NUESTRO COMPROMISO ES CON LAS VENTAJAS DEL AJEDREZ
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Desde la presente y esperamos para un buen tiempo contaremos con la colaboración de este entusiasta estudiador y amante del Ajedrez como lo es nuestro Amigo Mexicano Manuel López Michelone. Quien en base a sus excelentes artículos nos hará meditar y conocer sobre ciertos aspectos a veces inadvertidos para la mayoría Lo señalado en dichos artículos son responsabilidad de nuestro amigo Manuel. José Luis Quizhpe C, ecuadorchess Manuel López Michelone Programador y estudioso del ajedrez Mexicano
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El rating de los jugadores de ajedrez La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), clasifica a sus jugadores de acuerdo a su fuerza ajedrecística. Dicha fuerza se representa por un número que va desde los 1000 puntos (muy débil) hasta no más de 3000 (extraordinariamente fuerte, de hecho, nadie ha llegado a esta cifra nunca). Los jugadores de ajedrez toman muy en cuenta este número, su rating, porque para los profesionales, ser uno de los jugadores más fuertes del planeta implica ser invitado a participar en torneos magistrales, en donde hay jugosos premios y muchas veces, dinero a los jugadores por el simple hecho de participar. Así, todos se preocupan por mantenerse e incluso, si es posible, subir su rating cada vez más. La FIDE publica cada tres meses la lista de rating oficial, la cual rige para los torneos en todo el mundo.
Pero ¿cómo se calcula el rating? ¿a quién se le ocurrió una fórmula que pueda representar en un número la habilidad ajedrecística de un jugador? Arpad Elo, un matemático húngaro, nacido en 1903 y emigrado a los EEUU a la edad de 10 años. Fue profesor de física y astronomía de 1935 a 1965 en la Universidad Marquette. De 1935 a 1937 fungió Elo como administrador de la federación americana de ajedrez, la cual se convertiría más tarde en la USCF (United States Chess Federation). Elo fue nueve veces campeón o co-campeón de Wisconsin. En 1959 Elo decidió trabajar sobre un sistema de clasificación de los jugadores, el cual la USCF adoptó en 1960 y hasta 1970 por la FIDE. Elo pasó al salón de la fama del ajedrez norteamericano en 1988 y murió en 1992. El sistema de rating puede parecer misterioso, pero se basa en una teoría puramente estadística. Obviamente, dos jugadores que tienen el mismo rating tienen la misma oportunidad de ganar una partida de ajedrez (50%). Menos obvio es, sin embargo, que la misma diferencia de rating entre dos jugadores implica la misma chance de triunfo, es decir, un jugador de 2400 puntos Elo que juega contra un jugador de 2200 puntos tiene la misma chance de ganar que un jugador de 1400 puntos que enfrenta a uno de 1200 puntos. La diferencia es en ambos casos de 200 puntos. Elo así describió una tabla que muestra la probabilidad de un jugador de ganar una partida, de acuerdo a esta diferencia de rating entre los jugadores. Esto puede extenderse, desde luego, al rating promedio de un torneo. De la tabla de diferencia de ratings (copiada de http://chess.about.com/library/weekly/aa03a25.htm)
Podemos ver que un jugador que le saque 253 puntos a su contrario equivale a que tiene un 82% de posibilidades de triunfo. Así, si el jugador de menor nivel gana, le quitará a su rival una cantidad de puntos, basada en una constante K, 25 si es su primer cálculo de rating hasta completar 30 partidas; 15 mientras el jugador no llegue a 2400 puntos Elo; 10 para jugadores con más de 2400 puntos Elo. Este valor entonces ya no se modifica más. La tabla de Elo es curiosa:
Puede verse que no es una función estrictamente lineal, aunque en gran parte de la misma se mantiene como si así lo fuera. Da la impresión que Elo quiso darle peso a las grandes diferencias de rating de manera que no sea tan brusco el cambio de puntuación en esta situación. No me meteré mucho en este punto porque creo que el matemático Jeff Sonas sabe mucho más de esto y está mejor calificado para discutir estos aspectos de la fórmula de Elo (ver artículos pasados en www.chessbase.com). Así, de acuerdo a la fórmula Elo, si gana el jugador más débil en este hipotético caso, ganará 12.5 puntos. En cambio, si gana el favorito, le quitará al perdedor solamente 2.8 puntos. Una vez entendida la tabla y los fundamentos de la fórmula del rating, me senté un par de días y como mero ejercicio académico, me hice mi propia calculadora de rating para la PC, disponible en forma gratuita mandándome un correo a [email protected] (código fuente disponible pidiéndomelo expresamente a mi correo), o bien, bajándola directamente del sitio de la Federación Nacional de Ajedrez de México (www.fenamac.com.mx).
