eculturalia
El jardín de la pólvora
Andrés Trapiello
Pre-Textos, 2005
Este nuevo volúmen del Salón de pasos perdidos (una novela en marcha), corresponde a los avatares vividos por el autor en el año 1999. Es una lectura larga, de 788 páginas y cuarto, pero en ningún caso densa. Sus páginas se abren esclarecedoras del vivir cotidiano y uno se pregunta, mientras dedica el tiempo propio a esta lectura, de dónde saca el tiempo el autor para escribir, leer y vivir con su familia y el mundo literario que a su pesar le rodea. El libro se abre con un prólogo que debería editarse desde ahora mismo como un ensayo independiente para cualquier estudiante o escritor, con o sin ínfulas, sobre lo que es un diario y qué una novela en un género en el que el autor prefiere situarse en la distancia del tiempo que lo definirá. De todas sus páginas se desprende el gusto por escribir y el esfuerzo por escribirlo, pues ahí reside la dificultad, en saber contarlo. Es un claro ejemplo la descripción costumbrista de la preparación de una cena, en la página 32, así como las múltiples referencias del autor a su propia escritura. El humor y la crítica están continuamente presentes, incluso el realismo mágico que el lector, como su propia familia, no se esfuerza en creer. Trapiello permite y asume que le acompañemos en el recorrido de un año que nosotros mismos ya hemos vivido desde el punto de vista propio, de los despertadores, autobuses y fábricas, bares, televisión y familia; y que ahora descubrimos desde la escritura, el cenáculo de los escritores y una vida que quiere ser vivida como una novela -maravilloso el trayecto acompañado hasta Atocha, donde se deja de ser uno para ser aquel otro que nunca seremos-. Andrés Trapiello viaja a Barcelona para participar como jurado en el Premio Nadal, tropieza con un esquivo y ridículo Pere Gimferrer, viaja dando conferencias, vela rumores, Cervantes, El Rastro, Miriam, Ramón Gaya, Juan Manuel Bonet, Claudio Rodríguez, Juan Ramón Jiménez, Valente, Javier Marías y la crítica literaria... "En la vida todo es memoria y en literatura todo es intimidad".
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