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Entrevista con John Irving
Fundación Tàpies, Barcelona, 15 de mayo de 2006
(Fotografías: M.V.)
Con look juvenil y estival, entraba John Irving en el auditorio de la Fundació Tàpies la mañana del lunes 15 de mayo. Su mirada de chico introvertido y su media sonrisa hacen difícil de creer que este respetado autor haya cumplido recientemente los 64 años. Durante la presentación de Hasta que te encuentre, su último libro, respondió con gran amabilidad a las preguntas de la prensa, repasando elementos autobiográficos y anécdotas diversas de su vida.
Su libro más autobiográfico
John Irving manifestó ser muy lento procesando los hechos importantes que le acontecen en su vida. Ha esperado hasta su undécimo libro para relatar episodios autobiográficos relacionados con su infancia y adolescencia. El libro mezcla la realidad con la ficción, pero Irving dejó bien claro que hay tres elementos que efectivamente le sucedieron, como son las dos experiencias sexuales a muy temprana edad, la falta de información sobre su padre, y el hecho de sentirse confortable como persona por primera vez cuando actuaba.
A diferencia de su personaje Jack Burns, él no optó por el oficio de actor, pero la lucha greco-romana que ejercitó durante varios años le sirvieron como terapia para procesar esos episodios vividos de niño. Sin duda, como John Irving bromeó, fue una terapia mucho mejor que la que hubiera sido el alcohol o las drogas.
Reconoció la dificultad de relatar experiencias propias en una novela, aunque quiso remarcar que la parte más difícil de una novela es siempre el hecho de escribirla, indistintamente de si las fuentes son o no personales. Hasta que te encuentre le llevó 7 años, y es su obra más extensa.
Personajes marcados para siempre
El hecho de escoger el oficio de tatuadora para la madre del protagonista es una clara metáfora para ejemplificar el daño que ésta causa a su hijo. Alice marca a Jack Burns de la misma manera que un tatuaje marca a su portador de por vida. John Irving quería dejar bien claro que casi todos los personajes de la novela son marcados de forma irreversible, que sufren algún daño del que no pueden reponerse.
Como primer título de la novela consideró Marked for life, que es el nombre que recibe una convención anual de tatuajes que se celebra en Pittsburg. (Un sitio horrible, pero alguien tiene que vivir allí , apuntó) Al final Irving desestimo este título, ya que pensó que de hecho cualquiera de sus libros podría haber sido titulado así.
El proceso de escritura: cuando el final es el principio
Siempre sé cual va a ser el último párrafo antes de empezar a escribir el libro. No empiezo a escribir hasta que no sé cómo será el tono de voz final del libro, cómo sonará. ¿Será triunfante? ¿Melancólico? ¿Bajo? .
Antes de empezar a escribir, el autor realiza un extenso proceso de documentación y creación mental de la historia, que le puede llevar años. Incluso sabe en cuántos capítulos va a estructurarse el libro, cuáles serán los detalles más minúsculos. De ésta manera, cuando se sienta a escribir la primera línea, es cómo si la historia ya hubiera sucedido. Así entonces sólo debe preocuparse sobre el lenguaje, no del argumento. El final es lo primero en que pienso .
Relatar los abusos sexuales
El autor asegura que desde sus 60 años es más fácil hablar de lo que le ocurrió siendo un niño. En la ficción se relata como una mujer de unos 40 años abusa del protagonista, de 10. En la vida real, fue una amiga muy querida de la familia, de 20 años, que abusó de él cuando tenía 11. Afirma que le llevo su tiempo darse cuenta de lo que realmente le habían hecho. En los primeros años, cuando esta mujer desapareció de mi vida, la echaba de menos. No fue hasta que el autor tuvo su primer hijo, cuando se dio cuenta de lo que le había sucedido. Su hijo de 11 años fue el primer testimonio de los sucedido a su padre. Sentí la necesidad de contarselo para prevenirle de que nunca se dejara hacer algo así.
La búsqueda del padre
En el libro, uno de los personajes que asesora al joven Jacks en el mundo de la actuación le aconseja: Actúa como si tuvieras un público de una sola persona . Jack, que crece desprovisto de la figura paterna, mantiene siempre la esperanza de que su padre le esté viendo. John Irving, a la hora de escribir, lo hace también para un único lector imaginario. Me ayuda a concentrarme, de otra manera, el peso del gran público seria insoportable . En sus principios como escritor, o como luchador, siempre confiaba que, en algún lugar, su padre le seguiría la pista, leyendo sus libros. Él fue su primer lector imaginario. De hecho, asegura que el hecho de que su madre nunca le dijera quien fue su padre contribuyó a acrecentar su imaginación. Quizás sea ésta la causa de que sea escritor .
Tatuajes de autor
Su labor de construcción de la novela llegó hasta el punto que él mismo venció sus antiguas reticencias a ser tatuado. Para documentarse sobre el personaje de Alice visitó a varios tatuadores de diferentes nacionalidades. De este proceso resultaron los dos tatuajes que luce Irving. Uno es bastante visible, ya que está en la parte interior del brazo derecho, y representa la alfombra circular de la lucha greco-romana. El otro, también de carácter sentimental, es una hoja de arce (símbolo de Canadá), que mantuvo ajeno a las miradas. Es una referencia a la nacionalidad de su mujer y está situado en el omoplato, con la pretensión de disimular una vieja cicatriz. aunque mi hijo pequeño afirma que el tatuaje precisamente hace que te fijes en la cicatriz , añadió. De hecho, el tatuador holandés que se lo dibujó a punto estuvo de tatuarle una hoja de marihuana, ya que no disponía de una hoja de arce y creyó que la semejanza serviría. Irving se encargó de hacerse importar una hoja desde Canadá para evitar el error.
Encuentros con gente de cine
Todo el mundo conoce la relación de John Irving con el mundo del cine. La conversión de Las normas de la casa de la sidra en película, le valió el Oscar al mejor guión. En su nueva novela, el oficio de actor de Jack Burns hace que tropiece a menudo con cineastas, y afirmó que algunas anécdotas que le acontecen a su protagonista fueron previamente experimentadas por él. Es el caso de su encuentro con Arnold Schwarzenegger en el baño. En realidad, en la fiesta post-Oscar, el galardonado Irving buscaba los lavabos desesperadamente y nadie supo indicarle. Preguntó incluso a Clint Eastwood, sin éxito. La única persona que supo indicarle exactamente la ubicación de los servicios de señores fue Nicole Kidman, hecho que rehusó relatar en el libro ya que no deja de parecerle extraño.
Se exige que las novelas sean reales, cuando la misma vida no lo parece
Si yo les contara que un joven comentarista deportivo del Medio Oeste, de los malos, pasa a convertirse en uno de los peores presidentes del sindicato de actores, que luego seria el gobernador más mediocre que ha tenido el distrito de California, y que este mismo hombre llegaría incluso a gobernar los Estados de Unidos de América, no me creerían. Pues bien, ése fue Ronald Reagan. Si eso fuera una novela, la gente diría que no resulta creíble. ¿Y si además yo añadiera que Estados Unidos llegaría a tener un presidente incluso peor? Imposible, responderían. Y ya lo ven.