Adicto al Ajedrez Dice el excampeón del mundo Mijail Tahl en su autobiografía (The Life and Games of Mikhail Tal, Cadogan press), que cuando uno juega por primera vez al ajedrez, es como quien adquiere una dosis de microbios, digamos como la gripa oriental. La víctima entonces camina por las calles y no lo sabe aún, pero ya está infectado. El hombre se siente bien, saludable, pero los microorganismos han empezado a hacer su trabajo y pronto caerá enfermo. Menos grave, desde luego, lo mismo pasa con el ajedrez. No sé las razones pero el juego comienza a ser adictivo. Si uno tiene contacto con el tablero escaqueado en los primeros años de vida, pareciese que la “infección”, si pega en el joven, lo hace con mayor fuerza. Las historias de jugadores que empezaron cuando eran muy pequeños son siempre ilustrativas. La atracción al juego puede llegar a ser desmesurada en opinión de algunos, pero es clave para poder distinguir quién tendrá al ajedrez como su acompañante por el resto de sus días. Para colmo, la computadora y la red Internet han promovido, hoy más que nunca, que el ajedrez se convierta en una especie de culto. Los jugadores de todos los niveles consultan bases de datos, hacen reportes de aperturas, juegan contra los ordenadores en todos los ritmos, los usan de entrenadores, se preparan con ellos y además, sirven también para verificar y ampliar la información que requieren los jugadores que incluso, juegan por correspondencia. Sin lugar a dudas el detonante de todo esto, en muchos casos, es la computadora en sí misma y no es gratuito que veamos a tantos jovencitos notables para hacer buenas jugadas. Sin duda son hijos del cómputo y de la era de la información. no sé cómo cambiarloo”, “me da pereza cambiarlo por una foto diferente cada cierto tiempo”, “no tengo imágenes que tengan que ver con el ajedrez”, “¿la imagen de fondo? Casi nunca le hago caso, pues es la misma desde hace mucho”, etc. El software consta de dos programas, el primero, el cual permite definir la carpeta en donde se encuentran las imágenes a desplegarse cada cinco minutos y el programa que las despliega. Si se pone este último (una vez definido el archivo que le dice al programa dónde están las imágenes) en el directorio C:\WINDOWS\Menú Inicio\Programas\Inicio (asumiendo que instaló Windows usando como nombre la carpeta C:\windows\), entonces cada vez que arranque su computadora el programa hará que el papel tapiz cambie de acuerdo a la lista de imágenes que tiene definidas. Si decide que quiere poner más imágenes a desplegar, borre el archivo “imagenes.txt&” y ejecute el software. Lo que pasará es que el sistema pensará que es la primera vez que se corre el programa. Otra opción es usar el botón correspondiente a leer directorio. En cualquiera de los dos casos, guarde el archivo con las imágenes que quiere desplegar en el papel tapiz y listo, el sistema volverá a funcionar. Si Usted me pide el programa, me quedará claro que es un adicto al ajedrez, como yo. ¡Felicidades! Nota importante: De acuerdo a la resolución que usemos: 640x480, 800x600, 1024x768, pondremos una imagen de ese tamaño. Si quiere tener imágenes de prueba, vaya a www.wallpapers.com. Encontrará cientos de ellas. Recuerde transformarlas al formato BMP porque en esta página vienen en formato JPG. (esto puede hacerse usando PAINT).
