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Tirso de Molina, seudónimo, nació en Madrid en 1579 y murió en Almazán, Soria, en 1648. De origen humilde, ingresó de joven en el convento madrileño de la Merced, para profesar un año después en el de Guadalajara. A partir de entonces quedó ligado a los designios de sus superiores, que cumplió siempre con dignidad y obediencia. La época más feliz de su vida transcurrió al principio de la segunda década del XVII, cuando residió en Toledo, entregado a su vocación religiosa, a la lectura y a la producción teatral. Sus últimos años los pasa como comendador en el convento de soriano de Almazán. Allí enferma en 1648, para acabar falleciendo el 20 de febrero. 

Los estudiosos del teatro de Tirso coinciden en que Don Gil de las calzas verdes ofrece el más perfecto ejemplo de lo que se ha dado en llamar comedia de enredo dentro del teatro español del siglo XVII. Y en efecto, enredo, argumento enrevesado, fantasía, artificio, son términos que pueden muy bien aplicarse al Don Gil. Aquello que según el arranque de la pieza podía haberse convertido en una tragedia de honor con la sencilla presencia de un padre que venga cruentamente la deshonra de su hija, toma unos derroteros cómicos. La recuperación del honor de doña Juana recae, no es su padre, sino en ella misma, disfrazada de varón y auxiliada por un inteligente criado. Lo cual no quiere decir que en la comedia no haya lugar a lo serio; no podemos olvidar que doña Juana ha sido engañada y abandonada por un prometido, don Martín, que busca un matrimonio económicamente más ventajoso. El propósito de Tirso es cómico, aunque en el trasfondo de la obra se puedan encontrar ingredientes serios, como la codicia, el interés, la presión paternal, la doble moral...  Don Gil de las calzas verdes fue estrenada por la Compañía de Pedro Valdés en julio de 1615, en Toledo.

Considerada hoy como una de las comedias más atractivas y de mayor éxito en las tablas, «Don Gil de las calzas verdes» es uno de los testimonios más completos de lo que fue el virtuosismo técnico de Tirso de Molina. Nos hallamos ante un compendio de originales hallazgos formales, de un hábil sincretismo entre lo popular y lo culto, de cómo explotar al máximo los diferentes juegos de identidad asociados a la ropa, a la voz y al movimiento, de recursos teatrales diseñados para modular personajes hoy considerados «clásicos», y de un sentido del humor que puede leerse también como censura de ciertas prácticas sociales. Tirso de Molina es un creador excepcionalmente dotado para la construcción de atmósferas y paisajes. En esta obra ofrece una visión de Madrid que revela una sorprendente familiaridad con el tejido urbano.

Ian McEwan

Don Gil de las Calzas verdes

Enrique García Santo-Tomás (ed.)

Col. Letras hispánicas

Cátedra


 

 

 

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