
Juego de Alas No 1
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Alma Poetisa Pasatiempos: Música, cine, fotografía, ajedrez y camping. Autores Predilectos: Anna Ajmátova, Blanca Varela, Wislawa Szymborska |
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Entrevista del Mes |
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De mi encuentro con las palabras rescato tres experiencias, digo rescato no en el sentido de “sobresalen” sino de que en el ejercicio de mirar hacia atrás no consigo más. Se me hizo tarde para recordar. (Ya ven, hasta en los recuerdos se me hace tarde) Está la casa, mis hermanas y yo sentadas en el piso del viejo corredor, en mis manos un libro ilustrado de cuentos; ellas atentas, silenciosas, casi en suspenso ante las imágenes del libro y mis palabras. Yo, leyendo, fingiendo leer, describía los dibujos e intuía a partir de ellos una historia. Así me iniciaba en la lectura a través de la imaginación y la credulidad de mis hermanas menores. Ya en el primer año escolar, reprobando exámenes por no distinguir la b de la d, haciendo fila para la corrección, vi por encima del hombro de un compañero (Marlon, recuerdo su nombre) y comparé su dictado con el mío. Sin que la profesora lo notara corregí, todo andaba mal, yo seguía en mi confusión. Creo que mi porcentaje de errores disminuyó por el efecto de mi primer Sobresaliente y de escribir todo lo contrario a lo que consideraba correcto. Años después me veo camino a casa, entre mis brazos, un libro grande de cuentos, del tamaño de una enciclopedia con hermosas ilustraciones a color; lo había visto en una casa vecina y me había quedado mirándolo y queriendo leer. ¡Llévelo! Me dijo para mi sorpresa la dueña, lo trae cuando lo lea. Salí corriendo con él y en una piedra del solar de la casa abrí el mágico baúl. Hasta entonces sólo descifraba los fonemas, sílaba a sílaba las palabras emergían de mi boca y se pedían en un vacío sonoro carente de sentido. Pero algo ocurrió, los sonidos se tejían, la palabra se abría en mi boca y yo gozaba sus frutos. Comprendí que sabía leer, el patito feo se convertía en un hermoso cisne. Tanto escribir como leer no fue una necesidad vital hasta la adolescencia, necesidad que desde entonces me acompaña como los peces heredaron la asfixia. |

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¿Recuerdas? Lo habíamos dicho Lo escribimos No volveríamos por allí No surcaríamos otra vez para plañir Y ahora ¿Qué he de decirte si te sorprendo herida por el mismo filo Si aquí jamás jamás volverías? |
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No Ya somos muchas Todas agarradas a una misma barca ya es tarde Muy tarde Aún para el miedo y para el ruego (Las abandonadas lucen cada una su herida como vestido de fiesta) que se hace tarde les digo Ahóguense ya o cerremos las venas Porque pasa el barco y debo ir a coser A olvidarme de sus miembros y de esas formas de agujerear esta triste barca que nos lleva |
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La muerte La he visto No le caben las vidas en el rostro Ni le bastan las bocas que sostiene tan anchas como el hambre Yo no sé Pero creo que padece Porque bebe del amor y del sueño Del floripondio y del pájaro De la semilla y el polvo Y no se sacia |