¿Los hombres no lloran? Cuando uno empieza por el camino del ajedrez, los progresos iniciales siempre son enormes, puesto que se aprende rápido y además, se juega casi siempre con jugadores que saben menos aún que quienes han decidido estudiar un poco de ajedrez. Con el tiempo, estos pequeños y jóvenes, comienzan a jugar en torneos y a sentir el rigor de los más experimentados (o más fuertes que ellos). No falta quien sufre tanto con la derrota que llora al terminar la partida. Asunto común en muchos pequeñines, pero que nunca es agradable, tanto para el que pierde como para el que está como verdugo del niño. Uno pensaría que esta acción de llorar de dolor por perder un encuentro de ajedrez sólo ocurre cuando el jugador es poco experimentado o simplemente un niño. Sin embargo, en 1994, en una entrevista a Kaspárov y Kárpov, en plena olimpiada de ajedrez, llevada a cabo en Moscú, se les preguntó si alguna vez habían llorado al perder una partida cuando eran niños. Para sopresa de todos, Kaspárov contestó: “no solamente en mi niñez”. El ajedrez es, por supuesto, un juego muy emocional. Se invierten muchas horas en algunas partidas tratando de ir sacando ventaja poco a poco para que de pronto, por una imprecisión propia, el rival no sólo iguale, sino que además, gane la partida. Así que el sentimiento de frustración puede llegar incluso a las lágrimas. Boris Spassky, cuando ya contaba con 21 años, en una partida que jugó con Tahl, en el décimo quinto campeonato de la URSS, en 1958, dejó totalmente perdido al mago de Riga, pero no concluyó con precisión y Tahl se sobrepuso y ganó el encuentro. Al terminar la partida se le vio a Spassky llorar. Lo que le dolía más era –dijo más tarde el ruso con los ojos llorosos– saberse en posición ganadora y haberla echado a perder. No es de sorprenderse entonces la respuesta de Kárpov, en donde aclaró que la última vez que lloró por culpa del ajedrez fue cuando el excampeón del mundo perdió una partida en posición superior, en 1961. Y Kaspárov dijo que le pasó lo mismo en una partida contra Vassily Smyslov, en 1975, cuando llevaba un peón de más, en el match entre jóvenes pioneros y grandes maestros veteranos, llevado a cabo en Leningrado. “Rompí en llanto”, declaró Kaspárov, “pero no lo he vuelto a hacer desde entonces”. Las emociones pueden ser un espantoso enemigo para el jugador de torneo. El GM Lev Polugaevsky llevaba un ritual muy específico para lidiar con este problema: Se sentaba en un mullido sillón a escuchar música, cerraba los ojos y se decía: “Hoy llevo blancas. No hay que decepcionarse si no obtengo ventaja en la apertura.”. Pero al contrario de Polugaevsky, las emociones son un factor fundamental para la fuerza del GM Víctor Korchnoi. Para jugar, el GM –ahora suizo– imagina que su siguiente rival le ha robado 100 dólares. Y eso lo enfurece (como a cualquiera que le roben dinero). Para muchos de nosotros saber de esto puede verdaderamente sorprendernos, pero curiosamente no debería ser así. Siendo el ajedrez un juego de enormes pasiones, es evidente que los jugadores más emocionales serán los primeros en reflejar sus derrotas de las maneras más extrañas. Unos se enojan consigo mismos y hacen partícipe a todos de la furia que los acompaña. Otros quedan silenciosos y sin nada que decir. Unos más reflejan su tristeza a través de señales del cuerpo, como por ejemplo, se les hincha la cara o se les pone las orejas rojas. Pero claramente demuestra el fluir de emociones extremas dentro del juego. No es ni siquiera jocoso decir algo que todos sabemos, pero que nos cuesta reconocer: “el ajedrez es un deporte extremo”.
