Derivado muy probablemente del cantar de gesta, el romance surge de la necesidad
humana de expresarse ante un hecho intenso de la realidad en la que vive. En
este sentido, el ROMANCERO –entendido como agrupación de romances– se aleja de
quienes lo consideran una muestra literaria esencialmente española, para ser una
manifestación que forma parte de un ámbito mayor: la balada europea. La presente
edición de Alejandro González Segura se centra sobre todo en el llamado
Romancero viejo, aunque añade unas cuantas muestras de autores del siglo xvi
(Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Góngora). Dejando aparte la división
temática o cronológica de los textos que propone el preparador, en todos ellos
encontramos lo que el romance es: canto (sujeto por tanto a unas determinadas
leyes métricas) y cuento que relata una historia, es decir, una mezcla de lo
lírico y lo narrativo, en la que se entrelazan lo culto y lo popular, lo leído y
lo escrito, lo bello y lo siniestro, en suma, la vida y la muerte.
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