Los Milagros De Dios Vs. Los
Milagros Modernos Del Hombre
INTRODUCCIÓN:
I. ¿Qué Es Un Milagro?
Algunas personas definen milagro como “Una cosa
maravillosa ― Una maravilla”. Otros piensan que los hermosos y
complicados procesos de la naturaleza son milagros. Pero todas estas
concepciones no van de acuerdo con lo que la Biblia nos muestra como una obra
milagrosa.
Un milagro es un evento en el mundo físico el cual se
desvía de las leyes conocidas de la naturaleza. Un acto que es imposible de
realizar naturalmente.
II. ¿Qué Propósito
Específico Tenían Los Milagros?
Jesús algunas veces realizó milagros por compasión hacia
las personas (Mat. 9:36; 14:14; 15:32; 20:34). Sin embargo, cada milagro
comenzando desde la Creación ha tenido el mismo propósito principal como
trasfondo:
1. El propósito de la magnificencia de la Creación era
probar la existencia de Dios (Ro. 1:20).
2. Por medio de los milagros, Dios se mostró a sí mismo
como el único Dios verdadero―un Dios muy por encima de todos los dioses
egipcios (Éx. 10:2) y de todos los dioses cananeos (1 Re. 18:36-39).
3. Dios probó que Jesús era Su Hijo por medio de los
milagros, maravillas y señales (Jn. 20:30, 31; Hch. 2:22).
4. Dios identificó a ciertos hombres (los apóstoles) como
Sus embajadores aprobados “mediante señales y maravillas y milagros” (2 Cor.
12:12).
5. Dios usó Su poder divino para revelar Su palabra por
medio del Espíritu Santo a hombres escogidos (Ef. 3:3-5; 2 Tim. 3:16; 1 Pe.
1:10-12; 2 Pe. 1:20, 21).
6. No solamente fue dada la Palabra milagrosamente a los
embajadores de Dios, sino que también fue confirmada a través de milagros,
maravillas y señales (Mr. 16:20; Hch. 14:3; He. 2:2-4).
7. Dios confirmó Su voluntad a través de señales
milagrosas. Por ejemplo, Él utilizó una señal para confirmar que estaba
abriendo la puerta de la salvación a los gentiles (Hch. 10:47; 11:17; 15:7-9).
Con señales también mostró su aprobación a la conversión de los samaritanos
(Hch. 8:14-19) ―un pueblo generalmente no aceptado por la gente judía
(Jn. 4:9) ―y el re-bautismo de los discípulos de Juan (Hch. 19:1-6).
Las Escrituras son muy claras con respecto a que los
milagros, incluyendo la sanidad divina, servían al propósito de confirmar. Cuando un orador inspirado
transmitía la Palabra de Dios, Dios validaba o endorsaba lo dicho otorgando
poderes milagrosos al orador. Así se establecía inequívocamente el origen
divino del mensaje (Mr. 16:20; Jn.
3:2; 20:30, 31; Hch. 4:29, 30; 8:6; 1 Cor. 14:22; He. 2:2-4).
Una vez que el mensaje dado por Dios era puesto en forma
escrita, habiendo sido autenticado oficialmente mediante confirmación
milagrosa, el propósito del milagro se disolvía y su necesidad era removida.
Una re-confirmación no es esencial. Si la revelación escrita inspirada de la
Biblia no convence a las personas hoy, ni un milagro lo hará (Lc. 16:31).
III. ¿Quiénes Tuvieron
El Privilegio De Realizar Milagros?
Jesús dijo en Mar. 16:17, 18: “...” Este pasaje no
responde las siguientes preguntas: (1) ¿Todos los creyentes serán capaces de
echar fuera demonios, hablar en lenguas, sanar a los enfermos, etc? (2) ¿Estarán
estos dones limitados a ciertos creyentes? (3) ¿Sobre qué base los que realicen
estos milagros podrán hacerlo? (4) ¿Por cuánto tiempo continuarán estos
poderes? (5) ¿Cuál es le propósito de estas señales?
