¿Cuál es el destino de la nación?
Tuvimos un proceso electoral largo y caro, con despilfarro de recursos públicos y privados para las campañas de los aspirantes a puestos de elección popular, entre ellos la presidencia, la silla más cara del planeta.
Un proceso descaradamente preñado de corrupción de los partidos políticos y de familiares y amigos de los candidatos.
Una declarada guerra sucia por ambiciones políticas y económicas.
Campañas ideológicas cargadas de una mentalidad mercantil y contable, presentando a un aspirante presidencial tipo, contador publico, técnico administrador.
Las ofertas de campaña, siempre las mismas promesas: creación de empleos, reducción de impuestos, reducir la pobreza, combate a la corrupción, al narcotráfico, a la inseguridad, a la delincuencia, etc. etc.
Los problemas fundamentales del país ni se mencionaron, como son el problema del campo, de la deuda externa e interna, la deserción escolar y el bajo rendimiento académico, la emigración.
No se realizaron foros para que se escucharan las demandas de los más amplios sectores sociales: obreros, campesinos, intelectuales y académicos; la sociedad civil organizada pasó desapercibida e ignorada.
¿Cuál es el sin futuro inmediato que nos espera?
¿Cuál será la esperanza de los mexicanos al sabernos y sentirnos defraudados porque dicen que tendremos un país mejor y percibimos que estamos cada vez peor?
¿Cuáles serán las acciones que tomará el pueblo al ver que se cayeron las expectativas de confianza en sus gobernantes?
Es lamentable pensar que estemos esperando para el próximo sexenio un presidente cínico, ignorante y mentiroso, que promete velar por el futuro de la Nación y se entrega en los brazos de los vecinos del norte, el imperio guerrerista de Bush, militarizando la frontera norte; un congreso aparentemente dividido en tres fuerzas partidarias, pero unidas para aprobar leyes que favorecen los intereses más mezquinos, los del gran capital financiero; un congreso que vende su primogenitura a cambio de un plato de lentejas; un Tribunal Superior de Justicia que cierra los ojos ante las flagrantes violaciones a la Carta Magna.
Las próximas celebraciones de 200 años de Independencia y 100 del levantamiento armado que conocemos como Revolución Mexicana ¿encontrarán un país pacífico? ¿Celebraremos lo que no se ha cumplido?
A casi dos semanas de la jornada electoral y del conteo de votos no se tiene la certeza de quién fue el ganador en la contienda por la presidencia. Las declaraciones oficiales (Ugalde) y el presidente reconocen como ganador a Calderón por un estrecho margen de 0.1% de los votos.
Lo que fue evidente en los medios de comunicación, es decir en la prensa oficial, fue que hubo un fraude preparado desde las altas esferas del poder y la traición de un sector de las huestes perredistas.
La demanda que presenta López Obrador y sus asesores, de contar voto por voto para limpiar la elección nos habla de un fraude similar al del 88, sólo que ahora no habrá negociación en “lo oscurito” como en aquel entonces.
Tal parece que la historia se repite, como lo dijo Marx, “La primera como tragedia y la segunda como farsa”. Efectivamente, en esta farsa electoral actúan el Gobierno Federal y algunos del PRD traidores a la democracia y a su partido. Es una farsa porque ellos mismos han mentido, se han desdicho y han ocultado la información que prometieron dar para que la elección fuese transparente.
Abogados constitucionalistas como Carrancá han señalado que si el pueblo duda de la elección se debe volver a contar los votos, para dar satisfacción al pueblo y cumplimiento a la ley suprema, la Carta Magna, en el Art. 41, que está por encima de leyes secundarias como la del COFIPE. El sufragio debe ser efectivo transparentando el número de votos y dando a conocer quién realmente ganó la elección.
