
Jacinto
Peralta Martínez en su estudio (1930)
El texto que escribe es el siguiente:
Remansados en la quietud de la memoria hállanse los recuerdos de
lejanos días, más de medio siglo hace. Consérvase todo ello en limpieza, bajo
la luz de los años juveniles en que fue visto o actuado y quedó impreso.
Así espero que me será posible transmitirlo: verdad y sencillez será pues mi
norma.
Debíamos partir en el
vapor "Santa Rosa" ( Capitán Nicolás Rubado) cuyo viaje se efectuaba
bajos malos presagios. La vejez del barco y su estructura poco adecuada a la
navegación del Sur, de mar bravía y costas inhospitalarias, daban pábulo a
cuanto se hablara al respecto, a pesar de los servicios que rindiera hasta
entonces y de la pericia acreditada por su capitán en largos años y numerosos
viajes.

El
vapor "Santa Rosa" en Carmen de Patagones (Fte: Museo Roca)
El 2 de abril de 1880, en las
últimas horas de la tarde zarpa el zarandeado piróscafo de la canal, frente a
Buenos Aires, en donde se hallaba en franquía una vez abandonado su amarradero
del Riachuelo. Por entonces, lejos aún de resolverse el actual puerto, era en

El
puerto de
Tiempo hermoso y mar tranquila hasta llegar a Río Negro,
única escala que debíamos realizar para cargar unas ovejas y algún torito
con destino a la colonización por cuenta del Gobierno, motivo visible del viaje
de mi padre ( Ignacio Félix Peralta Martínez
) y su compañero presente en éstas líneas.

Mi
tatarabuelo, Ignacio Félix Peralta Martínez (1818-1882)
Cuadro
del período rosista
Largamente laboriosa e infortunada en sus empresas había sido la
vida ejemplar, por el empeño y el valor sin declinaciones, de aquel hombre de
bien que fue mi padre. Muy culto, penetrado de las ideas morales que
sustentaran sus mayores , tocole al propio tiempo encaminar a numerosa familia,
desenvolver su acción en épocas de lidias profundas, provocadas por la
organización institucional del país; la tiranía de larga obscuridad, el
derrocamiento de esta; y luego hasta hallar cauce ordenado, la acción de los
hombres que la combatieron y después la guerra exterior, con su secuela
de exigencias; aún el suelo mismo, poseído por el salvaje en la mayor parte de
Buenos Aires y con corta producción exportable, faltos de los medios más
adelantados, debían hacer dura la brega por la existencia recargada a cada paso
por nuevas obligaciones.
De lo hidalgo y de su temple, responde el hecho mismo de este
viaje, lanzándose a lo remoto y desierto del país y aún de clima opuesto para
la enfermedad que lo iba quebrantando.-

Ignacio
y Jacinto Peralta Martínez en 1880
No le llevaba únicamente la colonización del Estado; sino
también el propósito de conocimiento de estas tierras que ofrecidas por el
Gobierno a la acción privada, como lo estaban, podían determinar la radicación
de empresas y familias que dieran con ello y su natural rendimiento la
requerida afirmación de la soberanía nacional en el lejano y desierto Sur.- En
efecto, en la región de Santa Cruz, punto de nuestro destino, hacía apenas dos
años, el 1º de diciembre de 1878, la escuadra al mando del Coronel Py,
tomaba posesión de la margen sur del río e izaba definitivamente el pabellón
nacional, rindiéndose los honores del caso. Hasta ese momento, el gobierno
chileno afirmaba por órgano de su ministro Barros Arana que no consentiría que
mientras se hallara pendiente la cuestión de límites, ninguna otra nación
ejerciera acto alguno de soberanía en los territorios del Sur del río Santa
Cruz.-

Placa
que recuerda el izamiento de la bandera nacional. ( Fte: H.C.D de Pto Sta.
Cruz)
Estábamos frente a la barra. El oleaje escarciador o rompiente
acusa bancos y rocas, defensa propia de los ríos en el punto de cita con el
mar. rápido, escurridizo es el uno, socarrón a las veces o violento y hasta
furioso, el otro. De sus interminables entreveros muestran las barras en sus
fondos vestigios que obligan al que ha de pasarlos a esperar los momentos y a
no avanzar un paso sin el informe previo del escandallo- El canto del
marinero se escucha siempre con atención y un poquito de emoción.-
Salvada la barra, ya el correntoso río acoge al viajero en una
relativa tranquilidad, brindándole sus profundas aguas, limpias y de sabor
delicado.
La población que divisamos primero fue sobre la margen
izquierda, una casa de construcción ligera y ya vieja, residencia de los prácticos
luego avanzando y a distancia, el pueblo de Carmen de Patagones, asentado en un
altibajo arenoso, en el que el caserío sigue los niveles que impone el suelo.

