MIGRACIÓN  Y  RECONFORMACIÓN  MEZO AMERICANA

Hacia una  re-conformación económico social

 

 

En un artículo publicado por La Jornada el 30de abril del 06, bajo el título ‘‘Mezo América llega a EU’’, James Petras constataba que a raíz de las grandes movilizaciones de latinos en los Estados Unidos en contra de la criminalización de los ‘ilegales’’, las luchas van en ascenso: el 25 de Marzo cientos de miles se manifestaron, el 10 de Abril marcharon mas de 2 millones, y el 1 de Mayo se unirán millones (más de cinco millones) a las marchas y paros laborales. La migración laboral mexicana y centroamericana es resultado directo de la victoria de la contrarrevolución encabezada por Estados Unidos en la región. ‘‘En cierto sentido, el surgimiento del movimiento masivo de migrantes es una repetición de las luchas anteriores entre el capital estadounidense y el trabajo mexicano y centroamericano en la nueva arena  de la política estadounidense y con un nuevo grupo de temas’’.

 

Lo que esto significa para el escritor: En primer lugar representa la primera lucha de la clase trabajadora independiente en Estados Unidos, después de 50 años de decadencia, estancamiento y claudicación de la confederación sindical establecida. En segundo lugar revela una nueva clase protagónica como sector líder en el movimiento: el migrante. En tercero, el movimiento se organiza sin un gran aparato burocrático sindical... En cuarto, los líderes y estrategas del movimiento son independientes de los principales partidos políticos capitalistas... El movimiento ha servido hasta cierto punto, como ‘‘un polo social’’ que atrae y politiza a decenas de miles de estudiantes de enseñanza media e incluso universitarios, sobre todo de origen  latinoamericano.

El análisis de Petras es en términos económicos exacto y puntual al señalar la relación capital (estadounidense)-Trabajo (asalariados de la región subcontinental); mezo americano.

La emergente clase trabajadora inmigrante que pone en cuestión las relaciones laborales en el corazón del imperio estadounidense -un movimiento emergente después de un letargo de cinco décadas- protagonizado por nuevos sujetos sociales que no sólo son trabajadores, sino una basta sociedad civil (estudiantes, pequeños comerciantes, asalariados del campo y trabajadores de servicios), todos ellos víctimas de una  ley  que criminaliza a los indocumentados de origen mezo americano.

Desde hace más de dos siglos los historiadores oficiales no han querido reconocer que Mezo América existe desde antes de la formación de la Unión Americana, en lo que hoy es el  sur de los Estados Unidos.

La fundación de las hoy ciudades americanas como Los Ángeles, California, San Diego, El Paso, Texas, etc., fueron centros misionales en los cuales estaba asentada una parte de la población mexicana; por eso es que gran parte del territorio, hoy norteamericano, es y fue parte de la región cultural mesoamericana. La apropiación de aquellas tierras y su enajenación para formar la Unión Americana, poco o nada pudieron hacer para impedir que esos territorios fueran centros de población hispano parlante, con toda una tradición cultural y social que el capitalismo neoliberal pretende satanizar. De sobra está decir que la ignorancia imperial y la pseudo historia oficial norteamericana pretende silenciar la verdad histórica.

En los inicios del siglo XXI (en este primer quinquenio) tal verdad es más evidente; cuarenta y dos millones de migrantes de origen mezo americano en los Estados Unidos, más diez millones de indocumentados trabajadores mayores de 18 años; más de cuatro millones de niños (menores de edad) nacidos norteamericanos se ven amenazados y tratados como criminales por una ley racista que contradice los principios democráticos con que se fundó ese gran país y su diversidad cultural, de origen emigrante.

En la caótica política globalizadora dirigida por un puñado de tecnócratas subordinados a la oligarquía imperialista, se entiende porqué en cada país y región se muestra signos de descontento social: En los Estados Unidos lo mismo que en Francia se pretende, con la ‘ley’ en la mano, expulsar a los padres indocumentados de los niños nacidos legalmente en su país y niños franceses (de padres africanos, argelinos) conculcando con tal acción los derechos de los niños. La “Ley 4437” contradice el derecho a la paternidad y maternidad responsable.

La “ley” antiemigrante estadounidense no sólo daña los derechos de los trabajadores y/o mexicanos sino que afecta a los productores agrícolas, industriales, al comercio organizado, a los restaurantes y hoteles propiedad de ciudadanos norteamericanos, (pequeños capitalistas). Ley que contradice la libertad, “lassie fere”, postulado del capitalismo de libre competencia.

“La ley” anti inmigrante revela el racismo de los gobernantes y el desconocimiento y negación de los derechos civiles, como el derecho al trabajo y a una vida digna (tanto norteamericanos como mexicanos) y muestra fehacientemente las contradicciones de un capitalismo amañadamente globalizador.

“La ley” anti inmigrante promueve al interior de Norteamérica la descomposición social, pues no sólo condena al padre de familia a la cárcel y su deportación por no tener documentos, sino también manda a la calle a la madre y a sus hijos norteamericanos por nacimiento, les arranca el derecho a la protección social.

“La ley” anti inmigrante es una amenaza a la seguridad nacional de Norteamérica, pues crea estratos sociales de inconformidad política, así quedó demostrado en las recientes elecciones, en las cuales triunfó el partido demócrata, pues si tales fuerzas políticas se saben encausar no hay problema, pero si no es así, la inconformidad se ensancha y las cosas están por verse.

