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"Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su
boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales
era claramente imposible. Pero nunca es fácil".
Anagrama
publica de nuevo este año, en esta ocasión bajo la
colección compactos, más económica, una de las
mejores novelas de los últimos cinco años. Esta
afirmación reside en su capacidad de contar. En Chesil Beach
predomina un sentimiento sobre el cual se teje toda la historia. En
otras manos hubiera caído en un texto ridículo, pero en
las de Ian McEwan se levanta con una fuerza vigorosa. Ese sentimiento y
su capacidad para contarlo son la novela. No hay más. En
apariencia algo fácil, simple.
Con ánimos de no desvelar nada porque en realidad nada o poca cosa ocurre, un hecho nimio, Chesil Beach
narra paso a paso la noche de bodas de los dos únicos
personajes, Edward y Florence, y su desenlace en 1962, bajo el
marco escénico de una Inglaterra que tiene que cambiar y
que cambiará al lado del personaje de Edward, no tanto en el de
Florence. La planificación de la noche de bodas, que corre
paralela a la planificación del encuentro amoroso, se traba y
une y repele para mayor mal de sus actores.
En Chesil Beach Ian McEwan no oculta su
presencia, deja que la historia fluya por sí sola y al hacerlo crea un drama
verídico, abierto al análisis y la reflexión, que insuflan la obra de verosimilitud.
Chesil Beach es una novela espléndida,
emotiva, inteligente, absorbente y equilibrada. Lo cotidiano y lo
prosaico son descritos de un modo ameno y vivaz. Ningún elemento
es superfluo; no sobra una palabra.
Tienen poco más de veinte años, y se conocieron en una manifestación en contra
de las armas nucleares. Florence es una chica de clase media alta. Edward, en
cambio, pertenece a una familia que apenas se sostiene en la zona baja de la
clase media. Ambos son inocentes, y vírgenes, y tras un largo cortejo, se han
casado. Es un día de julio de 1962, y el tsunami de la revolución sexual no ha
llegado a Inglaterra. Edward y Florence van a pasar su noche de bodas en un
hotel junto a Chesil Beach. Y lo que sucede esa noche es la materia con que
McEwan construye su chejoviano, terrible mapa de una relación, del amor, del
sexo, y también de una época, y de sus discursos y sus silencios. «Poderosamente
seductora» (Robert Saladrigas, La Vanguardia); «Una novela espléndida,
emotiva, inteligente, absorbente y equilibrada» (Eduardo Mendoza, El
País).
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