Patagones
en aquellos tiempos (Fte: Museo Roca)
De población culta y hospitalaria, deja Patagones recuerdos
gratos en los visitantes, no en balde fue residencia familiar y como origen de
Mitre y tuvo en él su cuna otro héroe legendario, el Comandante Luis Piedra
Buena, de cuyos hechos, arrojo y extraordinaria pericia, pueden hablar
largamente las costas del Sur, hasta el Cabo de Hornos. Son varios los
gobiernos que premiaron salvatajes de barcos y de súbditos. El argentino le dio
escalafón militar y diole mando de la corbeta "Cabo de Hornos", que
en su momento fue escuela de marinos y dio a la armada brillantes oficiales.

Comandante
Luis Piedra Buena
Fuente.U.C.A.-Personajes Patagónicos
Sobre la margen Sur del Río Negro, hallábase el asiento de

Puerto
y Muelle de Patagones (Fte: Museo Roca)
Llegado que hubo el "Santa Rosa" atracó a un viejo
muelle de piedra por el cual descendió el pasaje cuyo destino era aquel. Allí
también bajaron algunos jefes del ejército que debían incorporarse en tal punto
a las unidades destinadas a la conquista definitiva de la vasta zona ocupada
por los indios bravos. Conocí únicamente , entre esos militares al Coronel
Villegas, que tuvo actuación prominente en la emergencia. Le acompañaban otros
militares, algo así como su estado mayor, alguno de igual grado al suyo
portando lanzas. Llamáronme extraordinariamente la atención, eran las primeras
que veía. La planta de algunos militares daba bien con ellas.
Durante el viaje yo había permanecido alejado de los demás
pasajeros y al lado de mi padre, enfermo por el mareo, que le causaba mucho
padecimiento; luego también, ansiando el amparo íntimo y amistoso. Había que
sumar la cortedad natural de mis años: contaba apenas dieciséis.

Jacinto
Peralta Martínez en 1880
Puede considerarse los agasajos y alegría
con que la población recibiera a aquellos militares que representaban la
tranquilidad futura asegurada. Aún no hacía una semana del último malón en el
cual la indiada llegó hasta el pueblo o poco menos, arriando todo a su paso. En
esa, como en otras oportunidades los prácticos mismos fueron atacados en sus
rancherías y alguien me dijo, que la mejor defensa de estos consistía en un
pequeño cañón, poco más o menos que los que llevan hoy como un lujo los yates y
a cuyo fuego sin embargo, le temía el indio de tal modo que por tal medio
resultaba fácil contenerles.

Plaza y
Fuerte de Patagones. (Fte: Museo Roca)
Nuestra permanencia en aquel puerto debió prolongarse a causa de
la adquisición y embarque de hacienda y forrajes, lo que requirió unos días y
también por el mal tiempo en algunos momentos con violencia de tempestad,
felizmente pasado en puerto de completo abrigo.
Fue motivo de curiosa distracción también, la llegada en los
primeros días, del Cutter "Santa Cruz" al mando del Capitán Magnasco,
que regresaba de un recorrido de costas, con el excelente resultado de haber
salvado al expedicionario Don Ramón Lista y sus escasos compañeros. De recalada
en Puerto San Antonio pudo el comandante Magnasco percibir señales
de auxilio y realizar el salvamento. Poco hacía que Lista saliera de Río Negro
en procura de reconocimiento como los realizados otras veces, pues era el
momento de exploraciones en los hasta entonces desconocidos territorios. Ocurriole
que el personal de baqueanos de sendas se alzó una noche con la caballada,
provisiones y hasta el instrumental.- aquellos bandidos, ni siquiera agua
dejaron a estos hombres, destinados a morir en un absoluto desamparo.

