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Biografía

Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953). Como novelista ha publicado, entre otras, El buque fantasma (Premio Internacional de novela Plaza & Janés, 1992), La malandanza, Días y noches, así como los doce primeros tomos de sus diarios, agrupados bajo el título de Salón de pasos perdidos. Entre sus libros de ensayos Clásicos de traje gris, Las vidas de Miguel de Cervantes, Las armas y las letras, Literatura y guerra civil 1936-1939 (Premio don Juan de Borbón, 1995) y La noche de los Cuatro Caminos. Como poeta destacan Acaso una verdad (Premio Nacional de la Crítica) y Rama desnuda. En 2002 ganó el Premio Nadal con Los amigos del crimen perfecto.

 

Andrés Trapiello

La cosa en sí

Pre-Textos 2007

 

La prosa clara y sencilla de Andrés Trapiello vuelve otra vez a atraparnos. El autor no falta a su cita de cada año, al igual que no le fallan un nutrido grupo de lectores silentes. Aunque éste nos ha llegado con unos meses de retraso, su prosa gana al calor del frío invernal, esta vez lo leemos con los primeros soles de la primavera y nos acordamos de su escritura al calor, por vez primera, de la calefacción. La magia cotidiana, diaria invaden unas páginas memorables. Abrán de pasar unos años, quizá décadas, antes que esta monumental obra sea considerada con la grandiosidad de los Episodios Nacionales de Galdós. Aunque la sociedad politico-cultural no es ajena a este hecho que el propio autor ya vive en sus carnes con invitaciones y deyecciones. Pues la del autor es una prosa valiente, una observación aguda que no desiste ante acontecimientos deleznables: ácido en la reseña de las elecciones que dieron la mayoría al gobierno del Partido Popular. La magia se encuentra en el vivir de cada día, en las reparaciones domésticas, en las conferencias y sus viajes, y ya los omnipresentes paseos por el rastro, los comentarios acerca de su amigo R.G., y sus escapadas al locus amoenus de su casa de campo. Son tantas  las referencias dignas de citar desde el disparo matinal, que cuando uno cierra la última página, sólo desea que pasen cinco años para leer en la voz del otro todo aquello que se ha perdido en la última jornada. Pues no hay mejor prosa que la del vivir cada día con ojos de poeta.

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