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El budismo y la etica Borges, Jorge Luis |
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| Hace dos mil quinientos a�os que la pr�dica de un pr�ncipe menor del Nepal ha influido en incontables generaciones del Oriente; no se ha hecho culpable de una guerra y ha ense�ado a los hombres la serenidad y la tolerancia. Citaremos algunos textos de los libros can�nicos: �El odio no puede nunca detener el odio; s�lo el amor puede detener el odio; esta ley es antigua.� �Si en la batalla un hombre venciera a mil hombres, y si otro se venciera a si mismo, el mayor vencedor ser�a el segundo� � No hay fuego comparable al odio; no hay dolor como el de esta vida carnal; no hay dicha superior a la paz�. �En este mundo producen felicidad la bondad del coraz�n, la moderaci�n para con todos los seres. �En este mundo producen felicidad la ausencia de pasiones y la superaci�n de los deseos. Pero la destrucci�n del ego�smo es en verdad la felicidad suprema�. �La felicidad es de aquel que no tiene nada, que ha dominado la doctrina y ha alcanzado la sabidur�a. Mira como sufre el que tiene algo. El hombre est� encadenado al hombre�. �Las penas, lamentaciones, sufrimientos de m�ltiples formas que existen en este mundo se producen a causa de algo querido. Por esto, son felices y est�n libres de dolor aquellos que no tienen en este mundo nada querido. Si aspiras al estado libre de dolor y de pasi�n, no tengas nada querido en ning�n lugar de este mundo�. �Los dioses no pueden alcanzar con la mirada a aquel hombre en cuyo interior no existe c�lera, que est� m�s all� de cualquier forma de existencia o de inexistencia, cuyos temores han cesado, feliz y libre de pena�. Cierta vez que el Buda se encontraba en un bosque, muri� el �nico hijo de un devoto laico. Al amanecer, los deudos se acercaron con las ropas y el pelo a�n h�medos del ba�o ritual. El Buda les pregunt� porqu� ven�an as� y el padre dijo: Se�or, ha muerto mi �nico hijo, un ni�o agradable y muy querido. El Buda respondi�: �Los dioses y la mayor�a de los hombres, atados por el goce de la apariencia agradable, presas del sufrimiento y de la vejez, caen en poder del rey de la Muerte; pero aquellos que, de d�a y de noche, alertas y vigilantes, dejan de lado lo que tiene apariencia agradable, arrancan por completo la ra�z del sufrimiento, el se�uelo de la muerte, tan dif�cil de superar�. Un insensato oy� que el Buda predicaba que debemos devolver el bien por el mal y fue y lo insult�. El Buda guard� silencio. Cuando el otro acab� de insultarlo, le pregunt�: �Hijo m�o, si un hombre rechazara un regalo, �de qui�n ser�a el regalo?� el otro respondi�: �De qui�n quiso ofrecerlo�. �Hijo m�o�, replic� el Buda, �me has insultado, pero yo rechazo tu insulto y �ste queda contigo. �No ser� acaso un manantial de desventura para ti?� El insensato se alej� avergonzado, pero volvi� para refugiarse en el Buda. | ||||||||||||
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