El madruguete propinado por la mancuerna Fox-Ugalde violenta el estado de derecho al dar por vencedor a Calderón, adelantándose a quien debe hacerlo, que es el Tribunal Electoral, pues las impugnaciones son muchas y cualitativamente suficientes como para anular la elección de Estado.
Lo que demuestra todo este proceso electoral es que:
1) el IFE debe estar en manos de ciudadanos honestos, sin partido.
2) existe la necesidad de cambios en la estructura legal para permitir la participación de candidaturas ciudadanas e independiente de los partidos políticos.
3) que por la magnitud de los recursos asignados a la elección se fomenta la corrupción.
Al grito de ¡Sufragio efectivo no reelección!, un día de hace casi un siglo se levantó Francisco I Madero en contra de la dictadura de Porfirio Díaz. Este principio lo pretenden escamotear aquellos que se dicen sus herederos, los panistas vende patria.
El destino de la nación está en juego ya que, como hace doscientos años que se proclamó la Independencia de México de cualquier potencia extranjera, hoy se quiere atar a la nación mexicana a los designios del imperio norteamericano, bajo el mandato panista, la extrema derecha que llega al poder por una farsa electoral; pues ni siquiera hubo una competencia de candidatos si no que hubo un pacto de delincuentes para llevar a la presidencia de la republica a Felipe Calderón.
Los medios de comunicación y la ‘opinión pública’ llevarán a la presidencia a aquel “candidato” que les prometió entregar el país a los intereses de la oligarquía financiera.
La disyuntiva que se presenta a partir de esta coyuntura postelectoral es: o se legitima la presidencia a través de la claridad electoral o se ponen los cimientos para un sexenio marcado por las turbulencias sociales, de por si ya graves, y ponen en jaque a un débil presidente de la republica.
El próximo ‘presidente del empleo’ será incapaz de generar nueve millones de empleos, aumentar la inversión física a un 30% del PIB; es poco menos que imposible que logre mejorar el ingreso de las familias mas necesitadas, asistiremos y veremos cómo el país se le va de las manos y pone en manos extranjeras el resto del aparato productivo energético (petróleo y electricidad).
¿Y entonces?
¿Es posible generar un movimiento democratizador a partir del descontento popular por la falta de transparencia electoral y por el presunto fraude electoral?
En primer lugar, el proceso electoral y las elecciones tienen un tiempo y espacio propio y limitado. Nunca en nuestro país se ha visto que en las urnas se muestre la composición de una fuerza política mayoritaria, ya que el abstencionismo del 48% también es una fuerza política sin definición, quizá causada de los fraudes electorales, pero sí es mayoría respecto del padrón electoral.
Ni el PAN, ni el PRD, ni el PRI, tienen a su favor un tercio del electorado. Es decir, que con 14 millones de votantes no se hace mayoría ni mucho menos se puede legitimar como primera fuerza política ante un padrón de electores de 60 o 70 millones votantes (datos del IFE)
Es poco menos que imposible convertir un movimiento de masas, reivindicando el voto, en un movimiento democratizador cuando se tiene una minoría de 1/3 de votos respecto al total y mucho menos si las demandas del movimiento son electorales pues estas responden tan sólo a una coyuntura momentánea.
La lucha por la democracia traspasa las fronteras de lo electoral, y si la democracia es entendida en el sentido del gobierno de la mayoría, entonces estas movilizaciones perredistas en lucha por la democracia electoral, van por el camino equivocado pues, una de dos, o sostienen que López Obrador ganó por estrecho margen (1/3 de los votos totales) o luchan por ampliar la lucha por la democracia e ir mas allá de lo estrictamente electoral, reconociendo ellos mismos perredistas que son tan solo una minoría que se quiere imponer como la voluntad ciudadana a nivel nacional (sin desconocer que en el DF lo son).
