De un tiempo a
esta parte la novela policíaca parece volver a revivir sus
mejores momentos. Estamos en una ápoca de auge, y ya no
sólo para los aficionados al género sino para el
público en general. Mucho ha tenido que ver la trilogía
de Stieg Larsson, muy bien publicitada, todo hay que decirlo. En todo
caso, Henning Mankell es un autor que ya hace años que ha gozado
de la consideración de público y crítico. Pero
lejos de acomodarse, Mankell va escalando, libro a libro, una
posición más que merecedora. Consigue que su
último libro supere al anterior.
En el caso que
nos ocupa, "El chino" es una de sus mejores novelas. Como ya es
frecuente en sus páginas, el autor combina varios escenarios:
Suecia, África y la china. El autor vive desde hace 20
años entre Suecia y África, preocupándose por la
situación de los países más desfavorecidos. Por
este motivo ahora ha introducido el país asiático en su
imaginario y la denuncia de la explotación de los inmigrantes en
su tinta.
Según explica Mankell en su página web sobre la novela,
le asusta ver cómo los chinos se comportan en África, con
los modos de los nuevos colonizadores, a los que él ha visto "en
acción" en Mozambique, donde dirige su Teatro Nacional.
En esta obra que
deja descansar a su famoso detective Kurt Wallander, se entrcruzan dos
historias que ahora no vamos a desvelar pero que sí consiguen
desvelar al lector. Desde unas primeras páginas de portentosa
descripción de un lobo hambriento sobre la nieve hasta esa cinta
roja que queda tiñendo de sangre el paisaje nevado de Suecia, el
autor construye mucho más que una novela de misterio, donde el
café y las inclemencias del tiempo son una constante. El
día a día en la vida de los protagonistas consigue formar
parte de la nuestra propia, y eso es lo más relevante, por
difícil de esta novela que tendrán a buen leer, pues si
todavía no conocen al autor, después de leerla
correrán a buscar más títulos. En este sentido,
agradecerán la reedición en bolsillo que Tusquets
presenta del autor sueco.