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 BIOGRAFIA

Antonio Colinas nació en La Bañeza (León), el 30 de enero de 1946. Poeta, narrador, ensayista, traductor, crítico literario. Fiel a la fusión entre la experiencia de vivir y la experiencia de escribir, entre poesía y vida, su obra literaria no se podría explicar sin su experiencia vital, que pasa por largas estancias en diversos ámbitos culturales, en los que ha aprendido y con los que ha dialogado, como el sur andaluz (Córdoba), Madrid, Milán(Italia), Ibiza (Islas Baleares) o Salamanca. Desde el verano de 1998 reside en la ciudad de Salamanca, que combina con frecuentes viajes a diversos centros de España y del mundo para propagar su palabra poética y sus ideas sobre la poesía. Su obra ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre los que cabe destacar el Premio Nacional de la Crítica(1975), el Premio Nacional de Literatura(1982), el Premio de las Letras de Castilla y León(1999) o, en Italia, el mismo año, el Premio Internacional Carlo Betocchi, concedido a su labor como traductor y estudioso de la cultura italiana. En el 2005 recibió el Premio Nacional de Traducción, concedido por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, por su traducción de la Poesía Completa del Premio Nóbel Salvatore Quasimodo.

Antonio Colinas

Desiertos de la luz

Nuevos textos sagrados

Tusquets editores, 2008

 

"Desiertos de la luz" supone un nuevo camino dentro de una voz propia. Es un caminar hacia el desprendimiento de todo accesorio, hasta dejar la palabra isolada en el folio. Asistimos a un viaje interior del poeta. Dividido en cuadernos,  en «Cuaderno de la vida», prevalecen el mundo real y la anécdota, en la segunda, «Cuaderno de la luz», todo se desnuda en busca de las esencias, de la universalidad de la vivencia humana, y los símbolos se adueñan por completo de los poemas. Los versos se desprenden de adornos, se quiebran y desgarran hasta tornarse imágenes fragmentarias, puros fogonazos de conocimiento. Así, conduce al lector hasta un mundo donde se unen, en plácida armonía, presente y pasado, música y silencio: en última instancia, Oriente y Occidente. Surge al paso el anhelo de la luz más pura, desnuda, esa luz que a veces sólo se encuentra en lo más oscuro. Y, por doquier, fluye la música, que, de Händel y Glenn Gould al canto de la naturaleza y de las piedras, va depurándose hasta convertirse en una melodía primordial, «que arde / sin consumirse, que por siempre embriaga».


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