El secreto de los grandes maestros Recientemente me llegó un correo electrónico que decía lo siguiente: “Sgeún un eiudsto de una uinsrvdiead iglensa, no iomtpra el odern en el que las lerats eátsn ectasirs, la ucina csoa inrmptoate es que la prirmea y úlimta lreta eétsn esracits en la poóicisn ccrertoa. El resto peduen eastr ttmeatolne mal y aún párdos lelreo sin poamblers. Etso es pruoqe no leeoms cdaa ltrea por sí mmsia. snio la pbarlaa cmoo un tdoo. Peonmrestalne me pacere ilnírebce”. Aunque probablemente la mayoría de los lectores puedan entender el párrafo en cuestión, he aquí la “traducción” al español perfectamente correcto: “Según un estudio de una universidad inglesa, no importa el orden en el que las letras están escritas, la unica cosa importante es que la primera y última letra estén escritas en la posición correcta. El resto pueden estar totalmente mal y aún podrás leerlo sin problemas. Esto es porque no leemos cada letra por sí misma. sino la palabra como un todo. Personalmente me parece increíble”. Aparentemente esto ocurre no sólo en español sino en la mayoría de los lenguajes. (Por cierto, he desarrollado un programita para generar este tipo de textos, sólo por diversión. Quien lo quiera, mándeme un mensaje de correo electrónico a [email protected] (o búsquelo en www.cibersivo.com), y a vuelta de correo le llegará el programa, escrito en Delphi 7, incluyendo el código fuente). Así, si creíamos que leemos letra por letra un texto, pues nos hemos equivocado. Aparentemente nuestros cerebros han asimilado una serie de patrones, los cuales no son otras cosas que las palabras, las cuales se codifican y se guardan de manera misteriosa, pero sin duda, de forma muy eficiente, de manera que al ver una palabra, en lugar de leerla y armarla, letra por letra, lo que estamos haciendo es simplemente es buscar en nuestro acervo de palabras para ver si está y la reconocemos. De ser cierta esta idea, lo cual parece serlo, encontraríamos una explicación a ese misterioso fenómeno de los errores en un texto que escribimos, y que solamente encontramos después de haberlo impreso. Es decir, no importa las veces que lo revisemos en la pantalla de la computadora. Es regla general que cuando se imprima el documento encontremos errores que nunca vimos. Lo simpático del asunto es que tiene la clave para jugar mejor al ajedrez y que en cierta medida revela lo que los grandes maestros hacen al jugar. De la curiosa frase recibida en mi buzón es evidente que da un dato fundamental: el cerebro es una máquina de procesamiento de patrones. Así entonces, en muchos sentidos, los jugadores fuertes saben qué jugada hacer prácticamente desde el momento que ven una posición. Cuando se les pregunta cómo es que encontraron prácticamente a vuelo de pájaro la mejor jugada, responden con un mohín moviendo la nariz en señal de “es una especie de olfato”, pero bajo el esquema de lo que estamos considerando, es mucho más probable que este “olfato” no sea más que una colección de patrones ajedrecísticos, de posiciones típicas, y no sólo de estructuras de mate, sino de otros géneros de posiciones, incluso en las aperturas. Por eso, me parece, es importantísimo estudiar ajedrez. De esta manera el cerebro va adquiriendo estos patrones arquetípicos que muestran cómo se deben manejar cierto tipo de posiciones. Quienes no estudian y creen que pueden resolver todo en la partida viva, pues se equivocan, si no totalmente al menos en parte. Es cierto que sí, un jugador talentoso encontrará quizás las jugadas correctas analizando meticulosamente la posición. Sin embargo, podría ahorrarse un valiosísimo tiempo de reflexión si conociera de antemano ciertos patrones, producto probable de estudiar sistemáticamente nuestro juego. Desde luego que no todo son patrones. Sin duda el jugador fuerte, el gran maestro, tiene una certeza sobre la manera de evaluar correctamente una posición. Eso se adquiere a través de varias actividades: (i) ver muchas posiciones parecidas, analizando lo que otros han jugado en esa posición (por eso las bases de partidas son fundamentales para todo aquel que quiera mejorar su juego); (ii) conocer los elementos básicos, como por ejemplo, los finales más comunes, desde los de peones hasta los de torres; (iii) conocimiento de las partidas modelo más importantes de la historia del ajedrez. Aquí hay cientos de encuentros memorables, que todo jugador debe entender para tener una visión histórica y práctica de cómo se atacan cierto tipo particular de posiciones y desde luego, (iv). Un trabajo constante en el desarrollo de la habilidad táctica, la cual se traduce en precisamente en analizar patrones de combinaciones típicas, que nos darán una ventaja enorme sobre aquel que no haya hecho este trabajo. Y si usted hace eso (lo cual requiere tiempo, dedicación, disciplina y trabajo constante), entonces no habrá quien lo detenga en el camino a la maestría ajedrecística.