La seguridad nacional no es un concepto que venga del desconocimiento externo del poder de una nación para autogobernarse, sino que surge en los instrumentos ideológicos del poder y gobierno desde el momento en que se desconocen las fuerzas emergentes internas que impulsan cambios en su beneficio y se les reprime o se les combate  como fuerzas ajenas a los gobiernos; la doctrina la “seguridad nacional” pretende establecer un orden de cosas propio de las ideas dominantes para preservar intereses privados por encima de los sociales y generales de una nación.

La construcción del muro fronterizo en los Estados Unidos, aduciendo argumentos de seguridad “seguridad nacional”, es no reconocer una problemática (la migración de la población mexicana) allende sus fronteras. La inseguridad nacional americana, por tanto, se construye desde el momento en que se niega a conocer como propia su problemática interna. Esta contradicción entre mercados globales de mercancías y servicios y mercados de fuerza de trabajo globales, es la expresión de los límites del capitalismo y las fronteras nacionales, en el contexto de la globalización.

Los formales límites de Mezo América (que sería la frontera norte con el Río Bravo), van más allá de lo que comúnmente se creía y pensaba como Mezo América, alude no sólo a la población nativa de origen indígena y mestiza sino a una diversidad cultural de raíces prehispánicas que ha traspasado las fronteras del tiempo hasta nuestros días y que conservan sus culturas milenarias.

Se engañan, pues, quienes creen que la población mexicana va a los Estados Unidos de Norteamérica en busca del “sueño americano”. ¡Nada más falso! La población mexicana y mesoamericana emigra al norte en busca de formas diferentes de vida ante la necesidad de crear sus propios satisfactores (que ciertamente se compran con dólares), buscan principalmente la calidad de vida que no encuentran en su lugar de origen, donde son desempleados y subempleados en el México de las filiales de transnacionales norteamericanas que lucran con el hambre de la población. El mexicano que emigra a los Estados Unidos no va en busca del “sueño americano” por que tiene en su propia historia y en sus raíces ancestrales un sueño mayor, el de sus antepasados que emigraban cuando los gobiernos fenecían.

Como ejemplo basta recordar una de sus grandes ciudades que fue incendiada por su pueblo cuando sus gobernantes fracasaron: Teotihuacan, Ciudad de los dioses, se extinguió y su pueblo emigró para crear nuevas ciudades en la búsqueda de otras formas de  vida. Y qué decir de Bonanpak y  Palenque, ciudades que fueron en su momento cuna de civilización  y que fueron abandonadas a su suerte.

Mezo América nos muestra con su historia a su población como comunidades culturales  que nacieron y se desarrollaron a partir de la migración de sus pueblos y la fundación de nuevas ciudades, así lo demuestra el relato o leyenda de las tribus Chichimecas en la fundación de la Nueva Tenochtitlan.

Lo que quiero decir con esta digresión es que toda nueva cultura en Mezo América, y esto incluye una parte del territorio Norteamericano, tiene sus antecedentes históricos y las nuevas emigraciones y su desarrollo es incomprensible si no se recurre a la vigorosa fuerza del migrante, que llega con una férrea voluntad de recrear su pasado haciéndolo futuro. Las fronteras nacionales históricamente son cambiantes, susceptibles de transformarse por el empuje y las fuerzas de la sociedad, como sucedió con el muro de Berlín que dividía a Alemania. La imposición de fronteras artificiales y/o formales, como el muro americano impulsado por un gobierno conservador de Bush, no podrá detener la afluencia  de mezo americanos,  pues estos ya viven en aquel país.

Lo que sucedió en los años 50-60 del siglo XX, en que se conculcaban y negaban los derechos de los afroamericanos en Norteamérica, hoy parece repetirse, se toma el mismo camino que en aquel entonces; sólo que hoy hablamos de los mexicanos en aquel país. Pareciera que las fuerzas emergentes de los  pueblos mezo americanos en los inicios del siglo XXI toman nuevos caminos y abren otras perspectivas.

Tratar como delincuente a la clase trabajadora mexicana por el “delito” de ser ‘‘indocumentado’’ es negar que la historia y los orígenes de lo que fueron aquellos territorios. Que una ‘‘ley’’ o documento político emitido por un gobierno, el cual pretenda negar derechos a aquellos que de facto han habitado esos territorios, es simple ignorancia y estupidez.

Según algunas noticias, la comunidad latina en Chicago es una de las que más impuestos paga; los trabajadores migrantes pagan sus impuestos a la seguridad social sin obtener beneficio alguno y muchos piensan que sin estos impuestos, la seguridad social estaría en quiebra; algunas grandes cadenas de tiendas en Norteamérica están inconformes. La Cámara de Comercio Hispana en Estados Unidos (USHCC) que representa a más de dos millones de negocios de dueños hispanoamericanos teme el boicot.

La Unión  de Campesinos de Estados Unidos (UFW) apoya una reforma migratoria justa.  La central de trabajadores sindicalizados AFL-CIO apoya el boicot y sus líderes apoyan las marchas  de los trabajadores mezo americanos.

Por más que intente el gobierno racista de Bush, de criminalizar a los trabajadores  mezo americanos ‘‘ilegales’’, no podrá hacerlo debido a la gran oposición política; pero además porque el territorio Americano es Mezo americano en términos culturales, históricos, y sociales; y porque su población representa  una quinta parte de la población total norteamericana, quizá la más trabajadora y la más mal pagada de aquel país.

Parafraseando a James Petras, diría que Mezo América llegó a Norteamérica desde hace más de dos siglos, resistiendo el colonialismo español. El hecho de que en los finales del siglo XX y en los inicios del presente, se manifieste más profundamente la influencia mezo americana en Norteamérica es debido en parte al fracaso y a las contradicciones de las políticas globalizadoras en América Latina.

 

 

 

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