Don
Ramón Lista
Fuente:
U.C.A.- Personajes Patagónicos
Cuando lo recordaban al calor de la mesa,
a bordo del "Santa Rosa" aún mostraban en el decir y en sus ojos todo
el horror del drama en que acababan de ser actores.
El Cutter fue a fondear a pocos metros de
nuestro barco. En uno de esos días, en calma todo, vi a un negrito como de doce
años que como quien juega, se ponía en cuclillas sobre la borda. Tal y como
acostumbraba hacerlo.En esta ocasión resbaló y cayó al río. Yo sólo vi la
sombrar y el sonar de la zambullida. En vano se largaron bote de ambos barcos y
de otros. No se supo mas de aquella infeliz criatura. Las aguas de estos ríos
del Sur son de corrientes velocísimas y por ello muy peligrosos, como lo tienen
acreditado.
Navega otra vez el
"Santa Rosa" en la tranquilidad del Atlántico. Parecía compasivo el
Magnífico Señor con la vieja tablazón que nos llevaba.- Cautelosos iba el barco
en su pesado andar como temiendo despertar al gigante de las aguas sobre cuya
epidermis se deslizaba en su levedad y aquel, por adormilado luego de orgiástica
borrasca o inadvertido, le dejaba hacer y avanzar como si se tratara de una
gaviota o un petrel.
A ese viaje debo el haber sorteado entre
otros los peligros de un momento de convulsión política que pudo serme de
consecuencias ingratas. Como los jóvenes de mis años y más, me había
incorporado a un batallón de Buenos Aires, el San Marín, que mandaba don
Enrique Bonifacio. este cuerpo fue diezmado en la acción de Corrales y cayeron
varios compañeros de fila.- Pero a mi viaje le debo mucho mas: El fue
ejemplarmente educativo e hizo de maestro y de padre y del hijo y discípulo,
compañeros y amigos de toda firmeza, movidos por anhelos iguales y un cariño
que se afirmaba por delicadas atenciones y cuidados mutuos. en esta forma
inculcaba el amor paterno, sirviendo de ejemplo cotidiano, el valor de las
prácticas morales y caballerescas en todas las circunstancias de la vida, pues
aún en lo lejano y desierto del país, nunca mostró tan digno prototipo, así en
sus expresiones, como en las posturas y aún en el vestir.- Fue siempre el
caballero con puntos de austeridad connaturales en él.
En 1882 rendía su vida en el homenaje
interminable de las almas hacia su Creador.
Soledad y quietud. así se presenta
desde el primer momento el punto nuestro destino. El correntoso río al que
entramos sin trabajo alguno, nos muestra en su ancha claridad, en los
brillantes reflejos de su propio andar. a poco hallamos

El Río
Santa Cruz ( Fte: H.C.D. del Puerto de Santa Cruz)
Días más allá , había que abordar la isla con algunos marineros
en busca de huevos, los había en abundancia tal, que en un
instante se llenó el bote.Todos eran de feo gusto, aceitosos y
de olor a pescadería, de clara resistencia a la cocción.
En contraste con la belleza de aquellas aguas, ligeras y
transparentes, espejo de un cielo generalmente claro, el marco es que se mueven
en obscuro, frío en la soledad de sus barrancas y colinas apenas interrumpidas
por cañadones, algunos como valles, cuyo verdor resalta a trechos por calvas
pedregosas entre matas hirsutas o blancos arbustos de igual dureza. Aquellos
suelos, en sus grietas o planicies, abundan en cantos rodado y ostracitas.
Fondeamos en el " Cañadon Misioneros" sitio en el que
se hallaba la sub.-.delegación, y esta, instalada en casillas de madera ,
al pie de un alto cerro, las que en años anteriores, construyera don
Ernesto Rouquad.