Mi Pieza Favorita Todos los ajedrecistas tenemos una pieza que es predilecta sobre las demás. Algunos son muy hábiles moviendo los alfiles, o las torres. Quizás otros prefieren a la dama por sobre las demás figuras. A mí –en cambio– me gustan mucho los caballos. Ésta es la única pieza que no es simétrica. El rey, la dama, los alfiles e incluso los peones, todos son simétricos prácticamente. En cambio, el caballo no puede serlo, pues tiene una única apariencia que simplemente rechaza la aburrida simetría. Sin duda es una de las piezas más características y representa en muchos sentidos al ajedrez mismo. Por ejemplo, en México hay una casa de bolsa que usa como logotipo un caballo de ajedrez (aunque sigo sin comprender qué quisieron significar con esto). El GM Andy Soltis hizo una búsqueda --no muy científica, a todo esto, pero halló que de 40 libros examinados (sobre jugadores famosos de ajedrez), en 19 de ellos aparece la imagen o dibujo de un caballo, incluyendo las colecciones de partidas de Sammy Reshevsky, Aaron Nimzovitch, Alexander Alekhine y Svetozar Gligoric. La siguiente pieza en popularidad fue el rey (9 libros), y la menos frecuente fue la de la torre (dos libros, el de Akiba Rubinstein y Arthur Dake). Quizás el caballo sea distinguido precisamente por su asimetría o por el hecho de ser una piaza atípica, pues es la única que puede brincar sobre otras piezas. Es más, tenemos que colocarlos de alguna manera en el tablero. La pregunta que surge entonces es: ¿Hacia qué lado coloca usted sus caballos en el tablero? Hay algunas escuelas de pensamiento al respecto de esta pregunta aparentemente baladí. Por ejemplo, mi impresión es que deben colocarse –cada caballo– con la cara del mismo hacia el centro del tablero (en dirección horizontal, no diagonal). Así, el caballo del lado de la dama observa hacia la izquierda y el del lado del rey, observa hacia su izquierda. Siempre he creído que a la larga, esto nos puede dar un indicio de qué caballo es el que uno está moviendo, aunque en el fragor de la lucha éste se encuentre en cualquier parte del tablero, muy alejada de su posición inicial. Obviamente debo confesar que semejante información no me ha servido de nada. La tradición soviética exige que los caballos miren hacia el frente, como puede corroborarse en las fotos tomadas a Víctor Korchnoi, Boris Spassky, Yefim Geller o Nona Gaprindashvilli. Actualmente jugadores como Viswanathan Anand, Gregory Kaidánov, Arthur Yusúpov y Vasily Ivánchuk siguen con este estilo. No obstante, la tradición europea (Siegbert Tarrasch, Carl Schlechter y Nimzovitch), hacen que los caballos se miren el uno hacia el otro (como yo creo deben ir). John Fedorowicz, Michael Adams, Patrick Wolff y Walter Brown, por ejemplo, siguen esta costumbre. Pero quizás incluso la psicología tiene algo que ver en esto. Por ejemplo, Mijail Botvinnik solía apuntar la vista del caballo fuera del tablero si éste se encontraba en casillas como h4, h5, a4 ó a5. Curioso sin duda, pero más curioso aún el caso del GM Fishbein, que cuando juega con blancas, hace que los caballos se observen mutuamente, mientras que con negras, siempre sus corceles apuntan hacia la derecha. El por qué de esto es un misterio. Incluso, Fishbein no sabe las razones que animan este comportamiento. En los libros, revistas y artículos como el que está leyendo, los caballos casi siempre están dirigidos a la izquierda. No hay una razón obligada en realidad para esto. Quizás es una convención tipográfica que lleva más de 150 años, aunque caballos observando en otra dirección aparecen en tratados de ajedrez, como el de 1986. Como sea, este asuntillo sin gran importancia es algo que tarde o temprano los ajedrecistas pensamos. Hay tela de donde cortar si usted es psicólogo.
