�mica est� dur�sima. Mi esposo no quiere que trabaje fuera de la casa, pero cuando tengo oportunidad lo hago: a escondidas lavo ajeno. Por una docena de camisas gano 30 pesos, si las plancho, 45. Es muy poco dinero, pero me sirve para comprar alguna cosita que hace falta en la casa".

 

Concentrados en el pago de su deuda para pagar un departamento que a diario se deval�a, Alma Ibet y su familia han renunciado a todo tipo de diversiones: "Aunque nos gustar�a ir al cine no podemos, porque sale muy caro. Nunca vamos a restaurantes, no salimos de vacaciones. Rara vez me compro un vestido, pero cuando lo necesito voy adonde venden ropa americana por paca: sale m�s barata. No me importar�a pasar por estas privaciones si al menos tuviera la certeza de que estamos pagando una casa donde no suceder� nada malo. Ahora vivimos con el temor de que las paredes se nos vengan encima o de que se hundan los pisos".

 

En el fraccionamiento Tulipanes, entre departamentos y casas, hay 645 construcciones. En todas se ven las consecuencias del progresivo hundimiento. Ante la indiferencia de las autoridades y de la inmobiliaria, los colonos decidieron unirse:

 

"La casa de Clara Alcal� tambi�n est� muy afectada. El d�a en que Clara nos dijo que deb�amos organizarnos en defensa de nuestro patrimonio me pareci� que era in�til; pero despu�s comprend� que ella ten�a raz�n y la segu�. Me alegro de haberlo hecho. Ahora mi vida tiene m�s sentido, disfruto de m�s libertad y me siento menos sola ante mi problema."

 

Para los habitantes de Tulipanes hay una esperanza: que el presidente municipal de Tultitl�n cumpla su promesa de atender su caso y los ayude a superar el grave problema que enfrentan.

 

Alma Ibet conf�a en que todo se resuelva y alguna vez pueda ver realizados sus otros sue�os: que su familia progrese... y conocer el mar.

 

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