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BIOGRAFIA
(Manzaneda de Torío, 1953), novelista,
poeta y ensayista. Ha sido director de la editorial Trieste, de la
colección La veleta, de Granada, de la revista Número y co-director de las
Entregas de la Ventura. Ha prologado y estudiado a escritores como Rafael
Sánchez Mazas, Miguel de Unamuno, Manuel Machado, entre otros. Algunas de sus
obras: La tinta simpática, El buque fantasma, La
Malandanza, así como los seis primeros tomos de sus diarios, agrupados bajo
el título general de Salón de pasos, Las armas y las letras,
Literatura y guerra civil, Los nietos del Cid, Las
tradiciones, Acaso una verdad. Ganador del Premio Nacional de la
Crítica en 1993 y el Premio Nadal 2003. Desde 1975 vive en Madrid.
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Andrés Trapiello
Do fuir
Destino, 2007
La prosa de Andrés Trapiello adquiere tintes
memorables en esta obra memorística en acción. ewste volumen es la
reedición, en lo que podríamos denominar de bolsillo, de la ya
publicada en Pre Textos. Salón de Pasos Perdidos, volumen al que
pertenece este paso, es una colección imprescindible. Ya no por los
diarios si no por el oficio de contar. Andrés Trapiello se alza como
uno de los mejores prosistas actuales. lamentablemente, habrà que
esperar años a que se le dé la importancia que ya tiene. Léanlo y
disfruten. Se engancharán y esperarán la llegada del año nuevo con otra
ilusión. Como
se nos cuenta en la contraportada, a propósito del título
de este volumen de 1995, el pintor Pancho Ortuño tenía,
hace años, una pequeña rehala de beagles y perros de muy
variada estirpe venatoria. Cuando quería adiestrarlos se los
llevaba al campo y allí, en una dehesa cercana al pueblo
extremeño de Monroy, los soltaba durante todo el día,
desde el amanecer hasta el crepúsculo. Los perros, por instinto,
en cuanto encontraban un rastro, se lanzaban con entusiasta
algarabía en pos de él, y no era en absoluto infrecuente
que a veces se perdieran de vista durante dos o tres horas en lances
que no siempre coronaban con éxito. Su dueño, guiado
únicamente por una ladra cada vez más desvanecida, se
limitaba entonces a seguir su jauría a distancia,
distraído por los amenos y filosóficos panoramas de la
naturaleza. Cuando llegaba el momento de recogerse, hacía sonar
el cuerno de caza. En la soledad misteriosa de aquellos encinares, tan
profundo y melancólico halalí parecía perderse no
sólo en la lejanía, sino en el medievo. Acudían
disciplinados los sabuesos, se reposaban en el furgón y el
cuerno de caza volvía a su bien talabarteada funda de
cordobán. Era un cuerno de res en el que Pancho Ortuño,
-con extraordinaria minucia, había graabado a fuego una estampa
conmovedora. Se veía, en medio de una pradera, a una liebre con
las manos levantadas y las orejas tiesas, atenta y advertida, y debajo
esta leyenda: 'Do fuir'; dónde huir, palabras con las que
manifestaron su desesperación y su congoja los enemigos de
Gaston de Foix, el belicoso duque de Nemours, lanzado contra ellos en
una codiciosa cuanto insensata persecución tras la batalla de
Ravena en la que les acababa de derrotar. La literatura es un
extraño viaje, y el que realizó ese epígrafe,
desde aquel 11 de abril de 1512 hasta un cuerno de caza de hacia 1980,
está lleno de la irrefutable poesía que ha unido para
siempre el nombre de un capitán legendario, muerto a la edad de
veintitrés años justamente en esa su más sonada
victoria, y una liebre que mira el porvenir incierto desde su carpe
diem.
En las viejas casas había siempre un Salón Chino, un Salón Pompeyano, un Salón
de Baile, otro de Retratos, cada uno empapelado o pintado de un color, con unos
muebles apropiados y decoración idónea... En estos palacios españoles, un tanto
vetustos y destartalados, había también un salón que llamaban de Pasos Perdidos.
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