Una declaración hecha por Pablo provee evidencia de que
no todos los creyentes poseerían estos dones (1 Cor. 12:7-11; 27-31). Solamente
ciertos creyentes tenían dones milagrosos, y de los que tenían, cada uno tenía
un don específico.
Aquellos que tenían dones milagrosos no los tenían
solamente porque eran creyentes, sino porque ellos habían sido capacitados por
el Espíritu Santo (1 Cor. 12:11). Sus poderes milagrosos eran el resultado de
la concesión del Espíritu Santo por parte de los apóstoles mediante la
imposición de manos (Hch. 8:14-17; 19:6). Por esta razón, los dones milagrosos
eran dados solamente cuando alguno de los apóstoles estaba presente (considere
Ro. 1:11). Los mismos eran dados para confirmar la veracidad del evangelio (Mr.
16:20; Hch. 14:3; He. 2:3, 4) ya que el fundamento de la iglesia estaba siendo
puesto por los apóstoles y profetas (Ef. 2:20).
IV. ¿Hasta Cuándo Se
Concedió Este Privilegio?
El apóstol Pablo declara evidentemente en 1 Cor. 14:6 que
no habría beneficio del don de lenguas o de cualquier poder especial, excepto
para el propósito de completar la revelación divina; por lo tanto, no hay
propósito, razón o necesidad para la existencia de esos dones hoy (1 Cor.
13:8-10).
Los poderes especiales concedidos a algunos creyentes en
el primer siglo llamados dones
espirituales eran necesarios para llevar a cabo la construcción del Cuerpo
de Cristo, la iglesia. Estos dones impartidos eran la obra del Espíritu
expresados en la palabra original carisma.
De acuerdo con la Concordancia Analítica
de Young la palabra se usa en diecisiete pasajes apostólicos donde se hace
referencia a estos dones especiales. Solamente hay dos excepciones, según
Young, donde la referencia a los dones espirituales no viene de carisma―1 Cor. 14:1 y 1 Cor. 14:12
(Leerlos). La palabra “dones” no aparece en el original, sólo se usa el término
pneumatika. Aunque debido al contexto
debe entenderse como las cosas
espirituales o los dones espirituales.
Solamente hay dos lugares donde los dones espirituales son de la forma pneuma―en todos los otros pasajes
se usa la palabra carisma. La razón
para la mención de esto es por énfasis―en que todos los dones carisma eran provisionales, temporales y
desaparecerían. Y esta es la palabra usada en referencia a los dones
mencionados en Ro. 12:6-8, 1 Cor. 12:1-11 y Ef. 4:8-16. En estos versículos,
cuando uno ha separado todas las repeticiones, hay diecinueve cosas enlistadas
entre los dones espirituales que abarca carisma.
El propósito de estos dones carisma
era impartir poderes especiales
miembros individuales, el número de personas necesarias, para la
edificación de la iglesia en la ausencia de la revelación completada, la
palabra de Dios en forma escrita.
Estos dones carisma
eran “otorgados” y durante el período especial de la iglesia del primer siglo;
e impartidos mediante la imposición de manos de los apóstoles; y solamente los
apóstoles tenían este poder de impartir estos dones a diversas personas según
se necesitaba en las iglesias. El incidente de Hechos 8 prueba esta realidad.
Léase también 2 Tim. 1:6. El carisma necesitaba, pues, de las manos apostólicas
y luego que las manos del último apóstol de nuestro Señor abandonaron este
mundo, se llevaron con ellas el único método para la continuación de dichos
poderes.