Ernesto
Rouquad (Fte: H.C.D. de Puerto de Santa Cruz)

Paisaje
de Santa Cruz ( Fte: H.C.D. de Puerto de Santa Cruz)
Fuimos recibidos y acogidos con la mayor cordialidad, como
familiares que volviéramos al seno de vieja amistad.- No podía ser de otro modo
pues que allí estaban el Capitán de
oooo0ooo
La colonia inicial, plantel de cien vacas a que seguramente
había tratado de dar vida, el gran propulsor de aquel territorio que fuera el
Capitán Moyano, estaba instalada en el sitio conocido por "Salinas",
entre la punta que forman el Río Santa Cruz y el Río Chico y

Vista
de
A cargo y cuidado de estos animales, que no habían prosperado en
crías, porque aquel suelo es negativo para la cría de vacunos se hallaba
un matrimonio, de argentino, creo, y de chilena, don Gregorio Ibáñez y doña
Gregoria. Vega. Tenían varios hijos, el mayor de ellos Miguel; no recuerdo
a los otros por pequeños.- Buena y servicial gente.-
Entre otros hombres, cuya vida allí y en esos días sólo
alcanzo a concebir como hábito de nomadismo inspirado en aquel ambiente
primitivo, recuerdo a un muchachón austríaco, tan grande y pesado como de
buen carácter, que habíase caído del caballo alguna vez y roto el brazo. Falto
de asistencia quedose inválido, tal vez por todos sus días. Todos apreciábamos
al buenazo de Maxinio. Citarle, me trae la obligación de una anécdota juguetona
en la que él tuvo la iniciativa. Era
cazador por los cueros y por las plumas.

Bandada
de ñandúes. Foto de Joaquín Moro
Un día hallose una nidada de ñandúes cuyos huevos, al romper uno
le afirmaron en su creencia de que en uno o dos días nacerían los charitas.
Quizá estuviera cerca de la administración de

Nidada.
Foto de Joaquín Moro
El refuerzo que significaba para Santa Cruz nuestra llegada
estaba de acuerdo con la población existente, las personas mencionadas y unos dieciséis
marineros más o menos, pertenecientes a la sub.-delegación.
Nosotros pues, mi padre y yo; el colono don Gregorio Albarracín
y su esposa Mariah Salomé, un peón que nos acompañaba, soldado antes pero viejo
ya y el negro Mariano González, que fue llevado por nosotros a ruego de su
vieja madre Encarnación. a esta la conocían y era muy de la casa de una hermana
mía. Hacía y vendía unas empanadas de aquellas cuyo recuerdo es por sí sólo una
golosina.
No éramos muchos, ni con el refuerzo y todo , los pobladores de
1880 y ,menos quedábamos si se considera el moverse tras su pasión geográfica y
de nuevas tierras del dinámico Capitán Moyano que vivía para sus exploraciones
y arrastraba por el impulso de su propia acción a Mouret, a García, a Guillaume,
a Poivre, a otros más. otras veces eran los cazadores quienes se alejaban a
Gallegos, a Punta Arenas, a sitios del interior llevados o traídos por su
comercio.- a veces éramos tan pocos que algunos días, allá cuando mi padre se
ausentó definitivamente, ensillaba un caballo, era el "Vapor" o una
caballa y al tranco llegaba a algún cañadón para gritar y que el eco me diera
la ilusión de otra persona.
Ese "Vapor" era un préstamo que me hizo don Pedro
Dufour. Caballo colorado de gran alzada, había pertenecido al General Venancio
Flores a quien sirviera en sus campañas de
Santa Cruz entonces, nada más mostraba como signo gentilicio,
las casas ocupadas por la subdelegación y un galpón de madera como
aquellas;" Cañadón Misionero" de por medio, había dos pequeñas
casillas, muestra de la pasajera ocupación chilena; luego pero ya lejos, Río
Santa Cruz arriba, estaba el llamado plantel de

