Ganadora
del Premio Apel·les Mestres de literatura ilustrada, este libro
es puro sentimiento. A partir de una simple acción, la
más conocida de Charlie Rivel, se construye esta historia. Es
decir, pintarse la cara, coger una silla y salir al escenario para
subirse en ella y emitir un aullido. estamos ante un homenaje que
emociona. Cada página es una pequeña acuarela que juega
con los colores rojo y negro, con la soledad de una sonrisa en el
rostro... Conjuga perfectamente la brevedad del texto con el espacio
vacío, la actuación detenida en la página.
Un homenaje para no olvidar su figura a los 25 años de su muerte.
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