Esta es la manera como Dios actúa. En la creación del hombre,
Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”, pero cuando el hombre fue
completamente terminado, no hubo más necesidad de continuar el método directo
usado para formarle al principio del mundo. Así fue con el “nuevo hombre”, la
iglesia. Para formarla se necesitó de poderes especiales, y en su etapa de
crecimiento sin la palabra revelada, los dones carisma eran indispensables. Pero así como con Adán los poderes
creativos fueron sucedidos por la ley natural, en el 2nuevo hombre”, la
iglesia, los dones especiales han sido sucedidos por la ley espiritual, la
revelación escrita y final de Dios. Los dones carisma asociados con la imposición de manos apostólicas, cesaron
cuando esas manos dejaron de existir.
V. Conociendo Los
Argumentos De Los “Sanadores” Modernos.
1. “La
sanidad es parte de la obra de expiación de Cristo”.
Aquí citan Is. 53:4-5. Sin embargo,
la sanidad aquí es la del alma, no la del cuerpo. Jesús usó la palabra “sanar”
para referirse a la sanidad espiritual (Mat. 13:15). Marcos prueba que esta es
sanidad del alma, no del cuerpo (Mr. 4:12). El pecado es como una enfermedad
(Is. 1:5-6) y Jesús es el Gran Médico (Lc. 5:32). La sanidad aquí es
espiritual.
2. “Dios no cambia”.
Es cierto que Dios no cambia en su
naturaleza moral, y por eso Su amor es el mismo siempre. Pero este texto no
dice que Dos siempre hará milagros ni que Él siempre hará las cosas de la misma
forma que las ha hecho anteriormente. Dios hizo a Adán del polvo (Gn. 2:7) y
hizo a Eva de la costilla de Adán (Gn. 2:22). Pero Dios nunca ha vuelto a hacer
otro hombre del polvo u otra mujer de una costilla. Él no cambia; pero Él no
está haciendo las cosas en el mismo modo del pasado.
3. “Dios es capaz de hacerlo”.
Algunos quienes abogan por los
milagros hoy nos acusan de negar el poder de Dios. Ellos preguntan: “¿Hay algo
difícil para el Señor?” (Gn. 18:14; Jer. 32:37). Piensan que sólo porque Dios
es “Todopoderoso” (Gn. 17:1) Él está realizando toda clase de milagros que ya
había hecho en tiempos pasados. Sin embargo, hay un axioma que dice: “Lo que
prueba demasiado, no prueba nada”. Aun los mismos exponentes de milagros para
hoy no creen que Dios esté haciendo todo lo que Él es capaz de hacer. Juan el
Bautista dijo: “Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Mat.
3:9). ¡Pero no lo hizo!
¡Dios pudo traer el fin del mundo
ayer a medianoche! ¡Pero no lo hizo! ¡Por eso Dios no hace todo lo que Él es
capaz de hacer!¡Nunca estuvo en el plan de Dios seguir haciendo al hombre del
polvo y a la mujer de la costilla, aun cuando Dios todavía es capaz de hacerlo!
Él comenzó la humanidad con milagros, pero la perpetúa por medio de las leyes
naturales.
VI. ¿Cuáles Son Las
Diferencias Entre Los Sanadores Bíblicos Y Los Modernos?
Uno no puede creer en la Biblia y al mismo tiempo negar
que se realizaran sanidades milagrosas en el Nuevo Testamento. Sin embargo, las
sanidades milagrosas descritas en la Biblia difieren remarcablemente de las
alegadas sanidades de hoy. Considere los siguientes cuatro contrastes:
1. Las sanidades realizadas en el NT
involucraron enfermedades indisputablemente auténticas. Los reclamos modernos
involucran dolores y achaques, artritis y cáncer―males ambiguos que no
son sustentables y que dejan al observador sin ninguna garantía real de que
realmente ha ocurrido un milagro. ¿Dónde están los sanadores de la actualidad
que repiten las sanidades descritas en el NT? ¿Cuándo un moderno sanador
restauró la vista a alguien que haya nacido ciego? (Jn. 9:1). Si Jesús y los
apóstoles vivieran hoy, ¿podrían sanar a personas desmembradas por un accidente
automovilístico? ¿Se abstendrían de levantar individuos de sus tumbas? (Jn.