De cuando en cuando es importante recordar que, al tenor de nuestra Carta Magna, la soberanía nace en el pueblo, art. 39, cito: “La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo”. Y ahora que la extrema derecha se ha declarado vencedora en los comicios recientes y para cuando estas líneas estén en el espacio, se habrá consumado el fraude electoral del presente siglo. En nuestro país la farsa que nos mostró el dúo Fox-Ugalde pronto se consumará oficialmente a través del Tribunal Electoral, que se pasará por el arco del triunfo las denuncias de delitos electorales.
No existe la mas remota posibilidad que se cambie o se revierta el nombramiento del panista Felipe Calderón, el más preclaro defensor de los intereses de la oligarquía transnacional y de los organismo empresariales nacionales, COPARMEX AMB, etc. quienes han dado su aval para que gobierne tal títere y su equipo de mafiosos.
La situación nacional
La gravedad de los problemas nacionales y su posible solución estará dada en términos de las políticas neoliberales; y las contrarreformas laboral, energética y hacendaría y/o tributaria están en la agenda del próximo “poder ejecutivo” que algo tendrá que hacer para no caer en la parálisis del inepto gobierno foxista. La solución a los problemas según los planteamientos de la globalización, léase la oligarquía, consiste en hacer desaparecer las trabas legales existentes, es decir, desaparecer nuestra historia, el pacto social, llamado Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Desde hace ya mas de un sexenio hemos escuchado hablar a los grupos de poder de una reforma del Estado, dando pie a interpretar que la Carta Magna debería actualizarse en el entendido de hacerla funcional a la nueva realidad la globalización impuesta por un puñado de plutócratas. Tal visión de “Estado Tecnócrata” haría desaparecer nuestra pluriculturalidad dando paso a una estandarización productiva, es decir, todo aquel que no quede en el molde deberá desaparecer, postulado de la competitividad.
El ejecutivo hablará con un lenguaje mercantil tecno-administrativo, de tal forma que el pueblo no pueda entender sus trapacerías, como lo hizo a lo largo de su campaña a la presidencia.
Pero, del otro lado de la moneda nos encontramos un pueblo inconforme y cansado de transas y fraudes, dispuesto a no seguir dejándose manipular. Sindicatos y organizaciones campesinas se vieron burladas por el gobierno, quien mucho prometía y poco o nada les cumplió ¿Seguirán aguantando sus familias? Podremos seguir soportando los aumentos de los precios a los energéticos como son la gasolina y el gas y seguir diciendo que la inflación está a la baja, siendo que con nuestros ingresos cada vez compramos menos.
¿Se montará en su macho, el “príncipe enano” Calderón y nos impondrá las contrarreformas neoliberales a costa de la inconformidad popular?
Conclusiones
1.- El proceso electoral nos deja como conclusión el interés obsesivo del grupo en el poder por no dejar ningún espacio para modificar el capitalismo existente. Aun si Obrador mantuviera el neoliberalismo al estilo romántico, los grandes oligarcas de este país demuestran, que no están dispuestos a conceder ningún beneficio para la clase explotada.
2.- Las masas no lograrán ningún movimiento revolucionario por sí solas, ya que si bien la lucha por la defensa de la democracia y el voto es una lucha válida, no conlleva ningún cambio en el modo de producción. Además, debemos de recordar que para lograr un movimiento revolucionario es necesaria la concientización de la gente.
3.- La llegada al poder de Felipe Calderón garantiza la permanencia de la ultra derecha en el poder en México (El yunque), la cual obligará a continuar con el capitalismo existente, utilizando la represión que caracteriza a este grupo, si fuere necesario.
PD. Me parece sumamente preocupante el Editorial de la (42) revista Rebeldía, cuando dice que “La libertad de los presos políticos es nuestro objetivo, nuestra táctica, nuestra estrategia, nuestro programa, nuestra razón de ser y existir. Ni mas ni menos.”
Me parece que existe una terrible confusión en la cabeza del señor editor, ¿está diciendo que antes de eso no existió programa de izquierda, etc. y/o que a eso se reduce la lucha?