Mensajes subliminales Cómo pensar correctamente en una partida de ajedrez es quizás uno de los grandes afanes de los jugadores. Una partida de torneo es un intrincado alud de las más diversas emociones. Un encuentro de ajedrez tiene no solamente las jugadas efectuadas, sino un sinfín de pensamientos que los jugadores involucrados tuvieron que experimentar. Desde luego que las emociones intensas son parte de una partida oficial. Los jugadores pasan por momentos difíciles, temores, fallas en el cálculo de variantes, falta de confianza en sí mismos, alegría cuando adquieren a ventaja y un especial gozo final para el ganador si es que existe. Y en ese momento de la muerte momentánea del que perdió (como definiría la derrota el GM Lautier), viene el post mortem, en donde se dedican los minutos finales a revisar qué pasó, qué cosas se hicieron bien y mal. Desde luego que para jugar correctamente al ajedrez se requiere de concentración, de conocimientos, de entender lo que está pasando en el juego. Eso no se puede aprender de la noche a la mañana y lleva muchos años en general, aunque los nuevos prodigios, como Magnus Carlsen o Karjakin nos muestren que no se necesitan demasiado años para llegar a comprender profundamente el juego ciencia. En el libro How to Think in Chess, de Jan Przewoznik y Marek Soszynski, de la editorial Russell Enterprises, los autores plantean algunas interesantes ideas para progresar en este curioso arte de hacer las buenas jugadas. A diferencia de la mayoría de los libros de ajedrez, aquí los autores armaron todo un capítulo sobre el entrenamiento psicológico. Dicen los autores (la traducción es mía): “No hay duda alguna de que todo jugador de ajedrez que intenta un desarrollo ulterior debe trabajar en sus propios métodos de auto-disciplina, régimen de torneos, preocupación por alcanzar el pico en la forma deportiva y física, etc. Aquí mostraremos un posible modelo de un método sistemático de auto-desarrollo”. Y sigue más adelante: “El programa descansa en cinco ‘pilares’:
Sin duda que hay un amplio margen para la psicología dentro de lo que es el ajedrez. Los estudios de Adrian de Groot, por ejemplo, apenas rozan la superficie de este tema dentro de nuestro juego. A partir de este método, bosquejado por Przewoznik y Soszynski, se me ocurrió que utilizando la computadora era posible ayudarse a llevarlo a cabo. Y de ahí surgió la posibilidad de incluir en la preparación ajedrecística los mensajes subliminales. Se denomina percepción subliminal a la captación de un estímulo que, por diversas circunstancias, como baja intensidad, falta de atención o breve duración del mismo, no alcanza la representación consciente y, sin embargo, determina la conducta de la persona al margen de su voluntad consciente. El nombre de percepción subliminal, atendiendo al significado de la palabra, alude solamente a la captación de estímulos por debajo del umbral sensorial mínimo y, por extensión a los que se hallan encima del umbral absoluto superior. Todo mensaje que es transmitido en un nivel inferior a la percepción consciente es considerado subliminal, sea éste auditivo o visual. Podemos señalar tres tipos de estímulos subliminales: · Los visuales: palabras o dibujos camuflados en un anuncio publicitario, una película... · Los auditivos: mensajes de baja intensidad que se esconden tras algún tipo de música o sonido · Los visuales de corta duración (milésimas de segundo) Una de las técnicas más utilizadas en la percepción subliminal es la de pasar de una forma rápida una serie de imágenes, una tras otra, con escaso margen para registrarlas en la mente. A veces a se aplica de forma tan rápida que apenas es posible captar conscientemente el mensaje. Otra técnica es el uso de ciertos sonidos que pueden impactar en la mente y pueden estimular los recuerdos y hacer que se asocien ideas determinadas a esa música. Nuestras emociones pueden ser utilizadas para provocar un deseo de respuesta. Un poco de historia La primera mención registrada sobre la percepción subliminal es la realizada en los escritos de Demócrito (400 a.C.), que sostuvo que "mucho de lo perceptible no es percibido por nosotros". Platón habló de esta noción en su escrito Timeo. Aristóteles explicó de modo más detallado los umbrales de la conciencia subliminal en su Perva Naturalia hace casi dos mil años, y parece se el primero en sugerir que los estímulos no percibidos de modo consciente bien podrían afectar los sueños. Hace 2.250 años Aristóteles explicó en su teoría del Sueño: “Si los impulsos que tienen lugar durante el día no son demasiado fuertes y poderosos pasan inadvertidos debido a impulsos altamente despiertos. Pero mientras dormimos tiene lugar lo contrario, entonces los pequeños impulsos parecen grandes. Esto aclara lo que pasa en el sueño. Cuando sólo hay ecos débiles en sus oídos los hombres creen que se trata