11:17, 44). Los sanadores de la actualidad son muy selectivos en lo que ellos
dicen sanar.
2. Un segundo contraste entre los
sanadores del NT y los sanadores modernos es el hecho que la autenticidad de
las sanidades milagrosas del NT era reconocida aun por enemigos y opositores de
Cristo y los apóstoles. El sumo sacerdote y los fariseos admitieron las
actividades milagrosas hechas por Jesús y sus apóstoles (Jn. 11:47; comp. Mat.
12:24; Jn. 3:2; 10:21, 41). En una ocasión, la alta jerarquía judía reconoció
abiertamente: “Porque de cierto, señal
manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén,
y no lo podemos negar” (Hch. 4:16). No obstante, los sanadores de hoy están
envueltos en sospecha y escepticismo. Su ambigua naturaleza evade aun los más
honestos intentos de verificar su realidad.
3. Una tercera diferencia es vista
en la común insistencia en la fe como un pre-requisito para la sanidad. Los
sanadores modernos excusan su incapacidad para sanar sobre la base que la
persona no sanada le faltó la fe suficiente. Es cierto que en el NT algunos
sanados fueron alabados por su fe antes de recibir el milagro (Mat. 9:28-29).
Sin embargo, a muchos otros no se les requirió fe antes del milagro.
Por ejemplo, a todos los muertos que
fueron resucitados obviamente no se les pidió que tuvieran fe (Jn. 11:44). Ni a
los que estaban poseídos por demonios (Lc. 9:42; 11:14). Aquel hombre en el
estanque de Betesda, cuya condición paralítica le había acompañado por 38 años,
ni siquiera sabía que era Jesús quien le había sanado (Jn. 5:13).
Considere Juan 20:30, 31 donde se
dice que el propósito de las señales era: “para que creáis que Jesús es el
Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”. Juan
dice que la creencia es posterior al
milagro―¡no previa para recibir
el milagro! El NT enseña lo opuesto de aquellos que dicen sanar hoy. Ellos
dicen que usted debe tener fe para recibir el milagro. El NT enseña que los
milagros eran realizados para verificar la autoridad del orador y la
autenticidad del mensaje. Luego, el
mensaje generaba fe dentro del oyente (Hch. 13:12). Por lo tanto,
cronológicamente, la fe sigue―no
precede―a la sanidad milagrosa.
4. Otro contraste entre las
sanidades de la Biblia y las supuestas sanidades de hoy es vista en la función
de tales sanidades. Aquellos que creen que la sanidad divina, milagrosa, ocurre
hoy implican que el propósito de dichas sanidades es simplemente aliviar a las
víctimas de estas enfermedades, es decir, cesar el dolor, remover el sufrimiento
y mejorar la condición física del individuo enfermo. Ellos afirman que la
sanidad milagrosa está diseñada para que el creyente esté bien porque Dios no
quiere que Su pueblo sufra. Pero esta función sencillamente no encuentra apoyo
en la Escritura.
Aunque la compasión de Jesús es
evidente en sus actividades sanatorias, este factor no es la razón por la que Jesús y sus apóstoles
sanaron milagrosamente a las personas.
Si el propósito de la sanidad hubiese sido cesar el dolor y el
sufrimiento o permitirle a Dios demostrar su cuidado y compasión, entonces
¡Dios falló en sus esfuerzos! ¿Por qué? Porque Él dejó sin tocar a un montón de
enfermos. Jesús y sus apóstoles vivieron en la tierra lo suficiente como para
sanar a todo el mundo. Pero, es un hecho que, la mayoría de la población se
mantuvo con sus enfermedades.
