Ecos del Rocío en el gran teatro LICEO


Las señoras han ido a la peluquería, y lucen chales, mantones, pedrería, oro y plata. Una vez en sus asientos, se quedan absortas por unos instantes, pero cuando los chicos de Ecos del Rocío empiezan a cantar, todo el mundo se siente como en casa: cuando una sevillana llena el ambiente, ¿qué importa el terciopelo?

Ecos del Rocío arranca aplausos con su música, pero también con su sinceridad descarnada: el cantante admitió que, desde que supo que tenía que cantar en el Liceu, "cagaba más que un pollo en un canasto". Si Mariona Rebull llega a oír esta frase, se habría muerto del susto (en caso de sobrevivir a la bomba de 1893).



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Fuente's: La Vanguardia y "Amigos de Andalucía".

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