Casa de
Piedra Buena en
Fuente:
www.piedrabuena.gov.ar
El vasto territorio ofrecía pues, casi el primitivo yermo de
dura formación muestra de todas las arideces, vestido en las inacabables noches
de invierno por hielos y nieves de espeso barrido, en los días sin fin de
los veranos por vientos de cálida violencia.
Fue esto mismo, por influencia del destino la defensa del
inmenso territorio. La expedición Fitz Roy-Darwin, fracasó en su empeño por
falta de medios y echose atrás dejando su vestigio en una botella que más tarde
hallara el marino Piedra Buena. Felices contratiempos e impresiones que nos
libraron de discutir los derechos como ocurre con las Islas Malvinas: el
informe de aquella expedición; hizo sino aguijonear el patriotismo de hombres
tan meritorios como el capitán Carlos María Moyano que con máxima modestia se
propuso abrir todos los puertos de
Para pensar en la prosperidad actual de estos territorios hay
que traer a la memoria la obra de esos hombres que sin elementos o con los muy
primitivos fueron mostrando nuevas sendas y extendiendo territorios generosos a
la acción y al trabajo por medio de sus marchas hacia los contrafuertes de la
cordillera y hacia el Norte, exaltando de entre los peñascos y montes vírgenes,
hermosos lagos y valles y praderas de riquezas regados por riachos y arroyos en
cuyas márgenes crecen pasturas que habían de alimentar como lo hacen a millones
de ovejas, así como alimentaban a millones de guanacos.

El Río Chico en Invierno.
Fuente.www.descansonatural.com
En esos tiempos legendarios ya, de los Piedra Buena, Moyano,
Moreno, Lista y otros, la movilidad estaba concretada por tierra a lomo de
caballerías, generalmente inferiores y escasas en sumo grado. Necesitábase
espíritu de caballeros andantes para alimentar ensueños de realidades como las
que iban poniendo de manifiesto en cada una de las varias expediciones
señalando al propio tiempo los límites de la desconocida grandeza de la
patria. Nada importaron a estos varones las penurias de que jamás se quejaron
así hubieran llegado a mirar a la parca frente a frente, por el hambre y la
sed, como ocurrió a Lista en un caso que ocasionalmente conocí de cerca. Vale
considerar nada más aquella inmensidad desierta y la pesadumbre de los largos
días del empeño y las dudas inevitables.
Estas digresiones eran para mi relato de necesidad pues son la
concluyente demostración de la inoportunidad del intento de que se encargó a mi
padre por el Gobierno. No es posible construir en el vacío y aquello no
significaba otra cosa. Debo agregar que a los obstáculos naturales otros que se
produjeron en las esferas gubernativas a poco de ausentarnos de Buenos
Aires. El cambio de gobierno trajo la esperada consecuencia de la revolución
de ese año 1880, luego la federalización de la capital de la provincia con toda
la secuela de cambios por unos y otros motivos. Esto sólo hubiera bastado si se
tiene en cuenta que faltaban medios de comunicación marítima que no fueran los
oficiales, que llegaron a comprometer en ese tiempo en un bombardeo de
Todo justamente apreciado y a la vista del terreno en que debía
actuarse, decidió a mi padre a regresar a los seis meses de su llegada a Santa
Cruz. Volviose en el mismo barco, una vez que hubo cambiado el eje de la
hélice, roto apenas iniciado su viaje de retorno, lo que le hizo volver a
puerto, con sorpresa general y mucha arte pues sólo disponía de un paño de vela
con el que evolucionó dos o tres días frente a la barra para entrar nuevamente
a puerto. El tiempo le fue propicio.
El "Santa Rosa" quedó seguro y su capitán aprovechó la
rara oportunidad de un velero noruego, creo, para hacerse para hacerse llevar a
puerto en que hallara transporte para Buenos Aires. A su regreso se corrigió
la grave avería de la que nos salváramos a la ida porque Dios así lo dispuso,
reteniéndonos en Río Negro durante un bravo temporal a que hice referencia en
otro lugar.-
Puede pensarse la preocupación con que quedaría el hijo al
emprender su padre el viaje en condiciones como de un ensayo de la obra
efectuada con un personal cuya competencia se desconocía y debe suponerse
asimismo las preocupaciones de un padre por el muchacho inexperto que allí
quedaba. Muchas cosas fueron dichas, muchas también escritas como instrucciones
previsoras. De todo ello a la distancia a que hoy me hallo gusto el sabor de
grato sentimiento de amor compartido, que ha puesto en mi vida algo como un
guía de acciones que por bondad divina he seguido sin tropiezos.
Hasta aquí el relato de Jacinto Peralta Martínez.
Edilberto Martín Fernández Ithurrat, Buenos Aires, marzo de 2006