eculturalia
Michel de Montaigne
Ensayos
Ilustraciones de Salvador Dalí
Planeta, 2006
Estamos ante uno de esos libros regalo -regalo también para uno mismo-, que nos ofrece la editorial Planeta en una edición con estuche y encuadernación en tapa dura. Un libro excelente para adentrarse en una lectura fundamental e imprescindible en cualquier biblioteca que se precie. Se incluye, en colaboración con la Fundación Gala-Salvador Dalí, veintiún dibujos en tinta china y dieciséis a tinta china pintados con acuarela. Estamos ante la obra maestra del padre del ensayo moderno, una de las principales aportaciones del pensamiento filosófico y literario francés, obra de cabecera todavía en la actualidad. Cualquier referencia al ensayo, si nos detenemos en su forma, pasa por esta obra. De educación liberal y humanista fue un gran admirador de Virgilio, Cicerón y Sócrates. En consecuencia, sus textos está repletos de citas de clásicos grecolatinos Como buen humanista, tomó al hombre como objeto de estudio desde su yo más íntimo y se levantó como un crítico agudo de la cultura, la ciencia y la religión de su época. Michel Eyquem, Seigneur de Montaigne (1533-1592) empezó a redactar los “Ensayos” en 1571, a la edad de 38 años, en el Chateau de Montainge, cerca de Libourne, y originariamente estaba formada por tres volúmenes donde se recogían 107 ensayos. En 1580 se publicaron los dos primeros volúmenes. Debido a la experiencia como alcalde de Burdeos, ocho años después se reeditaron con correcciones del propio autor. Viajó por Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia, anotando sus experiencias en un diario publicado en 1774, con el título “Diario de viaje”. Finalmente y a modo póstumo -continuó extendiendo y revisando sus “Ensayos” hasta su muerte-, en 1595, salieron los tres volúmenes completos. La colaboración de Salvador Dalí se fecha en 1940. El pintor catalán, ya con anterioridad, había ilustrado obras maestras como El Quijote de Cervantes, Macbeth de Shakespeare y la autobiografía del orfebre toscano renacentista Benvenuto Cellini. En estos textos trata temas dispares pero sobretodo expone una defensa de autores clásicos como Séneca, Plutarco o Cicerón. Muestra su aversión por la violencia y por los conflictos fratricidas entre católicos y protestantes, pues para él es preciso evitar la reducción de la complejidad en la oposición binaria y en la obligación de escoger bando. Sus escritos se caracterizan por un escepticismo nada frecuente en la época renacentista. El lector podrá aprender acerca de la educación, la presunción, la amistad, el dormir o la soledad, entre otros tantos temas. Una lectura lenta pero fructífera, altamente recomendable. “Quiero que se me vea en mi forma simple, natural y ordinaria, sin contención ni artificio, pues yo soy el objeto de mi libro.”
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