Si la sanidad divina era simplemente
con el propósito de que la persona estuviera bien ¿porqué dejó a Pablo con su
“aguijón en la carne”? (2 Cor. 12:7). ¿Por qué dejó a Timoteo con sus problemas
estomacales y sus “frecuentes enfermedades”? (1 Tim. 5:23). ¿Por qué dejó a
Trófimo enfermo en Mileto? (2 Tim. 4:20). ¿Por qué Jesús dijo que los enfermos
necesitan un médico? (Mat. 9:12).
Sugerir que el propósito de la
sanidad divina en el NT era para aliviar el dolor y el sufrimiento es situar a
Dios en una encrucijada de propósitos. Uno de los necesarios elementos
constituyentes de este mundo creado es el sufrimiento que se levanta
naturalmente para dar a los seres humanos el ambiente apropiado en el cual
crecer, desarrollarse y madura espiritualmente. Así que, lejos de prometer
remover nuestros dolores y enfermedades, Dios nos asegura que Él estará con
nosotros para sobrellevarlos (1 Cor. 10:13). Él nos ofrece gracia para
soportarlos (2 Cor. 12:9).
VII. ¿Qué Podemos
Esperar Hoy De Dios En Cuanto A La Salud Física?
El verdadero hijo de Dios aceptará la enseñanza bíblica
con respecto a que la oración y la providencia van juntas en lugar de la
oración y los milagros. Los cristianos orarán por los enfermos con el
entendimiento que Dios actuará dentro del
marco de la ley natural para que una oración pueda ser respondida.
En referencia
a la oración el hombre de comprender la verdad que no todas las personas
religiosas están en la condición de orarle a Dios. Jesús dijo: “No todo el que
me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la
voluntad de mi Padre que están en los cielos” (Mat. 7:21). Es triste pensar en
todas esas multitudes que actúan como el diablo toda la semana y el fin de
semana caen de rodillas ante Dios pidiendo su favor. Una y otra vez la Biblia
muestra que solamente el que permanece en Él a ese Dios oye (Jn. 9:31; 15:7).
Una persona que obedece la doctrina de Cristo está apropiadamente preparada
para recibir todo el favor de Dios por medio de la oración.
Esto nos lleva a la providencia. Se dice que “La
providencia de Dios tiene que ver con la preservación, cuidado y gobierno que
Dios ejercita sobre todo lo que Él ha creado, para que se pueda cumplir el propósito
por el cual todo esto se creó”. ¿Cómo la oración y la providencia van juntas?
Considere que en una ocasión Dios alimentó a la multitud con maná venido del
cielo (Éx. 16). Él aún nos alimenta hoy; pero es la semilla, el sembrador, la
lluvia, la luz solar y la cosecha lo que nos hace llegar al pan. Sí, debemos
orar “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy” (Mat. 6:11), pero seguramente
nadie sale al patio a esperar que una hogaza de pan le caiga en la cabeza.
Debemos hacer nuestra parte y trabajar (Mat. 7:7-8).
El mismo principio debe ser entendido cuando oramos por
un enfermo. Sí, debemos orar por aquellos que tienen enfermedades; Sí, debemos
orar para que se recuperen si es la voluntad de Dios. Sin embargo, Dios pone a
andar su providencia a través de las leyes naturales―los doctores, las
enfermeras, las medicinas, la tecnología, junto con las oraciones de todos los
santos (Ef. 6:18; Stgo. 5:16). Si rechazamos o ignoramos esta enseñanza,
entonces hemos en efecto rechazado a Dios. Como lo dijo el hermano Guy N.
Woods: “El que es rescatado de las puertas de la muerte por medio de las
medicinas modernas ha sido tan seguramente sanado por el poder de Dios como los
que fueron recipientes del ministerio de Jesús en sus días”. Ciertamente
podemos ver que si Dios suspende las leyes naturales por causa de una persona,
no sería ya un Dios justo sino un “aceptor de personas” (Hch. 10:34).