de algo relampagueante y extraordinario”. Ya en 1957, James Vicary, investigador del mercado norteamericano, demostró el taquistoscopio, máquina que sirve para proyectar en una pantalla mensajes invisibles que pueden ser captados por el subconsciente. Durante la proyección de una película aparecía un fotograma (En el cine se muestran 24 por segundo) con el siguiente mensaje: “Tienes hambre, come palomitas. Tienes sed, bebe coca-cola”. El resultado fue asombroso: La venta de palomitas se disparó un 57.7%, mientras que la de la bebida tan sólo un 18%. ¿Cierto o falso? Independientemente de que sea cierto que es posible influir en el comportamiento y hábitos de las personas a través de mensajes subliminales, es evidente que se hace uso de estas técnicas desde hace muchos años. No se necesita ser un genio para darse cuenta que, por ejemplo, en la televisión, los actores y actrices influyen en la moda cotidiana. Si ciertas estrellas de la farándula usan algunos accesorios, o fuman, o se visten de una peculiar manera, sin duda alguna su influencia alcanzará a un nicho (pequeño o grande) de la población expuesta a estos estímulos. Porque estos mensajes sobre la vestimenta, los accesorios o modos de comportarse no se dan directamente (como en un anuncio comercial de un producto), sino que aparecen como parte de dichos actores y actrices La computadora, el ajedrez y los mensajes subliminales Es claro que en la actualidad, el uso de la computadora es prácticamente universal. Empresas, grandes y chicas, así como escuelas y finalmente, los domicilios particulares, cuentan cada vez más con computadoras personales. En el ajedrez, quien actualmente no usa computadora para apoyar su estudio está en desventaja contra quien sí lo usa. Los jovencísimos que ahora juegan a un nivel extraordinario, no me cabe duda, son producto en muchos sentidos, de este apoyo computacional que durante muchos años no se tuvo. Algunos piensan que mediante la computadora personal es posible ayudar –mediante mensajes subliminales– a dejar de fumar, por ejemplo, enviando letreros alusivos al respecto a la pantalla por muy poco tiempo, tan poco como para que el consciente no pueda advertirlo. De esta manera se han diseñado multitud de programas que precisamente hacen esto: enviar mensajes muy específicos a la pantalla, por tan poco tiempo que los usuarios simplemente no lo notan, pero que de ser cierta la teoría subliminal, podrían estar influyendo en el comportamiento y hábitos de las personas. A partir entonces de todo este conocimiento previo y de la idea de los autores de How to Think in Chess, desarrollé un pequeño programa que permite incluir mensajes subliminales cuando se usa la computadora. El usuario puede entonces incluir los mensajes que quiera y guardarlos para ser usados una y otra vez. Tenga en cuenta que los mensajes subliminales deben ser cortos, directos y al grano. Por ejemplo: “Juego bien al ajedrez”, “Busco ser gran maestro”, “haré una norma de MI en mi próximo torneo”, “debo confiar en mi cálculo de variantes”, etc. La intención al final de cuentas es hacerse de una auto-imagen positiva, amén de adquirir confianza en nosotros mismos (¿no le ha pasado que uno tiene desconfianza de sus propias fuerzas ajedrecísticas cuando enfrenta a un jugador supuestamente superior?). Es evidente que todo sistema de mensajes subliminales podría ser usado con fines malintencionados. Para evitar esto, mi programa no esconde al usuario información alguna de que está ejecutando un programa de esta naturaleza. Puede, además, apagarlo si se fastidia o si ya no le interesa. El asunto es que siempre esté informado de lo que hace este sistema, todo mientras los investigadores en el tema se ponen de acuerdo si los mensajes subliminales funcionan o no. Desde luego, y como en todos los temas, hay opiniones encontradas. Unos aseveran que los mensajes subliminales funcionan, otros en cambio afirman que lo que no se ve no se puede procesar, y por ende, no puede llegar a afectarnos o a modificar nuestro comportamiento. Por ejemplo, el ahora en dificultades, el excampeón del mundo, Bobby Fischer, a la pregunta de si creía en la psicología contestó: “No creo en eso, creo en las buenas jugadas”. (en la monografía sobre Robert Fischer, del GM Huebner, de Chessbase, aparece el vídeo donde se muestra precisamente esto en una entrevista quer se le hiciese a Fischer en sus años de gran jugador). Para quien le interese el programa de los mensajes subliminales, lo puede pedir a mi cuenta [email protected] y a vuelta de correo lo recibirá de forma totalmente gratuita.
Nota final: es posible usar el sistema de mensajes subliminales para otro tipo de aplicaciones o temas. Aquí se ha enfocado al ajedrez, buscando precisamente un elemento más para mejorar en el propio juego.
Tel: 593 7 2581276 o al Celular: 593 098 261620 email: ecuadorchess@yahoo.com |