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La Reforma |
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Carmen Aristegui F.

Como dice el maestro: las
cosas hay que decirlas cuando duelen. Trabajo en los medios. Soy
periodista de la radio y la televisi�n. He seguido de cerca, como muchos
otros, los acontecimientos m�s relevantes de este pa�s en materia
legislativa, pol�tica y social de los �ltimos a�os. Creo que frente a
los ins�litos acontecimientos que hemos presenciando millones de
mexicanos en los �ltimos d�as, la abstenci�n y el disimulo no tienen
cabida. Me pronuncio, desde aqu�, abiertamente a favor de la Reforma
Electoral aprobada la noche del mi�rcoles por el Senado de la Rep�blica.
Me pronuncio en contra del despliegue de fuerza e intimidaci�n que se ha
desatado en el m�s amplio espectro de los medios en el pa�s en contra de
los poderes establecidos, particularmente los del Congreso, por razones
que distan mucho de las esgrimidas en esta pretendida cruzada
libertaria. Me preocupa el tufillo golpista que percibo en algunos de
mis colegas. No comparto en modo alguno la idea de que esta reforma
constitucional ponga en riesgo ni mi libertad, ni la de ning�n ciudadano
de este pa�s, para expresar opiniones de ning�n tipo. S� creo que la
reforma significa un paso trascendente para la vida democr�tica de
M�xico. Se abordan en ella aspectos fundamentales que restituir�an a los
ciudadanos -si la C�mara baja y los Congresos de los Estados votan a su
favor- el m�nimo de confianza y certidumbre que requiere una elecci�n.
Con ella se desmontar�a un esquema de competencia electoral que ha sido
rebasado y distorsionado hasta el extremo. �O alguien cree en serio que
M�xico aguanta otra elecci�n como la del 2006? �O que se pueda soportar
que sigamos teniendo procesos escandalosos como el de Veracruz de hace
algunas semanas? �O peor a�n, ver con impotencia la construcci�n de
candidaturas anticipadas como la de Pe�a Nieto, con padrinos
identificables? No, esto no aguanta m�s. Lo que est� de por medio es la
viabilidad de una vida democr�tica equilibrada, exenta de intervenciones
indebidas, en donde la voluntad popular se exprese simple y llanamente
en las urnas, sin m�s est�mulos que los que marca la ley. Se trata -y no
es poca cosa- de lo que dijo con todas sus letras, el mi�rcoles por la
noche, uno de los hombres cuya biograf�a pol�tica ha cruzado, no sin
heridas, por esa realidad inocultable. Santiago Creel dec�a que esta
reforma "...versa sobre los l�mites que debe tener el dinero sobre las
campa�as pol�ticas... es el dinero lo que ha pervertido la relaci�n
entre medios electr�nicos, partidos y candidatos, donde se mezclan
intereses econ�micos, comerciales, pol�ticos e informativos". Habl� de
esa relaci�n "...en la que nadie o casi nadie puede arrojar la primera
piedra, y hay que decirlo con claridad, yo por delante, esa relaci�n en
la que pol�ticos y medios somos corresponsables". Y s�, es el dinero el
que dio al traste con el modelo de competencia electoral que hoy
naufraga, pero no por el dinero mismo. Pudo mantenerse el esquema actual
-dise�ado hace algunos a�os en los albores de la democracia electoral-
que privilegia los recursos p�blicos sobre los privados y que ha
significado una parte importante de los ingresos que recibe esta
industria. Pudo haber sido, si no se hubieran cometido los excesos por
cuenta de unos y otros. Los partidos permitieron que la f�rmula de
crecimiento de los recursos p�blicos destinados a elecciones fuera
creciendo hasta convertirse en una cifra monstruosa, inaceptable, para
un pa�s como el nuestro ("la democracia m�s cara del mundo"). Por su
parte, la estructura de poder instalada en la esfera medi�tica llev�
tambi�n las cosas al l�mite, al aprovechar indebidamente el sometimiento
de candidatos y partidos en este modelo que los induce desesperadamente
a la obtenci�n de recursos y espacios por las m�s distintas v�as,
l�citas o il�citas. Nadie puede ahora llamarse a sorpresa despu�s de lo
ocurrido el a�o pasado. El sometimiento de candidatos y partidos a un
esquema de esta naturaleza y con un r�gimen de concesiones que ha
permitido una de las m�s altas concentraciones en el mundo, hizo posible
la aprobaci�n de leyes federales como las de radio y televisi�n y
telecomunicaciones que significaron para la clase pol�tica una franca
humillaci�n. El yugo del esquema nos mostr� -salvo honrosas excepciones-
a una clase pol�tica disminuida y timorata que se permiti� renunciar al
inter�s general. Hoy buscan su reivindicaci�n. Ojal� lo logren.
Legisladores como Pablo G�mez -que carga con el estigma que le dej� la
ley de medios- resurgen hoy con firmeza. La votaci�n de la reforma dijo,
es un hecho emancipador. Para que no quede duda de cu�l es el punto. La
reforma nos ahorrar�a esc�ndalos como los ya vividos. �Qu� fueron -si no
producto de esto- los "Amigos de Fox", el "Pemexgate" o el caso Ahumada?
Nadie se salva. En los tres casos, en los tres partidos, la b�squeda por
recursos para competir. A costa de lo que sea. �Alguien sabe cu�ntas
campa�as en el pa�s han sido financiadas por intereses inconfesables?
�Sabemos hasta d�nde llega el narcotr�fico? �No ser�a suficiente con
saber que por lo menos la tercera parte de los spots, transmitidos en la
Rep�blica durante 2006, tienen una procedencia desconocida?
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